El estudio fue desarrollado por el equipo de coordinación para el trabajo con estudiantes universitarios privados de libertad del Programa de Respaldo al Aprendizaje (PROGRESA), que forma parte de la Comisión Sectorial de la Enseñanza (CSE) de la Udelar y financiado por la Comisión Sectorial de Investigación (CSIC) de la Universidad.

Gabriela Pasturino, integrante del equipo que llevó adelante el proyecto, explicó que estos resultados son fruto de una tarea de más de 2 años. El trabajo, que comenzó en 2021, buscó conocer las trayectorias de los estudiantes privados de libertad (EPL), sus perfiles educativos, así como sus experiencias respecto al desarrollo de la función de enseñanza universitaria en cárcel, para generar un aporte al fortalecimiento de esta política de democratización de acceso a la educación superior iniciada por la Udelar en 2016. 

Pasturino indicó que para recabar la información utilizaron como herramientas talleres participativos, cuestionarios semiabiertos y entrevistas semiabiertas. Los talleres comenzaron a finales del año 2021 y aportaron los insumos para los cuestionarios y las entrevistas semiabiertas que se implementaron en 2022. Cabe destacar que los cuestionarios fueron respondidos por 59 estudiantes privados de libertad (EPL), número que representa el 88 % de los estudiantes universitarios en reclusión. Además con el fin de incorporar diversas miradas a la investigación, para las entrevistas tuvieron en cuenta que los estudiantes pertenecieran a distintas áreas de la Universidad, incluir personas que hubieran tenido experiencias educativas pre y post pandemia y que entre los entrevistados  hubieran mujeres y varones.

Algunos números

Alicia Álvarez, responsable del Proyecto al igual que Pasturino, destacó que en una primera instancia realizaron una caracterización sociodemográfica de las y los entrevistados. Uno de los resultados relevantes de esta etapa fue que la edad promedio de los estudiantes privados de libertad es de alrededor de 36 años. La edad menor entre los entrevistados fue de 23 años y solo un 5, 1 % del total (2 personas), eran menores de 24 años. Mientras tanto el 74,6 % de las personas que estudiaban en privación de libertad al momento de relevar los datos tenían 30 años o más. Esta edad es significativamente mayor que la de la población de estudiantes que no están en situación de encierro.

En cuanto a la distribución por género, observaron que 81,4% de las personas entrevistadas son varones y 18,6 % mujeres, dato que aunque es bastante similar a la proporción que se registra en la población del Instituto Nacional de Rehabilitación (INR) -donde hay 92,7% de varones, 7,1% de mujeres y 0,2% de personas trans- refleja que en privación de libertad, las mujeres se integran más a los estudios universitarios que los hombres. Otro indicador importante es el número de hijos, señaló: mientras que en la población de EPL universitaria el porcentaje de personas sin hijos es de 57,6 %, en la población universitaria general este es de 85,3%. En lo que refiere a la ascendencia étnico racial de las y los entrevistados, el porcentaje de personas que se autoperciben como afro fue de 22 %, 12 % más que el porcentaje de estudiantes que se consideran afro a nivel general en la Udelar. 

Por otro lado, al estudiar las trayectorias educativas, los resultados revelan que la mayoría de los estudiantes que se encontraban en privación de libertad habían terminado Primaria (96%), y Educación Media Básica (76%) en libertad. Por otra parte observaron un quiebre o discontinuidad en la Educación Media Superior: el 66,1% finalizó este nivel educativo en reclusión, lo que hace que el promedio de edad de los EPL de la Udelar sea mayor que el de los estudiantes universitarios que cursan fuera del INR. 

Otro dato destacable de este relevamiento es que mientras en la Udelar un 52% de las y los estudiantes son la primera generación de sus familias que ingresa a la Universidad, entre los EPL universitarios, el 75% ha superado el máximo nivel educativo alcanzado por sus progenitores. «Esto también da cuenta del poder de la democratización de la estrategia de la Universidad, de garantizar el derecho a la educación superior en privación de libertad, porque personas que posiblemente no hubieran podido llegar a estudiar en la Udelar, logran hacerlo a través de esta estrategia», afirmó Álvarez. 

Uno de los datos más relevantes al analizar las trayectorias de las y los EPL universitarios es que el 80% se inscribió por primera vez en la Universidad estando en privación de libertad. Una de las valoraciones interesantes que hacen las personas entrevistadas acerca de su ingreso a la Udelar es que no consideran suficiente la orientación que reciben al inicio, entienden que necesitarían más información para saber a qué Facultad inscribirse, cómo serán las trayectorias, con qué herramientas van a contar y toda otra información que le permita tomar decisiones responsables acerca de su trayectoria.   

Entre las mayores dificultades para este grupo de estudiantes el equipo de investigadoras resalta  las vinculadas a la lectoescritura, las que se relacionan con las diferencias de cursado entre Educación Secundaria -nivel educativo en el que clases se dan en forma presencial, con profesores y profesoras que asisten al establecimiento de reclusión-, y la Udelar, etapa en la que la mayoría de las y los EPL cursan en forma virtual o modalidad libre. A esto se suma una ausencia o escasez en el manejo de las técnicas de estudio adecuadas para el nivel universitario y un insuficiente uso y conocimiento de las tecnologías digitales de la comunicación. En cuanto a los porcentajes de personas por servicios y por áreas, resaltó que el mayor número de EPL cursa carreras del Área Social y Artística.

Álvarez destacó la importancia para este trabajo del programa responsable de la formación de los tutores, Tutorías entre Pares, una estrategia de aprendizaje colaborativo instrumentada desde 2018 por Progresa. Señaló algunos números del relevamiento que demuestran esta importancia: el 80% de las y los EPL habían contado con el apoyo de tutores pares y 54 % estaban dentro de este programa en el momento en que se realizó el trabajo de campo del proyecto. Álvarez resaltó que la estrategia de tutorías tiene como objetivo no sólo que las y los estudiantes en el INR incorporen las competencias y capacidades que les permitan transcurrir su trayectoria académica exitosamente sino también contribuir a la construcción de vínculos sociales. 

Un derecho que ensancha

Pasturino realizó una síntesis de los aspectos más relevantes del Proyecto. Entre ellos destacó la posibilidad de ingresar a la Universidad que genera la Udelar con este proyecto, para las personas de una población cuyas condiciones familiares, de contexto social y la discontinuidad con el sistema educativo por mayor tiempo, harían improbable que sucediera.   

Asimismo resaltó los roles que tienen mayor impacto en las trayectorias de los estudiantes privados de libertad como los tutores entre pares, referentes territoriales y referentes de los servicios (que van a las unidades de reclusión y existen en la minoría de los casos).

Por último enfatizó la importancia de la presencialidad en este contexto, del lenguaje como forma de mediar con el mundo y de posibilitar cambios en las relaciones de los estudiantes con la familia, con los funcionarios y funcionarias del centro de reclusión y con las condiciones del encierro. Asimismo subrayó que el equipo que llevó adelante el proyecto entiende la educación en el contexto de encierro como derecho llave que genera la posibilidad de acceder a otros derechos, «el derecho a la educación ensancha y contribuye a la concreción de la dignidad humana y esta genera cambios en las personas», expresó. 

Lenguaje, crítica y reflexión

Por su parte, Cecilia Garibaldi profundizó sobre los hitos que las y los EPL destacaron durante sus trayectorias, identificándolos como «momentos o episodios que fueron significativos para su sentido de pertenencia a la Universidad». Entre los que surgieron con frecuencia en entrevistas y talleres que fueron fuente para este trabajo, resaltó tres: el primer examen aprobado, la primera salida transitoria a un centro educativo y los cambios en el lenguaje.

En cuanto al primer examen aprobado, observó que se percibe como un ritual de reconocimiento de que las y los EPL están aptos para la vida universitaria. Las salidas transitorias que les permiten conocer la Universidad «en vivo y en directo», son experiencias significativas porque hacen posible el vínculo entre pares y también por la vivencia en las clases presenciales. 

Respecto a los cambios en el lenguaje, comentó que no se vive tanto como un punto de inflexión sino como un proceso, y que es un aspecto que se mencionó muchísimo en los talleres participativos y en las entrevistas. Ante la pregunta sobre qué cambió en sus vidas al entrar a la Universidad, las y los EPL valoraron «el hablar lindo» y «el poder expresarse», comentó Garibaldi. Vinculado a este aspecto destacan  la transformación en los vínculos interpersonales y el diálogo con sus seres queridos, esto «cambia las formas de resolver conflictos en la cárcel», señaló Garibaldi. La ampliación de la capacidad de diálogo, de expresión, organización y habilidades para la interacción social son potenciadoras en la reconstrucción de vínculos con sus pares, con sus familiares y con el funcionariado de los centros de detención, promueve otras herramientas de mediación con el mundo y al vínculo con otras personas universitarias, principalmente tutores y tutoras, explicó.

Otros cambios a nivel personal señalados en las entrevistas con EPL fueron la adquisición de herramientas críticas y reflexivas para comprender el mundo que les rodea, lo que «contribuye a repensar, resignificar y ser más introspectivo con sus propias trayectorias vitales y con los problemas sociales». También comentaron que adquirieron habilidades de organización y proyección que les permitieron proyectar su vida en la cárcel con una planificación que antes no tenían. Además, las y los EPL observaron que ser universitarios promueve que otras personas de su entorno también estudien, tanto otras personas privadas de libertad como sus familiares y círculos afectivos. 

El espacio de presentación contó en una segunda parte con los comentarios de la Dra. Ana Vigna y el Dr. Máximo Sozzo.

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