Eduardo Méndez, docente investigador en descentralización analítica (diseño de análisis químicos que se puedan hacer fuera del laboratorio), es responsable junto con María Fernanda Cerdá, del Laboratorio de Biomateriales de la Facultad de Ciencias de la Udelar. El equipo de investigadores del Laboratorio está integrado también por los docentes Ayudantes Andrés Ansín, que está realizando su maestría en Biotecnología en la línea sensores de plomo, Tatiana Montagni y Florentina Arispe, que acaba de ingresar al Laboratorio y el docente Asistente Santiago Botasini, que trabaja en nanotecnología y se encuentra en la actualidad realizando un posdoctorado en Estados Unidos.

Metal ajeno a los seres vivos

Méndez explicó que el plomo es un metal contaminante frente al que el cuerpo humano no tiene la capacidad bioquímica de defenderse. Esto es así porque este metal originalmente se encontraba en la profundidad de la tierra, en yacimientos de sulfuro de plomo, no estuvo presente durante la evolución bioquímica del ser humano. Un organismo es capaz de generar mecanismos de defensa contra el plomo cuando muchas de sus generaciones han convivido con él. Citó el ejemplo de pequeñas bacterias, que lograron crecer en basurales de metales en contacto con el plomo. Estas bacterias que se caracterizan por su capacidad de producir nuevas generaciones muy rápidamente en un tiempo relativamente corto, lograron crear una mutación que les permite inactivar al plomo y evitar que les provoque daño. Este proceso no se puede desarrollar en los humanos en un tiempo verificable, porque el período que les insume crear una nueva generación es largo (25 años).

Añadió que los seres humanos extrajeron el plomo y luego de convertirlo en numerosos compuestos, entre ellos el tetraetil plomo que es muy volátil, «dispersándolo de una manera tan importante que es imposible volver atrás», lo utilizaron en la construcción de una gran variedad de objetos y materiales. En la sociedad actual, el plomo se utiliza en una amplísima gama de  insumos entre ellos en la creación de recipientes, endulzar vinos, etc. «¿Cómo hacemos para recuperar todo ese plomo que está paseando por el mundo y llevarlo otra vez a sus depósitos generales? Es imposible», destacó. Por ello el enfoque del equipo de investigadores del Laboratorio, acerca de cómo tratar el tema de la contaminación por plomo apunta a reconocer que estamos rodeados de este contaminante y como no lo podemos destruir, tenemos que aprender dónde está, cómo protegernos, cómo evitar que entre a nuestros hogares. Luego de años de trabajo los investigadores  saben que el plomo se puede encontrar en sitios como las pinturas, las paredes, el aire, los juguetes, entre otros. 

El gran transportador del plomo es el polvo, entra al organismo humano por las fosas nasales o por la boca. En el caso de un niño por ejemplo, si en su casa hay una persiana pintada con una pintura que contiene plomo y esta se va descascarando, el polvillo que se desprende se deposita en el interior, un niño gateando toca este polvo y se lleva las manos a la boca y así se introduce el plomo a su cuerpo. Entretanto el polvillo de la pintura de esa persiana, que se deposita en el exterior de la casa, es llevado por el viento y termina en el agua y en la tierra, así contamina los productos agrícolas que consumimos después. Así es como el plomo de un punto concreto se disemina en numerosos sitios. 

Detectar y reparar: una cuestión vital para la salud

Méndez destacó que es fundamental detectar la presencia de plomo porque causa varios daños a la salud, interfiere en dos de las etapas de la ruta bioquímica por la cual se produce el grupo hemo, componente de la hemoglobina, con lo que impide que este proceso tenga lugar. Como consecuencia impide que se forme correctamente la hemoglobina lo que produce anemia y se acumulan metabolitos intermediarios. El análisis de la presencia de estos metabolitos en sangre u orina, se utiliza actualmente como diagnóstico de plombemia.

El nivel de plomo que sería aceptable en los seres humanos es 0 ya que el cuerpo no necesita para nada este metal, no obstante la realidad indica que nunca vamos a llegar a este nivel. «Los niños ya nacen con plomo porque se los pasa la madre», afirmó Méndez. Por ello la Organización Mundial de la Salud (OMS) lleva adelante acciones para que el plomo tienda a ese valor de 0. Las metodologías analíticas todavía no logran detectar valores muy bajos, por eso la OMS no estableció de entrada valores de aceptabilidad más bajos sino que los fue bajando cada 10 o 15 años, en la medida de que aparecían nuevas tecnologías de análisis. En un principio la OMS estableció un nivel de plomo aceptable de 60 microgramos por decilitro y hoy este está en 5 microgramos por decilitro. «Este nivel de detección implica un desafío enorme para los químicos, implica que tienen que readaptar sus técnicas y muchas veces comprar equipos más sensibles, por lo que no se pueden bajar los límites todos los días, debe hacerse de forma periódica», señaló Méndez. 

Méndez explicó que al bajar este límite se logran visibilizar los grupos que es necesario cuidar, se generan focos nuevos de atención y nuevos territorios o materiales contaminados a remediar, o sea inactivar en ellos al plomo, evitando así que las personas que viven en ese terreno o están en contacto con esos objetos, estén expuestas al metal. «Como el plomo no se puede eliminar se lo oculta de forma que no pueda producir daño, si está en un terreno se lo entierra y si se encuentra en una pintura en una pared se lo cubre con una capa gruesa de una pintura libre de plomo y se tiene la precaución de volver a pintar cada dos o tres años», apuntó.  En el caso de recuerdos familiares antiguos que contengan plomo, como adornos, copas, juguetes, Méndez señaló que se los puede colocar en una vitrina alta de forma que se puedan apreciar pero a la vez mantenerlos alejados de los niños que podrían llevarlos a la boca y correr el riesgo de contaminarse. 

Si una persona realiza este análisis y detecta plomo en los juguetes por ejemplo, no los regala, porque puede pasar el riesgo de contaminación a otro niño, se recomienda que llame a la intendencia y le diga que tiene unos juguetes con plomo para coordinar como descartarlos. 

Los inicios

En el año 2000 cuando apareció el primer caso de plombemia en el barrio La Teja, había varias fuentes de plomo a atender, una era el aire porque en ese momento los combustibles todavía tenían tetraetil plomo. En el marco del programa mundial para la eliminación del plomo de los combustibles, de Naciones Unidas, que comenzó en 2007 y se extendió por 15 años, Uruguay cumplió con esta condición al inicio del programa y Argelia fue el último país que se incorporó a la producción de combustibles sin plomo en 2022. Otro de los problemas en ese momento era el uso de baterías como elemento de construcción, en este sentido se aprobó una ley en Uruguay que establece que las baterías luego de agotadas deben devolverse a quien las vendió, que es el responsable de acumularlas. Con esta disposición se busca centralizar la presencia del plomo en lugares determinados y evitar así su dispersión.  

Zonas de mayor incidencia

En cuanto a zonas en las que la incidencia de plomo es mayor en la actualidad, Méndez señaló que existen industrias que trabajan con plomo y sus funcionarios están en contacto con este metal. En ese sentido en Uruguay existe una ley que busca proteger a  obreros que están expuestos al plomo y establece entre otras cosas que trabajadores como los soldadores, deben ser controlados periódicamente y en caso de niveles altos de plomo en su cuerpo deben ser retirados de las tareas, no pueden llevar a su casa nada que sea de su ámbito laboral, deben tener vestimenta y calzado para trabajar y estos quedan en el lugar. 

Méndez señaló que existen posibilidades de que en las inmediaciones al lugar donde están instaladas estas industrias que trabajan con plomo, se encuentre contaminación por este metal, por ello se realizan también controles al terreno que rodea la empresa. 

«Existen una serie de cuidados que evitan que el trabajador lleve el plomo a su casa, son los mismos que todos tenemos que tener en nuestros hogares», apuntó Méndez. En ese sentido señaló que «aunque el plomo puede estar en todos lados, hay algunas acciones que se pueden llevar adelante con el objetivo de que no entre a nuestra casa». Algunas de ellas son tener una rutina que incluya dejar el calzado en la entrada al llegar, antes de entrar a la casa, cambiarnos de ropa y calzado al llegar y contar con un calzado y ropa que sea el que usamos solo para estar dentro de la casa. También recomiendan no barrer porque se levanta el polvo en el que puede haber plomo y de ser así lo diseminamos a otras superficies, sino trapear con lo que cuando enjuagamos el trapo, el polvo adherido en él va al agua. Y por supuesto, la higiene de manos.  

«En una casa el plomo puede estar en innumerables objetos y materiales, en soldaditos de plomo, copas de la abuela, pinturas viejas, artefactos de pesca, plomadas, tengo que conocer en mi casa donde está el plomo», apuntó. «Todas estas acciones hacen que nos sintamos más confiados para que los niños puedan gatear, jugar y realizar numerosas actividades sin preocuparnos de que se puedan contaminar con plomo y puedan tener una vida mucho más sana», añadió. «Entonces se debe generar algún método que nos permita detectar plomo en las casas», concluyó. 

Ventajas y limitaciones de la técnica de análisis descentralizado de plomo 

Si una persona quiere saber si hay plomo en su casa tendría que contratar un laboratorio privado para que hiciera un análisis, el equipo de este laboratorio extrae una muestra de pintura de todas las paredes de la vivienda, las persianas, los juguetes de los niños, las coloca en tubos de ensayo, los lleva al laboratorio, los analiza y luego realiza un informe. El resultado puede ser que no hay contaminación, que existen niveles de plomo y en ese caso la presunción de donde se encuentra este metal. Si se estima que la contaminación se encuentra en los juguetes por ejemplo, a veces es necesario volver a hacer el estudio porque no se analizaron todos. 

Por lo complejo y engorroso que puede resultar este proceso, existe hoy una tendencia a nivel mundial, de instrumentar lo que se llaman análisis descentralizados, testeos que realizan las personas en sus domicilios sin necesidad de enviar la muestra al laboratorio. Este tipo de análisis ya se utilizan para otras situaciones como en el caso del test de embarazo, de glucosa o de COVID. 

«La descentralización analítica del plomo en Uruguay es un tema que está todavía un poco en pañales», afirmó Méndez. Existe un test que se realiza a nivel laboral por ejemplo en empresas de soldaduras, que permite analizar la contaminación por polvillo de plomo de mesadas de trabajo, pasándoles un pañito y agregando luego a este un reactivo, si el reactivo en el paño vira a color morado significa que existe plomo en la superficie. Este test implicaba el uso de unas toallitas específicas y de un reactivo que debe importarse porque no se produce en el país y cuya solución tiene una duración de dos horas. El equipo de investigadores del Laboratorio de Biomateriales tomó este test oficial y trabajó para adaptarlo a los recursos con los que contaba Uruguay, se buscaron pañitos alternativos, comunes y demostraron que se podían usar, ya que no tienen aditivos ni plomo. 

Las limitaciones del análisis del equipo del Laboratorio de Biomateriales son que es necesario importar el reactivo y este dura dos horas. En este momento Andrés Ansín en el marco de su tesis de maestría, se encuentra investigando en la creación de reactivos alternativos que se puedan generar en el laboratorio a través de la nanotecnología lo que además les daría mayor estabilidad y que permitan realizar este ensayo sencillo, colorimétrico para detectar la presencia de plomo en superficies y materiales. 

Técnica probada, transferencia tecnológica y actividades de difusión

En un ejercicio para validar la metodología desarrollada, los investigadores en conjunto con la Intendencia de Montevideo y el Ministerio de Industria Energía y Minería analizaron la presencia de plomo con este test en 50 casas de zonas de Barros Blancos y La Esperanza. Luego realizaron el análisis en el laboratorio sólo de las muestras en las que detectaron contaminación por plomo, con un método analítico desarrollado en el laboratorio y publicado en una revista internacional. En este proceso demostraron que si hubieran tenido que analizar las muestras de estas 50 casas con el sistema antiguo, el costo sería de 9000 dólares, mientras tanto con el método utilizado por los investigadores, el costo total era de menos de 300 dólares. 

El proyecto en el marco del cual el Laboratorio de Biomateriales desarrolló este test que se podía aplicar en la detección del plomo en el ambiente laboral, incluía la transferencia tecnológica del mismo a Salud Pública, organismo encargado de la inspección. El Ministerio se sumó a esta idea y propuso un curso a nivel nacional para los inspectores departamentales impartido en Montevideo por los investigadores, en el que estos les transfirieron el conocimiento acerca del uso de la tecnología; el Ministerio adquirió los kits de análisis para estos inspectores. Las encuestas de satisfacción indicaron que el curso fue muy bien evaluado por los participantes. 

Otro de los componentes del proyecto fue la difusión del tema, que se realizó a través de charlas sobre la temática con estudiantes de escuelas y liceos, en sus centros educativos. En estas actividades los investigadores les hablaban acerca del plomo, los invitaban a buscar en su casa objetos que pudieran contener este metal y al día siguiente llevaban los insumos para que los estudiantes realizaran el análisis a estos objetos. Así fue que los niños traían copas de la abuela, llaves, entre otros materiales y realizaban el análisis en clase. 

Asimismo en el marco del proyecto se llevaron adelante actividades con esta tecnología, dirigidas a estudiantes de profesorado de Química de diferentes centros de formación docente que la Administración Nacional de Educación Pública (ANEP) tiene en todo el país. Este proyecto finaliza en 2023 cuando estos estudiantes realicen una práctica en una clase de estudiantes de secundaria sobre esta temática, la que contará con la presencia de los investigadores de la Udelar. Méndez catalogó como espectaculares los resultados de esta experiencia, los investigadores enviaron los reactivos a estos distintos centros educativos del país y los estudiantes realizaron los análisis. «Nos enviaron fotos de ensayos positivos en lugares que jamás soñamos que podían tener plomo», expresó.

Como forma de registro de la temática trabajada en el marco del proyecto, los investigadores crearon un libro que aborda la historia del plomo, las leyes que rigen su uso, la mitología vinculada a este metal, en suma busca enfocar el tema del plomo en un lenguaje accesible y de una forma más amena. Méndez destacó que este libro puede bajarse del portal de la Udelar en el sitio https://udelar.edu.uy/eduper/publicacion_generica/convivir-con-el-plomo-un-aprendizaje-necesario/

El investigador señaló que una etapa a futuro sería que empresas incorporaran esta tecnología y se encargaran de su comercialización de forma de que estuviera al alcance general de las personas interesadas en realizar este test. 

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