En su visita al CURE sede Rocha en el marco de su 15 aniversario, el Portal de la Udelar dialogó con Laura Del Puerto, para conocer más acerca de esta investigación. 

Testigos de «otra forma de habitar el territorio»

Del Puerto explicó que los Cerritos de indios, que se distribuyen asociados a zonas bajas de humedales, están construidos con tierra pero también con otros materiales, los que constituyen una mezcla particular que está siendo estudiada. Se trata de tierra de los alrededores pero que ha sido preparada con mucho carbón y restos orgánicos producidos en la propia vida doméstica, lo que le otorga características similares a un compost muy fértil y con una gran resistencia al paso del tiempo. Estos montículos tienen una altura que va de 50 centímetros a 7 metros y diámetros de 20 a 40 metros. Se los puede encontrar en los Departamentos de Rocha, Treinta y Tres, Cerro Largo, Tacuarembó y Rivera, solos, de a dos o en ocasiones en conjuntos muy numerosos y  en zonas bajas y tierras inundables de toda Sudamérica, desde el delta del Paraná hasta incluso América del Norte en el delta del Mississipi. «Los Cerritos de indios son una forma de habitar el territorio vinculada a tierras bajas, inundables, que son lugares muy ricos en concentración de recursos», indicó. 

Indicó que los Cerritos más estudiados en el país y por un período más largo de tiempo, se ubican en el Departamento de Rocha, incluso fueron parte de proyectos de una comisión de rescate arqueológico de la cuenca de la Laguna Merín que comenzó a funcionar alrededor de los años 1985 – 1986. Esta Comisión apuntaba a aumentar el conocimiento acerca de los Cerritos de indios, que estaban siendo por aquel tiempo destruidos por la intensificación de algunas producciones, en especial la del arroz. 

Añadió que aunque en menor escala, en Tacuarembó también se llevaron adelante algunos proyectos importantes que permitieron conocer y caracterizar estas construcciones, aunque no se encontraron restos humanos como en el Departamento de Rocha. Aunque hasta el momento no se puede establecer si la poblaciones indígenas de Rocha y Tacuarembó pertenecían al mismo grupo étnico, la cultura material hallada hasta ahora en los Cerritos de la región Este y la Noroeste del país es bastante similar, no se encontraron cerámicas marcadamente distintas o instrumentos de piedra muy diferentes. No obstante afirmó que «todavía falta investigar mucho para poder trazar esos vínculos entre distintas zonas, poblaciones y culturas», los Cerritos de cada lugar tienen sus particularidades pero también rasgos en común con los de otros territorios.

Zona de investigación

En el momento el estudio de los Cerritos de indios que llevan adelante desde el CURE ha intensificado y centralizado las investigaciones fundamentalmente en la zona de India Muerta, que abarca los humedales de India Muerta, la Sierra de los Ajos y las cabeceras del río San Luis. Es un territorio donde se encuentran los Cerritos más antiguos conocidos para esta región, los más grandes y los conjuntos de mayor número de ellos. 

En el 2015 el Instituto Nacional de Colonización (INC) adquirió un predio muy cercano a la zona en la que las investigadoras estaban trabajando en el que existe un buen número de Cerritos. El Instituto y la Universidad comenzaron un proceso de colaboración a partir del cual se originó un convenio y un comodato. En el marco de este acuerdo, tres conjuntos de Cerritos de este terreno están siendo administrados por la Universidad a través del CURE junto con el INC y con el grupo de colonos que tiene asignado el predio. Allí se llevan adelante estudios arqueológicos para saber de qué antigüedad son los Cerritos, cómo fueron construidos, de qué material y la biodiversidad que promueven, para lo cual hicieron un relevamiento de la flora y la fauna (aves, murciélagos y mamíferos) que se encuentra en estas construcciones. «Es una oportunidad única», expresó Del Puerto. 

Explicó que crearon en el lugar tres unidades, de investigación, de monitoreo y de conservación que son conjuntos que tienen entre siete y ocho Cerritos cada uno, en una extensión total de 21 hectáreas. «Son unidades experimentales y de investigación para ver cómo se puede compatibilizar el uso productivo del territorio con la conservación de este patrimonio cultural y natural que queremos que sea también un legado para las futuras generaciones», resaltó. Estas unidades se han cercado, con el fin de trabajar el espacio junto con los colonos así como realizar un monitoreo de qué cargas de ganado y en qué épocas «permiten la compatibilidad entre la producción y la conservación de este patrimonio cultural y natural para que sea también un legado para las futuras generaciones», destacó. Para ello realizan controles junto con los ingenieros agrónomos y los colonos del predio, registran cuánto ganado ingresa y la altura del pasto.   

Trabajo de campo

En cuanto al trabajo con el grupo de colonos del lugar, llamado «Cerros lindos», señaló: «veníamos de un proceso muy interesante y la pandemia no ayudó mucho ya que interrumpió las actividades, de todas formas el proceso continúa». El Grupo está integrado por pequeños productores y asalariados rurales, para muchos de ellos esta es la primera posibilidad de tener un fragmento de campo para producir. A esto se suman el trabajo en forma asociativa que de por sí tiene sus complejidades y la presencia de la Udelar vinculada a las actividades del predio. De todas formas Del Puerto destaca que ha sido una experiencia muy positiva que se ha venido consolidando, es un trabajo a mediano y largo plazo. Junto a los colonos, las investigadoras han llevado adelante, al mismo tiempo que las actividades de monitoreo, talleres participativos para valorar los elementos del predio que quieren conservar además de los Cerritos en sí mismos, talleres de cartelería para colocar en el terreno y en las Unidades, entre otros. 

Del Puerto indicó que el trabajo de campo que desarrollan en torno a los Cerritos depende  «de las preguntas que nos planteemos y de las escalas de las preguntas». Se pueden estudiar los patrones de asentamiento y trabajar  a nivel principalmente geográfico y espacial ubicando los Cerritos y viendo cómo están distribuidos en el espacio. En ese caso el trabajo se limita a ir al territorio, relevar los Cerritos, georreferenciarlos y mapearlos. Si les interesa saber también desde cuándo están estas construcciones en el lugar, se las puede muestrear sin necesidad de excavarlas, para ser lo menos destructivos posibles, con muestreadores especiales, desde arriba, realizando pequeñas perforaciones, para obtener muestras que se envían a datar. Así es como saben cómo creció ese Cerrito y desde cuándo. Esta información sumada a la distribución, permite conocer cómo se fue ocupando el territorio. 

En cambio si quieren conocer más detalles, obtener más información, analizar la cultura en torno a los Cerritos, es necesario realizar una excavación arqueológica. Este tipo de excavación es un proceso que lleva mucho tiempo ya que al ser una técnica destructiva, se trabaja en forma muy minuciosa para generar mucha información que justifique o compense la alteración que se le aplica al terreno. En este proceso es necesario registrar y recuperar todo los materiales que se van removiendo y el contexto en el que estos aparecen. «Es casi un trabajo detectivesco forense», expresó.

Un trabajo interdisciplinario y a largo plazo

Del Puerto explicó que después del trabajo de campo sigue un proceso de muchos meses en el laboratorio en el que se analizan los instrumentos, el sedimento y las partículas microscópicas que se encuentran en él para identificar los restos de plantas y de huesos de animales que habitaron el lugar. Acotó que este trabajo requiere un enfoque interdisciplinario y esta es una de las ventajas del CURE, que cuenta con investigadores de distintas disciplinas. Señaló que para llevar adelante el proyecto reciben la colaboración de Químicos, que analizan los restos, Físicos, Geólogos que analizan las piezas líticas y Biólogos que trabajan con los restos de flora y fauna, hallados. Incluso trabajan con los astrónomos del Centro Universitario porque un área del estudio de los Cerritos es la Arqueoastronomía. 

«El CURE es como una mini universidad donde uno cruza un pasillo y existen especialistas prácticamente de todas las áreas del conocimiento», expresó Del Puerto. Añadió que para lograr la reconstrucción de la historia a veces no alcanza con un solo Cerrito porque cada uno de ellos es único y puede tener un solo período de tiempo, el acumulado del estudio de varios Cerritos es lo que permite a veces ir generando esa información.  En 2021 se terminó el trabajo en  las excavaciones que estaban abiertas y en 2022 se encuentran en el proceso analizar los materiales y generar la información sobre los cerritos excavados el año anterior. 

Acumulación de Historia

Del Puerto señaló que en la actualidad todavía existen miles de Cerritos de indios y hasta ahora el más antiguo que se ha podido datar comenzó a construirse hace 5500 años aunque algunos de ellos pueden haber sido construidos, mantenidos y ocupados hasta prácticamente el período de contacto europeo. Aclaró que esto es así porque hasta donde se sabe, los Cerritos no se construyeron de una sola vez, sino que son producto de distintos momentos de construcción, de uso y de remodelación. 

Destacó que desde que se inició la investigación, los Cerritos de Indios vienen aportando valiosa información que permite conocer, comprender y reinterpretar el pasado. Algunas de las concepciones que se tenían tradicionalmente acerca de las poblaciones indígenas que habitaban nuestros territorios, eran que se trataba de grupos muy nómadas, guerreros, que vivían de la caza, no tenían un lugar fijo y carecían de una cultura material y una organización social, demasiado desarrollada. Acotó que estas ideas se basan en las características de las poblaciones indígenas durante el período posterior a la llegada de los europeos a estas tierras, cuando los grupos indígenas «estaban aculturados, muy impactados por el contacto con los españoles, habían cambiado mucho su forma de vida, estaban replegados y a la defensiva debido a las nuevas condiciones». 

Subrayó que la investigación de los Cerritos puso en evidencia que las poblaciones indígenas no eran tan nómades, «estas construcciones no se realizaban para irse al poco tiempo», afirmó. Además en los enterramientos humanos se ha encontrado que algunos tenían entre sí cientos de años de diferencia y que estaban emparentados, lo que muestra que hay un vínculo de estas poblaciones con el lugar, que traspasa las generaciones. Asimismo en los Cerritos se encontraron los primeros indicios de plantas cultivadas o sea que aunque no vivían de la agricultura, la conocían y la practicaban hace miles de años, mucho antes que llegaran los guaraníes y los europeos. Otro hallazgo valioso es la recuperación de restos de perros domesticados anteriores a los perros europeos, enterrados en los Cerritos junto a la población humana, lo que demuestra que estos animales eran importantes para el grupo. 

Refugio para fauna y flora

Otra lectura de los Cerritos, que crean un relieve en las zonas muy planas de los humedales, es que son una forma de modificar y domesticar el paisaje. Esto hace que se los identifique frecuentemente como islas, ya que promueven una diversidad de especies que no estaría allí sino fuera por los Cerritos, son refugios de fauna doméstica, silvestre y del ganado, en época de inundaciones y en verano cuando busca sombra allí. Además sus suelos son orgánicos, muy ricos en nutrientes, miles de años después de que fueron construidos. «Si pudiéramos reconstruir la forma en que se hicieron esos suelos, inclusive podría ser una solución a la aplicación de fertilizantes actuales para la producción», afirmó Del Puerto. Añadió que la población rural de muchas zonas del territorio conoce estas propiedades de los Cerritos, muchos de ellos han sido utilizados históricamente para plantar, para hacer quintas domésticas, muchos usos que se mantienen desde la época de la prehistoria a la actualidad. 

«Los Cerritos son una forma diferente de utilizar el espacio, de modificarlo, pero generando más riqueza en lugar de empobrecer el ambiente, cuanto más estudiamos más indicios encontramos de que hay mucho para aprender de todo este pasado», indicó Del Puerto. 

Presencia humana vinculada a los Cerritos

No se ha podido determinar aún por los restos humanos hallados si estas zonas estaban habitadas por una sola o más tribus indígenas, debido a que estos restos datan de tan solo 2000 años atrás y además los estudios genéticos son relativamente recientes. Estos estudios han permitido vincular población histórica arqueológica de los Cerritos con personas que actualmente habitan nuestro territorio y por vía materna tienen linajes compartidos. «Se están encontrando numerosos datos interesantes pero falta un tiempo para establecer otros nexos», afirmó la investigadora. A esto se suma que aunque en algunos Cerritos se encontró material de contacto europeo o sea que estaban siendo habitados cuando llegaron los primeros conquistadores, no hay ningún relato histórico que se refiera a poblaciones indígenas ocupando y habitando los Cerritos. 

Del Puerto explicó que las primeras incursiones de los españoles fueron por la costa porque lo que se buscaba era un acceso a metales preciosos, por ello toda esta zona del territorio quedó sin explorar hasta 200 años después de los primeros contactos. En ese momento ya había ingresado el ganado vacuno y los caballos, los seres humanos que habitaban estas tierras antes de la llegada de los españoles ya se habían vuelto ecuestres. Por ello tampoco se tiene información histórica de cómo se nombraban a sí mismas las poblaciones que construyeron los Cerritos, por lo menos al momento del contacto. «Le seguimos llamando constructores de Cerritos porque seguimos desconociendo cómo se llamaban o a qué grupo cultural conocido históricamente, estaban más vinculados», apuntó. 

Mensajes para el presente y el futuro

Del Puerto entiende que la sociedad uruguaya tiene mucho para aprender de los Cerritos. Destacó que «nos muestran que existen otras formas de vivir, de habitar los territorios, de interrelacionarse con el ambiente, tal vez de una forma no tan dicotómica como la que se plantea en la actualidad, colocando naturaleza y cultura como entidades separadas sino de forma mucho más integrada». Añadió que esa separación que existe hoy, que hace que nos sintamos aparte de la naturaleza, es parte de lo que genera los problemas ambientales que sufre la tierra en la actualidad y que la crisis en la que nos encontramos no es del ambiente sino de la cultura. «Somos nosotros los que tenemos que encontrar otras formas de relacionarnos, de reconciliarnos e integrarnos con lo que llamamos naturaleza y ambiente, conocer esta diversidad biológica y cultural nos muestra que hay otras maneras y que podemos recuperar parte de esas buenas prácticas, tradiciones y conocimientos», afirmó. 

Acotó que Uruguay tiene la desgracia de ser uno de los pocos países de América Latina que no cuenta con poblaciones indígenas que hayan mantenido estas tradiciones y conocimientos. No obstante considera que «todavía nos quedan estos legados de los que con un poco de esfuerzo se puede rescatar parte de ese conocimiento para que no se pierda en el olvido y que nos ayude hoy a buscar soluciones más sustentables para el presente y para el futuro también», concluyó. 

 

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