El evento contó con la participación de Nicolás Wschebor, del Instituto de Física de la Facultad de Ingeniería; Jacqueline Ponzo, del Departamento de Medicina Familiar y Comunitaria de la Facultad de Medicina; Fernando Filgueira, de la Unidad de Métodos y Acceso a Datos de FCS; Ximena Baraibar, del Departamento de Trabajo Social de FCS; y Daniel Chasquetti, del Departamento de Ciencia Política de FCS.

La decana de la Facultad de Ciencias Sociales, Carmen Midaglia, señaló que el evento forma parte de un ciclo de al menos dos encuentros dirigidos para comprender y debatir sobre la situación sociosanitaria que atraviesa el país y sus consecuencias o posibles escenarios de corto y mediano plazo. Destacó los aportes realizados por la Red de Investigación de Ciencias Sociales para enfrentar las secuelas de la pandemia, encabezada por el profesor Luis Bértola, así como los análisis llevados a cabo por el equipo de la Unidad de Métodos de Acceso a Datos, además de las investigaciones que han tenido cierta difusión pública, como los trabajos realizados por la investigadora Anabel Rieiro, sobre las estrategias de solidaridad comunitarias.

Midaglia recordó que la Universidad en su conjunto se comprometió con la situación nacional desde el comienzo de la pandemia realizando un conjunto de iniciativas, redirigiendo tanto recursos humanos como financieros, realizando investigaciones, poniendo a disposición sus laboratorios. Esto, afirmó, se refleja en la actual Rendición de Cuentas que está realizando la Universidad frente al Parlamento y al Poder Ejecutivo, «en una muestra más de una Udelar al servicio de la sociedad uruguaya». «No aprobar el conjunto de medidas e iniciativas que plantea la Udelar en la actual Rendición de Cuentas significaría hipotecar el futuro del país moderno y productivo», señaló.

Agregó que en la solicitud presupuestal hay un conjunto de iniciativas que ya se están ejecutando en la Universidad a través del Hospital de Clínicas, donde se busca responder a la situación sanitaria crítica actual. Asimismo, se plantea la creación de dos institutos: un instituto central de producción de vacunas y un instituto central interdisciplinario. Ambos centrados en las consecuencias sociales, económicas, y psicológicas, provocadas por la pandemia.

Las etapas de la pandemia

Wschebor destacó que el trabajo que se ha hecho frente a la pandemia ha tenido un fuerte componente interdisciplinario. Identificó tres etapas desde el comienzo de la pandemia: la primera se inicia el 13 de marzo de 2020 cuando se declaró la emergencia sanitaria en el país y finaliza en junio de ese año con los brotes de los departamentos de Rivera y Treinta y Tres. Ese período se caracterizó por una epidemia controlada, debido fundamentalmente a que el gobierno tomó en ese momento una serie de medidas tempranas y radicales a mediados de marzo, las que fueron ampliamente acatadas por la mayoría de la población, lo que provocó la reducción rápida de la movilidad. Wschebor entiende que se dio en esta etapa una sobre reacción de las personas, que se debió principalmente al temor instalado por las imágenes que se habían visto de lo que pasaba en España y en Italia. Se instala así en el país «una cuarentena no declarada, pero muy real», expresó. «Si uno iba a pasear a la rambla en ese momento era perseguido por un helicóptero que le pedía que volviera a su casa, y si uno se iba de vacaciones en Semana de Turismo era declarado traidor a la patria», añadió.

Indicó que la segunda etapa comienza con los brotes de Rivera y Treinta y Tres y continúa aproximadamente hasta octubre de 2020.  Este período tuvo un momento particular cuando se produjo el brote identificado como de la Médica Uruguaya, pero en el que tuvo participación principalmente todo el sistema de salud de Montevideo. En esta etapa, que se caracteriza por un nivel bajo de casos a pesar de que el país mantiene una movilidad importante, el sistema de salud uruguayo desarrolla una intensa política de seguimiento de contactos. Mientras que la tercera etapa se inicia en octubre o noviembre de 2020 y continúa hasta fines de mayo de 2021. Se caracteriza por ser un período de descontrol, de crecimiento exponencial del número de casos y una posterior estabilización de estos en valores muy altos. Se da solo un respiro intermedio en este lapso a causa de las vacaciones, en las que la movilidad se redujo de manera considerable.  

Señaló que desde fines de mayo al momento actual se está viviendo en el país una nueva situación en la que la epidemia parece estar nuevamente bajo control, pero ahora fruto de los avances de la vacunación. Wschebor destacó la importancia de los aportes científicos, fundamentalmente en la segunda etapa de la pandemia, principalmente con el control por seguimiento de contactos. Esto fue producto de dos iniciativas provenientes del medio académico uruguayo: la primera, un trabajo de virólogos que menciona la importancia del seguimiento de contactos y que Uruguay tenga su propia capacidad de testeo masivo, que más tarde los investigadores Gonzalo Moratorio y Pilar Moreno implementaron en el Laboratorio de Virología; la segunda contribución muy importante fue un trabajo de Matías Arim y un equipo de investigadores que identificaron cuáles eran los factores de las dinámicas que estaban controlando la epidemia en Uruguay y permitían que eso se controlara. 

Wschebor comenzó a trabajar desde mayo de 2020 en el análisis de la relación entre la movilidad medida por algunos indicadores que ofrecían algunas empresas de comunicación como Google, y el número de personas que contagian un infectado. En ese momento, concluyó que lo más importante no era la movilidad, sino identificar a las personas portadoras del virus, porque si éstas y sus contactos estaban aislados, no importaba si los que no tenían el virus tenían una movilidad normal. A partir de noviembre y diciembre de 2020 el sistema de seguimiento de contactos se desbordó y una parte importante de las personas que portaban la enfermedad no estaban identificadas, lo que generó una importante circulación comunitaria del virus. A comienzos de 2021, Wschebor y algunos de sus colegas retomaron el estudio y el resultado del análisis fue que la correlación entre estos dos factores era muy alta. 

Niveles de mortalidad

Por su parte, Ponzo señaló que dentro de los temas que merecen análisis están el cuestionamiento a la veracidad y la importancia de la pandemia, y uno de los aspectos que se ha utilizado en este sentido es la mortalidad. A nivel mundial, las primeras causas de muerte entre el año 2000 y 2019 fueron las cardiopatías isquémicas, los accidentes cerebrovasculares, la enfermedad pulmonar obstructiva crónica, las infecciones de las vías respiratorias bajas, entre otras. A partir de la pandemia, el número de muertes registradas en un año por Covid-19 en el mundo fue de alrededor de tres millones de personas. Analizando las causas de esos fallecimientos, las infecciones de las vías respiratorias bajas se ubica en el cuarto lugar y las enfermedades transmisibles que habían desaparecido de las diez primeras, se incorporan al listado. 

Otro aspecto que se cuestiona a nivel social en Uruguay es si realmente la situación actual de la pandemia en el país es tan grave. En cuanto a esto, Ponzo señaló que Uruguay ocupa el primer lugar de casos acumulados por 100.000 habitantes en las Américas. Entretanto a nivel mundial, sólo cinco países se encuentran en la categoría más alta de esta escala, con más de 10.000 casos acumulados por 100.000 habitantes, son: Estados Unidos, Eslovenia, Suecia, Serbia y Uruguay. «La respuesta a esto es que acá se hacen demasiados tests y por esto se realizan muchos diagnósticos», afirmó. 

Frente a este planteo, observó que hoy Uruguay se encuentra todavía en una etapa de pico de la pandemia, está bajando el número de tests, que «nos tiene que alertar». La relación entre el número de tests y el de casos confirmados desde noviembre de 2020 descendió mucho y se mantiene muy bajo con respecto al período anterior, en el que se registraban números de casos mucho menores. «Es muy importante que ahora que estamos entrando en una fase de descenso, el número de tests no decaiga, sino que nos permita volver a situaciones de mejor proporción», dijo Ponzo.

La mortalidad por Covid-19 en el país también se ha visto altamente afectada, indicó, Uruguay se encuentra hoy en la segunda franja de gravedad en números globales, con «el crecimiento explosivo» de casos que se ha registrado en estos últimos meses. En este período, se destaca «la instalación de la mortalidad materna, fallecimientos en la etapa de la niñez, la continuidad del aumento de la mortalidad de integrantes de los equipos de salud y la dificultad para el acceso a los datos para conocer la distribución según el prestador, características socioeconómicas, procedencia o empleo de los fallecidos», concluyó.

Las claves del éxito y del fracaso

Filgueira explicó la «situación trilemática» de nuestro país, donde «el gobierno puede lograr dos cosas pero nunca tres al mismo tiempo, a no ser que se estructure un sistema adecuado de protección social para la naturaleza del shock que se está viviendo». Puede desarrollar una estrategia epidemiológica que implica medidas no farmacológicas y limitación de contactos. Esto a su vez significa una disminución de la movilidad y afectación de actividades económicas. Para ello debe minimizar costos sociales, o si no, pagará un costo muy alto, tanto en la estrategia epidemiológica como en la posibilidad de sostener paz, gobernabilidad democrática, confianza institucional. Para resolver esta situación trilemática es necesario un sistema de protección social adecuado, es decir, que permita que ante un shock de la naturaleza de una crisis epidemiológica y sanitaria, con la lógica de contagio que tiene el Covid-19, se pueda sostener en el tiempo la voluntad y adherencia de los individuos a las medidas o restricciones del Estado.

Destacó cuatro elementos claves del éxito de Uruguay al comienzo de la pandemia: había un triple stock de resiliencia que el país tenía, una fuerte confianza en las instituciones, en el sistema político, y en la ciencia. Otro elemento eran los bajos niveles de pobreza y vulnerabilidad hasta el momento, lo que otorgaba cierta resiliencia material ante el shock económico. Además, se contaba con un aparato estatal con coberturas amplias de protección social y servicios de salud universalizados. Estos tres elementos, sumados a la decisión temprana del gobierno de comunicar en forma clara y optar por un modelo de cuarentena no obligatoria -cerrando todo lo que generaba movilidad-, facilitó ese primer momento donde se logra «machacar» a la pandemia sin circulación comunitaria. Luego, cuando empiezan a incrementarse los casos con brotes y la movilidad ya era más alta, el gobierno implementó una estrategia Tetris que se desarrolla con una adherencia importante de la población a una apertura regulada de las actividades. Es así que se sostiene hasta octubre una situación inédita en el mundo: alta movilidad sin circulación comunitaria del virus, con niveles de trazabilidad adecuados. Eso se pierde en octubre y noviembre, de acuerdo a los niveles de positividad. «No existía ningún país en el mundo que hubiera logrado evitar una curva epidemiológica exponencial: no era una pregunta de si, era una pregunta de cuándo», enfatizó.

A fines de 2020 el país estaba además en una situación donde había consumido una parte importante del stock de resiliencia. En una encuesta del nivel de afectación económica de los hogares, la población que se vio muy afectada o algo afectada asciende a prácticamente el 70% de la población. Esto también se ve en los efectos sobre la pobreza y la vulnerabilidad que «tiene que ver con la forma en que se protegió a los distintos sectores sociales: Uruguay, dados algunos de los instrumentos que tenía, protege en forma bastante robusta a los sectores formalizados, pero protege en forma extremadamente insuficiente a los sectores no formalizados y más vulnerables, y por tanto, con un menor stock de resiliencia», explicó Filgueira.

En esta etapa de la vacunación, afirmó, estamos ante «un experimento a cielo abierto, que parece estar dando resultado, pero es extremadamente peligroso» y dado el contexto global, de un incremento de casos nuevamente con las variantes como la Delta, puede volver a obligar a los países a formas de restricción relativa de la movilidad. Ante eso, «hoy estamos mucho peor posicionados que al inicio de la pandemia, además de haber pagado un costo altísimo por no haber tomado las resoluciones necesarias sobre octubre y noviembre -o a más tardar febrero- que hubieran permitido transitar hacia la vacunación con un número de casos y fallecimientos mucho menor» observó.

Problemas de calidad, cantidad y legitimidad

Ximena Baraibar se refirió a las políticas asistenciales del Ministerio de Desarrollo Social (MIDES) en el marco de la pandemia y advirtió que la pobreza, las dificultades en el empleo, las desigualdades en la calidad y el acceso a servicios públicos no empezaron el 13 de marzo de 2020, aunque sin duda la pandemia agudizó esta situación, afirmó. Apuntó que es importante para pensar el futuro, ir hacia atrás del 13 de marzo porque «no estábamos en el paraíso» antes de esa fecha y eso supone pensar el desempeño de los gobiernos anteriores. Señaló que la pandemia extrema esta situación y «también incide las decisiones políticas tomadas y las no tomadas». En este sentido, indicó que aunque estemos en una crisis mundial y haya impactos en todos los aspectos, «hay espacios para tomar decisiones en un sentido u otro» y por eso, también se tendría que hablar de «pobreza evitable que pueden a esas consignas generales volverlas más o menos agudas».

También, recordó que a comienzos de la pandemia, investigadores del Instituto de Economía de la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Udelar advertían que había proyecciones del crecimiento de la pobreza, de la indigencia y la desigualdad y por eso, había necesidad de tomar medidas rápidamente para evitar que la cantidad de personas implicadas agudice esa situación, y además hacían recomendaciones de políticas para asegurar ingresos y apoyar la alimentación. Sin embargo, señaló que las medidas que el gobierno ha llevado adelante, a través del MIDES, han sido el aumento de las asignaciones familiares y la Tarjeta Uruguay Social (TUS) y ahora el formato de jornales solidarios que supone una forma de generar ingresos, además del apoyo a la alimentación a través de las ollas populares y la canasta de alimentación que ha sido la medida central del gobierno. 

Sostuvo que en términos de las líneas que se han desarrollado, es preciso pensar como es la capacidad de la protección social y esto supone tener en cuenta: la cantidad -es decir, cuántas personas beneficiarias de un programa están cubiertas-, la calidad con las que están cubiertas -si permite reducir efectivamente la situación de vulnerabilidad- y la legitimidad -cuáles son los discursos que se construyen y a través de qué mecanismos que consideran legítimos-. En esta línea, afirmó que «cuando miramos las medidas del gobierno y trascendemos la cantidad de canastas y dinero invertido, encontramos que las medidas tienen problemas en los tres elementos». Remarcó entonces que hay una cantidad de familias que postularon a asignaciones familiares y la Tus, pero que no han sido visitadas sin que quede claro por qué no se las ha visitado. Asimismo, los beneficiarios que recibieron aumento son los que ya estaban, y además, más allá del apoyo del gobierno, este resultó insuficiente y es así que siguen habiendo ollas populares mantenidas por las organizaciones. «Las medidas del gobierno tienen problemas de calidad y en cantidad», aseguró.  

En cuanto a la cantidad, planteó que «la política asistencial es la política en la que menos se gasta y más se discute», pero en este escenario de crisis en el trabajo y convocatoria a la baja movilidad, «resulta particularmente dramático». También como plantea la CEPAL, Uruguay no sólo está a una distancia muy grande de la cantidad de personas cubiertas sino en la calidad, es decir, «como se cubre a los que están cubiertos», aclaró. Sobre los términos de legitimidad, dijo que la idea de la pobreza está más asociada a las actitudes, a «la pobreza evitable», porque no hay un discurso de derecho a una supervivencia, a ciertas garantías mínimas y a una responsabilidad pública en ese sentido, sino que «hay una mirada sospechosa de los pobres» donde se ve un «abuso», y puso como ejemplo que algunas autoridades señalan que es necesario controlar quiénes reciben las asignaciones familiares, porque hay gente que las recibe pero no debería. Esto no parecería contribuir a una mirada real sobre la pobreza, agregó. Además, señaló que es necesario valorar el aporte que hace la comunidad con las ollas populares, porque «hay una muestra de solidaridad pero a la vez de la debilidad de la respuesta pública». Asimismo, «de seguir este escenario de dificultades en calidad, cantidad y legitimidad, el horizonte futuro es de agravamiento de esta situación», concluyó.

Reflexiones de la estrategia 

Chasquetti se refirió a la estrategia del gobierno para enfrentar la pandemia: «es algo así como una reflexión desde el 13 de marzo del 2020 hasta el hasta el momento»,  que está «en permanente de re elaboración, porque a medida que pasa el tiempo podemos detectar o ver más claramente algunas cosas que en su momento las perdimos de vista», aclaró.

Entiende que la estrategia del gobierno puede dividirse en tres momentos: el primero es el momento de cierre inicial, «un cierre desde arriba con más de 25 o 26 decretos en el mes de marzo», con cierre de actividades, de fronteras, de escuelas, de la educación en general. Luego hay una rápida apertura a partir de fines de mayo y principios de junio, y después una apertura muy amplia por lo menos en el mes de diciembre, indicó.

Chasquetti recordó que el 27 de noviembre, el presidente Lacalle Pou declaró que no le preocupaban los números porque Uruguay es un país en plena actividad, ese día se había batido un récord con 186 casos. Por lo tanto, esa segunda etapa de plena actividad, funcionó bien porque hubo un «cierre inicial fuerte, que no permitió al virus circular» y durante la etapa de apertura estuvo el GACH con el apoyo científico y también la estrategia de testeo, rastreo y aislamiento, que funcionó muy bien en base a las capacidades estatales que el país tiene, aseguró. Sin embargo, entre los meses de diciembre de 2020 y enero de 2021 empieza una nueva etapa que de «cierre blando», dijo. Aunque indicó que «estos dos conceptos de cierre fuerte y cierre blando hay que chequearlos un poco más»,  porque mirando mediciones del Banco Mundial se encuentran diferencias entre marzo y abril de 2020 y marzo y abril de 2021, y considera que las mediciones que existen son bastante pequeñas. Sin embargo, sostiene no tener dudas de que en realidad los efectos son muy diferenciados, sobre todo revisando los indicadores de movilidad, porque los indicadores de Google mostraban que en marzo y abril de 2020 hubo «una disminución espectacular de la movilidad de las personas» y en marzo 2021 no la hubo, por tanto, evidentemente «hay otros factores que pueden haber influido probablemente la gente estaba muy impresionada y muy asustada por las noticias que llegaban de Europa en 2020 que eran muy feas», señaló.

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