El Aula Magna de la FIC resultó insuficiente para recibir al numeroso público que concurrió a escuchar a Burke, por lo que se habilitaron otros espacios del edificio para seguir la conferencia a través del canal de Youtube de la Udelar. Entre los asistentes se encontraban el ex presidente Julio María Sanguinetti y ex intendente de Canelones Yamandú Orsi, junto a historiadores e historiadoras, docentes, estudiantes y público interesado.

En el panel estuvieron también las docentes Isabel Wschebor y Lourdes Peruchena. Wschebor expresó su emoción por recibir en la Udelar «a dos historiadores que están en nuestros sueños»; agradeció a los presentes y a todas las personas y grupos que hicieron posible «una semana tan especial para las humanidades y las ciencias sociales en Uruguay», incluyendo a equipos académicos de la FIC, el Archivo General de la Universidad, la Cátedra UNESCO de Carnaval, asociaciones de investigadores y docentes de historia, además del Ministerio de Educación y Cultura, la Intendencia de Montevideo y la Intendencia de Durazno. Por su parte Peruchena indicó que la comunidad académica de la Udelar se siente honrada con esta visita. Realizó un repaso de la trayectoria de Burke, nacido en Londres en 1937. Historiador especializado en la historia social y cultural de la Edad Moderna en Europa y estudioso de la historia social del conocimiento, Burke es reconocido como uno de los grandes renovadores de la historiografía por el impulso interdisciplinar que dio a la investigación histórica, lo que propició la mediación entre la historia, la antropología y la sociología. 

Burke agradeció las presentaciones y se declaró complacido de estar en Montevideo. En su conferencia, titulada «Estado actual del campo de la historia de la cultura», reflexionó sobre el tema a partir de su propia carrera como historiador. Expresó que al comenzar sus estudios en la Universidad de Oxford se abordaba mayormente la historia política. «La historia cultural era la Cenicienta de los estudios históricos», la única oportunidad de acercarse a ella era a través de una asignatura optativa sobre Renacimiento italiano, «elegí este curso y he seguido estudiando ese movimiento desde entonces junto a varios otros temas», apuntó. 

Para arribar a una definición de la historia cultural Burke señaló que «el término cultura es un concepto muy antiguo pero también vago y escurridizo». Los antiguos romanos se referían a la cultura animi, es decir, el cultivo de la mente, comparándolo al cultivo de la tierra. Algunos eruditos alemanes del Siglo XVIII acuñaron el concepto de historia cultural como contraste y complemento de los estudios especializados: los de historia del arte, de la música, de la literatura, la filosofía y la ciencia, explicó. Al conectarlos, «la historia cultural ofrecía un remedio para la especialización y su consecuencia común: la fragmentación intelectual».

De las artes a la vida cotidiana

Burke entiende que desde el siglo XVIII el concepto de cultura se ha vuelto más problemático y en consecuencia, actualmente se manejan al menos tres tipos de historia cultural: una referida a la alta cultura -el arte, la literatura, la música, entre otras-, otra relativa a la cultura popular y una tercera que es la historia de la cultura en un sentido amplio y antropológico. Las tres conviven y son complementarias, puntualizó, «necesitamos a las tres».

En su obra El Renacimiento italiano: Cultura y sociedad en Italia (1972), Burke se enfocó en la élite creativa de ese período, en cómo pintores, poetas y filósofos eran formados y reclutados y en los usos religiosos y políticos de sus obras. Al investigar sobre esto «me di cuenta que lo que hoy llamamos Renacimiento estuvo restringido a las élites de unas pocas ciudades», planteó, mientras que la mayoría de los italianos de aquella época eran campesinos que desconocían este movimiento cultural. «Decidí que mi próximo libro exploraría la cultura de la mayoría», la que en los años sesenta comenzaba a conocerse como cultura popular, explicó.

También observó que muchas expresiones culturales como canciones o fiestas, viajaban de un extremo a otro de Europa, entonces decidió ampliar el territorio de sus estudios a este continente y abordar el período de los tres siglos anteriores a las revoluciones Francesa e Industrial. Al avanzar en sus investigaciones observó que se centraba «en los equivalentes populares de la alta cultura», es decir, el arte y la música popular, la religión popular, pero estas artes y creencias formaban parte de la vida cotidiana y «esto incluía formas de comer, de vestir, de hablar, jugar o caminar», resaltó.

Burke encontró inspiración en los estudios antropológicos que Pierre Bourdieu había realizado de grupos bereberes de Argelia, analizando sus casas como parte de un sistema simbólico a través de los contrastes entre sus espacios de luz y de penumbra, entre las áreas masculinas y femeninas, además de otros aspectos. También encontró una referencia en el trabajo de campo de Clifford Geertz en Bali, quien observó la práctica de las peleas de gallos y sus apuestas: «Geertz intentaba “leer” un deporte como si fuera un texto. Comparó la pelea de gallos con una obra de Shakespeare y una novela de Dostoievsky. La describió como “una historia que los balineses se cuentan a sí mismos sobre sí mismos”». Burke quedó impresionado con estos trabajos «por su revelación del simbolismo que subyace en la vida cotidiana. Demostraron que una casa bereber no es sólo una casa y que las peleas de gallos no son sólo un deporte», expresó.

Comunidades imaginadas

Tal como Raymond Williams concluye, «la cultura es ordinaria, lo impregna todo», afirmó Burke, pero además, «lo ordinario varía de una cultura a otra y también de una época a otra». Como consecuencia de sus métodos rara vez los antropólogos se interesan por cómo era esa cultura 100 años antes, observó, y esto puede responderse mediante la investigación histórica. Simplificando, puede decirse que «los antropólogos toman instantáneas mientras que los historiadores prefieren hacer películas», señaló. No obstante los historiadores culturales han tomado mucho de la antropología, en especial la definición de cultura que incluye tanto las representaciones como las prácticas: «las representaciones en imágenes, en textos y otros medios de comunicación moldean nuestra forma de pensar» y conforman la manera en que imaginamos el mundo; naciones, clases sociales, etnias y géneros pueden considerarse «comunidades imaginadas», afirmó.

Burke indicó que las representaciones, estereotipos y prejuicios conforman las prácticas cotidianas o performances; este concepto ha sido adoptado por historiadores de la cultura y finalmente, la historia política queda «infectada por el enfoque cultural». Como ejemplo de esto observó que las protestas políticas pueden describirse como representaciones basadas en un repertorio de acciones similares en el pasado. Otros ejemplos son las festividades anuales como el carnaval, que cambian de forma y de sentido a lo largo de los siglos en un proceso relacionado con el devenir político. 

Además, se refirió a las conmemoraciones de acontecimientos nacionales que son intentos de unir a la nación pero «a veces obtienen el efecto exactamente contrario». «Es siempre interesante para los historiadores estudiar lo que no sale como lo previsto», comentó. También reflexionó sobre la instalación de monumentos que representan héroes nacionales: «lo que simbolizan estas estatuas se ha hecho mucho más evidente en los últimos 30 años», en los que han surgido movimientos que los derriban y destruyen. 

Pegamento intelectual

Respecto a la recepción de elementos de una cultura extranjera por parte de una comunidad, Burke indicó que «no es un simple caso de adopción, incluye la selección, la aceptación de unos elementos y rechazo de otros». Por ejemplo, desde la cultura británica el cricket fue aceptado en India y en Sri Lanka, pero no el fútbol, mientras que en Sudamérica sucedió lo contrario. En esta adopción hay un proceso de interpenetración, hibridación o mestizaje de culturas, señaló. En cuanto a la cultura de los medios de comunicación, mencionó un estudio sobre la telenovela Dallas que analiza su recepción e interpretación diferente en distintos países, al punto que en algunos lugares fue tomada como una sátira y crítica al capitalismo, «decir lo mismo en un contexto cultural diferente es decir otra cosa», afirmó.

«Siento vértigo cuando veo que la historia cultural se amplía al incluir cada vez más temas», expresó, entre estos las historias de los animales, del color, de las emociones, los sentidos, la alimentación, la mujer, la memoria, el cuerpo, la juventud y la muerte. «¿Qué tipo de historia no es historia cultural?», cuestionó; opinó que «la historia cultural no es un campo sino un enfoque» que puede aplicarse a todos los campos de la historia. Para finalizar señaló que «la función del término cultura es actuar como una especie de pegamento intelectual, revelando o estableciendo conexiones entre diferentes prácticas y representaciones. Esto no es nada fácil en nuestra era de especialización y fragmentación. Resumiendo, la cultura es el reino de lo simbólico que puede encontrarse en todas partes y en todo momento. Seguimos necesitando eruditos, entre ellos historiadores, para interpretar los símbolos».

 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 

Acceda al video de la conferencia:

El jueves 7 de marzo a las 18 horas en la FIC, Burke ofrecerá la conferencia «Historia del conocimiento y la ignorancia».

Más información: Burke en Uruguay: una semana para la Historia de la cultura

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