La actividad fue presentada por la decana de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE), Ana Frega, y organizada por el Prorrectorado de Extensión y Actividades en el Medio de la Udelar. El docente del Centro de Lenguas Extranjeras de la Facultad, Hovannes Bodukian, estuvo a cargo de la traducción del idioma armenio.

Rodrigo Arim, rector de la Udelar, afirmó que este encuentro es imperativo en circunstancias trágicas y contextos adversos, ante la vulneración de derechos humanos, que además trae recuerdos de otros procesos vividos por el pueblo armenio a comienzos del siglo XX, marcando su historia y la de la humanidad en general. Realizar este tipo de eventos es un mandato de la Ley Orgánica, señaló Arim, «nuestra carta magna establece con claridad que la obligación de la Universidad de la República es, entre otras, aportar elementos para la comprensión de temas de interés general».

En ese sentido, el rector explicó que la intención de este evento en particular es aportar elementos para que desde Uruguay se comprenda y reconozca esta tragedia. La colectividad armenia es parte constitutiva de la identidad uruguaya y lo ha sido a través de procesos de desarraigo que mucho tienen que ver con agresiones previas. Por lo tanto, indicó que el objetivo de la mesa es comprender, contribuir a que la violencia no se instale en la sociedad contemporánea, que el respeto a los derechos humanos sea una consigna para defender la autodeterminación de los pueblos, y brindar elementos claros que permitan construir una comunidad internacional cosmopolita diversa y respetuosa.

Por su parte, Gegham Gevorgyan, rector de la Universidad Estatal de Yerevan, expresó que la comunidad armenia vive momentos de mucha gravedad por causa de la acción iniciada por el gobierno de Azerbaiyán. A lo largo de toda la frontera de la República de Artsaj, se llevó a cabo un ataque de gran intensidad con bombardeo aéreo y artillería por parte de las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán. Los agresores, con armas prohibidas internacionalmente por las convenciones de derechos humanos, abrieron fuego no solo sobre la frontera de Artsaj, sino también sobre la frontera de Armenia, tomando como objetivo poblaciones pacíficas y estructuras civiles, entre ellas instituciones educativas, culturales y sanitarias, destruyéndolas y causando numerosos muertos y heridos, así como privando a niños y jóvenes de su derecho a la educación.

Sostuvo que Turquía se involucró activamente: utilizando las aspiraciones territoriales de Azerbaiyán, incentivó la guerra involucrando a mercenarios, asesinos y terroristas. «Esa política dual y agresiva es la que ha llevado a analistas y especialistas del mundo a señalar claramente el peligro y las consecuencias geopolíticas catastróficas que acarrea esa estrategia», afirmó Gevorgyan y recordó que la experiencia de la historia muestra que cada guerra y agresión que no se evita lleva a consecuencias catastróficas: el Genocidio Armenio, el Holocausto Judío, los genocidios de Camboya y Ruanda, entre otros. 

Según su rector, la Universidad Estatal de Yerevan ha estado siempre dispuesta a asumir compromisos internacionales y con todos los medios posibles ha  aportado a la defensa de la seguridad de Armenia. Subrayó que el acuerdo firmado el 9 de noviembre entre Azerbaiyán, Rusia y Armenia «generó una profunda crisis en la sociedad, un ambiente extremadamente tenso, y como consecuencia de ello las grietas que se profundizan día a día pueden ser destructivas para nuestro Estado, sobre todo porque la amenaza sigue latente».

Política de genocidio

Dando comienzo a las exposiciones de académicos sobre la temática, el docente de la Universidad Estatal de Yerevan, Suren Manukyan, recordó que las autoridades de Armenia en distintas ocasiones afirmaron que la agresión iniciada el 27 de setiembre por Azerbaiyán no tenía fines militares, sino que perseguía un genocidio. Existen teorías sobre la prevención de los genocidios, indicó, y según este modelo, aquellos Estados que realizan un genocidio están predispuestos a repetirlo. Turquía llevó adelante una política de genocidio entre 1915 y 1923 y Azerbaiyán entre 1988 y 1992. Estos factores crecen cuando los Estados que perpetúan estos hechos no los aceptan o los asumen, sino que por el contrario los dan como hechos heroicos, enfatizó.

El docente señaló que la política de Turquía ha sido de negacionismo y ahora cambió de forma para acusar a la víctima. Explicó que la idea sembrada de dar una lección y continuar con la política de sus ancestros son evidencia clara del objetivo de continuar con la política genocida, y esto deja su huella en la sociedad, porque encuestas realizadas muestran que los armenios son los mayores enemigos de los turcos. «Vemos claramente cómo se está incentivando el odio hacia los armenios, que puede llevar a medidas extremas», afirmó. Lo mismo ocurre en Azerbaiyán, donde el odio se incentiva inclusive desde la educación inicial, lo cual ya se advierte desde organismos internacionales. Para Manukyan, al analizar esta política se ve que se parece mucho a la llevada a cabo por la Alemania nazi entre 1935 y 1939. 

Los hechos ocurridos en Artsaj dejan demuestran que si los soldados armenios no hubieran detenido ese primer ataque, los 140.000 armenios que viven en Artsaj iban a ser sometidos a un genocidio, sostuvo Manukyan. También queda latente el genocidio cultural que pueda realizarse, porque en muchas de las zonas que en el acuerdo se devuelven a Azerbaiyán se encuentran monumentos históricos culturales armenios que estarán en serio peligro. «Tengamos muy presente que en el cercano oriente hay dos estados que tienen intenciones genocidas», concluyó.

Las víctimas del genocidio

Marina Cardozo, docente del Instituto de Historia de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, durante su exposición citó a varios autores especialistas en la historia del genocidio armenio. Según el historiador Ronald Suny, uno de los debates más importantes a nivel historiográfico reside en las causas del genocido y señala la existencia de una «estrategia justificativa del Imperio Otomano de eliminar lo que se percibía como una amenaza: los armenios en Turquía». Suny intenta comprender cómo Armenios y Turcos se construyeron en tanto enemigos histórica y culturalmente. «Las desigualdades económicas conjugadas con las diferencias étnicas y religiosas habrían tenido un rol central en la construcción del otro como el enemigo», explicó. Agregó que «el miedo del otro y del futuro» podrían encontrarse como nociones claras de los perpetradores, por eso entiende Suny que el miedo, la rabia, y el resentimiento se transformaron prontamente en odio, y «esta emoción convirtió al otro en el causante de sus propias miserias y requirió su eliminación», relató Cardozo. 

También citó al historiador Marcello Flores quien sostuvo que es fundamental detenerse en lo que caracteriza al genocidio como «diverso» en relación a las matanzas precedentes que constituyen antecedentes, pero no explican el grado de violencia desplegado durante el genocidio, ni una planificación destinada al exterminio armenio, ni siquiera un sentimiento de nación turco. 

La docente también planteó el tema género en el genocidio y se refirió al documental que realizó la cineasta nacida en Beirut, Suzanne Khardalian, «Los tatuajes de mi abuela», que surgió de la curiosidad de la autora de conocer la historia de su abuela, sobreviviente del genocidio. La experiencia de su abuela es la de miles de mujeres armenias sobrevivientes del genocidio: víctimas de violencia sexual y psicológica por parte de los turcos, que fueron tatuadas por los represores para distinguirlas de la población local, en el intento de borrar su identidad armenia. En la busqueda del pasado, Khardalian conoció la historia de esas niñas obligadas a la prostitución o a la esclavitud, y le realizó una entrevista a María, una ciudadnada armenia de 104 años sobreviviente del genocidio, quien recuerda el horror de su niñez y a su madre secuestrada cuando ella era pequeña.

Por último, Cardozo se refirió al concepto de la antropóloga argentina Rita Segato «femigenocidio» para describir los asesinatos de mujeres basados en el género, y afirmó que se han encontrado escasas investigaciones al respecto, hecho que contrasta las decenas de libros de investigadores célebres que no se ocupan de trabajar este tema. «La perspectiva de género, en tanto percepciones sobre las conductas y relaciones entre hombres y mujeres está ausente en toda la historiografía consultada», indicó. Además, es relevante constatar que la historiografía de genocidio transcurre en «lo tradicional» y «la invisibilidad de las mujeres y la dificultad de relatar su horror puede ser una de las razones», agregó.

El proceso histórico

El profesor Edyk Minasyan, de la Universidad Estatal de Yerevan, expuso acerca del proceso que desembocó en la guerra del Alto Karabaj de 2020, un conflicto entre las Fuerzas Armadas de Azerbaiyán contra Armenia y la República de Artsaj. Señaló que los movimientos de liberación nacional que comenzaron en 1988 en Artsaj crecieron y derivaron en una guerra que se inició con la agresión de Azerbaiyán. En 1994, Azerbaiyán luego de una dura derrota se vio obligada a firmar el cese al fuego con la intervención de Rusia y copresidentes del grupo de Minsk. A partir de eso, comenzaron los procesos de negociaciones que se llevaron a cabo en el marco del Consejo de Seguridad y Cooperación de Europa. Este consejo eligió como copresidentes a EEUU, Francia y Rusia para encontrar una solución al conflicto a través de la negociación, en un marco de normalidad.

Las negociaciones comenzaron con la reunión de Lisboa en 1996 con la participación de representantes de Azerbaiyán y la República de Artsaj, en la que se propuso la conservación de la integridad territorial de Azerbaiyán, principio que fue vedado por la parte Armenia. Los copresidentes decidieron adoptar tres principios y llevar adelante las negociaciones en base a ellos: integridad territorial, derecho a autodeterminación de los pueblos, y renuncia a cualquier operación militar de fuerza. Luego de un largo proceso de intentos de negociaciones basadas en estos principios, estas fracasaron principalmente porque Azerbaiyán rechazaba todas las propuestas y trataba de evitar la definición del status quo de Artsaj, que apuntaba a garantizar la libre expresión, la manifestación del pueblo y su derecho de autodeterminación. La comunidad internacional había manifestado su acuerdo con este objetivo, no obstante Azerbaiyán insistía que la cuestión se debería resolver sólo respetando su integridad territorial.

Luego de un acuerdo que se firmó en Kazán, en el que se sumaban a los tres principios básicos el establecimiento del status quo de Artsaj y el retorno de los refugiados, al ver que no se concretaban sus sueños, Azerbaiyán en abril de 2016 recurrió a las operaciones bélicas. Sin embargo, por mediación de los copresidentes de la comisión e intermediación de Rusia esa guerra de cuatro días no duró mucho más y Azerbaiyán no pudo concretar sus propósitos. Después de los acuerdos de Viena y San Petersburgo Azerbaiyán pareció aceptar iniciar el proceso de paz con todos los principios manejados en Kazán, sin embargo no los concretó. Un acuerdo firmado recientemente en el que participó Rusia, el presidente de Armenia y el de Azerbaiyán, y en ausencia de los otros dos copresidentes del grupo de Minsk, devuelve cinco territorios a Azerbaiyán y no hace alusión al status quo de Artsaj. Minasyan finalizó aclarando que «hay puntos que no están demasiado claros en el documento, lo que genera un terreno para llevar adelante las políticas panturkistas». «No solo está en peligro la seguridad de Artsaj, sino también de la República de Armenia», expresó.

Uruguay y el pueblo armenio

Gerardo Caetano, docente de la Facultad de Ciencias Sociales afirmó que «estamos en un momento de gran derrota para el pueblo armenio». Calificó a la guerra iniciada en setiembre de este año como una «guerra cobarde, absolutamente asimétrica y desigual». Comentó que hace un año estuvo en la República de Artsaj y advirtió la determinación de ese pueblo por afirmar su independencia, por preservar su legado cultural milenario y observó la amenaza constante de sus grandes potencias, Azerbaiyán y Turquía, y cómo esa amenaza era una sensación permanente de inseguridad.

El historiador entiende que no es solamente un tema vigente que el pueblo armenio que habita la República de Artsaj «sea reconocido en su derecho inalienable de la autodeterminación como pueblo», sino que existe el desafío de advertir la posibilidad de un genocido en el siglo XXI que nuevamente volvería a tener como su víctima al pueblo armenio. Afirmó que los genocidas buscan destruir la historia y enterrar el pasado, «la lapidación de un pueblo es el enterramiento de su historia». 

Señaló que nuestro país, a lo largo de su historia, ha sido «una comunidad de valores», y dentro de ellos ha estado el compromiso con el pueblo armenio. Explicó que hace más de 100 años, cuando el pueblo armenio vivió la tragedia del primer genocido del siglo XX y muchos armenios viajaron a Uruguay, nuestro país «los alojó, pero no como a un pueblo más, sino que incorporó en su comunidad de valores, valores del pueblo armenio que hoy están en la visión de la comida y la cultura uruguaya», remarcó. Además, el 24 de abril el pueblo armenio en Uruguay recuerda ese acontecimiento siniestro y ha participado en las marchas y conmemoraciones, apuntó.

Asimismo, en 1965, Uruguay se convirtió en el primer Estado en reconocer el genocidio armenio. Recordó Caetano que en 1962, las organizaciones de la colectividad armenia se acercaron a un pequeño grupo en el Parlamento uruguayo que emergió como una escisión dentro del Partido Colorado: la lista 99, presidida por Zelmar Michelini. Es así que con «la participación protagónica de. Enrique Martinez Moreno», la lista 99 presentó un proyecto de ley de reconocimiento del genocidio armenio y logró el respaldo unanime del Parlamento. También se impulsó la idea de que una escuela uruguaya recibiera el nombre de República de Armenia, indicó. 

Caetano hizo referencia a la proclama de la Junta Departamental de Montevideo, al término de la guerra, en la que se reconoce la «independencia de la República de Artsaj y su repudió a la participación ilegítima de la potencia genocida de Turquía en esa guerra». En este sentido, remarcó que «este tipo de compromisos» reflejan la postura tradicional uruguaya, «una postura sensata, realista y que siempre ha apostado a la comunidad internacional y en el siglo XXI estaremos una vez más con el pueblo armenio para evitar el genocidio en este siglo». Por tanto, afirmó que la forma de «renovar nuestra solidaridad con el pueblo armenio» es «haciendo nuestra la causa armenia y su historia», y sostuvo que, pese a las crueldades que ha sufrido, el pueblo armenio es alegre, vital y que aspira a su futuro. Por eso, «estaremos junto a él buscando las formas de afirmar la independencia de Armenia y la solidez de su historia, y respaldar la dimensión profunda de este pueblo», finalizó.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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