Encuentro de dos lógicas

El equipo central de trabajo con estudiantes privados de libertad (EPL), cuenta con siete cargos: una funcionaria administrativa y seis docentes, de los cuales dos son las coordinadoras del equipo y docentes grado 2 -la comunicadora Gabriela Pasturino y la psicóloga Alicia Álvarez- y cuatro docentes grado 1. El trabajo de este equipo se realiza en paralelo con un programa de Tutorías Entre Pares (TEP), por el cual otros estudiantes universitarios acompañan a los EPL en sus trayectorias educativas bajo la supervisión de los docentes, en las unidades del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR). El trabajo de apoyo a los EPL depende del Programa de Respaldo al Aprendizaje de la Comisión Sectorial de Enseñanza de la Udelar (Progresa-CSE). Álvarez explicó al Portal de la Udelar que el equipo se encuentra en un proceso de renovación ya que lleva adelante «un trabajo muy desgastante por la exposición del cuerpo en el territorio y en un campo de mucha tensión y de mucho conflicto». Este es inherente a la cárcel, definió, y «más conflicto aún genera el encuentro de dos instituciones como la Universidad y la cárcel, el encuentro de dos lógicas como la de control, la penitenciaria y la punitiva con la de los derechos y la autonomía educativa de la Universidad». Agregó que los recursos humanos son «completamente insuficientes para la cantidad de unidades penitenciarias donde trabajamos. Las coordinadoras podemos ir sólo una vez por semana o cada 15 días a cada unidad y los docentes grado 1 van solos». A pesar del desgaste, afirma que el equipo está «enamorado» de su trabajo.

En todo el país hay unos casi 180 estudiantes de la Udelar dentro y fuera del circuito universitario, explicó Álvarez. Este circuito incluye solamente a las unidades que tienen acompañamiento del equipo de de trabajo con EPL: lo integran las unidades n° 3 (Penal de Libertad), n° 4 (Santiago Vázquez o ex Comcar), n° 5 (Cárcel de Mujeres), n° 6 (Punta de Rieles) y en los próximos meses se va a incluir la unidad n° 20 de Salto. Actualmente en este circuito universitario hay 140 estudiantes, informó. En 2021 se establecieron tres Centros Universitarios: se trata de espacios físicos acondicionados especialmente dentro de las unidades para hacer posible el encuentro de EPL, docentes y tutores.

Fuerza colectiva

Respecto a la articulación con los servicios universitarios y el INR para garantizar el acceso a la educación de los EPL, Álvarez la describió como «un trabajo de altísima complejidad porque no hay un vínculo homogéneo con todos los actores que hacen esta tarea». La Universidad tiene su principio de autonomía que rige también en cómo se gestiona cada servicio; cada Consejo resuelve sobre las acciones y los recursos que puede disponer para esta línea de trabajo, más allá de lo que se pueda lograr a través de la Comisión Central sobre estudios en privación de libertad de la Udelar -una comisión cogobernada que informa y dialoga con la CSE- y las resoluciones que tome el Consejo Directivo Central (CDC), indicó. En este sentido, explicó que hay Facultades que destinan fondos y recursos humanos específicos para trabajar con EPL pero otras sólo cuentan con un asistente académico para para abordar estos temas entre otros: «hay mucha disparidad entre la respuesta que los servicios pueden dar y el vínculo que podamos tener», indicó, aunque esto «nunca es por una cuestión de mala voluntad sino de falta de recursos como sucede con muchísimas otras políticas universitarias donde hay disparidad entre los servicios». Agregó que hay un buen vínculo con los servicios y se realizan instancias de coordinación con la Mesa terciaria de educación en cárceles donde se realizan acuerdos para organizar temas comunes.

Explicó que con el INR hay un vínculo «ameno, cordial y constructivo» tanto con la dirección como con su Programa de Educación y Cultura (PEC) para consensuar la mejor manera de resolver las cosas. Es necesario tener en cuenta la diversidad de las unidades penitenciarias para ver «cómo se puede gestionar la Universidad en la cárcel en Punta de Rieles, donde las personas en general tienen libre circulación, y en el Penal de Libertad, que es una unidad de máxima seguridad donde las personas tienen que ser llevadas hasta donde están los docentes y si esto no pasa, no van», además es importante considerar la diversidad de perfiles de cada EPL, apuntó.

Asimismo, valoró que «en el Penal de Libertad, donde tenemos las peores condiciones, tenemos un grupo muy valioso»; el equipo entiende que «estas condiciones tan difíciles hacen que tengan que unirse y ayudarse; son muy cuidadosos de los materiales y de lo que pasa en el espacio universitario», reconoció. Relató que una vez desapareció una laptop -que los estudiantes tienen por un acuerdo entre Udelar y Plan Ceibal- y esto generó mucho enojo porque alguien estaba poniendo en peligro el espacio de estudio. Ante el hecho «pidieron un espacio de diálogo entre todos y que estuviera yo como mediadora para poder abordar el tema. Lo conversaron y procesaron y en este momento entre ellos está todo bien, este espacio sigue funcionando», señaló la docente. Además, ante las dificultades para el funcionamiento de la conexión a internet en esta unidad, los propios estudiantes compraron un router y ellos mismos hacen recargas de internet para poder estudiar. Sin embargo, hay unidades donde quizás las condiciones de reclusión y estudio son mejores pero las personas están más disconformes y tienen menos cohesión, apuntó. En esta línea, hizo referencia al autor argentino Esteban Rodríguez que plantea que «los derechos no son dádivas sino que son conquistas sociales», y entiende que «es esa lucha lo que genera esa fuerza colectiva que impulsa a limar asperezas, a encontrarse con el otro, a conversar y hacer un frente común; tal vez por eso en algunas unidades hay más compañerismo y grupalidad».

Una situación a destacar fue lo que sucedió en la Cárcel de Mujeres en el marco de las Elecciones Universitarias del 16 de noviembre de 2022: «como iniciativa de las estudiantes surgió el pedido de salidas transitorias excepcionales para las que no tenían para poder ir a votar. Entonces nos convocaron al equipo, al Comisionado Parlamentario, al PEC del INR para ver qué apoyos les podíamos brindar para hacer esta movida», explicó. Si bien varias tuvieron la salida aprobada, algunas no pudieron salir porque no llegó la información a tiempo a la unidad. Esto marcó un antecedente, en el futuro si la gestión se realiza con más tiempo, seguro que se concreta, reconoció. Considera que esta acción «demuestra un interés en la participación increíble en los espacios de cogobierno».

Además, «por la privación de libertad, valoran todo aquello de lo que están privadas, todos sus derechos como la educación y la alimentación», aseguró. Recordó un intercambio que tuvo con un EPL que había estado en varias unidades penitenciarias y, «cuando llegó a una en particular, en su primer día le dieron para comer una olla llena de guiso con mucha carne. Él no podía creer que todo eso era para él, incluso fue la primera vez en tres años que su familia le pudo ingresar comida, le llevaron huevos y se conmovió por el olor y el gusto de los huevos. Uno no se cuestiona eso pero las personas privadas de libertad valoran mucho este tipo de cosas», relató conmovida. Álvarez resaltó la importancia de estas vivencias para plantearnos como Universidad y quienes trabajan con personas privadas de libertad porque «nos pone en perspectiva un montón de derechos que afortunadamente tenemos preservados y muchas veces para estas personas son privilegios cuando, por ejemplo, pueden acceder la educación, a la alimentación y los derechos civiles».

Política instalada

Afirma que el intercambio entre la Universidad y la cárcel «es muy saludable» porque «nos pone en perspectiva a las y los universitarios y nos propone muchos desafíos». Como ejemplo de esto indicó que muchos EPL están estudiando Ciencias Sociales y en varios cursos se tratan temas de cárceles, inseguridad y pobreza. «Esto nos hace repensar a los docentes cuando hablamos de esta población y objetivamos tanto científicamente a las personas, cuando estas personas no son objetos o sujetos de intervención sino que son parte de la Universidad como estudiantes y también como personas que hacen investigación y extensión». Entonces ahí se rompen barreras: la Universidad vulneriza el muro de la cárcel y la cárcel debilita la barrera de la Universidad para poder mirarnos y pensarnos, expresó.

Con respecto a los avances desde el inicio de este programa en 2016 a la actualidad, Álvarez afirmó que «el crecimiento ha sido brutal. En 2016 había cuatro o cinco estudiantes de la Udelar en las cárceles y de a poco fuimos creciendo hasta hoy que hay 180». Entiende que para este crecimiento ha ayudado el ingreso de la educación primaria y secundaria a las cárceles entonces las personas pueden terminar la escuela y el liceo ahí. Además, se ha facilitado por las resoluciones y convenios aprobados en la Udelar a nivel central pero principalmente, porque la información llega cada vez más a los servicios, indicó, hace algunos años en los servicios se sorprendían de que las personas privadas de libertad pudieran estudiar y no sabían cómo se les daba acceso a las carreras, pero ahora hay estudiantes en muchísimos servicios y en todas las áreas, valoró: «la política de la Universidad en las cárceles se va instalando con otra legitimidad, los diferentes actores la van conociendo y se van sensibilizando».

Explicó que hay dificultades, «por ejemplo en las carreras del Área Salud muchas veces la teoría y la práctica están unidas desde el primer momento y si la persona no tiene salidas transitorias para ir a clase no puede hacer esa carrera, no hay cómo», a pesar de este obstáculo este año hay tres estudiantes que comenzaron la carrera de Medicina en privación de libertad, señaló. La Facultad de Enfermería aprobó un protocolo por el que los EPL puedan cursar todo lo teórico e ir acumulando los cursos prácticos hasta que puedan tener salidas transitorias, sin que eso esté impedido por las previaturas. También en la Facultad de Agronomía, este año se habilitó a un estudiante a cursar algunas materias en modalidad virtual. «Es un logro que los EPL hayan accedido a cursar en estas Facultades que tienen programas que son difíciles de compatibilizar con la cárcel, y que se vayan logrando movimientos para que sea posible. En la Udelar los servicios tienen su autonomía y cada uno considera si puede modificar o no las condiciones de cursado en cada carrera» observó. En su opinión ahora es más fácil para los servicios tener EPL porque ya hay un recorrido hecho y actualmente esta es una política instalada en la Udelar. Por tanto, subrayó como otro hito que cada vez hay más servicios que envían docentes a las cárceles, generan clases de consulta por la plataforma Zoom y cada vez más estudiantes participan de las clases virtuales. Para esto hay referentes que han trabajado mucho a la interna de los servicios, agregó. Comentó que desde el equipo se cuida la privacidad de los EPL para que en las clases de modalidad virtual ellos decidan si quieren contar a sus compañeros dónde están o no; a los docentes sí se les informa para que se contemplen ciertos horarios de clase en los que los EPL pueden ingresar desde las comunidades educativas, así como días y horarios de los exámenes.

Además del crecimiento en la cantidad de EPL y de servicios participantes, Álvarez marcó como un hito los cursos de Tutorías Entre Pares (TEP) para acompañarles: desde que estos se iniciaron en 2018 han pasado más de 350 tutores por el curso teórico (TEP 1). De estos, cerca de la mitad hicieron la práctica (TEP 2) en las unidades penitenciarias. Incluso, diez EPL han realizado el TEP 1 gracias a la virtualidad, contó. Asimismo, con la virtualidad muchos EPL han podido participar de las clases de sus carreras igual que los demás estudiantes, entonces al conocerlos muchos de sus compañeros se motivaron para ser tutores y esto ha generado que normalicemos esta realidad en la Udelar, resaltó. También remarcó como hito la inauguración de los Centros Universitarios en la Cárcel de Mujeres, en el Comcar y en la unidad 6 de Punta de Rieles en 2021 y el que pronto se inaugurará en el Penal de Libertad, adelantó. Por último, subrayó como hito de este período el desarrollo de dos proyectos de Extensión presentados conjuntamente entre EPL y estudiantes en libertad que eran tutores.

Colectivo y grupalidad

Álvarez explicó que los Centros Universitarios funcionan gracias a los propios estudiantes ya que la Udelar y el INR acordaron crear la «comisión Universidad». En la cárcel se le llama «comisión» a las tareas que los internos pueden hacer para el funcionamiento de la unidad, como por ejemplo los trabajos de limpieza o cocina, que además hacen posible la reducción de la pena. «La comisión Universidad es solamente para estudiantes de la Udelar: se les habilita a trabajar haciendo toda la gestión del centro universitario cuando la Udelar no está, coordinando directamente con nosotros sus actividades. Todo el tiempo que no estamos esas personas hacen la entrega y gestión del préstamo de las ceibalitas, llevan el recuento de qué examen va a dar cada estudiante, ayudan a sus compañeros con las inscripciones y otras gestiones y trámites como pedir los materiales de estudio a las Facultades», comentó. «Es un trabajo, pero además lo hacen por ellos mismos, porque están cuidando todo. En general los recursos son finitos y entonces ellos son muy cuidadosos y también les genera mucho malestar cuando sienten que algún compañero no está cuidando lo que tienen».

Con el establecimiento de Centros Universitarios las personas privadas de libertad tienen más información sobre la Universidad y a partir de esto algunos estudiantes cambian de carrera. Álvarez resaltó que si un estudiante tiene más compañeros de la misma carrera en su unidad «se le hace más fácil tener los materiales, intercambiar y apoyarse entre los compañeros. Esa es un poco la idea y por eso estamos tratando de establecer este circuito universitario y Centros Universitarios en las unidades, porque desde cómo pensamos la Universidad, es mucho mejor que se genere colectivo y grupalidad».

Agregó que «si los estudiantes tienen apoyo es muy difícil que les disguste una carrera porque estudiar en la Universidad es algo muy revelador y reconfortante para ellos. Subjetivamente poder estudiar en la Universidad es un tsunami para las personas privadas de libertad, la mayoría jamás se lo imaginaron. Hay personas que ya estudiaban y que el mayor choque en sus vidas fue estar en privación de libertad, pero para la mayoría el choque de sus vidas es estar en la Universidad. Esto genera unos movimientos subjetivos increíbles, las personas más allá de que quieren redimir su pena, quieren estar en la Universidad. Se puede redimir haciendo todos los bachilleratos que hay o trabajando en distintas cosas; el que está en la Udelar no reduce pena en función de la cantidad de horas que tiene de clase sino solamente si salva, y si no estudia no salva. En la Universidad sabemos que si no te gusta algo por más que tengas diez años de redención de pena en frente, no lo estudiás y no lo salvás», afirmó la docente. Observó que si las personas no logran encontrar la motivación en el estudio en sí mismo no avanzan pero hay EPL que aprueban hasta ocho materias en un semestre, «es gente que está realmente comprometida y motivada».

Defensa de la equidad

Destacó que «ellos en general sufren mucho y demandan tener las mejores condiciones posibles para estudiar y esto para nosotros da cuenta de su compromiso y de lo que significa para ellos tener o no tener recursos, lo tienen clarísimo». La Udelar no asiste a los estudiantes para que tengan recursos salvo por la política de becas que alcanza a una población reducida, sostuvo: el estudiante debe tener una laptop, internet, dinero para fotocopias. «Siento que tenemos naturalizado que las personas para estudiar tienen que tener eso y en general lo tienen, pero claro, en la cárcel ellos son los más conscientes de que su posibilidad de estudiar está condicionada por los recursos y condiciones de estudio. Entonces nos devuelven ese espejo todo el tiempo. Claro que ellos tienen que estudiar y si no lo hacen no salvan, pero lo que más les tranca son las condiciones. Creo que identificar esto para la Universidad fue difícil porque en general no lo hacemos, se da por sentado que los estudiantes tienen las condiciones para hacer sus carreras», comentó.

«La situación de pandemia nos enfrentó a pensar en esto», observó, los docentes conocieron de cerca las dificultades de algunos estudiantes para acceder a equipos, internet y espacios adecuados, «con las personas privadas de libertad pasa un poco lo mismo, ahí cuando estás frente a alguien que no tiene nada y que para poder hacer la Universidad tenés que proveerle de todo te das cuenta patentemente de todo lo costoso que es estudiar en la Universidad». La institución asumió esto como problema y se ha movido para ofrecer soluciones, expresó, «institucionalmente fue fácil ponerse esto al hombro pero en el uno a uno es difícil porque a algunas personas se les genera un conflicto. Se cuestiona que hacemos esto por ellos y no lo hacemos por nadie más, entonces, ¿no estamos generando de alguna manera una diferencia? Nuestra defensa ahí es la equidad. Sabemos y podemos comprobar que estas personas no tienen estos recursos y que la única manera para poder garantizar que estudien es que los tengan. De esto se tiene que hacer cargo el INR, el Estado, nosotros, y todos juntos lo hacemos», explicó. Agregó que hay muchas personas fuera de las cárceles que también están en condiciones muy desfavorables, para las que también la Udelar puede generar políticas como las becas.

Actualmente el equipo lleva adelante un estudio sobre la percepción subjetiva de los EPL de su experiencia en la Universidad, explicó. En este relevamiento «la mayoría de las personas da cuenta de cómo la posibilidad de entrar les hace pensarse y pensar su situación más allá de lo individual, pueden pensarse como producto de unos fenómenos sociales que han llevado a que eso suceda de alguna manera. Esto les permite plantearse si pueden cambiar lo que son ahora, la vida que tienen hoy. Muchas personas empiezan a generar herramientas en la Universidad para ver otros futuros posibles que no sean solo el proyecto delito sino el proyecto estudio, el proyecto trabajo. Entonces la gente dice y escribe cosas increíbles, como un estudiante que vio que era el primer universitario en su familia y escribió “pareciera que los libros van a poder cerrar las heridas que abrieron las armas”».

Álvarez comentó que algunos EPL empiezan una carrera por redimir «o por hacer algo» y terminan estimulando a otros a estudiar porque están entusiasmados con su carrera, o incluso son tutores pares. «También vemos mucho que la experiencia de las personas privadas de libertad con el estudio impacta o modifica las trayectorias de sus familias», indicó. Relató el caso de un EPL a quien una docente de literatura estimuló a terminar la educación secundaria y empezar la Facultad: «él terminó estimulando a su esposa, que estaba en libertad, a retomar el liceo. En contacto con esta profesora ella lo terminó, ahora estudia en el IPA y está por recibirse. Él sigue estudiando en la Udelar y sus hijos también continuaron estudiando. Fue algo que partió de él y de su trayectoria, que impactó en toda la familia». Otro ejemplo fue el de una estudiante que tuvo salidas transitorias para ir a clase en una Facultad: su hija, -que era menor de edad y había estado en INAU, que también vivió sola y en situación de calle- aprovechaba esos momentos para estar con su madre. «Ahora la hija está estudiando en la UTU y participó en el programa Yo estudio y trabajo. Es decir, toda esa experiencia de ir a la Facultad con su mamá, ese modelo de su mamá que estaba presa y que a la vez pudo estudiar impactó de alguna manera en la familia. Muchas veces te dicen “esto lo hago por mis hijos, lo hago para darles un modelo mejor, un futuro mejor, o para que sigan estos pasos míos y no los otros”».

No solo lo malo

El mandato para el trabajo de este equipo es claro: garantizar el derecho a la educación a todas las personas, señaló. Esta es la base, que a la vez los coloca en una encrucijada: «todos tenemos unos parámetros morales determinados y a veces las personas están privadas de libertad por delitos que pueden generarte mucha sensibilidad, que te ponen a vos contra las cuerdas. Tenemos que ser muy conscientes de eso, si esto pasa lo trabajamos y procesamos, es preferible que un estudiante nos diga “no puedo trabajar con esta persona” a que siga yendo y abandone o sea una mala experiencia. Además es todo aprendizaje. Entonces lo que trabajamos con los estudiantes y docentes es que la Udelar como institución tiene la obligación de garantizar el derecho a la educación pero después somos personas que tenemos distintas posibilidades en distintas situaciones, capaz que en esta no tenes que estar vos sino otra persona, pero sí lo tiene que hacer la institución». También destacó que hay víctimas de delitos o sus familiares que colaboran con donaciones personales o institucionales para las PPL, lo que es «muy removedor».

Si bien cada vez se conoce más el trabajo que la Universidad realiza en las cárceles, según Álvarez los EPL sostienen que «siempre se conoce lo malo que pasa allí dentro», por eso es tan relevante la difusión tanto para la interna de la Universidad para que haya cada vez más estudiantes y docentes como para la sociedad en su conjunto. En esta línea, destacó que se trabaja desde una visión de derechos: «los docentes no vamos a las unidades porque nosotros somos buenos y ellos son malos, no vamos a llevarlos por el camino del bien ni a que se rehabiliten, vamos a garantizar un derecho», aseveró. «La educación no te asegura que no vayas cometer crímenes y ni el tipo de crímenes te asegura ciertas cuestiones de la justicia porque hay personas que han hecho tráfico de toneladas de droga y tienen prisión domiciliaria y otras hacen narcomenudeo y les dan cinco años de prisión», ejemplificó, «entonces ahí el problema no es la venta de droga, el problema es que una persona es pobre y la otra no».

Por último, considera que el trabajo entre entre la Udelar y el INR vuelve mejores a ambas instituciones gracias al intercambio y las exigencias de una a la otra, por eso sostiene que a ambas «nos viene bien flexibilizar, adaptar, ser más equitativos y menos igualitarios y así atender a la diversidad porque en general, tendemos a homogeneizar y este trabajo sirve para personalizar la enseñanza», concluyó.

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

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