Las jornadas se realizan durante tres días con dos mesas durante los horarios de 10 a 12 horas y de 18 a 20 horas y son transmitidas por el canal de la Udelar, cabe señalar que quedará disponible el registro de todo el evento. La mesa que abrió las jornadas se realizó el miércoles 23 y se centró en Galeano y el mundo cultural rioplatense de finales de los sesenta.

Al abrir las jornadas, Vania Markarian, del Archivo General de la Universidad de la República (AGU) y una de las organizadoras de la actividad, señaló que hace 50 años que se publicó por primera vez Las venas abiertas de América Latina. Sostuvo que esta obra «tuvo una enorme repercusión en varias generaciones de lectores, moldeó sus ideas sobre el pasado, pero sobre todo sobre el futuro del continente». Recordó que para Galeano este libro es un manual de divulgación que habla de economía política en el estilo de una novela de amor o de piratas, y en este sentido, Markarian explicó que, en ese momento, esta obra entró en tensión con las «Ciencias Sociales en pleno proceso de profesionalización», porque les pareció un vestigio del viejo ensayismo que querían dejar atrás.

Agregó que este libro se volvió masivo con miles de lectores y detractores pero no tuvo reconocimiento académico. Es por eso que quienes organizan este seminario creen que «volver a visitar esta obra es una oportunidad de tener algunos debates fundamentales del último medio siglo en nuestro continente», explicó. En este sentido, señaló que para estas Jornadas se organizaron mesas con destacados invitados, para reflexionar sobre periodismo, literatura, ensayismo, política y lucha social, también sobre desarrollo y subdesarrollo, la conciencia histórica de América Latina, las formas de hacer y concebir la política de la nueva vieja izquierda que integró Galeano. 

Un cronista con una marca generacional

Patricia Funes, docente de la Universidad de Buenos Aires, afirmó que «el Galeano cronista fue decisivo para la estructura y el estilo del texto». En la década del 60, existía un fuerte debate, que cruzaba todo el campo literario, sobre la relación entre intelectuales, revolución y política. La discusión tenía varias aristas, explicó, pero el debate se desplazaba del compromiso de la obra al compromiso del autor, y de este al compromiso con la lucha revolucionaria, que en el límite alejaba a los intelectuales de las letras y los acercaba a las armas. En este contexto, el Premio Testimonio de Casa de las Américas era un espacio de consagración para textos porosos, difusos, que tenían que ser una vivencia del autor, reflejar una realidad latinoamericana, expresar las sociedades desde la experiencia directa. Las venas abiertas de América Latina está «plagado de ejemplos de esas escenas en las que la denuncia, la biografía personal y colectiva recorren las páginas del libro». Para Funes las intervenciones de Galeano en su texto en esta dirección, en este estilo, y con esta voluntad fueron o una estrategia para acomodar su texto a los parámetros del premio mencionado, o tenían que ver con su experiencia como cronista.

Sus contactos, sus viajes, la cobertura del golpe de las Fuerzas Armadas en Brasil, la relación indeleble que establece con Cuba, su involucramiento en el mundo Maya, y el ensanchamiento general de su interés por América Latina fueron una marca generacional política para Galeano. Esas experiencias son «imprescindibles» para encarar Las venas abiertas de América Latina por su armazón ideológico, conceptual y por la calidad de las crónicas. Además, a través de las correspondencias con la prensa latina, estimuló su acceso a la noticia y los análisis contrahegemónicos y alternativos, también a estilos de relato y sociabilidades. 

Asimismo, Funes indicó que la crónica tiene una tradición en América Latina, el nuevo periodismo de los años 60 apuntaba a una experimentación creativa y tenía que competir con el fotoperiodismo. En la crónica convergen muchos elementos que atraviesan Las venas abiertas de América Latina: «la agilidad, las notas etnográficas y sociológicas, la hermenéutica en primera persona donde no se esconden las subjetividades, las interpelaciones y complicidades con el lector, la crónica es sensual y sensorial, es más importante la escena que el dato», detalló. 

Por último, Funes concluyó reflexionando a partir de su experiencia de 20 años de docencia: «al preguntarles a los estudiantes qué saben sobre América Latina parece pristina la interpretación y la argumentación de Galeano. Es cristalina, transparente. Intenté contraponer otras versiones de la Historia de la región, lo que ocurre con los estudiantes es que más se enamoran de él; y si no lo leyeron, lo compran y lo leen, y lo relacionan con las canciones de Calle 13. Es decir, la seducción de Galeano sigue incólume».

La solidaridad con América Latina

Roberto García, profesor adjunto de la Universidad de la República, hizo referencia a la acumulación política y periodística que llevó a Galeano a escribir esta obra, habló sobre el lugar que tuvo Uruguay en la Guerra Fría y algunos episodios clave de la historia latinoamericana que Galeano define como «puntos cardinales de su trayectoria».

Sobre el papel de Uruguay en la Guerra Fría latinoamericana, García señaló que se consideraba que nuestro país tenía una democracia e institucionalidad bastante estables en relación a otros países de América Latina, y «fue centro de densas circulaciones transnacionales y exiliados de diversas latitudes acercaron temas que fueron discutidos pública y privadamente» en este periodo. También entiende que Uruguay era un país muy permisivo ante las «actividades comunistas», numerosos actores regionales insistían que aquí se colaban esas ideas, y varias actividades que no se podían realizar en otros lugares se realizaban aquí, como congresos sindicales y estudiantiles. Sin embargo, la inteligencia policial los controlaba y la cancillería brasileña solía monitorear las actividades de izquierda desde su embajada en Montevideo. «Esto impactó a Galeano y contribuyó en el  proceso de internacionalizar sus preocupaciones periodísticas, primero en El Sol, luego en Marcha y más tarde en Época», subrayó

Con respecto a los «puntos cardinales», el docente se refirió a la revolución de Guatemala en el 54 y mencionó que ese año, en el Paraninfo de la Udelar, Galeano conoció al ex presidente de ese país, Juan José Arévalo, y formó parte del núcleo de estudiantes y periodistas que cobijaron a exiliados guatemaltecos. Además, en su trabajo periodístico impactó la virulencia de la campaña mediática de la CIA y las «fake news» que intentaban instalar que «Guatemala era la oveja negra de América Latina». Se refirió a la defensa del autor a la Revolución Cubana y recordó que en el listado de las personas solidarias con la revolución figuraba Galeano.

También vivió con mucha intensidad la aparición del gorilismo y el golpe de Estado en Brasil, así como el golpe de Estado en Guatemala en 1963, y en este sentido, García destacó la «solidaridad antiimperialista de Galeano ante una Latinoamérica muy convulsa». Mencionó que en 1967, en una riesgosa operación, Galeano vivió de cerca durante dos meses el mundo Maya y formó parte de la generación de cronistas que entrevistaron a protagonistas de las guerrillas latinoamericanas. Es así que entrevistó a Cesar Montes e infructuosamente conoció a través de una cinta las palabras de Jon Sosa, pero no pudo entrevistarlo. «Este acumulado lleva a pensar que ese mundo cultural que rodeó a Galeano trasciende las fronteras del Río de la Plata y que Uruguay fue solidario en América Latina», concluyó.

Un ensayo nacional y regional

Por su parte, Ximena Espeche, investigadora de la Universidad de Quilmes y el Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas, sostuvo que Las venas abiertas de América Latina puede ser leído como como varias cosas a la vez: un ensayo de interpretación, un manual de Economía Política, un libro urgente que ingresó como parte de la educación sentimental de los jóvenes del mundo acerca de América Latina, y a la vez se trató de uno de los primeros análisis comprensivos de la Historia de la región en español. También funcionó como «un memorial de agravios, un ejemplar de la diplomacia del mercado». Estaba inmerso en la disputa de informar qué era y cómo era América Latina.

Se centró en cómo este libro retoma la tradición del ensayismo de interpretación nacional y extiende estas fronteras de lo nacional menos en la clave de la nación que en la estructura socioeconómica de América Latina. El ensayo «desplaza las fronteras y las hace coincidir con el subcontinente en esa imaginación latinoamericanista y antiimperialista», señaló Espeche. La clave de ese ensayo de interpretación es explicar la dependencia latinoamericana, y la clave final de esa explicación es la suma de la integración subcontinental revolucionaria. En este tipo de ensayo, el autor puede poner a jugar esas ideas porque ya es conocido, porque su firma vale una legitimidad ya construida, lo cual no le quita mérito, sino que ayuda a entender su estrategia de carácter público de intervención militante y letrada, transmitir una exégesis de una realidad en crisis: en Las venas abiertas de América Latina es «la teoría de la dependencia latinoamericana y la revolución como una inminencia», subrayó. 

A pesar de esta centralidad de América Latina, las fronteras nacionales están presentes en el texto, porque las trayectorias a partir de las cuales Galeano arma su relato son nacionales. Para Espeche es interesante entonces la tensión entre lo nacional y lo latinoamericano. Asimismo, el ensayo de Galeano presenta el lugar de Uruguay como paradojalmente latinoamericano: tiene que volverse latinoamericano para no ser latinoamericano, para no tener los mismos problemas que América Latina. «En una crisis considerada como estructural, Uruguay necesitaba reposicionarse en América Latina, reconociéndose ya no como una excepción y como una isla, ya no dándole la espalda Montevideo al interior del país, ni Uruguay dándole la espalda a América Latina, sino como parte de la región y partícipe de las mismas luchas», explicó.

Espeche afirmó que «no hay duda de que el ensayo de Galeano nos tiene que hacer pensar en el peso de las categorías de la economía para pensar la cultura y viceversa». La trama de Las venas abiertas de América Latina «anima el intento por explicar que el único modo posible de revertir el lugar adjudicado a América Latina es la revolución inconclusa, derrocada, hackeada, dependiendo de los momentos de recepción de este libro. Una revolución inconclusa que estaba en el pasado, pero que era el futuro y que había que sostener en el presente», concluyó.

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