El III EITICE reivindicó una «educación liberadora, tenga muros o no»

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Del 5 al 7 de setiembre en la Udelar se desarrolló el III Encuentro de Tesistas e Investigadores en Temáticas de Cárceles y Acceso a Derechos Educativos (EITICE). Participantes de varios países reflexionaron acerca del encierro, la práctica educativa y la libertad.

La jornada del viernes 6 se dividió en tres partes en cada una de las cuales se realizaron mesas temáticas simultáneas, con panelistas investigadores de la Udelar y universidades de Argentina, Brasil y Chile. Práctica y reflexión El viernes 6 en la Facultad de Información y Comunicación se realizó un plenario general que fue oportunidad para el intercambio de las ideas que se manejaron antes en las mesas temáticas. Se plantearon apuntes para la reflexión, inquietudes y preguntas. En el plenario los presentes resaltaron el valor de espacios como este. «La reflexión sobre las cárceles en las universidades es importantísima, es también reflexión sobre derechos humanos», expresó uno de los participantes. Varios expositores señalaron el acceso a la educación como uno de los derechos que hoy se ve amenazado en la sociedad, no solo dentro de las cárceles. Un visitante brasileño señaló el detrimento de la educación pública frente a la educación de las élites, situación que hace perpetuar la desigualdad social. Un participante proveniente de Chile marcó también las diferencias entre las posibilidades de educarse de pobres y ricos, señalando que en varios países la educación pública «está dirigida a los pobres». Teniendo en cuenta que los que llegan a la cárcel en su mayoría son los pobres, «¿es válido pensar en una educación para presos? Es interesante tener siempre abierta esa discusión. La educación tiene que ser liberadora, tenga muros o no», expresó. Se planteó que la situación de deshumanización en las cárceles y la cosificación de las personas allí es un reflejo de qué es lo que la sociedad elige proteger y qué no. Este hecho se visualiza en situaciones en las que los vecinos golpean al que atrapan delinquiendo, llegando incluso a matarlo, sin que esas personas se consideren violentas. Es necesario llevar adelante procesos que apunten a la construcción de la identidad y subjetividad de las personas o «humanizantes» en los contextos de encierro. Al respecto uno de los participantes expresó que «la humanización es un hecho que se da en la relación cercana entre dos personas, no por decreto». Gabriela Pasturino, organizadora del Encuentro por parte de la Udelar, resaltó la necesidad de conversar esto entre los docentes y estudiantes que sostienen el trabajo con estudiantes privados de libertad (EPL) día a día. «La cuestión de la educación liberadora dentro y fuera de contextos de encierro es interesante porque las universidades son instituciones viejas, pesadas, siempre encontramos contradicciones a resolver, siempre tenemos que reflexionar para avanzar, para cambiar si es necesario», manifestó. Añadió que las universidades públicas de América Latina tienen una responsabilidad enorme porque son las que generan la mayor parte del conocimiento. Agregó que en un momento de avance del neoliberalismo, este conocimiento es el que posibilita y demanda a los universitarios generar espacios de reflexión y tomar postura acerca de este fenómeno. Señaló la necesidad de que en Uruguay se generen diagnósticos sobre el tema a partir de datos. Con respecto a la investigación en contexto de privación de libertad los universitarios uruguayos comentaron las dificultades que existen en el país para generar información sobre la vida interna de la cárcel. La utilización de datos educativos y estadísticas generados en los establecimientos carcelarios es compleja, porque las instituciones utilizan metodologías diferentes para registrar las inscripciones y otros datos importantes, lo cual dificulta la investigación. Antes de abolir Sobre el ingreso de las instituciones educativas dentro de las unidades de reclusión, se cuestionó si esto implica avalar el modelo de encierro. «¿No deberíamos mejor pensar en el abolicionismo?», plantearon, en alusión a las corrientes de pensamiento que sostienen que es necesaria la desaparición de las cárceles. Uno de los invitados de Brasil sostuvo que «no debemos olvidar que la mayoría de las personas no tendrían que estar allí» pero introdujo otro enfoque: dentro de un proceso hacia la desaparición de las cárceles deben darse otros procesos y reformas, tales como la educación en contextos de encierro, expresó. Otros coincidieron señalando que hoy hay que pensar en una prisión más educativa sin dejar de ir hacia el abolicionismo. Agregaron que para ello también es necesario cuidar de las víctimas, no olvidarlas. Genera consecuencias muy positivas que sean apoyadas con asistencia monetaria y psicológica, porque sin atención las víctimas alimentan el odio, explicaron. Un docente de secundaria presente en el Encuentro planteó que para llevar adelante una educación liberadora «deberíamos cambiar nuestras cabezas. Cambiar nuestra forma de enseñar, ser más artistas». Reflexionó que hacer esto es más fácil para los jóvenes, ellos pueden liderar las transformaciones: «los jóvenes impulsan los cambios, ellos traen lo positivo, son los emprendedores al futuro de la educación». También comentó una experiencia de enseñanza que se desarrolló mientras trabajaba con EPL en su curso de Física, en la que surgieron formas novedosas de observar cómo se desplazan algunos objetos. Cuando trasladó la misma experiencia a su clase del liceo, se generó un momento de mucho disfrute que aportó al aprendizaje del grupo y al bagaje de herramientas del docente. Se reflexionó sobre el efecto del encierro en las condiciones que tiene una persona para estudiar y la necesidad de implementar estrategias para mitigar las desigualdades que esto genera para los EPL. Alicia Álvarez, docente del Programa de Respaldo al Aprendizaje de la Udelar, planteó que en el caso de los universitarios que estudian en las cárceles el rol docente se ve cuestionado. «Suelen tener niveles de aprobación muy altos» en pruebas y exámenes, incluso quienes nunca vieron a un docente del curso en su centro de reclusión y solamente recibieron apoyo de tutores pares para estudiar. Si bien «afuera puede pasar lo mismo, tal vez no asistimos a clase porque no nos sirve pero igual salvamos esa materia», esto nos debe hacer reflexionar sobre el trabajo docente, explicó. Otra de las situaciones que de la privación de libertad señalada en el plenario fue el lugar de poder que le otorga la educación a los que estudian frente a otros privados de libertad. Esto puede generar tensiones entre ellos o también entre los que estudian, creando nuevas lógicas de segregación. «Es un fenómeno que hay que conocer para revertir, se da también afuera», manifestó uno de los participantes. Para afrontar las condiciones adversas de los contextos de encierro es inevitable la flexibilización de todos los planes educativos y también de las instituciones, afirmaron. También se señaló que es necesario tener en cuenta las tensiones institucionales entre las entidades competentes en la gestión de los espacios de privación de libertad y los organismos educativos, que hace que establezcan un diálogo de complejidad muy específica. Se planteó la importancia de una formación con perspectiva de derechos de las personas que trabajan en educación en contextos de encierro, y la necesidad de garantizar que si alguno de los técnicos, docentes o investigadores deja de cumplir tareas en el área queden otros que puedan hacer lo mismo. En el plenario se defendió la necesidad de empezar a trabajar formas precisas y concretas para avanzar en institucionalidad, en las prácticas, y en la difusión de mucha información sobre el tema. Trabajamos «en un lugar donde hay crueldad, muerte, sufrimiento, visibilizar la cárcel es fundamental», expresó uno de los participantes. Varios señalaron el impacto de la praxis educativa en el tutor, en el docente y en los estudiantes en contexto de privación de libertad, que termina transformándolos. Uno de los docentes expresó: «somos facilitadores para que esos individuos ejerzan su derecho a la educación, no es poco». Jornada de cierre El sábado 7 de setiembre el EITICE tercera edición realizó su actividad final. Durante la última jornada se llevaron a cabo mesas de discusión, presentación de investigaciones, un foro abierto sobre educación y cárceles en América Latina y un cierre artístico. En las cuatro Mesas que se desarrollaron en forma simultánea en la Facultad de Ciencias Económicas y de Administración de la Udelar, investigadores de Argentina, Brasil, Chile y Uruguay presentaron sus trabajos en base a experiencias educativas en contextos de encierro. En la Mesa Eje 1 participaron Marcela Gaete Vergara que realizó la exposición: Pendiendo de un hilo. Proyectos formativos no formales en cárceles y Richar Julio Pereira García, Representaciones sociales de profesores del Microcentro Colina respecto de su práctica docente. Continuó Nelson Rios Cardozo que disertó sobre Trayectorias educativas y expectativas escolares de los estudiantes del CENS N° 451 de la Unidad Penitenciaria N°37. Seguidamente Cecilia Baroni y Natalia Laino expusieron acerca de La libertad de estudiar: Sistematización de los procesos de formación de estudiantes de psicología privados de libertad. Cerró la Mesa Marisol Ángela Ramírez Muga refiriéndose a Educación en cárceles de mujeres; entre las propuestas de empoderamiento y sumisión. Ramírez Muga se refirió a la investigación que realizó acerca de la situación de EPL en Chile en siete cárceles, dos de de mujeres y cinco de hombres. Para contextualizarla explicó que en este país las población privada de libertad es en su mayoría del sexo masculino (sólo un 8% del total son mujeres). Esto hace que la oferta educativa en contexto de encierro esté pensada fundamentalmente para los hombres y se lleve adelante en las cárceles de hombres. Otra de las características de la población en este contexto es que provienen de los sectores pobres de Chile, «la gente que tiene más recursos económicos, muchas veces independientemente del delito no va a la cárcel porque tiene mejores abogados», expresó. La investigadora sostuvo que la oferta educativa en contexto de privación de libertad en el país es reducida. En las dos cárceles más grandes de Chile (una de mujeres y otra de hombres) donde hay mayor población y ésta tiene las condenas más largas, básicamente consiste en educación formal, educación no formal socioeducativa que imparte gendarmería y capacitación productiva (que posibilita el acceso a un trabajo remunerado). En cuanto al financiamiento de estos programas educativos Ramírez Muga anotó que se observan diferencias entre los establecimientos carcelarios. Las cárceles que se encuentran más lejanas y aquellas en las que hay mayor población imputada e investigada en sus delitos tienen mucho menos oferta educativa. La investigadora subrayó que en la lógica imperante en las cárceles chilenas se identifican valores como la competencia, la jerarquización y la obediencia. Agregó que estos valores no se dan sólo en la estructura carcelaria sino también en los códigos que se manejan en éste ámbito y no existen diferencias en este aspecto entre las cárceles de mujeres y las de hombres. Sobre este punto Ramírez Muga explicó que se jerarquizan algunas formaciones por sobre otras de acuerdo al género, en el caso de las cárceles de mujeres hay formaciones que reproducen estereotipos de la sociedad. Ramírez Muga resaltó la visión acerca del sentido del espacio educativo de las personas en privación de libertad entrevistadas en este trabajo: «debe ser un paréntesis a la cárcel». Señaló la importancia de estos espacios ya que promueven valores contrarios a los imperantes en las cárceles, los EPL pueden expresar su emocionalidad, no competir entre ellos sino crear instancias de diálogo donde las personas se sientan reconocidas. Añadió que se apunta al trabajo colectivo, a partir de lo que el estudiante trae y no de lo que le falta, a la dignificación de las personas. En el plenario de cierre de la jornada Gabriela Pasturino planteó la necesidad encontrar estrategias para lograr que a la interna de las universidades, se tome como política propia la mirada sobre estos espacios. Es fundamental por parte de las universidades el reconocimiento de la tarea de los que trabajan en contextos de privación de libertad, la asignación de recursos, las propuestas en docencia, investigación y extensión que se podrían llevar adelante. «Para poder avanzar en este camino es necesario empezar a involucrar otros actores», sostuvo Pasturino. El encuentro cerró con un espectáculo artístico en el que participó el grupo de Hip hop Mc Mafia integrado por personas privadas de libertad.

Publicado el miércoles 11 de septiembre de 2019

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