En el acto participaron el decano de FCEA, Jorge Xavier, la investigadora del Archivo General de la Universidad, María Eugenia Jung, y el autor del libro Ariel Digital, Diego Canessa. Xavier resaltó la necesidad de recordar a una figura tan relevante como la de Quijano para la cultura nacional y para el desarrollo del área de la economía en la Universidad. Señaló que el antiguo edificio donde funcionó la facultad tenía un salón con su nombre, «nos merecíamos recuperar ese homenaje», agregó.

El decano explicó que durante las recientes celebraciones por el Día del Patrimonio, dedicadas a la figura de José Enrique Rodó, tuvo la oportunidad de intercambiar ideas con el autor de Ariel Digital. Dialogaron sobre la influencia del arielismo en la labor intelectual de Quijano y de esa manera surgió la idea de hacer este homenaje. 

Xavier expresó que Quijano «nació con el siglo XX» y que fue «un brillante exponente del espíritu universitario que sigue inspirando a nuevas generaciones». Las luchas universitarias en el inicio del siglo pasado, inspiradas en la Reforma de Córdoba, alimentaron su pensamiento y su accionar, además de las ideas de Rodó, Carlos Vaz Ferreira y más tarde el marxismo. Desde muy joven Quijano desarrolló una intensa actividad en el periodismo, la militancia estudiantil y política, que comenzó en el Partido Nacional. En 1924 culminó con medalla de oro la carrera de Abogacía en la Udelar y pronto obtuvo una beca para estudiar Economía y Ciencias Políticas en la Sorbona, París, recordó el decano. 

Como docente de la Udelar, a partir de 1932 ocupó la cátedra de Finanzas de la Facultad de Derecho y en 1936 asumió en la misma institución la cátedra de Economía Política. También dirigió el Seminario de Investigación de la Facultad de Ciencias Económicas, que había sido creada en 1932. Quijano fue pionero en la promoción de actividades de investigación en la Universidad, señaló Xavier, impulsó la creación de conocimiento en ese campo, primero desde el mencionado seminario y más tarde desde la dirección del Instituto de Economía de las Fuentes de la Riqueza Nacional, una de las estructuras académicas que dio lugar a la formación del actual Instituto de Economía de la FCEA. Xavier recordó que en 1969 Quijano recibió el título de Doctor Honoris Causa de la Udelar.

El decano se refirió a la evolución del pensamiento político de Quijano, quien al retorno de su estancia en París expresó que «al fin creo que he encontrado mi “verdad”, y que ella ha de servir para que encontremos “nuestra verdad”, la verdad de toda la generación a la que pertenecemos […] creo que nuestra fórmula de acción debe estar en tres palabras: nacionalismo, socialismo y democracia». También escribió que «el fin de la economía es el hombre. Su libertad, su dignidad, su poder creador». Tanto en su vida universitaria como desde su extensa y destacada labor periodística, Quijano combatió las actitudes de carácter neutral en el terreno político, que impedían enfrentar los verdaderos problemas del país, indicó Xavier. 

Juventud, futuro y democracia

Por su parte Jung repasó la trayectoria de Quijano en diversos planos. Como estudiante tuvo un papel comprometido con la renovación cultural y con los postulados del movimiento reformista de Córdoba, especialmente en relación con la necesidad de inserción social de la universidad. Antes de los 18 años de edad fundó junto a otros jóvenes el Centro de Estudiantes Ariel y fue director hasta 1924 de la revista Ariel publicada por ese centro. Su actividad periodística fue incesante y marcó la vida cultural uruguaya durante todo el siglo XX. Fue corresponsal de El País durante su estadía en Francia, luego participó en El Nacional y Acción. A partir de 1939 y hasta 1974 destacó como director y editorialista de Marcha, y a comienzos de la década de 1970 fundó la colección Biblioteca de Marcha e inició la edición de los Cuadernos de Marcha. En 1979, desde el exilio, fundó el Centro de Estudios Uruguay-América Latina y continuó su labor editorial, publicando la segunda época de los Cuadernos de Marcha.

Quijano fue consciente de la centralidad de la Universidad en nuestro país durante muchas décadas, señaló Jung, así como también de la importancia de la economía para la conducción de los países. Para Quijano esta era «ante todo una ciencia social», era necesario que la política tuviera un mayor interés por conocer los fenómenos económicos, en una época donde no se producía información sistematizada sobre economía y otros aspectos sociales, explicó la historiadora. En esa línea Quijano apoyó la creación de la FCEA, que para él debía tener un rol preponderante en la generación de conocimiento sobre esta área, y tempranamente marcó su preocupación por generar carreras diferenciadas para la formación específica de contadores y de economistas. Desde su rol docente impulsó la investigación y la publicación de revistas especializadas en economía y contribuyó a la construcción institucional de la facultad y de sus institutos. En la consolidación de las disciplinas las estructuras de investigación y las publicaciones son verdaderamente relevantes, concluyó Jung.

La exposición de Canessa se enfocó en los vínculos entre el pensamiento rodoniano y las ideas de Quijano, que tempranamente cultivó junto a otros jóvenes en el Centro de Estudiantes Ariel. Explicó que en su libro más destacado, Rodó reperfila a tres personajes presentes en la obra La tempestad de William Shakespeare: Próspero, Calibán y Ariel, que representan tres arquetipos. En ambas obras Ariel es un ser de energía que puede modificar el tiempo, «el Ariel es pasado, presente y futuro, fundamentalmente el futuro», indicó. 

Canessa sostuvo que el mensaje de la obra de Rodó se estructura en seis ejes temáticos: el rol de la juventud en la renovación de las ideas y en la construcción de la sociedad, el papel de las vocaciones personales de esos jóvenes, el rol de la democracia en la construcción de nuestro destino, el papel de Estados Unidos en ese comienzo de siglo, el papel de lo estético en la educación del espíritu, y por último la exaltación del alto ideal de los pueblos. Para Canessa, en el pensamiento de Quijano están presentes esos seis ejes y estos se manifiestan en toda la trayectoria de Marcha, en especial la reflexión sobre el alto ideal de los pueblos. En su opinión, Quijano constituye en sí mismo «una especie de parábola de Rodó».

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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