-¿Cómo fue su trayectoria como estudiante y como docente en la Udelar?

Tuve una trayectoria muy variada. Entré a Facultad en 1995. La década del 90 fue muy compleja, cuando comencé las clases hubo una serie de paros y luego de una semana de clase se suspendieron los cursos. Entonces ese año mientras no se retomaban las clases me dediqué a trabajar en un centro de fotocopiados. Quienes ingresamos en 1995 fuimos la segunda generación de un cambio de modelo curricular de la carrera de Odontología. Esto fue muy significativo ya que se pasó de un modelo por asignaturas a uno integrado. Este cambio impactó tanto en el cuerpo docente como en los estudiantes, en mi opinión «fue un plan de estudios espectacular», que llegó tarde si consideramos la pausa generada por la intervención, período en el que no se implementaron reformas curriculares. En el cuarto año de la carrera obtuve una beca para trabajar en la sala de microscopios y en el museo de Anatomía y también accedí a la beca de alimentación de Bienestar Universitario.

Con respecto a mi carrera docente, comencé en el año 2002 en la cátedra de Histología, donde ejercí alrededor de 13 años. Me recibí en 2004 y la docente grado 4 de esa cátedra, me recomendó que siguiera estudiando y me informó acerca de la Maestría en Enseñanza Universitaria de la Facultad de Humanidades de Ciencias de la Educación. Fui parte de la primera generación de egresados de este programa. Recuerdo esa época como un período de mucho sacrificio pero también de mucha retribución por los aprendizajes que incorporé, los compañeros que conocí y por haber tenido una excelente tutora de tesis. En ese tiempo obtuve un cargo docente en una cátedra de clínica en la que ahora soy docente grado 5. Antes de terminar la maestría comencé la especialización de prostodoncia en la Facultad y luego de terminar la maestría, comencé un doctorado con foco en Pérdida Dentaria y Salud Bucal Colectiva. Mientras tanto, participé del Claustro de la Facultad, espacio que llegué a presidir, además fui Consejera de la Facultad y colaboré con el proceso de evaluación institucional y el informe de acreditación de la carrera de Odontología. Considero que llegué a adquirir una visión del colectivo, de los problemas y de las cuestiones de la Facultad gracias a estas experiencias.

– ¿Cómo fue el camino recorrido para llegar al decanato?

Mis compañeros me decían «en algún momento vas a estar en el decanato» pero lo que no fue natural es que se diera tan pronto. No me lo esperaba pero era un escenario que se planteaba. Cuando se votó al último decano de la Facultad, Raúl Riva, se sabía que no iba a poder completar el período, porque la Facultad tiene como límite máximo de permanencia para ocupar cargos docentes, los 65 años. Entonces había dos opciones: una que el decanato lo ocupara el consejero Grado 5 más antiguo y otra, atravesar un proceso de elecciones. Fue así que, luego de los debates propios de estos procesos, el colectivo decidió que lo mejor era la segunda opción. Cuando un compañero me planteó la posibilidad de que fuera candidata a decana en esa elección y me dijo que iba a empezar a juntar firmas, estuve de acuerdo. La situación de pandemia hacía que el contexto en el que iba desempeñar esta función, en el caso de ser electa, fuera complejo y desafiante, pero me gusta asumir nuevos retos y tener la posibilidad de aportar a la institución. Básicamente atravesé dos procesos de elección, para complementar la gestión de Riva y ahora para un período de cuatro años.

-¿Qué significó para usted como mujer alcanzar el decanato?

Aunque ya hubo en la Facultad una decana que actuó en este cargo por ser la consejera más antigua en la Facultad, fui la primera decana electa por un claustro en la institución. Ser mujer estuvo sobre la mesa al momento de la elección y es verdad que mucha gente quiso apostar a una mujer. Sin embargo yo preferiría que se apueste al proyecto institucional. De todas formas, como mujer es una alegría adicional que tengo. Pero además de mi género, creo que tengo otras características como ser la relativa juventud y haber transitado diversas trayectorias académicas. Creo que esto también se tuvo en cuenta en la elección.

-En febrero de 2020 se aprobó la Comisión cogobernada de Equidad y Género de la Facultad de Odontología ¿cómo evalúa el trabajo que se ha realizado en la Facultad en este tema? ¿Qué otros impulsos al respecto del tema género cree necesarios realizar en la Facultad?

La estructura que se conformó en nuestra Facultad es una comisión que integra equidad, género y acoso porque somos un servicio muy pequeño y se consideró más racional contar con una única estructura. Es una comisión que funciona muy bien. Creo que el principal avance es que contamos con un marco normativo porque esto nos permite reconocer muchas cuestiones que hacíamos mal -con buena intención- pero sin una perspectiva de equidad. El marco normativo tiene un componente formativo también porque permite visualizar cuándo se configura una situación y cuándo otra. El salto cualitativo que se hizo es maravilloso porque podemos dar garantías y respuestas a los procedimientos al tener una ordenanza. En ese sentido, me siento orgullosa como mujer porque es una lucha personal y también del colectivo. El trabajo de la comisión central también es muy bueno ; a su vez los servicios tenemos que hacer nuestra parte, es un proceso de aprendizaje para las instituciones. En las instituciones tenemos prácticas habituales; en Odontología se trabaja en grupos pequeños como en la práctica odontotécnica y en la clínica, donde también se involucra al paciente. Tenemos hábitos comunes y es probable que debamos reflexionar sobre nuestras prácticas desde la perspectiva de equidad y género. La comisión trata un espectro muy amplio, desde violencia y agresión hasta ciertos vínculos que no configuran situaciones de acoso pero que que son parte del clima laboral y sobre los que debemos trabajar. Esta es una institución en la que somos pocos y se trabaja muchas horas. Estamos en un momento de sensibilización como sociedad, contamos con normativa y con la comisión y, además, somos ahora más mujeres en cargos de responsabilidad. Incluso, se evidencia el compromiso en nuestras resoluciones porque estamos tratando de actuar con la mayor coherencia posible, pero nos queda mucho aún.

-¿Qué otros pasos en materia de género piensan dar teniendo en cuenta el Modelo de Calidad con Equidad?

Son muchas las aristas para abordar en la Facultad. Por ejemplo desde el punto de vista edilicio necesitamos tener un espacio físico apropiado para que la comisión pueda realizar las entrevistas. También es necesario avanzar en el conocimiento pleno de la normativa. El año pasado realizamos talleres para presentar la ordenanza pero nos dimos cuenta que tenemos que continuar con la parte formativa, identificando dificultades de la implementación de la ordenanza porque, una vez que se empieza a implementar, nos damos cuenta de algunos procedimientos que no son tan sencillos o no los teníamos tan presentes. Por ello vamos a seguir trabajando en una campaña de comunicación y sensibilización. Además, queremos profundizar la difusión de los carriles de denuncia que se están utilizando. A veces las personas dejan de denunciar porque hay un cierto grado de desconocimiento del procedimiento, de escepticismo, de pensar «¿para qué voy a denunciar si igual no se va a hacer nada?». Por eso hay que seguir trabajando. Uno de los principios que sustenta este decanato es el trabajo colectivo. El trabajo colectivo puede dilatar los procedimientos pero a la vez permite que nos apropiemos de los procesos y si nos apropiamos, «todos tiramos para el mismo lado». Es tan amplio lo que abarca esta problemática, desde lo cotidiano, cómo dialogamos, las conductas que tenemos naturalizadas y las bromas que hacemos. Es importante ser coherente con lo que se dice: ese es nuestro principal desafío. La Comisión Abierta de Equidad de Género (CAEG) está trabajando y haciendo encuestas en la Facultad y se está ocupando para impulsar los procedimientos de denuncia y de acción para la mejora de vínculos. Hay que ser pacientes y estar preparados para lo que se viene. Estamos aprendiendo y tratando de hacer las cosas lo mejor que podemos.

-En cuanto a la comunicación en la Facultad ¿cómo vienen trabajando? ¿Hay planes de crear una unidad de comunicación específica, por ejemplo?

Ahora estamos con un plan de reestructura académica y para el área de comunicación, informática y difusión en particular tenemos la idea inicial de hacer un espacio único. Si bien esta es la idea, reconocemos que ahora estamos muy débiles en el área de comunicación. Aún no tenemos una persona encargada del área de informática y esto se encuentra dentro de nuestras prioridades para 2022. Queremos estudiarlo en conjunto con la reestructura académica para que se establezca una estructura consistente con la visión institucional y con una coordinación que permita articular las acciones de información y de comunicación. Está en la agenda. Ahora contamos con dos personas que gestionan la información y comunicación en la Facultad y esto recarga mucho las tareas de Decanato, porque tenemos que estar atentos a las redes sociales y a la web. El grupo se integra por un asistente académico y una becaria, incluso yo ayudo en algunas tareas y eso puede ser un problema. También está el grupo de la unidad informática con quienes proyectamos consolidar una nueva estructura. Es fundamental tener una unidad que aborde la comunicación, más aún en este servicio con su función asistencial, donde se requiere mostrar también la mirada como área y la mirada como Udelar: son tres cuestiones que tienen que ir de la mano.

-En el marco de la reestructura académica ¿en qué consiste la reestructura de la Facultad y cuáles son los siguientes pasos?

Ese fue parte de mi proyecto para los próximos cuatro años. Creo que es una necesidad para la Facultad. Pero no es novedoso, no es un tema de este Decanato solamente, sino que ya se ha venido tratando desde hace muchos años. La Facultad inició con el plan 93 de la carrera de Odontología un gran camino de avances, que no se acompañó de una reestructura académica para obtener lo mejor de esos planes. Cuando se tiene un modelo curricular basado en disciplinas, una estructura de cátedra es adecuada cuando hay docentes con baja carga horaria que se organizan para un curso. Ahora con el Estatuto del Personal Docente (EPD) y con las mejoras curriculares que queremos implementar, la actual estructura académica pasa a ser un obstáculo. Por ejemplo, no se puede generar investigación cuando la unidad académica tiene diez o doce docentes que se encargan de básicamente de enseñar una disciplina; no se puede fortalecer tampoco las carreras tecnológicas si se organizan en cuerpos docentes aislados, con altas dedicaciones horarias y que deben cumplir integralmente las funciones universitarias. Implementar el estatuto con una estructura de cátedra, hoy es inviable. Para las cátedras fuertes que ya investigan, no hay problema. Pero esta es una Facultad que forma profesionales de salud; no tenemos una tradición fuerte en investigación. Una gran ventaja que tiene el EPD es que incorpora la asistencia como función sustantiva y es algo que necesitábamos también. Ahora la reestructura académica es la prioridad en este Decanato. En lo personal, ya empezamos en el Claustro que yo presidí, elaboramos un conjunto de principios que sustentan la base de la propuesta de la reestructura e hicimos un análisis crítico de propuestas anteriores. La reestructura tiene que sustentarse en la racionalización, la horizontalidad, el compromiso con las funciones universitarias y compromiso social para ser una institución más eficiente.

El año pasado, realizamos talleres virtuales desde Decanato junto con la Comisión de Asuntos Docentes dirigidos a equipos docentes que consideramos pueden asociarse en disciplinas o temáticas afines para departamentalizar: de 39 cátedras podríamos pasar a nueve departamentos: «super eficiente» y con el plus de que con la reestructura académica se deja de visualizar el docente de la cátedra o de la carrera porque pasa a ser docente del servicio formando parte de una unidad académica que es un departamento. Con eso, por ejemplo, se puede incorporar docentes de carreras tecnológicas, que actualmente se vinculaban solamente a cursos, a una unidad académica de la Facultad donde es posible cumplir las funciones de enseñanza de grado y posgrado, de extensión e investigación y también de asistencia. Creo que con esto ganamos todos. Pero requiere trabajar en equipo, salir de la zona de confort de la cátedra de doce personas y un grado 5 a una unidad académica donde pueda haber 40 docentes, varios profesores, tener asambleas y elecciones, ser una estructura más horizontal. Junto con la reestructura académica, en 2022, empezamos una segunda fase de pedir los documentos de propuestas a los grupos académicos afines. Se está entendiendo la necesidad de avanzar hacia esto. Es muy ambicioso pero estamos en eso. Es prioridad y no admite mucha espera.

– ¿Qué otras propuestas tiene?

También hay otras propuestas más ambiciosas que requieren trabajo diario: definir las especificidades que tenemos en el área salud de acuerdo a las necesidades presupuestales, cómo se destinan los fondos, las necesidades edilicias particulares de un servicio que realiza asistencia y también las tecnológicas. Se ha complejizado mucho la función asistencial y así cómo avanzar con una formación adecuada. La enseñanza de la odontología es sumamente costosa. Para el estudiante, tiene un costo, porque los materiales son costosos y eso es algo que me preocupa. Hace ya varios años desarrollamos desde la Unidad de Apoyo a la Enseñanza (UAE), el Centro de Estudiantes y la dirección de carreras tecnológicas un proyecto de préstamo de materiales e instrumental rotatorio para la clínica y aulas odontotécnicas aprovechando algunas donaciones. En 2021 la propuesta fue volcar la balanza hacia los estudiantes e incorporar las primeras becas específicas para estudiantes de odontología. Recibimos apoyo técnico de Bienestar Universitario para el análisis de casos. Imagino una Facultad a ocho o diez años en la cual se pueda contar con un sistema de préstamo de instrumental de apoyo a aulas odontotécnicas y clínicas donde el estudiante no se vea obligado a poner de su bolsillo. Un estudiante puede transitar toda su carrera y no instalar cuando se reciba un consultorio, porque puede trabajar en un centro hospitalario o un policlínico, por ejemplo. Por eso es importante preguntarnos por qué debe desembolsar tanto dinero en el segundo o cuarto año de su carrera si no tiene clara aún su inserción laboral a futuro.

La pandemia obligó a la Udelar a innovar en los diferentes procesos de enseñanza, ¿qué escenario cree que tendremos en el 2022? ¿Es posible sostener la virtualidad y las clases presenciales al mismo tiempo?

Es inevitable seguir articulando en este proceso de fortalecer mecanismos complementarios de enseñanza. Pero en Odontología hay cosas que no se van a poder cambiar, porque somos un centro de enseñanza y aprendizaje fuertemente presencial. Para nosotros esta pandemia, por un lado, generó mucho temor a nivel de nuestra profesión, y al mismo tiempo, fue un escenario muy bueno para repensar la función asistencial dentro de la Facultad. La asistencia de desarrolla muy asociada al currículo: cuando tenés clase, hacés asistencia, pero si en enero hay receso, no se hace asistencia, solamente algunos espacios asistenciales se mantienen, pero la actividad regular disminuye significativamente. Entonces, es bueno repensar hasta qué punto es adecuado que una institución asocie la asistencia solo a la enseñanza cuando, además, hoy es una función sustantiva docente.

Frente a la pandemia, el decano anterior, y con mucho apoyo a nivel central, logró la adquisición de aparatología que nos permitió retomar la asistencia clínica con seguridad, unos equipos de control de aerosoles generados por las turbinas. Eso demuestra lo importante que es la asistencia y la presencialidad para el desarrollo de la actividad en facultad. Para servicios como el nuestro la presencialidad clínica y odontotécnica no es sustituible, podemos encontrar mecanismos complementarios y hasta compensatorios, pero en el tramo profesional es necesario estar.

Al inicio de la pandemia logramos rápidamente incluir la virtualidad, hubo una gran efervescencia docente y estudiantil: tuvimos estudiantes que enviaron notas durante el primer año pidiendo no suspender las clases. Fue maravilloso porque existió la necesidad de todos juntos salir adelante. Lo que sí vimos, que es una preocupación y lo estamos trabajando con la UAE, es que se perdió el componente socioafectivo de la vida estudiantil y esto impacta fundamentalmente en el proceso de afiliación de quienes ingresan. Odontología particularmente es una carrera muy estresante lo que constituye claramente un factor de desvinculación. Una cualidad que tiene esta Facultad, en la que somos pocos, es que habilita a socializar. Eso con la pandemia se perdió, el quedarse entre turno y turno charlando con tus compañeros, socializar en la cantina, en la biblioteca, las actividades en grupo. Todo eso estamos viendo que ha tenido consecuencias porque el estudiante está viniendo a la Facultad únicamente para estresarse y no tanto para otras actividades más agradables o disfrutables. Eso es un problema y a nivel clínico lo estamos viendo, los estudiantes están agotados. Este año lo que hicimos fue priorizar la presencialidad en primer año y dejar las clases teóricas de años más avanzados en formato virtual, porque en la clínica ya tenemos instancias de interacción presencial. Vamos a mantener la virtualidad como buen complemento pero en Odontología necesariamente el estudiante tiene que venir. Esa esencia no la podemos perder. Es una esencia a su vez propia de la Udelar, porque el cogobierno también es eso: es la interacción, el debate, que es lo más lindo que tiene la vida universitaria, y si perdés eso, es complicado.

Por otro lado, en la virtualidad fue increíble cómo los estudiantes fomentaron muchas instancias de debate e intercambio. El año pasado cuando empezamos a planificar el 2022 organizamos un encuentro con los estudiantes de primer año para ver si retomábamos la presencialidad, cómo sería la situación para quienes son del interior ya que la mitad de los que ingresan a Facultad son del interior. Fue muy interesante ver cómo valoraron positivamente la virtualidad e incluso algunos solicitaron ser avisados con ciertos meses de anticipación para programar los gastos y la estadía. Nosotros a veces partimos de supuestos y tener instancias de intercambio permite hacer un cambio significativo. La ventaja que tenemos en esta Facultad es que podemos hacer un estudio caso a caso porque son pocos. A Odontología están ingresando ahora aproximadamente 250 estudiantes pero no llegamos generalmente a 400 entre las cuatro carreras. Tenemos un sistema de Tutorías entre Pares de la Facultad con el que podemos hacer el asesoramiento a cada estudiante, también tenemos vínculo con el Fondo de Solidaridad y con Bienestar para intermediar en casos especiales, o sea, tenemos un sistema privilegiado en esta Facultad para esto.

¿Cuáles entiende son las principales líneas en materia de investigación para su Decanato?

La Facultad tiene ya tres Planes Estratégicos que han priorizado la investigación, de hecho, yo soy producto de eso, porque el Doctorado lo hice en el marco de un proceso de apoyo a los docentes de la institución. Hoy contamos con cuatro docentes con Dedicación Total (DT), estamos por tener un quinto DT y de hecho uno de ellos, fue decano interino, lo cual para la historia de la Facultad también es de destacar. El tema es que tenemos un buen plantel de docentes, que ahora tienen perfil de investigación, pero quizás el foco inicial fue para los docentes de grado de la carrera de Odontología. Sin embargo, también tenemos que fortalecer en el plantel docente las carreras tecnológicas. Con respecto a la investigación quizás tengamos dos amenazas latentes; aún no contamos con las dedicaciones horarias necesarias para poder investigar y eso es parte de una política institucional de fortalecimiento de la carrera docente; y, por otro, existen docentes de alta dedicación que, frente a la normativa vigente, requieren herramientas para desarrollar las funciones sustantivas. Ha mejorado mucho la Facultad en ese sentido porque hemos trasladado a la dedicación media muchos docentes que antes teníamos en categoría baja. Ahora el desafío es poder integrar la investigación básica con la clínica y en especial dirigida a resolver la problemática social de la salud bucal. Además es muy costosa la investigación clínica. Por eso también es importante la reestructura académica, porque en un Departamento puede ser más sencillo desarrollar investigación clínica, integrarla en los planes de los DT, fortalecer investigación específica de salud bucal y pensar propuestas que involucren la mirada asistencial para generar nuevo conocimiento en esa área. Otro desafío con respecto a la investigación es incorporar a los equipos de investigación ya existentes, los docentes de las otras carreras.

En materia de extensión ¿qué actividades y planes entiende necesario priorizar en este periodo?

La Facultad logró fortalecer la Unidad de Extensión, ya que estaba algo debilitada. En 2021 y considerando el escenario de pandemia, generamos muy buenas actividades de extensión. Realizamos la primera jornada de donación de sangre en Facultad.

En el marco de la reestructura académica el principal desafío es cómo la extensión puede permear otras áreas. Quizás en el modelo que tenemos en la actualidad la extensión se asocia mucho a un equipo docente que se encarga y realiza actividades de extensión. Pero en cierta medida y gracias al EPD, ahora visualizamos docentes que requieren cumplir integralmente las funciones y ese concepto es fundamental. Entonces el principal desafío es llevar la extensión a otras áreas y fortalecer convenios con otros actores. Como ejemplo estamos en fases finales para consolidar un convenio con el Ministerio de Salud Pública. Además, una visión que ya venía gestándose en períodos anteriores y que logramos consolidar el año pasado, fue la clínica asistencial en Facultad. Para nosotros, en muchos aspectos, la extensión y la asistencia siempre han ido de la mano. Es importante pensar en un modelo asistencial en Facultad que pueda, por ejemplo. ser receptor de usuarios de convenios o que tenga un servicio cuasi hospitalario con un funcionamiento que trascienda lo curricular y complementarlo con actividades en el territorio. Nosotros cumplimos más que satisfactoriamente con esa función en términos de acreditación de carrera porque desarrollamos muchas actividades en territorio. El tema de consolidar actividades en territorio es tener una cuota permanente de estudiantes y docentes que puedan acceder, porque va de la mano con el desempeño estudiantil y con el avance curricular. Implica que existan servicios asistenciales que sean receptores, o apoyos en los barrios, o lo que fuere para cumplir con esa actividad de extensión y eso lleva un costo. Por eso lo ideal es hacerlo en el marco de convenios. Estamos con muchas tratativas, pero tenemos que ver la viabilidad de eso.

-¿Qué desafíos tiene la Facultad con respecto al cumplimiento de la función asistencial?

Estamos a full ahora y no ha sido sencillo. El año pasado fue un año muy complejo. Incluso se generó un grupo de trabajo para abordar la temática del cumplimiento de la función asistencial, porque actualmente la asistencia responde en esencia a la enseñanza. Ahí está una pregunta que nos tenemos que hacer permanentemente y es que ¿si por ejemplo el 17 de diciembre terminan las actividades curriculares, el paciente hasta que se retomen las actividades clínicas no recibe tratamiento? Ahora que se generó un atraso curricular por la pandemia, es peor todavía, porque el paciente no culmina su tratamiento en diciembre, y éste queda entonces suspendido. Ha sido todo un desafío con la pandemia. Primero entender quién es el funcionario de salud: ¿es el docente, el estudiante o el TAS? ¿Quiénes somos los funcionarios de salud? Esa una primera discusión. Después, como funcionario de salud: ¿qué se prioriza?, ¿el interés individual o el colectivo? Esa era otra pregunta. Yo ya tengo la respuesta para eso, es la que defendí y por eso estamos avanzando hacia un nuevo modelo asistencial, pero es complejo y requiere compromiso de todos. Es parte de nuestra esencia y hay discusiones que las tenemos que dar y no tener miedo a decir lo que pensamos. Son discusiones que hemos dado mucho el año pasado y se generaron una serie de mecanismos para compensar la emergencia sanitaria. Por ejemplo, tenemos móviles odontológicos y generamos así una serie de traslados solidarios para ir a buscar a funcionarios a sus domicilios. Logramos mantener constante la atención de la urgencia, la del servicio de imagenología, la de prótesis bucomaxilofacial, y la del servicio de anatomía patológica. Todo lo referido al servicio asistencial lo mantuvimos durante toda la pandemia, incluso el año pasado en el momento más crítico. Pero no fue sencillo y requirió discusión. Entonces, re-definamos qué entendemos por función asistencial. El estudiante hace una práctica pero no puede recaer en el estudiante la función asistencial, la tiene que cumplir el docente. Por otro lado, para que la institución cumpla con la funcional asistencial no es lo mismo el perfil de servicios generales de una Facultad que no hace asistencia clínica con el de una Facultad que sí cumple esa función. Entonces, a mi criterio, no necesitamos ser un prestador formal de salud para decir que tenemos que cumplir con la función asistencial, pero es una de las discusiones que tenemos en la propuesta y debemos llegar a consenso. Porque de la definición y de los consensos también podremos analizar nuestra especificidad y definir lineamientos políticos específicos. Con el nuevo Plan Estratégico de la Facultad tendremos que incorporar esto como un tema prioritario.

 
 
 
 

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