El encuentro, que se transmitió en vivo a través del canal de youtube de la Universidad, tuvo como moderador a Leo Lagos, editor de Ciencia de La Diaria, Uruguay. 

La apertura del evento estuvo a cargo del rector de la Universidad de la República (Udelar), Rodrigo Arim, quien señaló que «la pandemia puso en evidencia la relevancia de construir plataformas tecnológicas y académicas sólidas». Indicó que estas herramientas y capacidades que frecuentemente pasan desapercibidas para los ciudadanos, tuvieron un papel central para afrontar las circunstancias tan difíciles que atraviesa el país. Para la generación de algunas de estas capacidades fueron determinantes las decisiones tomadas por la Udelar hace más de una década, agregó, como la de radicar recursos humanos altamente calificados y construir plataformas científicas, laboratorios y espacios de investigación de calidad en todo el territorio nacional. 

Esto permitió que Uruguay contara con capacidad de diagnóstico de Covid-19 en el interior desde el inicio de la pandemia en 2020, la Udelar instrumentó la realización de diagnósticos en laboratorios científicos que no eran de análisis clínicos, gracias al desarrollo de tests por parte de cuerpos científicos locales y a las capacidades instaladas en los laboratorios de la Universidad en Salto, Rocha y Tacuarembó y el Hospital de Clínicas. Avanzar en la concreción de este tipo de infraestructura académica aporta «capacidad de resistencia y de proyección a las sociedades en momentos que pueden ser relativamente complejos», sostuvo Arim. Acotó que aún en circunstancias de normalidad estas plataformas permitirán mejorar la capacidad de la sociedad de lidiar con ciertos patógenos, de conectarse en mejores condiciones con redes internacionales de generación de conocimientos y sostener procesos de investigación que se transformen en insumos para el desarrollo nacional. 

Indicó que el tema del evento «sale al encuentro de un país que tiene que mirar hacia adelante» y que para esto una de las herramientas es seguir generando infraestructura adecuada para impulsar la investigación de calidad en todas las áreas de la ciencia y la creación cultural. En este marco la creación de un Instituto Nacional de Vacunas es un tema sobre el que hay que reflexionar y que es importante ubicar en la agenda nacional «para desarrollar ciertas capacidades en ámbitos específicos, con una mirada interdisciplinaria y conectada con el mundo», concluyó.

Finalizada la apertura, comenzó el espacio de ponencias, en el cual hicieron uso de la palabra Alexis M. Kalergis, investigador del Instituto Millenium de Inmunología e Inmunoterapia de la Facultad de Ciencias Biológicas y Facultad de Medicina de la Pontificia Universidad Católica de Chile; Rosana Karina Pasquevich del Instituto de Investigaciones Biotecnológicas de la Universidad Nacional de San Martín y CONICET, Argentina, Santuza Teixeira del Instituto de Ciencias Biológicas, Departamento de Bioquímica e Inmunología, Universidad Federal de Minas Gerais (UFMG), Brasil, y Alejandro Chabalgoity del Departamento de Desarrollo Biotecnológico del Instituto de Higiene, Facultad de Medicina de Udelar. 

Chile y China

Kalergis recordó que enfermedades como la Viruela, la Polio, el Sarampión, la Rubéola y las Paperas fueron erradicadas gracias a las vacunas. Señaló que históricamente en los procesos de lucha contra estas infecciones se ha comprobado que en la medida que aumenta la vacunación, baja la incidencia de las enfermedades. Asimismo, se observan brechas de desigualdad entre países desarrollados y los que se encuentran en vías de desarrollo, estos últimos presentan dificultades en la manufactura, la cantidad y la especificidad de las vacunas. «Es importante que la comunidad científica y los países de la región trabajemos en colaboración en este sentido», expresó. 

Compartió la experiencia del equipo de investigadores chilenos en el desarrollo de vacunas. Señaló que el mecanismo para evaluar una vacuna es largo y consta de una etapa preclínica, en la que se prueba en animales si la vacuna induce la inmunidad y protege contra los patógenos. Luego de esta siguen tres fases clínicas en humanos, en la primera se evalúa la seguridad e inmunidad que ofrece, en la segunda se identifica la dosis adecuada, su bioseguridad y las características de la respuesta inmunitaria que provoca en las personas. En la fase clínica III se evalúa cómo funciona la vacuna al ser administrada en una población. Kalergis acotó que el equipo de investigadores chilenos volcó en el SARS Cov-2 la experiencia acumulada a partir del trabajo científico realizado en la generación de vacunas contra otras patologías. 

Al iniciar las investigaciones el equipo sabía que las vacunas contra el nuevo virus tendrían una demanda mundial, indicó, y buscaba colaborar con la generación de esta tecnología para cubrir la necesidad de una vacuna aprobada por los mecanismos de regulación para uso de la población pediátrica. Kalergis señaló que se llevó adelante un proceso de intensa colaboración con la empresa china Sinovac en la investigación para el desarrollo de vacunas contra este virus. El estudio de fase III de la vacuna Coronavac, desarrollado por su instituto en colaboración con esta empresa, incluye un protocolo que fue diseñado en conjunto siguiendo las pautas del Ministerio de Salud de Chile y la agencia regulatoria nacional. 

En cuanto a la efectividad de la vacuna, destacó que un estudio del Ministerio de Salud de Chile reveló que al día 14 de la segunda dosis esta tiene un 67% de efectividad para prevenir el Covid-19 sintomático, 85% para prevenir hospitalización, 89% para prevenir ingreso a cuidados intensivos y 89 % de efectividad para prevenir la muerte. Para finalizar Kalergis señaló que Coronavac es segura e inmunogénica, que se necesitan dos semanas después de la segunda dosis para alcanzar un buen nivel de anticuerpos y que la seguridad, inmunogenicidad y eficacia fueron comprobadas por estudios científico-clínicos.

Por su parte, Teixeira repasó el camino recorrido por el Instituto de Ciencias Biológicas de la UFMG para generar un Centro de Tecnología de Vacunas. Planteó que en Brasil aún hay una distancia muy grande entre los centros de investigación académica de alta calidad, radicados principalmente en las universidades públicas, y el sector que puede transformar el conocimiento allí generado en productos disponibles para la sociedad. Esta desconexión también se da en el campo de las vacunas, entre centros que logran desarrollar investigaciones valiosas hasta un determinado punto y, por otro lado, la infraestructura de producción de vacunas en centros bien establecidos como el Instituto Butantan o Bio Manguinhos.

Conexiones

Años antes de la actual pandemia, la UFMG se planteó la posibilidad de generar investigación y tecnología de vacunas, inmunobiológicos, tests y kits diagnósticos de uso humano y veterinario en una estructura que fuera capaz de conectar con centros de producción y con la industria farmacéutica. Así surgió el Centro de Tecnología de Vacunas (CT Vacinas por su nombre en portugués), una iniciativa que hoy nuclea a la UFMG, el Instituto Fundación Oswaldo Cruz (Fiocruz) y un grupo de investigadores integrantes del Instituto Nacional de Ciencia y Tecnología de Vacunas (INCTV).

La consolidación del CT Vacinas llevó un proceso de 16 años, señaló Teixeira. Comenzó en 2005 con la creación de la red de investigadores que luego formaría el INCTV. El grupo comprobó que podía transformar su investigación en productos tales como una vacuna contra la Leishmaniasis de uso veterinario. La UFMG se planteó la necesidad de la existencia de un centro tecnológico y en 2016 proporcionó un espacio para su creación dentro del Parque Tecnológico de Belo Horizonte, cercano al campus de la universidad. En 2017 se generó la primera empresa spin off del CT Vacinas y en 2019 se obtuvo el primer producto totalmente prototipado -un kit de Elisa para diagnóstico de Leishmaniasis en humanos-, que fue transferido a una empresa de la misma ciudad. 

El CT Vacinas tiene como objetivos el desarrollo de tecnologías y productos ligados al negocio de vacunas, inmunobiológicos y kits diagnósticos. Realiza el prototipado y la producción de insumos de carácter innovador para el diagnóstico de enfermedades, desarrolla vacunas y realiza la generación y transferencia de tecnologías para la resolución de enfermedades humanas y veterinarias. Otro de sus objetivos es nacionalizar tecnologías para diagnósticos, insumos y vacunas. También tiene como misión generar respuestas rápidas ante situaciones de emergencia como las epidemias. Con la llegada de la pandemia de Covid-19, el centro fue contactado por el Ministerio de Ciencia y Tecnología de Brasil para dar respuesta a una serie de demandas, incluyendo el desarrollo de una vacuna contra SARS Cov-2 con la que se espera iniciar los estudios de fase clínica antes del final de este año, explicó Teixeira. 

En su exposición Chabalgoity agradeció los aportes de los invitados del exterior e indicó que mostraron claramente que la región no está quieta frente a los problemas de la pandemia, emprende iniciativas propias en el área de las vacunas, los diagnósticos y ensayos clínicos que nos permiten entender los efectos de las vacunas que utilizamos en esta zona del continente. Mencionaron «problemas que son comunes a nuestros países», señaló, como la necesidad de adaptar normativas que permitan hacer ensayos clínicos o hacer efectiva la transferencia a empresas de biotecnología e incluso, como en el caso de Minas Gerais, la generación de un instituto dedicado a las vacunas como el que propone Udelar

Chabalgoity presentó argumentos para valorar en qué medida se justifica la existencia de un Instituto Nacional de Investigación en Vacunas en Uruguay, dado que para su creación se requiere de fondos públicos y por tanto la sociedad debe conocer el proyecto. Por parte de la Udelar y el equipo de investigadores directamente relacionado con esta propuesta, se sostiene que la creación de este instituto es necesaria y que «este es el momento» adecuado para hacerlo, indicó.

Recursos propios

Afirmó que las vacunas son el avance de las ciencias biomédicas más importante de todos los tiempos y que la pandemia dejó varias enseñanzas sobre ellas. En primer lugar se evidenció «la importancia de poder acceder a ellas en tiempo y forma», la escasez de vacunas afectó tanto a los países periféricos como los centrales, incluso aquellos que habían hecho una gran compra anticipada como Canadá, destacó. El retraso en el acceso se relaciona directamente con la falta de recursos propios de los países para desarrollar y producir vacunas, expresó, por la misma razón hoy en el mundo sigue habiendo un acceso inequitativo a ellas. 

Además, la aparición de nuevas variantes presenta nuevos desafíos, «vemos que es un problema fundamentalmente entre los no vacunados», indicó, estas nos obligan a discutir sobre la necesidad de pensar refuerzos y también la de optimizar las vacunas existentes. Otra gran enseñanza de la pandemia es que «las nuevas tecnologías pueden modificar profundamente la realidad que conocemos». La generación de las vacunas contra el Covid-19 es un evento único en la historia de la humanidad, pensábamos que necesitábamos diez años para el desarrollo de vacunas nuevas pero probamos que no, puntualizó. 

Chabalgoity agregó que la tecnología de ARN es disruptiva, es decir, se trata de una innovación que introduce un cambio radical en la forma en que se accede a las soluciones. Su futuro «es prácticamente ilimitado» y en tal sentido, la OMS entiende que se debe promover la distribución y democratización de esta tecnología en diferentes puntos del planeta. Además, por sus características puede ser llevada adelante por pequeñas empresas o grupos de investigación para rápidamente avanzar a procesos de desarrollo de productos personalizados.

Por otra parte, en esta pandemia se ha constatado que «las vacunas pueden ser un gran negocio económico» a pesar de ser un producto seguro y de bajo costo para la salud de la población; el mercado de vacunas Covid se estima en 150 billones de dólares solo para 2021, informó. Otra razón para impulsar un instituto local de vacunas tiene fundamento en nuevas realidades sociológicas, planteó. Las vacunas «van a seguir siendo un tema central» porque hasta hace poco su producción respondía a una pirámide demográfica donde se vacunaba sobre todo a los niños. La estructura de la población en el mundo ha cambiado, hay más adultos y en ellos se generan nuevos tipos de enfermedades para las cuales deberemos desarrollar y producir diversas vacunas, explicó Chabalgoity.

«¿Tiene sentido la producción nacional de vacunas y otros biológicos de importancia estratégica?», preguntó. En su opinión, en la perspectiva universitaria esta cuestión debe verse tanto desde una dimensión ética, vinculada con la salud pública, como desde una dimensión económica.  En cuanto a la primera, es necesario considerar que los precios de las farmacéuticas son hoy un gran desafío para todos los países, no solo para los de menor desarrollo. Se deben plantear alternativas que permitan hacer frente a los precios siderales que están teniendo estos medicamentos, afirmó. 

Clima de negocios

Ante esto surgen paradigmas planteando que «la investigación médica es una cuestión pública», comentó. Esta afirmación se basa en el hecho de que los descubrimientos para desarrollar medicamentos de alto precio se originan, en la mayoría de los casos, en institutos públicos o privados «financiados por dineros públicos», por tanto no tiene sentido que la población, que participa financiando esos desarrollos, tenga que pagar precios siderales cuando estos se transformen en productos, expresó. Los productos farmacéuticos se relacionan con una red de patentes y propiedad intelectual y esto genera la necesidad de negociar adecuadamente patentes y licencias de los descubrimientos obtenidos con fondos públicos, expresó. Agregó que «la biotecnología es también un motor de desarrollo económico» que genera altos niveles de empleo. El impulso a una industria de este tipo en nuestro país implica abordar aspectos de la propiedad intelectual, la ingeniería de procesos, la regulación y la comercialización. 

Chabalgoity afirmó que Uruguay cuenta con recursos humanos a nivel científico que pueden abordar este trabajo y actualmente hay equipos combinando investigaciones en las áreas de microbiología, inmunología, genómica, purificación de biomoléculas, también en vínculo con la industria biotecnológica de vacunas veterinarias. En cuanto a los modelos de negocios a manejar para una producción nacional de vacunas en sus diferentes etapas, es posible combinar desarrollos propios con la adopción de licenciamientos que ya están en uso para producción, explicó. 

Entre las debilidades que presenta Uruguay para alcanzar este objetivo mencionó la falta de normativa que permita realizar ensayos clínicos, así como la que habilite a producir vacunas desarrolladas en el país. Además, indicó que es central la creación de «un ambiente adecuado de negocios» que atraiga a los inversores extranjeros, en este sentido la existencia del instituto es esencial porque «no podemos atraer inversores a la nada». Otro obstáculo es que Uruguay no cuenta con ninguna planta adecuada para hacer el escalado con normas GMP. 

Por todo lo expuesto la Universidad realiza al país una propuesta de creación de un instituto que no es universitario, «es una instituto nacional donde se puedan involucrar todos los actores académicos y productivos del país», afirmó, este «es un proyecto concreto, con presupuesto definido, con etapas de desarrollo claramente marcadas, fechas de puesta en funcionamiento definidas» y calendario de ejecución de los montos solicitados. En total, estos suman 15 millones de dólares, para su apertura se plantea una fecha de apertura en 2025. «La mesa está servida, la pregunta es si nos sentaremos a ella», concluyó.

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