Pandolfi explicó que estos dos estudios se enmarcan en una línea de trabajo de la Unidad, que comenzó a mediados del año 2020 con un primer observatorio piloto sobre el tema Covid-19. Fueron relevamientos complementarios que apuntaron a poder captar el agotamiento de lo que llamaron el stock de resiliencia social que tenían los hogares desde el inicio de la emergencia sanitaria el 13 de marzo de 2020 hasta finales de ese año. El concepto de stock de resiliencia social se vincula con la capacidad que tienen los hogares de satisfacer determinadas necesidades de consumo. Este stock de resiliencia tiene su contra cara en las políticas y planes sociales instrumentados para garantizar determinados flujos monetarios (flujo de ingresos, capacidad de ahorro, tenencia de bienes), que posibiliten satisfacer esas necesidades básicas.

Indicó que una de las encuestas en formato panel, recabó 400 casos que representan a personas mayores de 18 años de todo el territorio nacional. La otra encuesta fue individual, se realizó en forma telefónica y recabó la opinión de 800 personas, también mayores de 18 años de todo el país. Señaló que algunos de los indicadores utilizados por los investigadores en estos estudios, fueron el nivel de afectación económica que sentían los encuestados que habían tenido a raíz de la pandemia, la posibilidad de mantener el pago de servicios básicos de consumo como cuentas de luz y agua y la posibilidad de acceder a una alimentación adecuada. Otro de los indicadores fue el de los mecanismos que se desplegaron para hacer frente a la situación económica.

Pandolfi apuntó que las encuestas partieron de la hipótesis de que la declaración de emergencia sanitaria, las restricciones a la movilidad y la contracción del mercado de empleo en un contexto de cierre de actividades económicas, en marzo de 2020, supuso un shock agudo, fuerte, al bienestar, que afectó de forma masiva a la población. Los resultados de los estudios confirmaron la hipótesis, una de las encuestas reveló que un 70 % de las personas tuvo un nivel de afectación económica a causa de la declaración de emergencia sanitaria.

Algunos resultados

En cuanto a los resultados de las encuestas, los investigadores manejan la hipótesis de que aunque en el comienzo de la pandemia, la población tuvo una capacidad de respuesta, de contención, de reducción de la movilidad y de resiliencia, para hacer frente a ese shock, esto se debió a que se venía de una situación de varios años de crecimiento económico. El contexto particular previo a la pandemia, caracterizado por buenas posibilidades de inserción laboral, con una estructura institucional y de seguridad social, que sostenía y garantizaba determinados niveles de bienestar, piensan que también contribuyó en el mismo sentido. Asimismo previeron que si ese stock de resiliencia no se renueva, no se vuelve permanente en el tiempo, se agota. «Por tanto la capacidad que tienen los hogares no es constante en el tiempo y es necesario protegerla y renovarla», afirmó Pandolfi.

Resaltó que los datos obtenidos evidenciaron desigualdades estructurales que ya existían antes de la pandemia y se agudizaron en este contexto. En este sentido se encontró que hubo una mayor afectación en los hogares y en las personas que tenían menores niveles educativos y socioeconómicos. Asimismo hubo grupos que también eran vulnerables antes de la pandemia y se vieron particularmente afectados por esta, como las mujeres y los niños. Se puede identificar por tanto una clara relación entre los niveles de pobreza y la edad. La encuesta continua de hogares revela que en 2019 un 17% de los niños menores de 6 años vivían en hogares que se encontraban por debajo de la línea de pobreza, entretanto en las personas de 18 a 64 años, este porcentaje era de 7,4 % y en las de 65 o más años, a 1,8 %. En las encuestas realizadas en 2020, se mantiene esta relación, «a menor edad mayor grado de afectación por la pandemia», subrayó Pandolfi. Los resultados de las encuestas muestran que un 30% de las personas más afectadas económicamente, pertenecían a hogares con adolescentes y niños (menores de 18 años) y un 19 % a hogares sin niños ni adolescentes.

Por otro lado un tercio de la población tuvo problemas algunos meses, casi todos los meses o todos los meses para pagar servicios básicos y más de un 20 % declaró que algunas veces o muchas veces no hubo suficiente para comer. «Todas estas dificultades aumentan a medida que disminuye el nivel educativo y la edad de los entrevistados, en las mujeres y en los hogares con niños», sostuvo Pandolfi.

En cuanto a los mecanismos instrumentados para hacer frente a la situación económica, un 94% de las personas que se vieron afectadas por la pandemia tuvieron que reducir sus gastos, más del 50% utilizó ahorros, un 37 % pidió préstamos a instituciones financieras y el mismo porcentaje solicitó ayuda económica a amigos, vecinos o parientes. Asimismo un 20% tuvo que vender pertenencias, con lo que tuvo que deshacerse del capital con el que contaba para poder hacer frente a esta situación.

Pandolfi asimismo indicó que a partir de datos de las encuestas continuas de hogares del Instituto Nacional de Estadística, se observa además un hecho atípico en el contexto de pandemia que lo diferencia de otras crisis económicas del país, un aumento de la formalidad laboral, de la cantidad de personas ocupadas que se encontraban cubiertos por la seguridad social. Entienden que esto se vincula fundamentalmente con que la pérdida de empleo en el marco de la emergencia sanitaria fue mucho mayor en los sectores informales, que fueron los más afectados en el contexto de pandemia. «Por tanto no es que haya habido una mejora de la cobertura de la seguridad social sino que se dio una fuerte reducción del empleo informal», indicó.

Líneas de trabajo de la UMAD

Pandolfi explicó que la UMAD, coordinada por el doctor Fernando Filgueira, se creó hace aproximadamente dos años y tiene distintos objetivos de investigación y de desarrollo de innovación en metodología, entre ellos presentar un acerbo de materiales e indicadores sociales que sean útiles tanto a la academia como a las instituciones estatales. En este marco una de las líneas de trabajo es el seguimiento de indicadores sociales a través de un observatorio en línea. Asimismo cuenta también con programas de índole mayormente pedagógico en relación a la metodología y al desarrollo de métodos de investigación. Esta herramienta buscaba dejar disponibles en una plataforma online, un conjunto de indicadores vinculados a la evolución de la pandemia y a los impactos sociales que esta producía. Recordó que a fines de 2020 la Unidad se integra como equipo de trabajo, al Observatorio Social y Comportamental que funcionaba en el marco del Grupo Asesor Científico Honorario (GACH) que funcionaba en ese momento. En este espacio, la Unidad de Métodos y Acceso a Datos se sumó a trabajar con un grupo más amplio de investigadores, provenientes de las facultades de Psicología y la de Ciencias Económicas y de Administración, de la Udelar, para empezar a desarrollar líneas de investigación específicas sobre este tema.

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