-En la sesión de la AGC en la que salió electo, varios claustristas hicieron referencia a la aspiración de que en estos próximos cuatro años «efectivamente haya un avance importante en la reforma orgánica que la Universidad se debe» ¿Cómo toma este desafío? 

Es necesario rever los marcos normativos de la Universidad y la Ley orgánica es uno de sus componentes, pero no es el único. Creo que el camino que tenemos que hacer en estos cuatro años no es necesariamente cambiar la Ley orgánica, pero sí tener un proyecto de ley universitaria. La institución se ha transformado mucho desde 1958, hoy la Universidad tiene 160.000 estudiantes, una diversidad de ofertas de grado y posgrado que no teníamos antes y muchos más servicios: desde los años noventa a la fecha se han creado varias facultades y además los Centros Universitarios Regionales (Cenur); hay una construcción universitaria en el interior. Este desarrollo es una buena noticia, pero convive mal con los marcos normativos porque la Ley Orgánica establece la integración del Consejo Directivo Central (CDC) y entonces es muy difícil incorporar con voto a las nuevas facultades y a los Cenur. Los hemos incorporado con voz y son escuchados pero no tienen voto en el CDC.

Creo que tenemos que tener cuidado con los contratos políticos implícitos. Una generación de universitarios fundó nuevas facultades en los años noventa; hubo un pacto implícito cuando la Facultad de Humanidades y Ciencias se separó en dos -Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE) y Facultad de Ciencias-, ¿por qué FHCE preserva el voto y Ciencias no lo tiene? Porque fue la forma para preservar una construcción institucional entusiasta y exitosa como la Facultad de Ciencias. Ahora, esos pactos no son eternos y las nuevas generaciones están preguntando por qué no votan. En el caso de los Cenur es más serio porque no votan en el CDC ni tampoco en la Asamblea General del Claustro (AGC). 

No puede pasar que cambiemos la ley para solo cambiar la formación del CDC o AGC, lo que sí tenemos que hacer es cambiarla para dotar a la Udelar de la autonomía suficiente de transformar su propia forma de gobierno cada vez que lo considere pertinente, con ciertas seguridades como por ejemplo, mayorías especiales en la AGC.

No creo que sea bueno comenzar con discusiones políticas sobre toda la Ley Orgánica, creo que hay que ser claros sobre qué artículos hay que tocar para asegurar una mejor democracia y mayor eficacia. No puede pasar que cambiemos la ley para solo cambiar la formación del CDC o AGC, lo que sí tenemos que hacer es cambiarla para dotar a la Udelar de la autonomía suficiente de transformar su propia forma de gobierno cada vez que lo considere pertinente, con ciertas seguridades como por ejemplo, mayorías especiales en la AGC.

-Con respecto a la descentralización de la Universidad en el interior, en el  documento Apuntes para una agenda 2022-2026 usted hace referencia a la generación de más autonomía para los Cenur, ¿cuál es el camino a recorrer hacia este objetivo?

Estamos recorriendo ya algunos caminos, en la medida que los Cenur tienen ciertas capacidades instaladas les hemos ido transfiriendo responsabilidades y autonomía. Algunas resoluciones ya no pasan por el CDC y los cargos de carrera se trasladaron a los Cenur. Hay elementos que pueden requerir un cambio de la Ley Orgánica, por ejemplo para que los Cenur puedan aprobar planes de estudio propios pero hay otros aspectos que no. Esto implica reconocer niveles de autonomía con parámetros que hay que definir con claridad. Creo que un error que no podemos cometer es que por apurarnos, terminemos consolidando Universidad de segunda en el interior y de primera en Montevideo. Porque hay que tener la certeza de contar con una construcción suficientemente densa y solvente desde el punto de vista académico como para sostener dinámicas autónomas en la institución.

Otro tema para evaluar es cuál es el rol de los Servicios de Referencia Académica (SRA). Los Cenur tienen uno o varios SRA y es importante preguntarnos si tienen el rol de vigilar los llamados docentes, por ejemplo, o de asesorar y estar pendiente de la implementación de planes de estudio o de programas de investigación en el interior y así funcionar como socio mayor para guiar estos procesos. Esto no quiere decir que el SRA vaya a desaparecer, porque los Cenur son servicios interdisciplinares y en algunas áreas el asesoramiento disciplinar profundo de las Facultades instaladas en Montevideo va a seguir siendo relevante, pero quizás es importante, cuando se alcance cierto nivel de maduración de los Cenur, pensar el rol del SRA en la lógica de socio académico y no del tutor académico. 

-Mencionaba recién que «no hay que apurarse», ¿se refiere a continuar consolidando los tres Cenur creados o considera que hay que avanzar hacia la creación de las regiones Centro Sur y Suroeste?

Yo no creo en lógicas de desarrollos equilibrados en todas las áreas, la Universidad tiene que ir buscando equilibrios dinámicos. Cuando discutimos este tema hace 15 años, algunas voces con razón se preguntaban si antes de comenzar un desarrollo institucional en el interior no era necesario asegurar una estructura académica sólida en muchas facultades en Montevideo que aún tenían debilidades. Pero el camino que tomamos fue otro. Entiendo que, por supuesto, hay que estar atentos y asegurarnos que el desarrollo de los Cenur sea ordenado y que no haya problemas de consolidación. Pero creo que la lógica no debe ser pensar en tener tres Cenures consolidados antes de empezar con otras experiencias, sino comenzar ahora a pensar otras experiencias y su instrumentación, con el objetivo de tener otros Centros Universitarios Regionales dentro de ocho años y no de quince.

No creo en lógicas de desarrollos equilibrados en todas las áreas, la Universidad tiene que ir buscando equilibrios dinámicos.

-Respecto a la Comisión Coordinadora del Interior, usted plantea que «fue un instrumento idóneo y potente para impulsar el desarrollo universitario en el territorio y que es lógico preguntarse si es el arreglo institucional adecuado para la etapa actual», ¿cuál entiende que debería ser la estructura adecuada?

Hay instrumentos de política que son adecuados para ciertos momentos del desarrollo de esas políticas y no para otros. Para mí la Comisión Coordinadora del Interior (CCI) cumplió un rol estratégico y clave en todos los logros y lo que se ha realizado bien en estos años. Pero hoy tenemos tres Centros Universitarios Regionales, dos con cierto grado de consolidación importante y un tercero en construcción pero definido y con voz en el CDC. Quizás sea el momento de dar otra discusión y pensar en cuál es la estructura de soporte de este tipo de programa en el futuro, que dé lugar a otros Cenur y a otros programas de desarrollo. 

Quizás se podría pensar en otro prorrectorado, que no necesariamente sea de desarrollo de la Universidad del interior, y asumir con naturalidad -lo que a veces nos cuesta a la Universidad de la República- que los instrumentos que construimos no siempre tienen horizonte ni permanencia temporal indefinida. Decir que la CCI puede no ser eterna no es un pecado sino que es reconocer que en una determinada etapa fue clave y quizás ahora no sea el mejor instrumento para seguir discutiendo lo que tenemos que discutir en todo el interior y con otros programas de desarrollo que se vinculan con el interior pero que no se agotan allí.

-Usted plantea que es necesario repensar el modelo de gestión de la Udelar y su grado de centralización ¿Qué aspectos se deberían transformar para ir en esa dirección?

Creo que hay una paradoja importante porque en la Universidad no solamente crecimos sino que nos diversificamos y hay que pensar en el proceso de toma de decisiones. El CDC tiene más o menos el tamaño relativo que ha tenido siempre y con la misma dinámica de reuniones quincenales hoy recibe muchos más expedientes que los que recibía 20 años atrás porque nuestra forma organizativa sigue siendo un embudo. Como hemos hecho en otras etapas, creo que hay que avanzar en descentralizar la toma de decisiones sin que los órdenes dejen de tener injerencia política en ellas. Es decir, descentralizar componentes de gestión -por ejemplo la aprobación de convenios-, que sigan teniendo el control político institucional a través del cogobierno pero en ámbitos descentralizados y por otra parte, jerarquizar y centralizar las grandes discusiones políticas, que a veces paradójicamente han quedado descentralizadas. Un ejemplo de esto se dio en los últimos años con la discusión sobre los recursos extrapresupuestales y el funcionamiento de las fundaciones que son discusiones políticas de fondo. 

No podemos tener 20 espacios centrales cogobernados como tenemos hoy. Tenemos que tener tres, cuatro o cinco, donde sepamos que estén todos los órdenes.

Esto también tiene otra lectura: no podemos tener 20 espacios centrales cogobernados como tenemos hoy. Tenemos que tener tres, cuatro o cinco, donde sepamos que estén todos los órdenes, que tengan temas varios y que haya cuerpos de universitarios interesados en los mismo ámbitos, porque si no generamos una lógica de fragmentación y de gestión de instrumentos de política por grupos relativamente pequeños.

-¿Qué se necesita para fortalecer las políticas de igualdad y atención a los problemas de acoso y discriminación en la Universidad?

Creo que todavía falta mucho, hicimos un cambio normativo hace relativamente poco, que está todavía en evaluación. Es un cambio importante porque da más garantías dado que las denuncias son recibidas por un órgano técnico y por menos personas involucradas. Tenemos que avanzar en primer lugar en construir pautas de conducta internas explícitas, nos sigue faltando claramente un código de ética, nos falta evaluar cómo se procesan las denuncias y qué resultados finales tienen. Nos falta mucho en difundir y comunicar qué pautas de funcionamiento institucional son aceptables y cuáles no lo son, en el plano del acoso y la discriminacion y en otros planos también, donde la Universidad tiene todavía nebulosas. Me parece que ese es un espacio todavía en construcción. Reivindico lo que hemos hecho, creo que hemos dado pasos importantes en esta dirección, aún falta mucho para afirmar que tenemos un sistema de prevención del acoso y la discriminacion solvente y razonable para las dimensiones y características que  tiene la Udelar 

-¿Cuál cree que debería ser el rumbo del Hospital de Clínicas? ¿le parece más adecuado contar con un hospital nuevo o refuncionalizar el edificio actual?

El hospital tiene que ser un hospital nuevo, lo cual no quiere decir que sea fuera del edificio actual. Yo era absolutamente agnóstico pero me han convencido de que el edificio actual es una construcción noble con una cantidad de virtudes, apto para cierto grado de obra al interior que haría posible construir un hospital totalmente de nueva generación dentro de su estructura. Claramente el nuevo hospital debe ser mucho más reducido en tamaño, posiblemente algo menos de la mitad de lo que tenemos actualmente, con menos altura, un edificio más segregado donde la parte hospitalaria esté claramente separada de la no hospitalaria. Tiene que ser una obra importante que posiblemente no sale menos de 140 millones de dólares. 

Además hay otro factor que el país no ha logrado resolver: el Hospital de Clínicas es prácticamente el único hospital público de dimensiones importantes que no ha tenido inversiones relevantes en el siglo XXI. Ha tenido un deterioro enorme pese a los esfuerzos que hemos hecho últimamente. En algunas áreas como el policlínico no tiene nada que envidiarle a otras estructuras hospitalarias, pero por supuesto tiene espacios que no están en condiciones razonables para atender a los usuarios ni tampoco para formarse ni para investigar. 

El Hospital de Clínicas es prácticamente el único hospital público de dimensiones importantes que no ha tenido inversiones relevantes en el siglo XXI.

La única manera de tener un hospital nuevo, por el monto que se requiere, es un acuerdo político de largo aliento. Es una obra que va a llevar algunos años, que implica además acuerdos con ASSE sobre dónde se van a tratar los pacientes mientras se hacen las obras, que va a ser costosa y por lo tanto, requiere varios períodos presupuestales para su gestión. El presidente de la República anunció en marzo que tenía la voluntad de avanzar en esta dirección y todavía no hemos tenido noticias al respecto. Creo que hace falta una iniciativa clara del sistema político que vaya al encuentro de esta necesidad porque el hospital no se va a poder mantener solamente con el presupuesto de la Udelar y menos aún puede haber perspectiva de una reforma global y de un nuevo hospital dentro o fuera del actual edificio, solamente sostenida en el presupuesto universitario.

-Además, sigue existiendo el desafío de la integración del Hospital de Clínicas en el Sistema Nacional Integrado de Salud

Sí, todavía tenemos ese problema que se ha resuelto de forma incompleta. Si bien es cierto que el Hospital de Clínicas no es un prestador universal, sí brinda algunos servicios que son absolutamente imprescindibles al sistema de salud. Todavía tenemos un diseño ad hoc, donde recibimos algunas partidas muy puntuales provenientes de ASSE en forma anual pero donde no hay un reconocimiento ni estatus específico en el sistema de salud.  

-En su visión sobre la Universidad del futuro, ¿cuáles son los principales aspectos que se deben preservar y cuáles deberían ser cambiados o mejorados?

Hay un componente básico de nuestra institución que es la tradición latinoamericanista que se relaciona con la lógica de una Universidad que se siente parte de la sociedad y que busca estar integrada a ella. Esto no es necesariamente lo que pasa en el mundo donde muchas veces las universidades se conforman como espacios bastante aislados de la vida social. Nuestra capacidad de responder al Covid fue un ejemplo de eso: la Udelar lo hizo porque se siente parte y sentía la obligación institucional colectiva e individual de sus integrantes de poner todo lo que tenía a disposición de la sociedad en un momento sumamente complicado. Eso es un ejemplo de esa vocación, que hay que cultivar y preservar. Esta es una Universidad que la seguimos pensando como autónoma y cogobernada. Es una Universidad que tiene que pensarse mucho más en redes integradas que en servicios federados. Es decir, vamos a seguir teniendo Centros Universitarios Regionales, facultades e institutos con grados de autonomía importante entre sí y con respecto al casco central de la institución, pero tenemos que preservar esa lógica de ser un espacio unitario porque eso nos preserva de los problemas de estratificación.

Mi percepción es que la Universidad sigue cumpliendo un rol muy importante en el acceso y democratización de la educación superior y a la vez que es capaz de desarrollar investigación de punta en distintas áreas de conocimiento, integrando también a la sociedad a través de la extensión. La Udelar es una universidad capaz de dar simultáneamente lugar y comodidad a aquellas investigadoras e investigadores jóvenes que quieren desarrollar su actividad en Uruguay y quieren las herramientas para hacerlo en condiciones adecuadas, austeramente republicanas pero adecuadas, y a la vez sigue siendo una herramienta para que entren todos los estudiantes que desearían entrar a estudiar.


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