Leonel Malacrida, docente del Departamento de Fisiopatología del Hospital de Clínicas «Doctor Manuel Quíntela» (HC) de la Universidad de la República (Udelar) y responsable de la Unidad de Bioimagenología Avanzada (UBA, Unidad Mixta entre la Udelar y el IP Montevideo) ya había sido galardonado en el año 2020 por la Chan Zuckerberg Initiative, en esa oportunidad con el premio Imaging Scientist, por su propuesta de crear la UBA. Entiende que es «un gran desafío» y estos proyectos se relacionan con «cómo poder hacer que todas estas tecnologías que son difíciles, que requieren de experiencias muy sinérgicas y de diferentes áreas como la biología, la bioquímica, la biología celular, la química, la química física, la ingeniería y la matemática se puedan transferir a otros». En este sentido, destacó que «los proyectos tienen la posibilidad de acercarnos a los usuarios que en su mayoría son nuestros colegas» y que los llamados como el de la Chan Zuckerberg Initiative «lo que intentan es desarrollar nuestras comunidades».

Formaciones diversas

Federico Lecumberry, ingeniero electricista y docente de la Facultad de Ingeniería, señaló que su campo de investigación actual y su trabajo se debió a decisiones puntuales que fue tomando a lo largo de su formación desde el Bachillerato. «Después el camino nos permite ir puliendo esas aristas que uno dejó incompletas, temas que dejó de lado y que le gustan conocer por más que no sean parte de su disciplina de especialización», reflexionó. Recuerda que comenzó a trabajar, desde el punto de vista de su disciplina, con la matemática aplicada y en microscopía electrónica con un tipo de microscopio en particular, con el objetivo de interactuar con investigadores de distintas disciplinas: biólogos, bioquímicos, biólogos moleculares y virólogos, que utilizan esta tecnología como una herramienta. Entiende que la microscopía es un lugar de contacto con otras disciplinas en el que se trabaja interdisciplinariamente y en el que se busca, a su vez, avanzar en la línea de investigación de cada uno de los campos de conocimiento.

Por su parte, Rosana Sapiro, médica del Departamento de Histología de la Facultad de Medicina señaló que el Departamento en el que trabaja, estudia las ciencias morfológicas y en especial las células. Destacó que siempre le interesó la morfología aplicada a entender algunas de las preguntas de la Medicina y específicamente en su área de estudio, la reproducción. En esta línea estudia organelos celulares muy pequeños y difíciles de visualizar con las metodologías más corrientes en cuyo trabajo surgió la necesidad de profundizar en el campo de la microscopía.

Agregó que los cinco investigadores que participaron en los proyectos seleccionados tienen en común que realizaron sus doctorados en distintos países del mundo, en su caso en la ciudad de Pennsylvania, Filadelfia, en Estados Unidos. Recordó que en el momento que hizo su doctorado allí trabajaban con microscopía confocal que permitía visualizar elementos que hasta entonces no habían podido ver. Asimismo, destacó que en Uruguay «es impresionante el desarrollo que ha tenido el área de la microscopía en los últimos años, con la introducción de tecnologías que nos permiten ver cosas que antes no veíamos». «Esto ha hecho que los campos de las disciplinas se amplíen de tal forma que o los investigadores de distintas áreas trabajamos juntos o es imposible entender lo que está pasando», añadió.

Alejandro Buschiazzo y Andrés Kamaid son investigadores del Institut Pasteur de Montevideo. Buschiazzo apuntó que la obtención de imágenes está muy ligada con hacer ciencia desde hace siglos, «el microscopio es un símbolo de Ciencia». Por otro lado, opinó que «en la investigación científica se está tendiendo actualmente a no tener etiquetas fijas de lo que hace cada uno, lo cual a mi criterio es muy positivo». En su caso, estudió biología con orientación en zoología pero en el trayecto fue tomando opciones a partir de la vocación que siempre le interesó: el mundo microscópico incluso hasta las moléculas que están dentro de las células. En esta línea, en su trabajo en el Institut Pasteur de Montevideo dirige la Unidad de Cristalografía de Proteínas donde utilizan técnicas de difracción de rayos X a través de las cuales pueden «ver» proteínas. Con estas herramientas pueden estudiar la forma particular que tiene cada una de ellas, la que les posibilita llevar adelante los procesos físicos y químicos que realizan para la célula. Entiende que el desarrollo de la microscopía electrónica los está uniendo con la imagenología en general y provoca que disciplinas científicas como en la que trabaja estén en continua mutación. Señaló que cada vez más laboratorios del mundo incorporan a sus investigaciones la imagenología y la microscopía electrónica de forma integrada. «El sueño para nosotros es poder ver a las proteínas en acción en su entorno natural, en células vivas, con la nitidez con las que las vemos ahora con otras técnicas, y eso hace 15 años cuando empecé a trabajar en el Institut Pasteur no era posible, incluso tampoco se podía realizar hace cinco años pero hoy se puede hacer», apuntó.  

Kamaid señaló que se formó como biólogo y recuerda que, si bien tenía un interés general en esta disciplina al comienzo de su carrera, su interés lo llevó a trabajar en estudios biológicos más orientados al campo oceanográfico, que no es el que desarrolla hoy. Posteriormente, las circunstancias locales del país lo fueron orientando a estudiar ciertos temas que le proporcionaban la oportunidad de ingresar a un laboratorio y fue así como se fue involucrando con el campo de la neurociencia y se formó como neurocientífico en el Instituto Clemente Estable. «A medida que pasa el tiempo uno va teniendo más curiosidad, generando nuevas preguntas y se va dando cuenta que hay barreras disciplinares que se van borrando», observó. También, Malacrida apuntó que esta es la característica que define a la transdisciplinariedad: «se pierde la referencia de cuál es la disciplina», afirmó.

«Estamos en un momento muy especial, llevando adelante un ejercicio en el que confluyen investigadores de distintas disciplinas en un campo común en el que tecnologías y conocimientos tradicionales como la microscopía se están transformando ya que se nutren de los conocimientos de otras áreas», añadió Kamaid. Manifestó que su sueño es poder ver a las células actuando en un organismo entero y seguirlas en el tiempo, algo que ahora empieza a ser posible. Entiende que muchas de las técnicas actuales, a través de las cuales llegan a estos conocimientos, son indirectas, destructivas o requieren fijar los procesos para «sacar una foto» y verla después.

Avances tecnológicos: múltiples desafíos

En cuanto a los desafíos interdisciplinarios que se les presentan hoy a los investigadores a causa de los avances tecnológicos que se han registrado en los últimos años, Malacrida consideró que cuando se desarrolla una tecnología o un conocimiento que permite llegar a conclusiones o se logra adoptar una tecnología que es clave para un proceso o estudio, esto adquiere un valor monetizable que se puede aprovechar de diferentes formas. Señaló que uno de los desafíos es poder transferir y enseñar la tecnología a otros para que puedan adoptarla. «Si solamente uno puede sacar provecho de eso, es un beneficio muy sesgado, muy arbitrario, solamente el que pudo aprenderlo o el que tiene las experiencias lo puede hacer», expresó.

Por su parte, Buschiazzo señaló que hoy se presenta un reto muy interesante en Uruguay, y este tipo de llamados pueden ser muy positivos para lograrlo. El desafío es «cómo nos organizamos para que las infraestructuras de investigación (también conocidas como plataformas tecnológicas), incluyendo estas áreas con microscopios electrónicos y ópticos potentes, así como con distintos tipos de equipamientos sofisticados y costosos, sean abiertas y con buenas prácticas de operación, asegurando así que sean eficaces para el país», reflexionó. Entiende que parte del reto para lograr esto sería concretar un Programa Nacional de Plataformas que permitiría utilizar estrategias colectivas al momento de pensar en adquirir los equipamientos. Indicó que esto influiría en forma muy positiva en la financiación, la compra y el mantenimiento del equipamiento. Se trata de comprar los equipos que se necesitan sin que tengan un  «dueño», lo que para Buschiazzo implica un gran cambio cultural porque «significa cambiar los protocolos de acceso y uso para que la persona que utiliza cotidianamente los equipos no sea sólo el responsable científico, sino todo usuario con un proyecto técnicamente factible», expresó. Se debería crear por tanto un mecanismo para que los usuarios accedan libremente a los equipos, por supuesto en función de la capacidad instalada, y que esto se sustente con una financiación. Subrayó que este desafío es realizable porque otros países del mundo, incluso de regiones mucho más complejas que la que integra Uruguay, lo han conseguido.

Lecumberry coincidió con Buschiazzo en la necesidad de un acceso abierto a la tecnología, «especialmente en Uruguay donde nos conocemos todos y nos ayudamos, lo que uno necesita lo puede tener el otro», afirmó. «Falta algo un poco más transversal y la tecnología es transversal por sus costos, cada uno no puede tener su microscopio», acotó. En este sentido, el desafío que atienden estos cuatro proyectos apunta a las personas, con la financiación obtenida no se plantea comprar equipamiento sino fortalecer redes internas dando formación a los investigadores locales y las externas conectándose con investigadores de los países vecinos que cuentan con mejores equipamientos que los existentes en Uruguay y con técnicos que no hay en el país.

Los proyectos uruguayos seleccionados

Los investigadores explicaron que en el llamado 2021 de la Chan Zuckerberg Initiative se proponía apoyar a Latinoamérica y se instrumentaron para ello dos grandes áreas en las que se podían presentar proyectos, una de ellas se vinculaba con apoyar redes o el crecimiento de comunidades en temas relacionados con la imagenología. La otra área estaba más vinculada con apoyar unidades que ya estuvieran funcionando. Dos de los proyectos uruguayos seleccionados para este llamado se presentaron en el área de redes y los otros dos en la de fortalecimiento de unidades. Dos de estos cuatro proyectos son desarrollados en la UBA.

Uno de los proyectos de la UBA, el cual tiene a Kamaid como responsable, se vincula con la Red Latinoamericana de Bioimagenología (LABI) en la que participan hasta el momento siete países pero se van a continuar sumando más. Añadió que el objetivo fundamental del proyecto es crear formalmente una red y que los fondos se van a utilizar en su mayoría para costear viajes de personas entre países latinoamericanos para formación a distintos niveles. Se apunta a atender así al desafío de la formación de investigadores en estos temas que avanzan muy rápido. «Es imposible que un sólo país tenga la capacidad de seguir el ritmo de ese paso», afirmó. También se busca impulsar la capacitación profesional de gente que ya trabaja en este tema y al apoyo y la coordinación de los cursos que ya se están organizando en la región. Se trata de cooperar y optimizar las iniciativas para no duplicar esfuerzos de los distintos países integrantes de la Red para conocerse mejor y realizar más proyectos en conjunto.

Lecumberry y Sapiro son los responsables de otro de los proyectos uruguayos que obtuvo los fondos de la Chan Zuckerberg Initiative en el marco del grupo IMAGINA. La propuesta se vincula al fortalecimiento del Grupo IMAGINA que se consolidó hace alrededor de siete años a partir de una subvención del Espacio Interdisciplinario de la Udelar. El proyecto es un trabajo conjunto entre la Facultad de Medicina y la Facultad de Ingeniería, y apunta a fortalecer el área biológica a partir del análisis de toda la información que los investigadores obtienen de microscopía, en su mayoría datos numéricos, cuantificables, que se manejan con algoritmos y se vinculan más con el campo de la ingeniería. Los recursos obtenidos por el premio de la Fundación serán utilizados fundamentalmente en la formación de recursos humanos, que Sapiro consideró que es uno de los desafíos más importantes.

El proyecto que tiene a Buschiazzo como co-responsable se presentó en el área de fortalecimiento de redes y apunta a apoyar una red ya existente: el Centro de Biología Estructural del Mercosur (CeBEM). Esta red era pequeña en su comienzo, estaba formada por cinco nodos que incluyen a Argentina, Uruguay y Brasil y luego se extendió a Paraguay y Venezuela, aunque este país por diversos motivos no pudo continuar este trabajo. En la actualidad la red está formada por 12 grupos en estos cuatro países de Latinoamérica. Buschiazzo es el corresponsable de este trabajo junto a Natalia Lisa, una investigadora de la ciudad de Rosario en Argentina y Rodrigo Portugal, un investigador de Campinas en Sao Paulo, Brasil, formado en el campo de la microscopía electrónica clásica y que se incorporó con el tiempo a las investigaciones en biología.

El objetivo fundamental de la red es obtener imágenes de moléculas, en el comienzo esto se realizó con técnicas distintas a la microscopía, más adelante se sumaron grupos que trabajaban con microscopía electrónica. Buschiazzo explicó que estas diversas técnicas se van conectando como los escalones de una escalera que cubren todos los tamaños o escalas de las estructuras biológicas que los investigadores hoy pueden estudiar, desde las más pequeñas que se miden en una escala de nanómetros hasta las que se miden en milímetros, que comienzan a ser visibles con el ojo humano pero se necesita verlas mejor. El proyecto apunta a fortalecer esta red y cumplir con el desafío de integrar estas escalas, «queremos tener una comunidad que logre hablar entre sí desde sus diversas técnicas, desde las microscopías ópticas hasta la cristalografía de rayos X», apuntó Buschiazzo. Para lograr esto los fondos del premio de la Fundación se van a destinar a fortalecer los recursos humanos a través del entrenamiento, de instancias de formación en el exterior para estudiantes e investigadores uruguayos y viajes de docentes y estudiantes extranjeros al país para cursos de formación.

En el otro proyecto ganador de los fondos de la Chan Zuckerberg Initiative, que está vinculado a fortalecer la UBA, trabajan Leonel Malacrida, Andrés Kamaid y Marcela Díaz junto con los demás integrantes del equipo de la Unidad. El premio obtenido por Malacrida en 2020 permitió que la UBA se concretara en diciembre de ese año y que en 2021 trabajara para lograr que fuera verdaderamente abierta y que contara con reglamentos, métodos y protocolos que se aplicaran a buenas prácticas. Señaló que esto refiere al buen uso de los instrumentos pero también con el buen depósito, referenciamiento y disponibilidad de los datos. Además, anualmente organizan un workshop que se ofrece a la comunidad. Malacrida señaló que este nuevo proyecto significará para la UBA la posibilidad de llevar adelante tres programas: uno de ellos vinculado a primeras experiencias con instrumentos de microscopía avanzada y que apunta a que estudiantes a nivel nacional y regional puedan llegar a la UBA a realizar su primera experiencia de una o dos semanas con esta tecnología. Una segunda propuesta es entrenar a entrenadores, formándolos en cómo brindar servicios y entrenar en forma remota y el tercer programa es el que propone instrumentar un pequeño número de becas por año para ofrecerle a otros profesionales de «facilities» o centros de microscopías de la región, para que asistan al workshop anual y se queden una o dos semanas con el fin de adoptar una tecnología, una herramienta o un método que desarrollan en la UBA y de que se lo lleven al equipo en el que trabajan.

Malacrida explicó que la UBA es una Unidad mixta lo que significa que está conformada con dos socios, la Universidad de la República (Udelar) a través del Departamento de Fisiopatología del HC y el Institut Pasteur de Montevideo. La Unidad se plantea cuatro objetivos: desarrollar un grupo de instrumentos que no existían en el país y que tienen aplicaciones biomédicas en general y en las ciencias de la vida, cooperar con proyectos biomédicos, biológicos, transferir los conocimientos y herramientas que se desarrollan y contribuir con la comunidad a través de un fuerte compromiso en brindar servicios.

En este sentido, el premio de la Chan Zuckerberg Initiative en 2021 permite «ir un paso más adelante de esto, expandir las posibilidades que la UBA tiene para dar», porque a todos los centros en Uruguay se les dificulta contratar personal calificado con experiencia, observó Malacrida. A través del llamado de la CZI, el proyecto propuso contratar un postdoc, una persona con un perfil de ingeniería óptica o física óptica, que terminó su doctorado y quiere realizar una formación superior, para colaborar y desarrollar algunos de los proyectos de hardware de la UBA. Estos proyectos incluyen por ejemplo armar instrumentos a partir de sus partes e incluso en algunos casos fabricar algunas de estas piezas. También se propone contratar a uno de los técnicos de la Unidad en régimen de tiempo completo para poder dedicar todo su tiempo al desarrollo y ofrecer mayores y mejores servicios.

Kamaid señaló que uno de los problemas a los que se enfrentan es que la realidad de los países no es la misma. Entiende que «la ciencia en el mundo está yendo por lugares que a veces están marcados por la capacidad de inversión existente, cómo organizar los recursos, quién los tiene, cómo se forma un científico que no tiene todas estas disponibilidades». «Tenemos que elegir una forma nosotros también y no dejarnos llevar por esa corriente inmensa que a veces viene desde el Norte», remarcó.

 
 
 
 
 

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