Entrevista con Mª Paz Echeverriarza

María Paz Echeverriarza es la autora del libro “Acortando distancias entre la investigación y los profesores de ciencias”. Este trabajo refleja una experiencia de siete años mediante la cual se aplicó un modelo de cooperación entre docentes de Enseñanza Secundaria e investigadores del Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (PEDECIBA) en los campos de la biología, la física y la química. El propósito de esta experiencia, financiada por UNESCO (becas a profesores) y PEDECIBA (laboratorios), fue posibilitar un encuentro entre los docentes y los investigadores, y poder acercar la formación docente a la investigación en ciencias experimentales en nuestro país. Sobre estos temas conversamos con Ma Paz, y de dicha conversación deviene esta entrevista...

- ¿Qué te motivó a hacer este material? Ma Paz: En realidad era indispensable para nosotros, que habíamos logrado este modelo de trabajo en conjunto con el PEDECIBA y con ANEP, dejar una sistematización del mismo, dando a conocer la idea inicial y cómo funcionó año a año. Para un investigador son dos fases naturales de un trabajo.. A veces no es posible por cuestiones de tiempo, pero nosotros, desde el comienzo de la experiencia, esto es, desde que la imaginamos posible gracias a la voluntad de los investigadores y al PEDECIBA como institución, supimos que todos los aprendizajes en nuestra cogestión y en los saberes que pudiéramos adquirir específicamente de esta línea, que vincula al profesor y al investigador, iban a tener importancia para el país. Por ello su divulgación es un cierre académico indispensable. Por eso el libro tiene una identidad particular en la que se hizo mucho hincapié en el lanzamiento. De las 270 páginas, hay unas ciento y poco escritas por colaboradoras y yo; todo lo demás son resúmenes de los profesores, conferencias de los investigadores y la lista completa de quienes participaron. Porque nosotros entendemos que se ha hecho un camino histórico, partiendo por ordenar una propuesta que se supo ubicar en lo que se puede hacer, y contando como la seriedad de todos los colaboradores que la acompañaron y la hicieron posible con un financiamiento muy acotado. Y ese “Acortando distancias” es un poco alusivo a decir, “bueno, esto, está, ahora hay que ponerlo disponible para todos”, no sólo para aquellos que participaron. Nosotros así lo hemos expresado oralmente en diferentes disertaciones subregionales o internacionales. El desafío ahora está puesto ante la ANEP para que saque provecho de esta innovación, de este modelo, y lo amplíe a todos los profesores de ciencias experimentales. - ¿Qué enseñanzas deja el libro en cuanto a la investigación? Ma Paz: Que es posible el vínculo entre investigadores y profesores de ciencias experimentales, que es necesario cuidar el cómo se hace, dimensionar las fuerzas que se tienen y ubicar lo que se espera del docente y del investigador nacional con claridad. Que una oportunidad creativa de trabajo, en la que el docente se ve inmerso por un tiempo en el mundo de los laboratorios, efectivamente posibilita aprendizajes significativos, incluyendo muchos que no pueden simplemente trasmitirse en cursos para profesores. Hablábamos al principio sobre esta suerte de temor que a veces la gente tiene al aprendizaje científico.. Bueno, también está instalado muy fuertemente en el imaginario colectivo ese concepto del investigador absolutamente desvinculado de la realidad, estigmatizado como en los dibujitos animados, o como Einstein con los pelos parados. Y eso no sólo está en la cultura de la sociedad, empadronada probablemente por algunas cuestiones históricas, sino que también, y quizás esto sea lo más grave, está en la propia mirada de los profesores sobre su disciplina. El hecho de no haber tenido ningún contacto en su formación inicial con los científicos, los laboratorios es tremendamente grave, porque favorece esa imposibilidad de conocer al otro. Tenemos esta situación histórica en este país, en donde la formación de formadores no es una formación universitaria. Más allá de lo que el profesor estudie (en este caso eran profesores de ciencias experimentales, pero bien podrían ser también de filosofía, historia, etc), eso genera un desconocimiento muy grande de lo que está haciendo el otro (el académico uruguayo en esos mismos campos) y empobrece la visión del país. Ese es un lujo que un país, a mi juicio,--no hablo por UNESCO ahora-- sino como especialista en Educación, no debería darse. Es un lujo muy grande: tener recursos humanos capacitados, en 3 millones y poco de habitantes, que no tengan contacto entre ellos. Hablar de educación científica o en general es hablar de la capacidad de construir con otro, tanto con los recursos humanos como con los objetos de estudio. No parece un auspicio de apertura de aprendizaje ignorarse mutuamente. Esta situación se ve muy claramente también, cuando se busca el estado del arte de la investigación educativa del país. Es indispensable la creación de vínculos entre investigadores y profesores en todas las áreas, es fundamental la gestación de espacios colectivos donde esos conocimientos se puedan compartir entre adultos y no estén ligados solamente a la “función docente clásica de transmisión”. Las formaciones han cambiado--tanto la inicial como la continua--y en todas necesitamos aspectos que se deben potenciar conociendo otras miradas de la misma realidad. El profesor con innovaciones de este corte, desdibuja su rutina, su linealidad, observa lo que no se sabe, que se aproxima, mantiene o tiene más chances de mantener su curiosidad, su capacidad de exploración. En fin, en el libro están sus relatos una y otra vez, ilustrando su proceso. Estas cuestiones son sustantivas para los abordajes de los aprendizajes, los abordajes educativos de adultos y jóvenes. Es realmente preocupante que estos intercambios entre diferentes actores no se implementen bajo la forma de programas flexibles que vinculen estos “aprender a hacer y a vivir juntos” como dice el Informe Delors (1996). - Entonces, si entiendo lo que tú decís, ¿no se puede disociar la función del educador de la del investigador? Ma Paz: A ver, ahí tendríamos que diferenciar: hay una investigación que se realiza en un corte más pedagógico, que hace a lo que es la práctica pedagógica -en términos generales se puede hablar de investigaciones de corte más didáctico-, esto es, con énfasis mayor en el cómo se presentan los materiales, en el cómo se preparan los grupos, en el qué se da a trabajar a los chicos, en el tipo de premisas que el profesor tiene en su cabeza en relación a cómo va a aprender ese educando, etc. Eso también es investigación, y en ese tema también hay agendas pendientes muy importantes. Sin embargo este programa no fue por allí. El fuerte no ha sido esto. En el caso de los profesores de ANEP, estos aspectos son tomados y retomados en la formación inicial, y también en la poca oferta de formación permanente que el país tiene organizada. Pero el tema de la investigación experimental en los laboratorios es otro. Sería tonto que alguien pensara que por pasar 120 horas en un laboratorio el profesor va a ser un investigador. Sin embargo esta “zambullida”, esta inmersión acerca, saca miedo a lo desconocido y también da referentes, datos nuevos, trabajos científicos y un sin fin de posibilidades que aparecen como indicadores directos de exposición y acceso a la cultura científica. Están en los laboratorios con manipulaciones en el trabajo con el objeto de estudio (en temas o problemas específicos), en este caso de la física, la química y la biología, que son las tres áreas que acompañaron este modelo. Como hemos señalado, resulta bastante claro que no hay (o hay muy pocos) vínculos anteriores de formación en los laboratorios. El programa busca acercar, acortar esa distancia que lamentablemente tampoco se busca achicar en la formación inicial. Este no es un tema de los profesores de secundaria solamente; es un tema de toda la formación docente, incluídos primaria y UTU. Es un problema muy serio. Nosotros en educación sabemos que muchas de las tendencias, o el reconocimiento de los talentos que tienen los chicos, ocurren a muy temprana edad. Vos ves que hay una edad en la que los padres preguntan: “¿Y tú qué querés hacer?”. Y hay un 1% que te contesta: “Quiero ser arquitecto, porque me gusta hacer edificios”... pero la gran mayoría va gestando esta vocación, esa idea de lo que le gusta de mil formas más sutiles. Los años de la escuela y el trabajo de los maestros son fundamentales para esto, son muy importantes para acuñar esa curiosidad. ¿Y cómo se hace eso? Una forma ineludible es trabajando con esas capacidades en los mediadores naturales del centro educativo, es decir los docentes. En el libro menciono al pasar la experiencia de Francia con “las manos en la masa”; en fin, hay mucho para hacer. Potenciar la capacidad de explorar reconociendo que el docente tiene que haberla experimentado parece una premisa simple, pero con implicancias complejas para inventar otras cuestiones en esta dirección. Cuando se habla del mal rendiimiento de los chicos, de la repetición, de la extra edad que se verifica en la enseñanza, cabe preguntarse: ¿Se invirtió en esos profesores para que puedan tener más elementos en su trabajo? En este vínculo, en esas cosas fascinantes, tiene que haber experimentando el docente primero. Desde su comprensión, desde su experiencia, no solo desde la foto y el libro. Hay estudios, pocos en Uruguay, pero algunos de Argentina y en otros países de la región, que muestran que con frecuencia el educador define lo que le gusta por la negativa. Esto es, se le pregunta al maestro: “¿Qué es lo que más le gusta?”, y este responde algo así: “Lo que no me gusta es... y por eso seleccioné tal otra disciplina”. Los patrones culturales no se rompen de una década a otra, y al parecer aquí venimos con cuestiones muy enraizadas. Y volviendo un poco a tu pregunta, cuando yo dije ese vínculo indispensable que la educación en su estadío actual presenta con la investigación educativa, creo muy fuerte la necesidad de este tipo de relación entre los que investigan, tanto los aspectos didácticos como los más específicos de la disciplina, y quienes tradicionalmente son vistos como los que “enseñan”. Las fronteras están cada vez más turbias en estas cosas, porque ya no es “la lección”, como le enseñaban a mis papás, tampoco es “los módulos” o las “unidades específicas” como me enseñaban a mí en el profesorado; actualmente estamos en una situación más de negociación entre el educando y el educador por la cual el educador tiene que tener muchos elementos sobre la mesa, mucho conocimiento específico de relacionamiento, de manejo de grupo y del objeto de estudio que enseña. Este balance no es sencillo, pero es importante que se entienda su tarea de formación como algo continuo y con actores distintos. Las evaluaciones que nosotros llevamos adelante, como viste en el libro, constaban de dos partes: una durante la pasantía, y otra en una entrevista a posteriori, en la que ellos, en la oficina de UNESCO, se expresaban sobre el proceso. Para el caso de Biología, en el que se realizó el análisis de contenidos de las entrevistas, la enorme mayoría destaca la importancia del acceso al laboratorio, el poder conocer esa cultura. Hablan de los aparatos, de la manipulación, etc, pero también hablan de algo mucho más profundo que es el poder haber estado ahí. El haber conocido, el haber vivido otros tiempos, como cuando uno pone a correr un experimento de laboratorio y tiene que estar pendiente doce horas de eso. También se impresionan lo rápido que se les pasó el tiempo para todo lo que experimentaron. El haber estado en la “cocina” de alguna investigación es una mirada diferente que les ha dado un empuje de entusiasmo y mayor conocimiento. El programa es factible; quedó en los 200 profesores y 97 investigadores que acompañaron y aprendieron estos vínculos con “otros”. Tanto el PEDECIBA como la UNESCO esperan que la ANEP lo haga propio. Nos hemos ofrecido a facilitar esa transición. Acortando distancias tiene de la A a la Z todo nuestro camino colectivo, desde la concepción y la implementación, a la evaluación y el financiamiento utilizado. Para UNESCO esta es una innovación que sin duda apoya el mejoramiento de la formación continua del profesor de ciencias experimentales y de la cultura de estos colectivos. Y por eso estamos muy contentos. Portal de la Universidad Versión para imprimir: Entrevista_Echevarriarza.pdf

Publicado el martes 26 de diciembre de 2006

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