En el evento, que se realizó en modalidad virtual, hicieron uso de la palabra: Mónica Marín, decana de la FCien, Julio Fernández, académico emérito de la ANCiU, ex decano de la FCien y miembro del jurado del concurso; Adriana Chiancone, autora del libro, ganadora del Premio Dr. Mario Wschebor; Gerardo Caetano, miembro de la ANCiU, miembro del Jurado del Concurso; Ernesto Mordecki, miembro de la ANCiU, profesor y ex estudiante de la FCien; Mariana Meerhoff, docente del Centro Universitario Regional del Este (CURE) y ex estudiante de la FCien, Ricardo Ehrlich, ex decano de la FCien, y Rafael Radi, presidente de la ANCiU.

La construcción de la Facultad viva y activa

La decana agradeció a Chiancone por la idea de realizar esta investigación, que «va más allá de la historia de la Facultad de Ciencias, es una parte de la historia de un período muy especial y muy rico de nuestro país», es parte de la reconstrucción democrática del Uruguay luego de la dictadura, expresó.

Apuntó que en 1986 ingresó como docente en la Facultad de Humanidades y Ciencias, en el edificio de la calle Tristán Narvaja donde hoy funciona la Facultad de Psicología, cuando la obra de la FCien se encontraba en proceso de construcción. Recordó al decano de la institución en ese momento, Mario Otero, y a muchos docentes, funcionarios y estudiantes «con los que compartimos intensas discusiones, encuentros, con un entusiasmo increíble». Resaltó el papel de Mario Wschebor, «uno de los reales protagonistas de esta historia, forjador incansable para la concreción de este proyecto».

Para Marín pensar en la creación de la Facultad lleva a plantearse algunas preguntas como «¿Cuál fue el resultado? ¿Valió la pena? ¿Cómo seguimos?». Frente a estas interrogantes destacó que «ese momento tan fermental de la creación de la Facultad de Ciencias que coincide, y tal vez no por casualidad, con la creación del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (PEDECIBA), marcaron un impulso extremadamente importante para el desarrollo de las ciencias». 

Acotó que ese desarrollo fue muy importante aunque no haya sido lineal y se ha hecho visible y reconocido por primera vez por la sociedad en el contexto actual de pandemia por COVID-19. En este sentido destacó que la Facultad ha contribuido mucho al desarrollo de la ciencia en Uruguay pero que este proceso de construcción no ha terminado. «Cada paso, cada observación nos lleva a hacernos nuevas preguntas; la construcción de la Facultad debe permanecer viva y activa en un proceso dinámico, preguntándose qué formación tenemos que dar a las próximas generaciones, cuáles son las necesidades a las que la Facultad de Ciencias puede y debe responder», expresó.

Promover y difundir la ciencia

Fernández señaló que el premio Mario Wschebor surgió en 2018 con un doble objetivo, por un lado el de promover la discusión de temas científicos de interés nacional e internacional, con especial énfasis a lo que se realiza en el país en materia de ciencia. El otro objetivo fue publicar el trabajo ganador del premio para contribuir a la máxima difusión de la ciencia y en particular a lo que se hace en el país entre un público amplio, sin el nivel de especialización de revistas académicas científicas. 

Recordó que el nombre del concurso se decidió por ser el que mejor identificaba al premio, ya que Wschebor fue una figura emblemática por su trayectoria científica y por ser uno de los primeros miembros de la ANCiU. Por otra parte, el tema definido para los proyectos fue el desarrollo institucional de la ciencia en Uruguay en el período comprendido entre 1945 y 1990. Señaló que muchas cosas importantes pasaron en ese lapso y destacó en el extremo más antiguo del período la creación de la Facultad de Humanidades y Ciencias y en el más reciente la creación de la FCien.

Resaltó que el resultado de la convocatoria «ha sido extraordinario y una grata sorpresa, todos los proyectos fueron muy interesantes». De los trabajos que se presentaron el jurado seleccionó tres entre los que finalmente se eligió el ganador, el proyecto de Chiancone, añadió.

Profesionalización del trabajo científico

Chiancone, antropóloga social y doctorada en Estudios sociales de la ciencia, agradeció a las instituciones y personas que hicieron posible su investigación, e indicó que su objetivo fue «presentar a un público no especializado» el proceso de creación de la institución. Este incluye el período en el cual el tema de la creación de una FCien con el objetivo de profesionalizar el trabajo científico «es socialmente problematizado». La autora identificó diferentes etapas del proceso desde 1986 hasta la fundación de la institución en noviembre de 1990. Indicó que fue un desafío lograr un texto accesible que diese cuenta de la cantidad de articulaciones entre instituciones, actores y perspectivas de los distintos protagonistas a lo largo del período.

Señaló que el libro trae como aportes algunos aspectos nuevos o menos conocidos de ese proceso, así como un orden y sistematización de la información. El trabajo «parte de la concepción de que ciencia y sociedad están fuertemente ligados. Por un lado, la ciencia es construida por actores sociales y está cargada de valores, intereses y conflictos. Por otro lado, la ciencia es sumamente relevante en la organización social, en las relaciones de poder y en las formas de producción de conocimiento», afirmó.

El trabajo para la creación de la Facultad contó con un gran compromiso de todos los protagonistas, «fue muy intenso y estuvo lleno de acalorados debates», indicó Chiancone. Destacó en especial el esfuerzo del ex rector Samuel Lichtensztejn, del propio Wschebor, quien era su asistente en ese momento, del ex decano Otero, así como del matemático José Luis Massera, desde otro rol. Resaltó el entusiasmo de Wschebor, quien «diseñó una estrategia en la que debió combinar el deseo de un cambio sustantivo con su viabilidad». El equipo rectoral descartó la creación de institutos centrales a un nivel por encima de las facultades y se enfocó trabajar en la realidad institucional existente, indicó Chiancone.

Wschebor demostró una gran la capacidad de articulación en un proceso que «fue muy difícil», y finalmente algunas instituciones que podrían haber formado parte de la nueva Facultad permanecieron en las estructuras de origen. La creación de la nueva institución, en la que fue decano por ocho años, no fue concebida como un proceso interno de la Universidad sino como una respuesta a necesidades de la sociedad, incluyendo la formación de docentes de enseñanza primaria y secundaria, destacó Chiancone. Para finalizar expresó que fue «un privilegio» investigar un proceso que forma parte de una etapa de debates y desarrollos dentro de la Universidad que impulsaron transformaciones decisivas en los años noventa y dos mil.

Una apuesta a futuro

Por su parte Caetano mencionó que en el momento de la creación de la Facultad se combinaba una «explosión de expectativas» que emergió en la lucha contra la dictadura y transitando hacia la democracia. La Facultad era una gran expectativa porque era «una utopía en el mejor de los sentidos» y su gran éxito tuvo que ver con las instituciones y las personas, explicó, porque el país en ese momento vivía circunstancias muy complejas, de ajuste recesivo y alto índice de pobreza. Es por eso que «la Facultad de Ciencias expresa cómo hay momentos en que los desafíos requieren grandes acuerdos y grandes apuestas» y ahora, más de 30 años después «podemos ver cómo una gran inversión, unida con un proyecto de futuro era la apuesta más sólida y segura», afirmó.

Por otro lado, remarcó que «un premio es el nombre y debía ser el nombre de Mario» porque «quienes lo conocimos sabemos que fue un protagonista decisivo de esta aventura». Además, afirmó «el premio encontró a la ganadora perfecta», agregó que Chiancone «estaba muy capacitada para hacer esta historia» y remarcó su interdisciplinariedad y su avidez por historiar la ciencia. 

Asimismo, Caetano subrayó que no se debe olvidar que la creación de la FCien proviene de la discusión más democrática, proveniente del cogobierno y de la autonomía universitaria. Además, más de 30 años después, «en el peor momento, dio un soporte extraordinario para el país que todavía no llegamos a valorar en su profundidad», aseguró. Es por eso que entiende que este libro, «pone arriba de la mesa la clave de cualquier proyecto uruguayo que vale la pena» porque cuando se creó la Facultad en Uruguay había tres decenas de investigadores mientras que hoy se cuenta con un Sistema Nacional de Investigadores con 1700 integrantes y una comunidad científica sólida y fuerte; uno de los pilares de esa construcción fue la FCien, indicó. En este sentido, afirmó que «la apuesta por un Uruguay mejor es la apuesta por un Uruguay más científico y más calificado que apueste por los recursos humanos». 

Encrucijada de caminos

Mordecki es una de las voces que aparece consultada en el libro de Chiancone y comentó que tuvo la suerte de trabajar e intercambiar con Mario Wschebor: «es un capital que atesoro», expresó. 

Indicó que el libro tiene dos antecedentes bibliográficos con características parecidas: las obras Roberto Caldeyro Barcia, el mandato de una vocación de Alcides Berreta Curi y José Luis Massera, coordinado por Roberto Markarian y él. 

Al respecto del libro de Chiancone dijo que «es muy saludable para nosotros los científicos, que los científicos humanos tomen estos temas porque a nosotros nos cuesta mucho». Además, la publicación «nos motiva a saber más porque recrea el ambiente de una época y nos posibilita entender mejor lo que pasó», expresó. Asimismo su lectura motiva el pensamiento y la acción científica y es, sin duda, «un aporte sustancial para entender y proyectar a nuestra Facultad y pensar el futuro», apuntó. Agregó que el libro produce el deseo de documentar las trayectorias de las personalidades que describe como Samuel Lichtensztejn, Mario Otero, José Luis Massera y Mario Wschebor.

Mordecki relató que la Facultad de Ciencias «nace en una encrucijada de caminos» y consideró que la institución fue en una dirección diferente al Plan Maggiolo que proponía crear institutos centrales, que realizaran la investigación, docencia y extensión de cada disciplina. Entiende que este Plan presentaba la dificultad de implementación de institutos centrales dada la dispersión geográfica de la Udelar. Afirmó que sin embargo «la pandemia nos enseñó que la territorialidad puede no ser un impedimento para trabajar colaborativamente», aprovechando las herramientas que nos da la tecnología moderna. En este sentido, expresó que, a pesar de que la Facultad de Ciencias fue un gran hito en la historia de la ciencia y que esa «encrucijada de caminos» llevó a renunciar al Plan Maggiolo, la lectura del libro le motivó a pensar que quizás «ahora sí podemos retomar el espíritu de Maggiolo en otras condiciones de formar grandes institutos disciplinarios para potenciar el espíritu científico nacional», propuso.

Ambiente fermental

Mariana Meerhoff afirmó que este libro permite conocer y entender, con la distancia que da el tiempo y la objetividad de un análisis externo, los acontecimientos y los protagonistas que llevaron a la existencia de la FCien. Agregó que, en lo personal, la lectura del libro representó «una oportunidad de volver a revisar las memorias y vivencias desde una perspectiva un poco más distante, también hacerme acordar de cómo me enamoré de la Udelar y de la Facultad a los 18 años cuando entré y conocí a los actores, muchos de los cuales están hoy acá, mis amigos del alma, el centro de estudiantes».

El libro destaca lo que fue el periplo de la Udelar en la creación de una FCien generadora de investigadores profesionales hasta 1990, indicó. Aún así analiza el contexto histórico internacional y nacional  de una forma que ayuda a entender cómo se llega a ese «ambiente fermental» que había en la Facultad a principios de los años 90, con una nueva gobernanza de la ciencia que se estaba comenzando a consolidar luego de la restauración democrática y la recuperación de la autonomía universitaria. En ese momento se creó el PEDECIBA y a la FCien seguían llegando investigadores del exterior y allí se recibían los primeros egresados de posgrados realizados en Uruguay. Explicó que «ese ambiente se traducía en las clases, los pasillos, en asambleas estudiantiles y en discusiones de temas de actualidad vastísimos». «La Facultad de Ciencias tuvo y tiene un rol fundamental en la construcción de pensamiento crítico y analítico, del pensamiento científico, no solo de sus egresados y académicos, sino de quienes pasaron alguna vez por allí; trasciende a quienes somos usuarios de la Facultad», concluyó Meerhoff.

Potencia creadora y transformadora

Ehrlich, autor del prefacio del libro, agradeció la oportunidad e indicó que la obra de Chiancone es «un gran trabajo, de solidez académica y rigor documental analítico muy importante», con un valor claro no solo referido a la historia de la Facultad sino que se abre al futuro.

Se refirió al contexto desde el cual se proyecta la creación de la Facultad como «un formidable desafío»: eran momentos de construcción y reconstrucción del país, también de la Universidad y de la plataforma científica nacional, y era sobre todo «un momento lleno de sueños y de proyectos». En él confluían miradas provenientes de horizontes distintos que a menudo se abrían hacia lugares muy diversos, pero coincidieron para generar «una potencia creadora y transformadora muy particular» que se expresó en la concreción de la FCien. La falta de recursos no limitó los sueños ni el esfuerzo de construcción, agregó.

Además de la figura de Wschebor, Ehrlich quiso recordar a otras que se mencionan en el libro y que a su entender fueron fundamentales en el proceso, como la del asistente del rector Raúl Trajtenberg y el vicerrector Jorge Brovetto, el ex canciller Enrique iglesias, que abrió un espacio para la reflexión en el país sobre el desarrollo de la ciencia y la tecnología y dio un apoyo permanente al proyecto, al igual que el presidente del CONICYT Israel Wonsewer desde su rol.

Una parte importante de aquel contexto era lo que pasaba entre los jóvenes, agregó, el proyecto no hubiera cristalizado sin el esfuerzo, compromiso  y entusiasmo de las nuevas generaciones de estudiantes que creyeron en el proyecto y lo hicieron suyo. También destacó a los que optaron por la ciencia como proyecto de vida, en momentos en que era un camino «poco recomendable». Reiteró que el libro es un aporte inspirador al mostrar cómo es posible construir en la confluencia de personas y adquirir poder transformador, aún en momentos difíciles; «no hay que esperar los momentos fáciles», reflexionó.

Joven, sólida y productiva

Por su parte, Rafael Radi recordó que una de las misiones de la ANCiU, creada en 2009, es propender al desarrollo de las ciencias y su difusión, y como parte de esa misión se convocó a este primer premio Mario Wschebor de obras relacionadas a la ciencia uruguaya. Felicitó a la ganadora por «una obra estupenda de la cual estamos muy orgullosos desde la Academia».

Afirmó que este libro de alguna forma relata una historia joven, de una Facultad joven, para un premio promovido por una Academia de Ciencias también joven en comparación a otras, y sobre un sistema científico moderno joven. Sin embargo, «ser joven no necesariamente significa ser frágil o escaso de fundamentos, ni carente de una historia que ya es prolífica. Dentro de las trayectorias posibles, la que tomó la Facultad fue muy sólida y productiva, de excelencia, y está reflejada en esa historia joven que la autora con tanta fineza ha plasmado en su obra», explicó. Por esa trayectoria consideró que es destacable el aumento de la matrícula de un 45% que este año tuvo la Facultad: «es realmente impactante y muy estimulante, pero también muy desafiante y convoca, no solo a la Udelar sino a todo el país, a preguntarse cuál será nuestra estrategia para que ese aumento de la matrícula redunde en excelentes investigadores futuros que puedan incorporarse en un desarrollo nación potente, y que no emigren por necesidad».

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