Marrero explicó que en el trabajo en plataformas también llamado plataformizado o uberizado se puede distinguir dos modalidades, la primera corresponde a aquellos trabajos en los que se utiliza geolocalización, las plataformas de reparto, transporte de mercaderías o de personas. La otra modalidad se caracteriza por una distribución global de las tareas, es el llamado home office o teletrabajo. En cuanto a las actividades que usan la geolocalización están representadas hoy en el mundo, por empresas como Uber, Pedidos Ya, Rappi, Uber Eats, Deliveroo, Glovo, entre otras. En el caso de Uruguay el despegue mayor de la empresa Pedidos ya, que se instaló en el país en 2009, se dio entre el 2014 y el 2015 y el crecimiento más fuerte de esta empresa fue a partir del año 2018 o 2019. Entretanto la llegada de Uber a Uruguay de produce en 2016. Las empresas de plataforma se instalan en el país en un momento de deterioro de los niveles del mercado de trabajo, con un crecimiento del desempleo y de la informalidad. Marrero señaló que el contexto laboral imperante en ese momento debilitó la capacidad de la clase trabajadora de intervenir en este fenómeno ya que implicó una restricción de las posibilidades de los uruguayos y aún más de la población migrante, en muchos casos indocumentados o tramitando la documentación, de acceder a otro tipo de empleo.

Marrero observó que en la actualidad en el contexto de pandemia y de crisis socio económica, las posibilidades de acceder a empleos de mayor calidad son mucho menores. Además las condiciones de aislamiento y encierro que impuso la pandemia hicieron que estos trabajadores se volvieran esenciales para el transporte de alimentos, medicamentos, insumos, en condiciones en las que no siempre se garantizaba la salud. Añadió que aunque el trabajo de plataformas tiene un grado de intermitencia bastante grande por lo que el número de trabajadores es muy movible, ha tenido un crecimiento muy importante en los últimos años, que se mantiene en el momento actual. En este sentido indicó que hoy hay alrededor de 5000 trabajadores vinculados a alguna de las empresas de entrega en Uruguay (Pedido ya, Rappi, y otras que existen a nivel nacional) y aproximadamente la misma cifra en Uber. Acotó que alrededor de 50% de los trabajadores de aplicaciones son migrantes de Venezuela, Cuba, República Dominicana y en menor cantidad de Perú y Argentina. Destacó que la población que se inserta laboralmente en las empresas de plataformas se caracteriza por tener un perfil muy calificado, en el caso de las personas migrantes cuentan con niveles de estudios de secundaria, bachillerato y terciario completo, algunos son ingenieros o técnicos. Asimismo muchos de los uruguayos que trabajan en estas empresas son estudiantes universitarios.

Aumento de la precarización laboral

Marrero indicó que el fenómeno de trabajo en plataformas combina además una movilidad internacional de trabajadores, la migración. Añadió que mientras en Europa este fenómeno se percibe como un proceso novedoso de precarización laboral, al que llaman economía de trabajo temporario, en América Latina no es nada nuevo. La precarización laboral se asocia a niveles salariales muy bajos, rotación laboral alta, poco control de las condiciones de trabajo, desprotección laboral en materia de derechos, informalidad alta, entre otros. Aunque en Uruguay se identificaban desde hace décadas condiciones de precarización laboral en trabajos en empresas como las de seguridad, de limpieza, los call center, supermercados, entre otras, con la aparición en el mercado de las empresas de plataformas, se suma una tecnología que establece lo que autores denominan «capitalismo de vigilancia». Este es un mecanismo que permite el control permanente del trabajador on line y off line (dentro y fuera de sus horas de trabajo). Recordó que se han denunciado numerosos casos de trabajadores a los que se les desactiva sus cuentas luego que participan de una manifestación, aún cuando no estaban en su horario de trabajo, porque las empresas por el celular, pueden seguir su trayectoria y saber donde están en todo momento.

En lo que se refiere a los impactos del ingreso de las plataformas en las condiciones laborales, Marrero explicó que se pueden identificar tres dimensiones del trabajo en las que repercutieron estas nuevas formas laborales. Una de ellas es la dimensión de la modalidad contractual, asociada a la regulación laboral, la segunda dimensión tiene que ver con la forma de organizar el trabajo y la tercera es la dimensión subjetiva del trabajo.

En lo que tiene que ver con la modalidad contractual, Marrero señaló que tanto a través de la empresa Uber como Pedido ya o Rappid, se introdujo una transformación en el ámbito laboral que se puede llamar «la hipertercerización del trabajo». En esta modalidad las empresas se catalogan a sí mismas como tecnológicas y contratan a sus trabajadores en forma de unipersonal lo que implica que estos deben registrarse como empresas y los costos laborales (del vehículo de trabajo, seguridad social, salud y aportes jubilatorios), se trasladan a los trabajadores. En el caso de Uruguay Pedido Ya utilizó como marco legal los contratos con trabajadores en el formato de unipersonales. Marrero añadió que la evasión legal en la empresa Rappi es aún mayor, «no es necesario ni siquiera abrir una empresa unipersonal para empezar a trabajar, es suficiente con tener una bicicleta, un celular, descargar la aplicación y aceptar los términos y condiciones para comenzar las tareas, en total informalidad», expresó. Recordó que anteriormente a la llegada de las empresas de plataformas, los contratos unipersonales se establecían para que los trabajadores formalizados como empresa unipersonal, hicieran un trabajo puntual para la empresa contratante, que se extendía un tiempo determinado. La estructura de la empresa que contrataba el servicio no dependía del trabajador, finalizado el trabajo, el trabajador configurado como unipersonal terminaba el vínculo con esta.

«Destrucción de derechos laborales»

Marrero entiende que los cambios introducidos por las empresas de plataforma en la modalidad contractual configuran en términos de relación laboral «un diseño de evasión a la legislación laboral vigente por lo tanto se pueden identificar como una destrucción de derechos laborales de los trabajadores». Acotó que mientras en otros países como España se está regulando esta actividad y ya hay una legislación bastante avanzada en este sentido, en Uruguay esta actividad no ha sido reglamentada aún. Existe un proyecto de ley elaborado por el Ministro de Trabajo del gobierno anterior que regulaba aspectos que tienen que ver con las condiciones de trabajo en esta rama de la actividad laboral, pero este quedó trunco, ni siquiera llegó a ser tratado por el Parlamento, por lo que esta regulación quedó pendiente en el país. En otros países como Brasil e Inglaterra existe una propuesta de generar un estatuto intermedio, «ni dependientes ni independientes», para dar un marco legal a esta actividad.

Señaló que la segunda dimensión se vincula principalmente con las condiciones de trabajo, la forma de organización del mismo y la introducción tecnológica y tiene una característica que denominan la gestión algorítmica del trabajo. Las empresas apoyadas en la georreferenciación, y en un diseño avanzado en términos tecnológicos y científicos, realizan un control mayor y permanente del trabajo, de los tiempos de entrega, del trabajador y del ritmo con el que este desarrolla las tareas. Esto les permite generar un proceso de intensificación del trabajo, el trabajador de estas empresas está obligado a realizar las entregas y pedidos con la mayor velocidad posible. Marrero observó que la formalidad de un trabajo dependiente, con todos los derechos, con una carga horaria de 8 horas, está quebrada en este tipo de tareas que se configuran con una modalidad intermitente asimilable a la del trabajo a destajo (al trabajador sólo se le paga por las horas que trabaja). Entiende que esto genera que haya una superexplotación del trabajo con jornadas de 12 o 14 horas. Concluyó que en los trabajos de plataforma se da por tanto una combinación de una tecnología de avanzada como la inteligencia artificial con formas de explotación del trabajo que se parecen mucho a las que se utilizaban en el comienzo del capitalismo.

La tercera dimensión tiene que ver con una modalidad de gestión neoliberal, que en estas empresas no está vinculada sólo a la gestión algorítmica sino también al control subjetivo del trabajo. Esta modalidad se caracteriza por ser individualizada, con una impronta ideológica muy fuerte: el impulso de la ideología del emprendedor de sí mismo y el emprendedurismo. Con esto apuntan a que los trabajadores se consideren sus propios jefes y empresarios, que ejerzan sobre sí mismos una fuerte auto explotación y quebrar su perspectiva de organización sindical.

Marrero acotó que existe una cuarta dimensión que no tiene que ver exclusivamente con las condiciones de trabajo pero si permite comprender este fenómeno en su totalidad, es lo que se conoce como el capitalismo de plataformas, que radica en una vinculación fuerte del capital financiero con estas empresas. Un ejemplo de esto son los grandes bancos que realizan enormes inversiones en estas empresas tecnológicas.

¿Dependientes o autónomos?

Subrayó que la nueva realidad laboral que han instalado las empresas de plataforma ha puesto en el tapete una discusión acerca de cuando un trabajador es independiente y cuándo dependiente. Resaltó que esta cuestión es motivo de juicios a nivel nacional e internacional y ha llevado a que las empresas de plataforma tengan un equipo permanente de abogados que están en continuo litigio. En uno de estos juicios internacionales a un trabajador en modalidad de plataforma se le da la razón, considerándolo trabajador dependiente de la empresa. Marrero por su parte coincide con que en esta forma de trabajo hay una clara relación de dependencia.

Recordó que en Uruguay en el 2020 la justicia falló también a favor de un trabajador de Uber, identificando su vínculo laboral como subordinado, en un juicio que este había entablado a la empresa. La resolución tomó en consideración las recomendaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT) y para identificar el tipo de relación laboral con la empresa se basó en el principio de realidad (que es lo que realmente sucede en el trabajo). Se tomaron en cuenta cinco aspectos: el primero de ellos que el trabajador no tiene ninguna posibilidad de negociar el contrato con la empresa, se limita aceptar las condiciones que la compañía crea, en este caso Uber, pero lo mismo sucede con las otras empresas de plataforma. La segunda condición que se consideró es que la empresa provee la herramienta para poder cumplir el servicio, la aplicación, aunque el auto, la bicicleta o la moto son necesarios para cumplir la tarea sin esta tecnología informática no es posible desarrollarla. El tercer elemento es que la empresa es la que establece las directivas precisas de la prestación del servicio, que tienen que ver con el control y la gestión algorítmica. Semanalmente ubica a los trabajadores en un ranking de 1 a 5 de acuerdo a determinados criterios, los trabajadores que quedan en el nivel 1 son los primeros en elegir zonas, días y horarios de trabajo y los que son ubicados en el nivel 5 casi que quedan por fuera de esta posibilidad. El cuarto aspecto que se tuvo en cuenta tiene que ver con que las empresas fijan las tarifas que se les cobran a los usuarios, lo que en definitiva determina la remuneración de los trabajadores. Estos no tienen la libertad de poder cobrar más o menos que lo que establece la empresa, en cada pedido que entregan o cada viaje que hacen. Y el último punto se refiere a que la empresa es la que ejerce el control disciplinario de los trabajadores, es la que los evalúa, tiene la posibilidad de despedirlos o restringir su trabajo. «En otro tipo de empresas los despidos se concretan luego de algún tipo de aviso o negociación, acá alcanza con un click, un click y estás afuera», expresó.

Marrero destacó que aunque la resolución judicial a la que se llegó en Uruguay fue para el caso puntual de un sólo trabajador, abre la posibilidad de generalizar esta perspectiva a todas las demás personas que trabajan en esta modalidad. Entiende que se les plantea un desafío a quienes toman las decisiones en materia de políticas públicas, así como a sindicatos y organizaciones, para que, basándose en estas consideraciones, elaboren un estatuto que garantice los derechos laborales y humanos en general, de los trabajadores de todas las empresas que ofrecen servicios en Uruguay en esta modalidad.

Desafíos para instituciones y organizaciones

En cuanto al rol de los sindicatos entiende que desde su origen se les presenta un desafío importante porque están asociados a la tarea de organizar a los trabajadores dependientes de las empresas, sean estables, rotativos o precarizados. Por tanto la calidad del trabajador dependiente la definía siempre la forma organizativa, delegados, estructura sindical y la plataforma reivindicativa dirigida a la empresa. En cuanto al sindicato que nuclea a los trabajadores de reparto, ya sea los que están vinculados a plataformas como los delivery, el Sindicato Único de Repartidores (Sinurep), el desafío es aún mayor. En la actualidad en la empresa Rappi todos los trabajadores son unipersonales, entretanto en Pedidos ya hay entre 60 y 100 trabajadores dependientes y más de 2000 unipersonales. Marrero resaltó que una dificultad que se presenta es que muchos de los trabajadores unipersonales consideran que no deberían estar afiliados a un sindicato y a su vez los gremios aunque entienden que son trabajadores y deberían estar organizados, están buscando formas alternativas de poder incluirlos. En este sentido existe una propuesta de formar una cooperativa de trabajo que integren los trabajadores unipersonales de las empresas de plataformas, con lo que podrían por lo menos abaratar un poco algunos costos. En otros países existen experiencias de este tipo, han surgido otras formas de organización de los trabajadores unipersonales, especialmente vinculadas a las personas migrantes, como las asociaciones de unipersonales.

Otro de los desafíos que se le presentan a los sindicatos se vincula a las condiciones propias del trabajo, que determinan que los trabajadores en vez de estar concentrados en un solo lugar físico, estén dispersos por toda la ciudad, con lo que muchos de ellos no se conocen entre sí. No obstante se han visto formas de organización novedosa por parte de los delivery, apoyadas en las comunicación que les permite las redes sociales y el whatsapp, como la concentración de deliverys en un punto de la ciudad, haciendo que la tarifa baje, o la desconexión generalizada de los trabajadores de la plataforma, con lo que la aplicación se cae. Se ha visto especialmente en otros países un fenómeno de auto organización, de redes subterráneas muy conectadas a organizaciones barriales y movimientos ciudadanos, generadas por los propios trabajadores, a los que el sindicalismo tradicional no ha encontrado aún la forma de llegar.

Destacó que es un fenómeno muy creativo e interesante que vale la pena analizar y rescatar y que se vincula con otro de los retos de los sindicatos, dar cuenta de como los trabajadores consideran este trabajo, si asumen que no hay relación de dependencia con el empleador o por el contrario se consideran trabajadores dependientes. Asimismo resaltó que el movimiento sindical en su conjunto debería pensar una política sindical en torno a este tema, no solo enfocada a las formas de apoyo a la organización de estos trabajadores sino también a cómo regular estas modalidades de trabajo que tienen la potencialidad de extenderse a otras formas laborales. «Si el movimiento sindical quiere pararse mirando al futuro del trabajo es preciso asumir una perspectiva de defensa de los derechos laborales de estos trabajadores, ejerciendo un fuerte contralor tanto en lo que tiene que ver con el estatuto del trabajador, su vínculo contractual con la empresa, como con la gestión algorítmica del trabajo y la forma ideológica que esto asume», sostuvo Marrero.

Resaltó que la Universidad tiene un papel muy importante en este desafío, aportando con la producción de conocimientos vinculados a estos fenómenos en clave de derechos humanos y generando equipos que lleven adelante este trabajo. Añadió que también es fundamental que la Udelar trabaje en estrecha colaboración con los actores del sector en particular las organizaciones sindicales y colectivos de trabajadores. Acotó que desde la extensión universitaria vienen desarrollando esa perspectiva, llevando adelante un trabajo de diálogo con las organizaciones y sindicatos. Asimismo se proponen trabajar en la coproducción de conocimiento o investigación conjunta con estos actores, y destacó el poder que generaría un trabajo interdisciplinario en el análisis de estos fenómenos. En este sentido señaló que en uno de los trabajos de investigación del grupo de Trabajo y Procesos Productivos, organizaron una encuesta dirigida a los trabajadores de reparto y el sindicato participó en el diseño. Añadió que en el marco de este trabajo la organización gremial participará también en la instancia de lectura de los resultados y habrá un espacio para la reflexión acerca de cuáles de esos resultados pueden ser útiles para instrumentar una intervención, o acciones a nivel sindical.

«Un laboratorio a futuro»

Marrero reflexionó que aunque en principio se decía que esta tecnología permitiría la liberación de la humanidad, un trabajo mucho más calificado y un mundo de mayor bienestar, lo que muestra el presente es un mundo de precarización laboral, «una tecnología que bajo esta forma de relaciones sociales y de los mecanismos que toma el capitalismo para realizar el trabajo, se vuelve opresiva».

Entiende que en el contexto de pandemia estas coyunturas se transforman «en una suerte de laboratorio a futuro». Subrayó que existe en la actualidad la potencialidad de la expansión de esta forma de trabajo hacia otros tipos de empleo, una generalización en el uso de las tecnologías de plataforma, que ya está sucediendo en otros países con la plataformización de médicos, servicio doméstico, abogados, entre otros sectores laborales. Consideró que asimismo hoy coinciden distintas formas de aplicación de la tecnología en el ámbito laboral que se dan la mano con la precarización. Resaltó que además de las plataformas aparece con mayor fuerza el teletrabajo, las tecnologías de automatización en la industria, «todos fenómenos que se están combinando y dan cuenta de cuál va a ser la forma que tomará el mundo del trabajo en Uruguay y América Latina en la entrada a la tercera década del siglo XXI», sostuvo.

«Esto se puede permitir porque tenemos un ejército de desempleados más grande, profesionales que no pueden acceder a un trabajo seguro, estable, esta precarización le está dando tonalidad a otras formas futuras de trabajo», sostuvo. Entiende que «eso es lo alarmante de esta situación, lo que debería llamar un poco la atención y despertar la preocupación y la ocupación de los distintos actores que intervienen en el mundo del trabajo».

Más información y consultas

Artículo «Los trabajadores de las aplicaciones», Nicolás Marrero, Revista «Derecho Laboral»

Artículo «Uberización del trabajo», Nicolás Marrero

Los comentarios están cerrados.