Miradas desde la Psicología

La epidemia del COVID-19 sacudió al mundo y además de los aspectos vinculados al virus y su propagación, las medidas preventivas y las prácticas de cuidado encierran una serie de aspectos psicosociales que también es necesario atender. ¿Qué implican las situaciones de emergencia en términos afectivos y cómo podemos prevenir sus elementos adversos?, ¿cómo nos cuidamos sin descuidar a quienes se encuentran en situaciones de mayor vulnerabilidad?, ¿qué podemos hacer para responder a la epidemia de una manera solidaria y con un enfoque comunitario?, ¿con qué recursos contamos para tramitar la emergencia y para abordar situaciones de vulneración de derechos?, ¿cómo debemos manejar la información que circula y qué cuidados debemos tener al respecto? Estas son algunas de las preguntas que queremos responder desde este espacio. Los distintos apartados fueron elaborados por docentes de la Facultad de Psicología de la Universidad de la República, y responden a las múltiples miradas y a los diferentes acumulados de investigación en torno al tema. En tanto los procesos que estamos transitando son cambiantes, promueven nuevas preguntas y requieren de nuevas respuestas, este espacio se irá actualizando con sucesivos aportes.

Teletrabajo en tiempo de coronavirus

Por SILVIA FRANCOTOMMY WITTKE Y ALICIA MIGLIARO (Instituto de Psicología Social) y LORENA FUNCASTA (Psicología de la Salud y Centro de Experimentación e Innovación Social (CEIS))

En las últimas semanas el teletrabajo se expandió al ritmo de la pandemia, irrumpiendo a escala planetaria como un sinónimo del trabajo en casa. El movimiento parece bastante simple: trasladar la tarea que realizan los y las trabajadoras desde sus oficinas a sus casas. Sin embargo, encontramos que este movimiento no tiene nada de sencillo y que para practicarlo debemos sortear varios obstáculos.

¿Qué es el teletrabajo?

El trabajo a distancia o teletrabajo es entendido como un modo de trabajar en el que el trabajador o trabajadora está localizado remotamente de una oficina central o de un centro de producción, con o sin contacto cara a cara con co-trabajadores, pero que permite la comunicación vía el uso de las tecnologías de sistemas de comunicación.
Esta actividad profesional supone una forma de organización laboral que permite al trabajador o trabajadora auto-organizarse, vale decir, autogestionar las variables de tiempo, espacio y las mismas actividades laborales (Alonso y Cifre,2002).

Teletrabajo en tiempo de coronavirus

Teletrabajar en Uruguay desde marzo del 2020 hasta la fecha tiene varios implícitos. En primer lugar supone que trabajadores y trabajadoras dispongan de buena conectividad, medios técnicos de uso personal y de adecuado funcionamiento en sus domicilios, además de un espacio más o menos adecuado para el desarrollo de la tarea. Sabemos que no todos los hogares cuentan con estas posibilidades o que sus capacidades se puedan ver saturadas ante el aumento de la demanda de sus integrantes. A todo esto hay que agregar que el costo de los servicios corre por cuenta de los trabajadores y trabajadoras, un dato nada menor en el contexto socioeconómico actual. En otro orden de cosas, hay que considerar que el manejo de las herramientas y plataformas tecnológicas puede ser muy variados, lo que puede ocasionar que muchas personas se vean sobrepasados ante la dificultad de manejar herramientas que les son ajenas.

Otro aspecto a considerar es que la modalidad de teletrabajo en la que nos encontramos dista mucho de haber sido planificada o coordinada, más bien todo lo contrario. En general, se produjo de un día para el otro y en organizaciones que nunca antes habían ensayado esta estrategia. Esta suerte de teletrabajo “compulsivo” dificulta la posibilidad de adaptación y coordinación de las tareas, lo que puede ocasionar tensiones entre compañeros y compañeras o con cargos jerárquicos. Es de esperar entonces que podamos atravesar momentos de estrés, enojo y frustración en el intento de responder a la tarea pero desde una modalidad totalmente novedosa, trabajando en equipo pero desde lugares remotos.

A su vez hay que considerar que el teletrabajo fusiona en tiempo y espacios la esfera del trabajo productivo (el que generalmente realizamos puertas afuera de nuestro hogar y/o con el cuidado de niños/as y personas a cargo organizado) con la esfera doméstica. Aquí es evidente que cada trabajador o trabajadora tiene una realidad familiar y doméstica diferente, por lo tanto la productividad en el trabajo se verá afectada. No es lo mismo teletrabajar cuando se tienen responsabilidades de cuidados de hijos, hijas o personas a cargo que cuando no se tiene esa responsabilidad. La situación también es diferente cuando estas responsabilidades pueden ser compartidas con otras personas, a cuando el trabajador o trabajadora debe enfrentar esta responsabilidad en solitario. Tampoco es lo mismo contar con un espacio propio para adecuar un área de trabajo que tener que compartirla con el resto de la familia. Es evidente que la carga emocional con que se realicen las tareas laborales estará fuertemente influenciada por estos elementos del entorno doméstico y este aspecto debería ser considerado por los empleadores.

Por último, no debemos olvidar que todo este movimiento se produce en un contexto social muy particular. La emergencia sanitaria a partir de la irrupción del COVID-19 está desembocando en una crisis socioeconómica de alcances impredecibles. La retracción de la economía, la pérdida de fuentes laborales, el cierre de pequeñas y medianas empresas, el envío de trabajadores y trabajadoras a seguro de paro genera un clima de tensión e incertidumbre generalizadas. A su vez, en nuestro país esto sucede en medio de un cambio de gestión gubernamental, muchas áreas del sector público se encuentran en plena transición, con cambio de direcciones o autoridades, ceses de contratos y propuestas de reorganización. Es, a todas luces, un escenario complejo y convulsionado, un escenario anormal. No podemos pretender trabajar con normalidad cuando la situación social, la organización del trabajo, la dinámica familiar y las capacidades personales se encuentran alteradas. Esto no quiere decir que sea imposible establecer modalidades de teletrabajo o que sucumbamos ante la fatalidad. Significa que adaptarnos a esta realidad, requiere tiempo y paciencia. Esto corre tanto para los y las trabajadoras, quienes tendrán que adaptarse a esta nueva realidad (consigo y con compañeros/as); como para la organización del trabajo (es decir la empresa, organismo o dependencia para quien se trabaja) que tendrá que moderar exigencias y rever estrategias de coordinación.

Teletrabajo y organización del trabajo

Pensando en las organizaciones del trabajo la situación también cambia. La naturaleza del trabajo, las condiciones y medio ambiente así como características personales y recursos tecnológicos necesarios, harán que este nuevo escenario interpele el tipo de contrato psicológico, sobretodo en términos de expectativas, que se establezcan entre empleadores y trabajadores/as. Es por eso que este contrato, las expectativas y exigencias, deben ser revisados y adecuado a esta nueva circunstancia.

El contrato que es necesario establecer en esta nueva condición debe especificar claramente cuál es el producto esperado y cuáles son los recursos con los cuales se contará para su realización. Sobre todo, lo que aquí importa es establecer cuáles son los recursos materiales y ambientales con que cuentan las personas para realizar su trabajo. Obviamente diferirá de aquellos que los ofrecidos por la organización de manera presencial, por tanto, es de esperar que el producto pueda sufrir modificaciones lo cual es necesario atender mediante un acuerdo de expectativas que se podrán ir regulando a lo largo del período, teniendo la precaución de hacerlo de manera manifiesta.Videos

La coordinación y la división del trabajo sufrirán modificaciones en estas nuevas condiciones y por eso es necesario que las organizaciones lo aborden y acuerden con los trabajadores y trabajadoras. No se trata de trasladar el trabajo al hogar de una manera automática, sino de evaluar las condiciones necesarias y las existentes y definir lo que es posible hacer en el espacio-tiempo disponible. En la medida que las condiciones no serán las mismas, también los distractores serán otros, especialmente por tratarse de una cuarentena donde el resto de la familia está compartiendo el mismo espacio con fines distintos a los familiares.

Condiciones físicas, medio-ambientales y psicosociales (Neffa, 2016) de hacer el trabajo a distancia también han de considerarse, por ejemplo, las condiciones ergonómicas en la organización generalmente responden a normativas legales y recomendaciones técnicas que no necesariamente están contemplados en los hogares y podría generar riesgos en el bienestar de trabajadores.

En suma, aunque sea por pocas semanas es preciso atender el diseño de la organización del trabajo, adecuar prácticas de gestión así como explicitar el contrato psicológico entre organizaciones y trabajadores/as de estos tiempos, de manera que no erosionen las relaciones laborales.

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