El decano de FCEA, Jorge Xavier, moderó la última jornada y celebró esta instancia que se realizó en la explanada de la Udelar, en un «espacio abierto» y «de cara a la ciudadanía».

Inversión y políticas públicas

Al comenzar su ponencia, titulada «Tensiones de las políticas públicas: restricciones de corto plazo y acceso igualitario al conocimiento avanzado», el rector sostuvo que la inversión en conocimiento avanzado es «una palanca imprescindible» para construir el desarrollo nacional, «no hay posibilidad de un futuro compartido como uruguayos si no es a partir de las capacidades de nuestra gente incorporados en la enseñanza superior, en el conocimiento avanzado y en la construcción en lógica de red de espacios de investigación, de generación de ideas, de articulación con el mundo exterior y en todas las áreas del conocimiento y la cultura», indicó.

Su segunda afirmación fue que este tipo de inversiones brindan réditos, dan sus frutos en el largo plazo. Éste, explicó, es uno de los principales problemas en el diseño de la política, porque quienes invierten y toman las decisiones de innovar en esta área, de incorporar nuevas capacidades, abrir nuevos espacios de trabajo para la actividad científica o la creación cultural, posiblemente no vean los frutos de ese esfuerzo reflejados en su gestión. Acotó que invertir en ciencia y tecnología presupone resultados para la sociedad, pero se cosechan en un lapso mayor a cinco o inclusive a 10 años.

En esta misma línea, enfatizó que el conocimiento avanzado es antes que nada un problema de política pública; los países van a sub invertir en conocimiento, en innovación, en cambio tecnológico, en creación de ideas, si no se «apalancan» las políticas públicas. Los incentivos que tienen los actores privados, de corto plazo, son escasos y además de difícil apropiación, pero el conocimiento es un bien público, indicó Arim, «un bien no rival, que una vez generado puede ser consumido por distintos actores, puede ser democratizado». Pero esta característica tan peculiar que la convierte en una enorme potencialidad para construir sociedades cohesionadas es simultáneamente un incentivo perverso para que sea generado por actores privados, señaló.

Por lo tanto, para el rector construir cohesión social y capacidades de desarrollo en el largo plazo presupone un Estado partícipe de estas decisiones, que sostenga inversiones de largo plazo, que son también las que van a construir un destino colectivo promisorio para todos los uruguayos. En este sentido, destacó que es importante la inversión en ciencia y tecnología, en cultura, pero también en la composición y la orientación de esa inversión. Agregó que la diversidad de las áreas del conocimiento solamente puede ser sostenida por instituciones como las universidades, y en particular universidades públicas.

Arim también se refirió a los problemas en la orientación de la inversión: hoy el 75% de la investigación es financiado por las grandes corporaciones, por privados. Algunos autores señalan que en particular uno de los problemas centrales de innovación en el área tecnológica tiene que ver en el sobredimensionamiento de la inversión en robótica y automatización de procesos, y esto está asociado al lugar donde las grandes empresas y corporaciones están viendo hoy los resultados económicos. Las propias universidades han sido atrapadas en esta lógica, subrayó el rector. Es así que varios autores están reivindicando la necesidad de reconstruir la matriz de financiamiento en investigación y desarrollo para ubicarla en el plano de los objetivos sociales más generales, evitando que la propia investigación sea capturada por lógicas tubulares donde los fondos se asocien exclusivamente a ciertas actividades, como puede ser la robotización o automatización de procesos. Señaló que esto requiere visiones de largo plazo que solo los Estados y sus políticas pueden realizar.

Asimismo, afirmó que no basta con invertir, definir con claridad las orientaciones generales, y asegurar que la inversión sea colocada en el conocimiento en sí y no solo en el conocimiento que pueda ser rentabilizado en el corto plazo. Importa también que el acceso sea igualitario, para eso el primer requisito es tener una población formada. Una población donde el derecho al acceso a la educación terciaria se concrete en las próximas décadas. En Uruguay hoy cerca de 20% de cada cohorte está accediendo  a la educación terciaria, pero la tasa bruta de matriculación a nivel terciario en el mundo desarrollado alcanza casi 75%. «Estamos muy lejos de los estándares imprescindibles de  acceso al conocimiento avanzado que asegure que la mayor parte de los ciudadanos no solamente tengan el derecho a estudiar a nivel de la educación superior, sino que tengan condiciones para dialogar, interactuar con el conocimiento avanzado», indicó.

Arim planteó los motivos por los cuales la Udelar, asociada con el Instituto Pasteur, a semanas luego de que aparecieran los primeros casos de Covid-19 en Uruguay pudo adaptar un protocolo y construir las bases para producir kits de diagnóstico, al igual que la instalación de tres laboratorios de diagnóstico en el interior además del que funciona en el Hospital de Clínicas. Todo esto fue debido a que la Universidad invirtió mirando en el largo plazo, sin preguntarse por la utilidad inmediata del conocimiento. Simultáneamente Udelar había invertido en equipos docentes de primer nivel radicados en el territorio nacional, una inversión extremadamente cara. Gracias a esa apuesta hoy la Udelar puede aportar capacidad de diagnóstico en todo el territorio nacional, enfatizó el rector.

Al finalizar, Arim reflexionó que «solo las instituciones que miran a largo plazo y no se preguntan por la inmediatez de la utilización del conocimiento, sino por la necesidad cultural de construir conocimiento endógeno, son capaces de simultáneamente dar respuesta a las emergencias pero también al desarrollo de largo plazo».

Ciencias básicas, interdisciplina y conocimiento avanzado

El doctor en Medicina e integrante del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) de Presidencia de la República,  Rafael Radi, compartió «algunas consideraciones desde la óptica personal», que explicó considera importante por algunas vivencias que lo marcaron «como testigo calificado». Las ciencias básicas, las interdisciplinas y el conocimiento avanzado son dimensiones que están interconectadas para enfrentar la pandemia, afirmó.

En primera instancia, se refirió a las ciencias básicas y mencionó que se podría decir que «nos preparamos 35 años para este momento» y se remitió al año 1985 cuando la Universidad de la República recuperó su autonomía y «muchos éramos jóvenes estudiantes y no había un futuro científico en el Uruguay aún».  Indicó que esa construcción fue «sobre hombros de gigantes» como Roberto Caldeyro Barcia, Mario Wschebor, Eugenio Prodanov, Ricardo Velluti, Elsa Garófalo y tantos otros, que ayudaron a generar «algo sano» y «muy bien diseñado», con bajos recursos, que fue el punto de partida de sucesivas administraciones, «el primer programa paradigmático de apoyo a las ciencias básicas»: el Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (PEDECIBA). Radi lo define como «una usina de formación de recursos humanos altamente calificados que 35 años después respondieron como programa y como investigadores a la pandemia».

Señaló que en estos 35 años se fueron construyendo además la Facultad de Ciencias, el Instituto Pasteur de Montevideo, el Fondo Nacional de Investigadores, -una primera experiencia dificultosa pero fue un paso para crear el Sistema Nacional de Investigadores, señaló-, el Espacio Interdisciplinario, y la Academia Nacional de Ciencias del Uruguay. Remarcó que ese «conjunto de instituciones fueron dando esa robustez que desde las ciencias básicas dio respuesta a la pandemia» y acotó que «la defensa de estas ciencias no ha sido fácil, tuvo avances y retrocesos permanentes». Recordó que hace unos meses se planteó el recorte del 15% al presupuesto del PEDECIBA, «algo que finalmente no ocurrió».

Asimismo, Radi recordó el debate de «ciencia si, ciencia no» y dijo que se perdieron grandes oportunidades en los últimos 15 años de haber avanzado más porque algunos sectores tenían una mirada equivocada de hacia dónde tenía que ir la ciencia en Uruguay. Por eso, remarcó el importante respaldo que tuvo la Udelar y el PEDECIBA para evitar estas potenciales rupturas de alianzas importantes. «Ahora es mucho más fácil defender a las ciencias básicas, por suerte; ojalá que esto nos sirva como lección para siempre», expresó. 

Luego se refirió a la creación del Espacio Interdisciplinario de la Udelar en 2010, al que definió como «otra construcción importante que permitió el diálogo entre disciplinas, llenar los territorios desconocidos, sacarnos de los feudos de confort e ir hacia asuntos superadores». Afirmó que para hacer interdisciplina, primero hay que tener buenas disciplinas, porque la interdisciplina no puede ser una moda, sino que es un enfoque metodológico que sirve para dar respuestas superadoras.

Con respecto al conocimiento avanzado, Radi explicó que los problemas que se han tenido que enfrentar, tanto desde la elaboración de las herramientas metodológicas, de diagnóstico molecular, secuenciado, «son complejos, necesitan investigadores firmes en Uruguay y necesitan redes». Se tuvo que trabajar con problemas complejos, multidimensionales y que requieren conocimientos avanzados, señaló. Además, cuando se comenzó a trabajar en marzo y abril habían escasos trabajos publicados sobre  SARS-Cov-2 y hoy hay 70.000 u 80.000. Explicó que, en tiempo real, la academia debe procesarlos, analizarlos, sistematizarlos, sintetizarlos y luego transferirlos a los tomadores de decisiones; en tiempo real es «una velocidad nada cómoda y nada común para lo que hacemos habitualmente».

Radi citó el ejemplo de la estructuración de la salida del confinamiento voluntario al desconfinamiento donde se plantearon cuatro ejes que «hubo que alimentarlos con conocimiento avanzado»: la progresividad, la regulación -que hoy es el eje sobre el que más se tiene que pensar-, la monitorización y la base en evidencia. Por último se refirió a algunos ejemplos como la recomendación de reapertura de los centros educativos -que fue primera en las Américas- y la inmunidad -qué vacunas vamos a comprar, a quiénes vamos a vacunar primero, cómo vamos a vigilar los efectos de esas vacunas en la población cuando las autorizaciones son de emergencia, cuanta inmunidad le darán a la población-. «Estas son todas decisiones difíciles y para eso se necesita conocimiento avanzado», concluyó.

La revolución eólica

Reto Bertoni, docente de la Facultad de Ciencias Sociales, señaló que otro de los fenómenos por los que Uruguay ha sido reconocido internacionalmente es la incorporación de la energía eólica a su matriz eléctrica con una magnitud y a una velocidad inéditas a nivel mundial. Uruguay tiene 4.900 megavatios instalados para generar energía eléctrica, y entre 2014 y 2018  instaló 1500 de ellos para generarla a partir del viento. Esto es un ejemplo internacionalmente porque algunos especialistas hablan de décadas para transformar la matriz energética a nivel mundial para revertir el costo ambiental, explicó.

Según Bertoni, además de una coyuntura favorable, Uruguay contó con tres elementos claves para que la instalación de energía eólica sea lo que es hoy: en primer lugar, el diseño y la implementación de una política pública para orientar y liderar la transformación; segundo, la articulación de actores capaces de llevar adelante esa transformación; y tercero, la disponibilidad de conocimiento y recursos humanos capaces de enfrentar el desafío del cambio tecnológico que implicaba esa matriz energética, «en la que no cabe duda la Udelar tiene muchísimo que ver».

En esta misma línea, Bertoni afirmó que si bien la política energética 2015-2030 fue acordada por todos los partidos con representación parlamentaria en 2010, fue la Udelar que permitió la revolución eólica con sus conocimientos, con sus vínculos académicos y profesionales. «Fueron décadas de acumulación en investigación, en enseñanza y en distintas formas de relacionamiento de la Universidad con el medio; fueron senderos, trayectorias complejas, algunas en diálogo, otras en tensión, otras en contradicción con los gobiernos, con sectores de la sociedad civil, pero fue absolutamente necesario el trayecto de la Udelar», indicó.

En 1952 se elaboró el primer mapa eólico del Uruguay, y en las dos décadas siguientes equipos de investigación indagaron en la tecnología necesaria para aprovecharlo. En la década del 80 se generó una alianza estratégica de dos institutos de la Fing: el de Energía Eléctrica y el de Mecánica de los Fluidos e Ingeniería Ambiental, creándose así el Grupo de Trabajo de Energías Renovables. Esto permitió generar convenios con las empresas públicas del país, como UTE. También se construyó y se puso en funcionamiento el túnel del viento en la Fing, que permitió investigar fenómenos relacionados al viento atmosférico mediante la técnica de modelación física. En Uruguay se sabía poco de la energía eólica, pero además se buscaron socios, relaciones, y vínculos con otros actores sociales para que ese conocimiento fuera útil y en beneficio de la sociedad.

Bertoni sostuvo que el comienzo del siglo XXI nos encontró en crisis y el entonces presidente Jorge Batlle convocó a hacer un estudio de prospectiva energética. La Udelar respondió inmediatamente, el Grupo de Trabajo de Energías Renovables se puso a los hombros el estudio. Para ello, la Universidad creó una mesa social consultiva, que generó una cantidad de alternativas, entre ellas la mesa de energía. Lo trabajado allí entre 2001 y 2004 se plasmó en un documento de los ingenieros Ventura Nunez y José Cataldo, titulado «Prospectiva Tecnológica 2015 en el Área Energía: Nuevo análisis de la situación actual de crisis energética». Ese documento es la génesis del diagnóstico a partir del cual en 2008 se empieza a implementar una política energética nacional.  Se logró juntar el saber y la toma de decisiones, el saber y a la política pública, y toda la acumulación de conocimiento que tenía el Grupo de Trabajo contribuyó con un mapa eólico actualizado, que después muchos inversionistas privados utilizaron para analizar cuál sería la rentabilidad de sus parques eólicos.

Bertoni enfatizó que se debe visualizar cómo la investigación, la enseñanza y las diversas formas de vinculación de la Udelar con el medio provén a la sociedad uruguaya de conocimiento científico relevante y también de recursos humanos de primera calidad capaces de desarrollar y aplicar ese conocimiento. El caso de la energía eólica es un ejemplo, el de la actual pandemia es otro, pero hay muchos, destacó. Estos son procesos de acumulación definidos por la lógica de las ciencias, que nos da ciertas seguridades, pero el proceso solo se completa en diálogo con otros. «Los senderos de acumulación de la Udelar son cosa del pueblo, porque no se puede entender, sin entender que esta es una Universidad de la República, y como decía Cicerón: la República es del pueblo; no es de izquierda ni de derecha, es del pueblo», concluyó Bertoni.

 
 
 
 
 
 
 

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