Maestro José Pedro Barrán: Rigor y libertad

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El miércoles 25 de setiembre, se llevó a cabo un homenaje al historiador José Pedro Barrán a diez años de su fallecimiento, organizado por la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación (FHCE) de la Universidad de la República (Udelar). En la ocasión, estuvieron presentes su familia, amigos, colegas y autoridades universitarias, e hicieron uso de la palabra la ministra de Educación y Cultura, María Julia Muñoz; el rector de la Udelar, Rodrigo Arim; la decana de FHCE, Ana Frega; y el docente de la Facultad de Ciencias Sociales, Gerardo Caetano.

Frega expresó que este homenaje significa para ella una mezcla de sentimientos encontrados: la tristeza de un alejamiento demasiado temprano y la alegría por saber que Barrán está presente y sigue contribuyendo en la Universidad, la historia, y la sociedad uruguaya. Hizo dos aproximaciones personales como historiadora y como decana. En nombre de todos los colegas del Departamento de Historia del Uruguay que disfrutaron su magisterio, destacó cómo Barrán «encaró la construcción del Departamento como tal, desarmar lo que la dictadura había hecho en esos años de oscuridad». Es así que el primer programa de Historia del Uruguay después de la dictadura modificaba no solamente las cronologías y teorizaciones habituales, sino que incorporaba elementos sociales, culturales, económicos, políticos, y otra manera de abordar la Historia del Uruguay desde el diálogo con la región y el mundo. «Barrán es un maestro», afirmó. Nutría los vínculos humanos, fundamentales para el desarrollo de conocimiento, y generaba un ambiente de construcción, una relación donde todos aprendían y se enriquecían. El historiador, explicó, fue un ejemplo de autoridad, en cuanto a su excelencia, nobleza, sabiduría, y honor. Era «quien hablaba desde el saber pero no desde la soberbia, quien formulaba nuevas preguntas que ayudaban a quienes estábamos empezando a dedicarnos a la tarea de pensar la historia». Entre risas, recordó cuando le comentó a Barrán sus temas de investigación sobre identidad y territorio y este le dijo: «pero, mija, ¡vos no creés ni en la Banda Oriental!». «Esto refleja esa búsqueda a la cual éramos incentivados: a someter las cosas bajo sospecha, a repensar», señaló. También destacó que como docente e investigador Barrán generó «pequeñas frases» que abrían caminos de investigación, tales como «"el Artigas verdadero es el conductor y el conducido": cuánto de renovación historiográfica supone esa incorporación de un sujeto social más amplio que el héroe o el prócer, el mito del héroe creador solo sirve a las clases dominantes de todas las épocas al minimizar el papel del pueblo. Son frases que iluminan cómo entender la historiografía, pues para Barrán "la verdad era siempre revolucionaria"». Por último, destacó el rol del historiador en la formación de numerosas generaciones de docentes e investigadores, la apertura de nuevos caminos de producción historiográfica, el incentivo y el aliento a la discusión fraterna, y el respeto por la diversidad de ideas «sin el cual es imposible concebir el trabajo académico». Precisamente, por su convicción en torno a la verdad, hizo énfasis en la participación de Barrán en la Administración Nacional de Educación Pública, donde impulsó la enseñanza del pasado reciente, y también como supervisor académico de la Investigación Histórica sobre Detenidos Desaparecidos, junto a Gerardo Caetano y Álvaro Rico. Contra el poder Por su parte, Caetano repasó diferentes momentos que compartió con Barrán, a quien conoció durante la dictadura cuando se formaba en el Centro Latinoamericano de Economía Humana (CLAEH). Allí Barrán y otros historiadores se reunían a debatir textos, comentó. Entre las «marcas de la dictadura» en la vida de Barrán, mencionó su destitución como docente de la enseñanza pública, al igual que la de otras figuras «incalificables»; también recordó los cursos que impartía junto a Benjamín Nahum en su casa, «que marcaron a tantas generaciones». Tanto Caetano como sus compañeros leían «apasionadamente» los libros de Barrán, aseguró. Repasó varios de sus títulos, como la Historia rural del Uruguay moderno, obra en siete tomos que escribió en coautoría con Nahum, y destacó el impacto que tuvieron los dos tomos de su Historia de la sensibilidad en el Uruguay. «Él se metía con el poder, se metía con los médicos», señaló, en referencia a su obra Medicina y sociedad en el Uruguay del Novecientos. Barrán también incursionó en los diarios personales de transgresores, desatando sus «hilos de la memoria», como en el libro Amor y transgresión en Montevideo: 1919-1931, agregó. Caetano señaló que Barrán encontró en la Universidad de la República «cobijo y refugio», así como apoyo a su trabajo de investigación a través del Régimen de Dedicación Total. Respecto a los roles de conducción que debió ocupar, expresó que «era efectivamente una autoridad, que sabía gobernar sin mandar». «Le obsesionaba estudiar el poder porque odiaba el poder», aseguró, desconfiaba de él porque reconocía «el valor supremo de la libertad» y su lucha por la igualdad social se articulaba con la defensa de la libertad. Recordó sus lecturas interminables, su gusto por la música, compartido con su esposa Alicia, el orgullo que tenía por su hijo Pedro, «su curiosidad, su humor», y muchísimas cosas que «de forma cotidiana me ayudan a vivir», declaró. Caetano aseguró que Barrán fue «intensamente feliz» con la familia que pudo construir y que murió temprano porque «tenía muchísimo por delante, y sobre todo porque lo necesitábamos muchísimo». El rector le agradeció a Barrán «por lo que le dejó al país y a la Universidad de la República, y más en general al sistema de educación pública uruguayo». Fueron dos décadas de aporte a la Universidad y muchas más al país en su rol de intelectual y docente. Afirmó que era «un universitario tenaz, a la misma vez profesor de generaciones de docentes y un investigador de primera: el más público de los historiadores uruguayos de la mitad del siglo XX y principios del XXI». También fue un generador de encuentros interdisciplinares. Rigor y libertad Arim mencionó dos publicaciones sobre el historiador que Caetano le obsequió, José Pedro Barrán. Epílogos y Legados y la Revista de la Biblioteca Nacional Nº 8. Barrán, ambas significativas de miradas distintas. La primera, sobre la diversidad de actores universitarios y no universitarios que vieron en Barrán una «fuente de inspiración y de reconocimiento». La segunda, refiere al encuentro interdisciplinario: «la búsqueda de encuentros, diversidades, miradas sobre fenómenos que hacen al pasado y al presente del Uruguay es parte de su legado y de cómo hoy debemos generar conocimiento en la Universidad». Para finalizar, citó un fragmento de Epílogos y Legados en el que los autores describen su experiencia con Barrán: «En la vida de los seres humanos hay encuentros que nos marcan, son vínculos que producen un cambio espiritual, en el sentido de que a partir de ese momento y esa experiencia la vida ya no es la misma. Sin esa experiencia hubiera sido sin duda otra. Son encuentros que modifican nuestra manera de pensar, de conocer, y de sentir. José Pedro ha sido un amigo, un maestro y también un protector. Así lo sentimos. Nos ha hecho a nosotros, y a otros muchos con seguridad, mejores. Ese ha sido para nosotros tres, y con seguridad para muchos más, el encuentro con José Pedro Barrán». Muñoz expresó que Barrán fue el historiador que la motivó a leer historia, a partir de sus obras sobre el poder médico. Su trabajo también atrae a otros por su capacidad de introducirnos en una mixtura de sensibilidad y psicología de la época «muy bien narrada y con mucho sentimiento», señaló, Barrán «sigue marcando la impronta de enseñar a pensar y actuar con rigor y libertad». También citó un fragmento del libro José Pedro Barrán. Epílogos y Legados: «para que los sueños sigan alentando la transformación de la realidad, para que así lo que no fue algún día un día pueda ser». Añadió que no tenemos la presencia física de Barrán, peros sí su presencia diaria a través de «todas las enseñanzas que nos ha dejado». Como recuerdo de este homenaje, la ministra entregó a la familia del historiador una escultura del artista Octavio Podestá. La figura representa a un fauno, esta idea inspiró a Podestá porque en la mitología romana el fauno es «favorecedor o portador», y es también nieto de Cronos. La forma en que entendemos el pasado «tiene que ver con los lentes para mirar atrás que los libros del profesor Barrán han construido», señaló. Agregó que la escultura también representa la mirada a la historia «cruzada por las emociones, la sexualidad, la violencia, la fiesta y el juego», mirada enriquecedora que Barrán nos dejó en muchos de sus libros. La viuda de Barrán, Alicia Casas, agradeció el homenaje y dedicó un saludo muy especial al profesor Nahum, presente en la sala Maggiolo. José Pedró Barrán Nació en la ciudad de Fray Bentos el 26 de febrero de 1934 y murió el 11 de setiembre de 2009 en Montevideo. Cuando era niño la familia se mudó de la estancia donde vivían a Montevideo, donde inició y culminó sus estudios liceales. Ingresó luego al Instituto de Profesores Artigas, graduándose como profesor de historia en 1958 para iniciar una extensa carrera en la enseñanza pública secundaria. En los tempranos sesenta, colaboró también con el semanario Marcha con notas y reseñas sobre temas históricos e historiográficos. Al mismo tiempo, junto a su colega Benjamín Nahum, empezó trabajar como asistente de Juan Pivel Devoto, historiador nacionalista y director del Archivo General de la Nación. A partir de esas primeras incursiones en la historia económica uruguaya, Barrán y Nahum publicaron el ya clásico y varias veces reeditado libro Bases económicas de la revolución artiguista (Montevideo: Banda Oriental, 1964). Junto a los historiadores Lucía Sala, Julio Rodríguez, Roque Faraone, Blanca París y Juan Antonio Oddone, entre otros, la dupla de Barrán y Nahum se integró por entonces al grupo «Historia y presente» y se lanzó de modo consciente a refrescar la historiografía uruguaya con las novedades que venían fundamentalmente de la escuela francesa de los Annales. De ese esfuerzo es fruto la monumental saga que componen los siete volúmenes de la Historia rural del Uruguay moderno (Montevideo: Banda Oriental, 1967-1978). En 1978, ya en plena dictadura, fue destituido de todos los cargos públicos y apartado de la docencia, una de sus más claras vocaciones. Durante esa etapa, Barrán y Nahum no solo generaron una forma original de resistencia al autoritarismo, enseñando historia a los alumnos que se reunían casi clandestinamente en sus casas, sino que dieron un impulso fundamental a sus carreras de investigadores, plasmado en la segunda y última de sus grandes colaboraciones: los ocho volúmenes de la serie Batlle, los estancieros y el imperio británico (Montevideo: Banda Oriental, 1979-1987). En marzo del 2007 la Udelar le entregó el título Doctor Honoris Causa. Vea el video del homenaje Extraído de Vania Markarian, «Obituario de José Pedro Barrán», Prismas 14, 2010. (Ver artículo completo)

Publicado el jueves 26 de septiembre de 2019

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