A 50 años del Plan Maggiolo. Rafael Guarga

El llamado “Plan Maggiolo” fue presentado por el Ing. Oscar Maggiolo en 1967, a un año de ser electo como Rector de nuestra Universidad, como fundamento de la solicitud presupuestal de la Universidad al Parlamento.

Dicho plan es la expresión de una visión de un futuro para el Uruguay en el cual, mediante la aplicación del conocimiento científico moderno en la vida social y productiva del país, se superase, al final del camino, la condición de país exportador de materias primas con reducido valor agregado.

Maggiolo no improvisó dicha visión, sino que la misma fue elaborada a partir de su experiencia personal así como la de un amplio conjunto de universitarios (uruguayos y extranjeros) vinculados a diversos ámbitos de la universidad latinoamericana y presentes en el Uruguay debido a la persecución política existente en sus países de origen.

En esta breve intervención procuraremos mostrar dos aspectos o hitos de la trayectoria de Maggiolo, que tuvieron gran importancia en lo que refiere a la concepción y al contenido del referido Plan.

El primer hito

El primer hito a destacar deriva de una polémica ocurrida en la década de los años 50 entre la Universidad y el Gobierno de la época. Polémica en la cual Maggiolo y otros docentes de la Facultades de Ingeniería y Química, participaron muy activamente defendiendo la posición universitaria.

Debemos asimismo señalar desde ya, que la polémica culminó con la derrota de la posición universitaria.

La polémica refería a la necesidad de creación de un organismo público capaz de atender la demanda de la incipiente industria nacional que solicitaba, en aquella etapa, la creación de un organismo que realizase el control de calidad de los insumos que adquiría en plaza o importaba.

Recordemos que en los 50 el Uruguay y, en general, la región latinoamericana vivían la etapa denominada “industrialización por sustitución de importaciones (ISI)” en la cual se instalaban localmente fábricas (en general importadas y con tecnologías no precisamente “de punta”) y la operación de las mismas no solo daba empleo sino que requería insumos cuya calidad debía ser controlada.

En esta demanda del sector industrial, los mencionados universitarios, con un amplio apoyo e interés dentro de la Universidad, vieron una excepcional oportunidad de repetir con la industria, la experiencia muy exitosa que la Facultad de Ingeniería había tenido con la construcción de la infraestructura vial y portuaria del país en los 50 años previos.

En efecto, a principios de siglo la construcción de dicha infraestructura demandó el conocimiento del terreno y de los materiales que en ella se emplearían y ello fue resuelto con la creación, en el seno de la Facultad de Ingeniería del llamado “Instituto de Ensayo de Materiales”.

En dicho Instituto se habían ensayado los materiales y suelos relacionados con las principales vías de comunicación terrestres y con los puertos construidos en el país desde el siglo XIX a la fecha.

Con estos antecedentes, la posición de orientar hacia la Universidad los ensayos de las materias primas y materiales diversos que requiriese la incipiente industria a desarrollarse localmente, era muy clara y ampliamente mayoritaria en el seno de la propia Universidad.

Desde la Universidad se sostenía, como ya señalamos, que dicho organismo debería ser universitario o, al menos, contar con la participación de la Universidad, pues ello contribuiría a vincular la ciencia cultivada en la Universidad con las demandas concretas de nuestra industria y esto redundaría en la creación de capacidades para el desarrollo de un proceso de industrialización autónoma.

Sin embargo el curso del proceso fue muy diferente al que los universitarios imaginaron, como veremos de inmediato.

El gobierno nacional de la época, sin duda, tenía conocimiento de las opiniones casi unánimes que se tenían en la Universidad en cuanto al organismo a crearse y requirió o se le sugirió (esto no lo sabemos) que recurriese al asesoramiento externo de un organismo norteamericano, formalmente no implicado en la polémica y de ésta manera llegó al país una delegación de la denominada “Fundación Armour” de los EEUU.

Luego de entrevistarse con las partes, la referida delegación laudó en cuanto a que la creación del organismo de análisis y ensayos de las materias primas y productos de la industria, no debía instalarse en la Universidad y tampoco la Universidad debería participar del mismo puesto que (éste era el argumento empleado) dicho organismo solo llevaría adelante cometidos rutinarios de análisis y ensayos y no investigación científica.

Ante este argumento la Universidad respondía con la experiencia, muy positiva para la Facultad de Ingeniería, de la existencia en su seno del laboratorio de ensayo de materiales (ya mencionado) que supuso un aporte muy significativo de temas para la enseñanza y también la investigación, referidos a la formación de los ingenieros civiles de la época.

Sin embargo, en el enfrentamiento triunfa la tesis del gobierno de la época, que se apoya en las recomendaciones de la mencionada Fundación Armour, como el argumento decisivo para crear, por fuera de la Universidad, el organismo de análisis y ensayos requerido por lo industriales.

Dicha polémica, que tuvo una fuerte repercusión interna en la Universidad y en particular en la Facultad de Ingeniería de la época, culminó, años más tarde (1965), con la creación, en nuestro país, de un organismo del cual la Universidad fue excluida y que se denominó Laboratorio de Análisis y Ensayos (LAE).

La Universidad quedó fuera entonces, de lo que hubiera sido seguramente una fuente de desafíos de interés para estimular, dentro del ámbito académico, el desarrollo de capacidades al más alto nivel posible, para encarar los problemas que se presentasen en el ámbito productivo local.

Asimismo, de haberse incorporado la Universidad al referido Laboratorio de Análisis y Ensayos, se hubiera abierto un camino de diálogo con el sector industrial del país, y, en algunos casos, ello hubiera facilitado encontrar camino originales para resolver los problemas planteados, pudiendo llegarse a la creación de nuevos productos y procesos, todo ello relacionado estrechamente con las características y capacidades del ámbito productivo nacional.

La experiencia que la Universidad tuvo en la polémica que culmina en la creación del LAE fuera del ámbito universitario, es tenida muy en cuenta en el Plan Maggiolo cuando se afirma (año 1967), en el capítulo 3, lo siguiente:

Un país como el Uruguay, de escasas superficie y escaso número de habitantes, es imposible si no se le concibe integrado en la región continental. Su posibilidad de existencia no estará más que muy secundariamente en las riquezas del subsuelo o en lo que produzcan sus praderas naturales o artificiales.

En cambio, es fácil concebir que nos espera un porvenir adecuado dentro de la región, si podemos promover un alto grado de tecnificación en nuestro potencial humano. Este deberá ser capaz de competir en el campo internacional, por el poder del ingenio adecuadamente cultivado en la Universidad, luchando contra la desventaja que representa tener escasos recursos naturales y un minúsculo mercado interno.

Por eso, si bien ciertas naciones, poderosas en cuanto a su superficie, población y riquezas naturales, podrían darse el lujo de no preocuparse mayormente por su porvenir científico, el Uruguay no puede hacerlo. Tomar conocimiento de este hecho y tomar decisiones acordes con la gravedad de la situación, es un punto crucial que, a no dudarlo, definirá nuestro porvenir dentro del panorama mundial y particularmente en el continental.

En esta toma de conciencia y en estas decisiones, la Universidad de la República es la clave fundamental. Sobre ella recae todo el peso de la responsabilidad. Por la autonomía que goza dentro de la administración nacional, la decisión depende, en gran medida de ella y, por lo tanto de sus órdenes -Docentes, Egresados y Estudiantes- que son quienes la gobiernan.”

Creemos que los párrafos citados son el núcleo del pensamiento de Maggiolo en la materia y su Plan para la Universidad estuvo basado en los conceptos que allí figuran.

Sin embargo nada de lo expuesto pudo ser llevado a la práctica pues la muerte del Presidente Gestido da lugar a un fuerte giro a la derecha en el gobierno y la Universidad con su Rector a la cabeza, pasan a defender la institución de los continuos ataques que es objeto.

Se abre un período trágico con estudiantes muertos en la calle siendo Liber Arce el primero de ellos. Maggiolo despide con dolidas palabras al estudiante muerto y allí señala ”..esta defensa de valores fundamentales es tan esencial como la formación de profesionales, la investigación científica o la enseñanza artística”.

Y en esta defensa cada vez más difícil, transcurre el período restante de su rectorado así como el rectorado de Samuel Lichtensztejn, hasta la intervención de la Universidad en 1973.

A continuación veremos la referencia que Maggiolo hace, ya en el exilio, al proceso de destrucción ocurrido en la Facultad de Ingeniería luego de la intervención y el sometimiento del país una política dictada desde fuera de fronteras.

Dice Maggiolo en un texto escrito ya en el exilio (1977) para “Deslinde” una publicación de la UNAM (México):

El rector interventor divulgó en agosto de 1975, a través de un reportaje en el diario “El Día”, que se solicitarían ocho expertos del BID para que seleccionaran las áreas prioritarias de desarrollo de la Universidad. Ello, y el replanteo del proyecto de la Armour Research Foundation de los Estados Unidos, posterior a la destrucción de los institutos de la Facultad de Ingeniería, son dos ejemplos concretos de la participación de los Estados Unidos en este proceso dramático que viven el Uruguay y su cultura, desde hace treinta meses.”

Como se vió el proyecto de la Fundación Armour que en el 75 se replantearía (con la dictadura instalada en el gobierno y la Universidad intervenida), fue el que llevó a la exclusión de la participación de la Universidad en el referido Laboratorio de Análisis y Ensayos con el argumento que allí no se habría de realizar investigación.

Pero, como veremos a continuación, de ese replanteo resultó que el LAE, que no incluía la investigación entre sus cometidos ahora, con la Universidad bajo el control de la intervención, debía asumir tareas de investigación.

Este cambio de derrotero para el LAE es el resultado de un“decreto-ley” de 1975 de la dictadura que modifica la misión del Laboratorio de Análisis y Ensayos (LAE) creado por el Poder Ejecutivo en 1965 luego de la referida polémica con la Universidad.

En dicho “decreto-ley” al LAE se le encomienda la misión de realizar “análisis y ensayos” que era, como se vió, la tarea que ya tenía y a ésta se le agregó, en un inciso “H” la “investigación tecnológica” (nada más y nada menos).

Este cambio en los cometidos transforma la institución en otra,

a la cual se la bautizó como “Laboratorio de Tecnológico del Uruguay (LATU)”.

Si esto fue o no resultado de una segunda intervención de la Fundación Armour pedida por la dictadura, no lo sabemos, pero esta es la situación que institucionalmente hoy tenemos y el referido Inciso “H” le encomienda al LATU.

Realizar investigaciones y estudios con el fin de mejorar las técnicas de elaboración y proceso de las materias primas y desarrollar el uso de materiales y materias primas de origen local o más económicos y el aprovechamiento de subproductos”.

Pero esta redefinición de los cometidos del viejo LAE, del cual la Universidad fue excluida porque en sus cometidos no incorporaba la “investigación”, no redefine la integración y la Universidad queda otra vez afuera de un organismo fundamental si el país pretende (parafraseando a Maggiolo) “…competir en el campo internacional, por el poder del ingenio adecuadamente cultivado…… y luchando contra la desventaja que representa tener escasos recursos naturales y un minúsculo mercado interno.”l

Con ello finalizamos los comentarios referidos al primer hito referido a los orígenes del Plan Maggiolo y continuación expondremos el segundo hito.

El segundo hito

El segundo hito a destacar es la experiencia del propio Maggiolo desde su cargo docente en la Facultad de Ingeniería como docente en Dedicación Total y al frente del Departamento de Mecánica de los Fluidos del llamado Instituto de Máquinas de dicha Facultad.

Aquí debemos señalar que, contrariamente a lo que era corriente en la región en los años 50, donde la actividad de los laboratorios se orientaba a mostrar los fenómenos básicos de la hidráulica, con equipamiento en general comprado en el hemisferio norte, Maggiolo centró su actividad personal y luego la de sus colaboradores en el estudio con los problemas hidráulicos que se presentaban en el país y en la región.

Para ello inauguró localmente la modalidad de los convenios entre la Universidad y sus comitentes y consiguió que desde los distintos organismos del estado vinculados con la generación hidráulica y otros temas vinculados con la hidráulica, se derivaran recursos hacia la Universidad para el estudio de los problemas y solución de los mismos y no, como era habitual, hacia empresas consultoras extranjeras.

Desde su laboratorio Maggiolo, junto a sus colaboradores, realizó en el país, estudios referidos a las plantas hidroeléctricas de Rincón del Bonete, de Baygorria y Salto Grande que, de no existir las capacidades locales que Maggiolo creó y desarrolló, los referidos estudios tendrían que haber sido contratados fuera de fronteras.

Con la realización de estos trabajos se logró la autonomía en cuanto a la operación hidráulica de dichas obras, así como también el desarrollo de conocimientos científicos originales que abrían nuevos caminos de avance en la materia, dentro y fuera de fronteras.

Maggiolo mostró, en el desempeño práctico de su cargo docente en la Universidad de la República y en la actividad internacional que desplegó apuntando a organizar y potenciar las capacidades científicas regionales a través de la Asociación Internacional de Investigaciones Hidráulicas, que la meta de lograr “un alto grado de tecnificación en nuestro potencial humano” tal como luego lo plantearía en su Plan, era factible de ser lograda y que “la competencia en el campo internacional por el poder del ingenio adecuadamente cultivado” no era una quimera.

Convicción que compartimos plenamente y creo que también ello se aplica a todos los gobiernos universitarios que han pasado por esta sala, luego de recuperada la democracia para el país y para la Universidad.

La organización del presente ciclo dedicado a debatir sobre Plan Maggiolo y nuestra actual realidad académica así lo demuestra.

Para terminar nuestra presentación, quiero leer el texto que Mario Otero destacado profesor de nuestra Universidad y hoy fallecido, escribiera como presentación del trabajo de Maggiolo publicado en México en 1977 y que citáramos anteriormente.

En dicho prólogo puede leerse:

En el período quizás más delicado de las relaciones entre la Universidad uruguaya y el gobierno del país, cuando los ataques a la enseñanza superior arreciaron, cuando el proceso de fascitización – que culminara en junio del 73 – estaba en pleno desarrollo, le tocó al Ing. Oscar J. Maggiolo el riesgoso honor de ser Rector de aquella. Lo hizo con la lucidez y la valentía que eran estrictamente necesarias pero que él puso de manifiesto en forma decisiva.

Tanto cuando en la madrugada los grupos fascistas intentaban entrar vandálicamente en los recintos universitarios como cuando las fuerzas represivas buscaron infructuosamente – pero no sin saña- pruebas de conspiraciones imaginarias, cuando en realidad la Universidad molestaba por ser el testigo no mudo e incómodo de la represión del país, Maggiolo estuvo al frente de la Universidad.“

Para finalizar

A 50 años de aquella propuesta realizada por Maggiolo a la Universidad, propuesta que trazaba un camino muy distinto al que la vida institucional del país nos deparó, está en nuestras manos la actualización de la misma para colaborar hoy, desde la Universidad, en la construcción de una senda de progreso para el país. con los atributos que aquel plan anticipaba.

El ciclo que hoy comienza con sus nueve mesas que convocan a participantes muy calificados en los temas que cada mesa tratará, será un insumo fundamental para avanzar en dicha dirección.

Queremos finalizar esta intervención reiterando los párrafos finales de lo que se dijo en el año 2001, en el acto que se realizó en el Paraninfo de nuestra Universidad, con motivo de cumplirse los 20 años del fallecimiento de Maggiolo.

En aquella ocasión manifestamos y hoy, en esta sala que lleva su nombre lo reiteramos,

Desde la conclusión de su período de gobierno universitario en 1972, hasta la temprana muerte, pasando por la intervención de nuestra Universidad y el exilio, Maggiolo nunca dejó de actuar a favor de la Universidad y de la democracia en su país.

Quienes coincidimos con él en el exilio, supimos de sus denodados esfuerzos por recuperar la institucionalidad y devolver a la Universidad su autonomía. Si bien antes de su muerte la derrota del despotismo ya se avizoraba a lo lejos, Maggiolo no llegó a conocer la vuelta de la democracia ni la restitución de esta casa a sus autoridades legítimas.

No vivió tampoco el resultado del plebiscito del 80.

Le tocó vivir el periodo más difícil del alejamiento del país, cuando el desenlace democrático era aún una instancia a conquistar y sus plazos eran inciertos.

Hoy el tiempo le devuelve inexorablemente, a su figura, la vigencia en la historia de nuestra Universidad.

Vistos los empeños que pusieron los autoritarios de toda laya que desfilaron por los sucesivos gobiernos que padeció el país durante la dictadura, en borrar la memoria y la obra de Maggiolo, nos es dable llegar al comienzo del nuevo siglo con su obra en los cimientos de lo que hoy hace la Universidad de la República y su memoria viva en todos nosotros.

Sus trabajos y sus proyectos, los que mencionamos y muchos otros, siguen siendo un punto de referencia insoslayable para quienes pensamos que el conocimiento es el recurso principal con que hoy cuentan las naciones para su desarrollo y la Universidad de la República constituye, para el Uruguay, un instrumento imprescindible para forjar ese destino de progreso social que orientó el pensamiento de Maggiolo.

Rafael Guarga
2 de agosto de 2017



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