La actividad fue la primera del ciclo de debate titulado «Pensar la pandemia, repensar la sociedad» que lleva adelante FCS y que tendrá dos instancias más, los días 26 de junio y 3 de julio en el mismo horario. Todos los encuentros son transmitidos en vivo a través del canal de Youtube de FCS y por UniRadio (107.7 FM).

En el primer encuentro la moderadora fue Anabel Rieiro, docente de FCS y se abordaron debates actuales de la teoría social mundial en relación con la pandemia. La apertura estuvo a cargo de Carmen Midaglia, decana de FCS, y Karina Batthyány, secretaria ejecutiva de CLACSO. Además, participaron Boaventura De Sousa Santos (Portugal), doctor en Sociología del Derecho por la Universidad de Yale y catedrático, jubilado, en la Universidad de Coímbra; Montserrat Sagot (Costa Rica), doctora en Sociología, con especialidad en Sociología del Género; Elizabeth Jelin (Argentina), doctora en Sociología en la Universidad de Texas, licenciada en sociología en la Universidad de Buenos Aires (UBA); Mina Lorena Navarro (México), doctora en Sociología, profesora e investigadora del Instituto de Ciencias Sociales y Humanidades «Alfonso Vélez Pliego» de la Universidad Autónoma de Puebla.

La decana de la FCS fundamentó el título del encuentro, señaló que las ciencias sociales «tienen suficiente conocimiento para responder a la situación mundial de pandemia y a sus consecuencias». Midaglia marcó alguno de estos efectos como la crisis socioeconómica en países y regiones y el impacto en el mercado laboral, que se traducen en la vida cotidiana de las personas causando un deterioro en las condiciones de vida, desempleo y limitaciones a la protesta social. Destacó la relevancia de este tipo de situaciones para Latinoamérica, que cuenta con altos índices históricos de desigualdad y pobreza, donde priman «Estados sociales incompletos que no son capaces de proteger a su población», una incapacidad agravada en el contexto actual de pandemia. Estos Estados latinoamericanos tienen además legados políticos autoritarios y de rupturas institucionales en su pasado reciente, que siempre amenazan con volver a expresarse.

Midaglia sostuvo que en este contexto «a las ciencias sociales se les presentan desafíos mayores que los habituales, en la búsqueda de contribuir a una sociedad que al menos ponga límites a las exclusiones y a profundizar la calidad democrática de nuestra sociedad».

Batthyány resaltó la importancia del espacio y de contar con panelistas regionales e internacionales, para analizar algunos desafíos a los que se enfrentan las ciencias sociales, para plantear interpretaciones desde la teoría social a esta situación, y su posible salida. Con respecto al camino de solución del contexto, sostuvo que necesariamente surgirá de vincular dos conceptos clásicos de la teoría social en discusión, el de solidaridad y el de interdependencia. «La ciencia social quizás no es la ciencia más escuchada hoy, pero tiene mucho para aportar», expresó. Ese aporte está enmarcado en la forma de entender el trabajo en esta rama de las ciencias, desde la comprensión, el conocimiento y la búsqueda de la excelencia académica pero «con vocación de incidencia y transformación social», sin lo cual su rol no tendría sentido. Las ciencias sociales parten del entendimiento de que el conocimiento «es un bien público que debe ser accesible por tanto para todas y todos», acotó.

La investigadora informó que CLACSO ha creado un observatorio social llamado «Pensar la pandemia», a través del cual se busca poner en valor y conocimiento las dimensiones sociales de la crisis sanitaria y de las consecuencias a futuro. El observatorio reúne más de 230 artículos escritos por investigadores nacionales, regionales e internacionales, que han sido leídos al momento por más de 300.000 personas; Batthyány invitó a los investigadores presentes en el evento a enviar artículos de no más de cuatro páginas y en lenguaje de difusión, acerca de estas dimensiones.

Señaló la oportunidad que brinda la pandemia de colocar en el debate a la ciencia abierta, de volver a discutir la democracia en todos sus posibles abordajes, de reconocer algunas lecciones y fortalecimientos que deja esta crisis en cuanto a esa calidad democrática. El contexto de pandemia también trae la oportunidad de discutir las brechas de género, que quedaron muy evidenciadas por el cambio que provocó en los espacios de interacción, interdependencia y solidaridad cotidianos. La emergencia sanitaria dejó también desafíos a nivel regional referentes al sistema de salud y a la cobertura universal de este derecho, y a discutir el salario mínimo universal. «Son muchas las oportunidades que surgen y como científicos sociales nos sentimos interpelados y con ganas de aportar», indicó Batthyány.

Viejos virus

De Sousa planteó que los siglos no comienzan en su primer día sino con un acontecimiento que los marca; se puede decir que el siglo XXI comienza con esta pandemia, que de alguna manera se inscribirá en la cotidianeidad, en las relaciones sociales de las personas por mucho tiempo. Agregó que es muy difícil que la humanidad pueda imaginarse en la post pandemia como vuelta a la normalidad, ya que es muy probable que estemos ingresando a una etapa de pandemia intermitente, con períodos alternados de salida y de confinamiento. 

Frente a este contexto se plantean tres preguntas, señaló: de dónde venimos, dónde estamos y para dónde vamos, que confluyen en la interrogante de «quiénes somos». En relación con la primera pregunta mencionó el caso de Europa, donde la pandemia planteó una situación nueva: un continente especializado a lo largo de la historia en invadir a los pueblos fue por primera vez invadido, y ante este contexto inusual no sabe cómo reaccionar.  Se ve enfrentado a un enemigo poderoso de la naturaleza, «ante el cual solo puede huir, esconderse en casa, ocultarse». Comparó la situación con la que vivieron los pueblos indígenas de América Latina ante la llegada de los colonizadores, frente a cuyo poder, no solo de armas de fuego sino también biológicas por las enfermedades que traían, también tuvieron que huir y esconderse.

Consideró que la primera pandemia que vivió la humanidad fue el colonialismo, un virus para el que hasta ahora no se ha encontrado una vacuna, y de eso dan muestra los hechos de racismo cotidiano en las sociedades actuales. La pregunta «de dónde venimos» también nos trae más cerca en el tiempo, cuando hace de unos 40 años se instauró la idea de que no hay alternativa al capitalismo, a las sociedades en las que vivimos, a las que definió además como colonialistas y patriarcales. Catalogó este contexto como un «confinamiento ideológico», la aceptación de un sistema que trajo mucho sufrimiento injusto, en especial para la gente del sur y de algunas regiones del norte.

Sobre la pregunta «dónde estamos», indicó que la pandemia nos puede enseñar que la superioridad de los Estados del norte es en parte falsa, estos se han mostrado fallidos e incompetentes para proteger la vida. La jerarquía del norte hace que se visualice a África como un problema, se lo considera como un país donde asola el hambre, las epidemias, y no como un conjunto de naciones distintas. Esa idea fue derribada porque estas defienden mejor a sus pueblos de la epidemia que Estados Unidos o algunos países europeos, y de eso «no se habla en las noticias». «La pandemia obliga a los científicos sociales a repensar las jerarquías del mundo», agregó.

De Sousa acotó que durante los últimos 40 años imperó la idea de que los mercados son un gran regulador de las relaciones sociales, «transparente, eficaz, bueno», que el Estado debe ser reducido al mínimo y como tal fue incapacitado de proteger a las personas. Se produjo un ataque a la salud, la educación, las pensiones públicas, los derechos sociales. Italia, Francia y Estados Unidos fueron los países que más privatizaron la salud, por esta razón frente a la pandemia fueron los que se enfrentaron a consecuencias más desastrosas. El virus «potencia las desigualdades», los que mueren son los más vulnerables, los que ya se encontraban en medio de otras pandemias: sin seguro de salud, sufriendo racismo, desempleados o con trabajo informal, sin derechos sociales, en situación de calle. Las poblaciones vulnerables, aunque se consideran minorías, son los ancianos, refugiados, migrantes, mujeres, que sumados representan la mayoría de la población mundial.

Esta desigualdad en el marco de la pandemia se refleja en todo el mundo. En Brasil hay zonas de población con tasas de mortalidad por el virus de 60 % y barrios de clase media alta donde esa tasa es de 2 %. En Estados Unidos, 60 % de los muertos a causa del virus son negros. Una parte de la sociedad mundial pudo protegerse a través del confinamiento, gracias a que otra parte no pudo hacerlo; quienes tuvieron que continuar trabajando en cuidados, entregando comida, etcétera, los pertenecientes a sectores más vulnerables y en los que más muertes se registraron. Otro aprendizaje que dejó la pandemia es que los gobiernos de extrema derecha fueron los menos eficaces en proteger la vida, como el caso de Brasil, Estados Unidos e India, indicó. Además de negar en un principio la realidad de la pandemia, estos países priorizaron la protección de la economía a la de la vida.

Oportunidad de cambio

En referencia a la pregunta «a dónde vamos», De Sousa consideró que existen tres escenarios posibles, una posibilidad es «que nada cambie», con lo que el panorama futuro mundial sería peor. Apuntó que antes de la pandemia en países como Chile, Colombia, Líbano, se llevaban adelante protestas sociales en la calle, y con esta crisis la mayoría de los países aumentaron enormemente su deuda, con lo que, si nada cambia, las poblaciones podrían sufrir un período de políticas de austeridad y ajustes fiscales. La democracia estaría en riesgo, ya que la política neoliberal que han aplicado algunos países como Colombia o Brasil, no se puede poner en práctica en democracia.

Como segundo escenario planteó la posibilidad de que «se realicen algunos cambios para que todo siga igual». Los más lúcidos del mundo del capital entendieron que para seguir ganando tienen que realizar algunos cambios, como más inversión para la educación, la salud, entre otros.

Un tercer escenario podría darse si se utiliza la oportunidad para construir una alternativa post capitalista, post colonialista y post patriarcal. Es una lucha en la que se trabaja desde hace tiempo, pero ahora puede darse con la posibilidad de construir alternativas basadas en teorías de transición que permitan una reconversión del Estado, la refundación de la democracia, de la economía, de las innovaciones. De Sousa estimó que este es un escenario muy difícil porque mucha gente quiere volver a la normalidad, aunque esto sea imposible. Esta normalidad es «el infierno para una gran parte de la población mundial, es la violencia contra las mujeres, el genocidio de los negros, las exclusiones de los pueblos indígenas». Concluyó que construir esta alternativa se plantea como un desafío para los investigadores sociales. Consideró necesario generar espacios de discusión en los que participen las comunidades, las que han demostrado una gran solidaridad y creatividad en buscar estrategias de organización para protegerse de la pandemia cuando el Estado no está presente.

Por su parte, Sagot opinó que no es correcto «hablar de un mundo post pandemia», porque es un mundo que ya se está construyendo. Esta pandemia surge como resultado de los patrones de invasión de los humanos al mundo natural, de «un modelo de acumulación que ya se había vuelto necrótico», y ha dejado al descubierto las opresiones y desigualdades que ya existían.

En cuanto al mandato del confinamiento, explicó que pone de manifiesto «una política homogeneizante», en la que no se tomaron en cuenta las vulnerabilidades, en la gran mayoría de los países no se implementó una renta básica, ni estrategias de confinamiento diferenciadas por género. Por consiguiente aumentó la precarización, el hambre, la violencia contra las mujeres y contra otras poblaciones vulnerables. 

Además, gobiernos como los de El Salvador, Honduras y Guatemala están imponiendo Estados de excepción, «reviviendo el repertorio represivo del pasado». Se han radicalizado los aparatos de control biopolítico, ya no en nombre de la seguridad nacional sino de la salud pública.

Otro punto en disputa que se manifiesta con esta pandemia es el de «las acuciantes necesidades de salud», con lo cual resurgió la discusión renovada sobre la necesidad del Estado de bienestar. Sin embargo, puede verse en los países latinoamericanos una destrucción masiva de empleo, mientras los gobiernos otorgan prebendas a las grandes empresas, sin transparencia, pero niegan apoyo a los trabajadores.

Sagot agregó que la crisis sanitaria «nos ha robado un poco de la humanidad», nos privó de la interacción social, y muchos de los elementos centrales que nos convierten en seres humanos están en nuestras formas de interacción simbólica, por ejemplo, en los rituales de despedida de los que han muerto.

Una vida en crisis

En tanto, Jelin observó que esta pandemia ha motivado que muchos sintieran urgencia de decir o hacer algo, desde lo individual, lo colectivo, lo académico. En particular desde las ciencias sociales hubo una sobresaturación, «todo el mundo tenía algo que decir». Su presentación se enfocó en tres conceptos: la incertidumbre, la responsabilidad y la solidaridad.

Afirmó que la palabra incertidumbre «reúne todo lo que nos está pasando», es la única certeza posible, para referirse tanto a cómo se llegó a esta pandemia, a qué es y hacia dónde vamos. En este contexto la incertidumbre va más allá de la noción de riesgo, indicó.

Sobre la noción de responsabilidad, señaló que es doble: por una parte, refiere al cumplimiento de las obligaciones asumidas, por ejemplo, las que están asociadas a un cargo. Otro aspecto de la noción de responsabilidad es la que se asocia al futuro, la que tiene que ver con «medir las consecuencias de lo que hago». Como ejemplo de esto mencionó que durante esta epidemia algunas personas, sabiendo que están infectadas, no han respetado las medidas de prevención y han contagiado a otros. Desde las ciencias sociales se debe seguir pensando sobre estos conceptos relativos a los vínculos sociales, señaló.

Solidaridad y responsabilidad son palabras que entran de manera importante en nuestras vidas y que para los científicos sociales remiten a Durkheim y a Weber respectivamente, indicó. Pero también están relacionadas con nociones que esos teóricos no manejaron: las emociones y los afectos. Este es un campo que ha sido desarrollado en las ciencias sociales, desde un lugar no ligado a las racionalidades instrumentales o de las acciones de acuerdo con valores, explicó; las ciencias sociales deben elaborar ahora sobre «esa mezcla de responsabilidad, solidaridad, empatía, emoción y afecto», porque es el desafío que introduce esta crisis.

Jelin agregó que la pandemia pone de manifiesto que «el mundo es uno», pero al mismo tiempo vivimos en confinamiento dentro de países o regiones, y en «microconfinamiento». Además, lo público y lo privado se entrelazan, en un momento en que «lo más importante es aprender a lavarse las manos». En esta situación «el pensamiento binario no nos sirve», lo mismo expresa la tradición feminista que ya ha afirmado que «lo personal es político», recordó.

Por su parte Navarro señaló que el análisis de esta crisis suele presentarse como «una discusión cerrada en manos de expertos», pero no debe ser así . Para dar lugar a ejercer la capacidad de entendimiento de todos, su grupo de académicos en la Universidad de Puebla está llevando adelante un análisis de las narrativas más difundidas por los medios de comunicación, «con sus palabras clave mágicas que terminan acallando nuestras inquietudes y e inhibiendo nuestras preguntas». Esta iniciativa se presenta en un sitio web y se denomina «Contradiccionario de la pandemia».

Agregó que hay una tendencia casi generalizada a oscurecer el origen de la pandemia, mientras que el análisis está centrado en los efectos. Los discursos imperantes plantean que el problema solo tiene que ver con la crisis de lo sanitario, explicó Navaro, pero en su visión «esto viene a intensificar una vida en crisis» que ya veníamos enfrentando. Señaló que en el centro de ella se ve solo la salud humana, se considera lo humano «como una entidad supranatural desconectada e independiente del tejido de la vida», pero somos naturaleza y tenemos relaciones simbióticas con este tejido, «donde somos afectados pero que también afectamos».

Al no hablar de las causas de esta pandemia, «se están invisibilizando los regímenes de relaciones sociales, económicos, ecológicos, bióticos, que hay detrás de esta vida en crisis», afirmó Navarro. Diversas investigaciones identifican la correlación entre la emergencia de las enfermedades zoonóticas y la economía política del capital, esta no es una pandemia surgida de la nada, hay que ubicarla como parte de una economía política que está centrando su estrategia «en explotar y apropiarse abusiva y violentamente de las naturalezas humanas y no humanas». Esto se encarna de manera muy clara en el sistema agroalimentario industrial: los escenarios de los monocultivos y producción de proteína animal a gran escala son «fábricas productoras de enfermedades», afirmó. Indicó que es necesario pensar en un horizonte de sostenibilidad, «pensar salidas que rompan con lo establecido, que rompan con el capital».

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