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Uruguay del futuro. Referentes plantearon posibles caminos de crecimiento

El 28 de setiembre tuvo lugar en la Universidad de la República (Udelar) el panel de intercambio «¿Cómo construir el Uruguay de 2050?», en el marco de la iniciativa Día del futuro. Junto al rector Héctor Cancela, participaron representantes del gobierno central y de instituciones vinculadas a las temáticas del desarrollo nacional.

La actividad, promovida por La Diaria, busca reunir a amplios sectores de la sociedad civil, la academia y la política del país y la región, para generar la reflexión sobre el acontecer a mediano y largo plazo. 

Cecilia Álvarez, directora periodística de La Diaria, dio inicio a este encuentro y comentó que las actividades del Día del futuro comenzaron en 2010, con la idea de «pensar desde diversos lugares los futuros posibles, los futuros probables y los preferibles, en busca de proyectos compartidos». Agradeció a la Udelar por ser un aliado clave en este camino y repasó los temas que serán eje de esta edición, entre estos la transición energética, la inteligencia artificial y el futuro del trabajo y la geopolítica de las plataformas tecnológicas. 

La moderadora del encuentro y editora de La Diaria Futuro, Lucía Barrios, señaló que al preguntarnos qué Uruguay queremos construir hoy, debemos considerar que nuestro país cuenta con fortalezas como institucionalidad democrática. Al mismo tiempo enfrenta desafíos y entre estos, mencionó las desigualdades persistentes y la necesidad de innovación para construir un verdadero desarrollo. A estos se agregan retos del afuera: la incertidumbre a nivel internacional, las disputas geopolíticas, el avance tecnológico y sobre todo, la inteligencia artificial, todo lo cual «acelera muchos riesgos, pero también implica oportunidades».

Barrios organizó las exposiciones en tres bloques, con eje en distintas preguntas. En primer lugar, invitó a responder cuál es el diagnóstico sobre el Uruguay hoy, cuáles son sus principales fortalezas y cuáles los problemas que, si no se resuelven los próximos años, pueden condicionar el desarrollo del país. 

Macroeconomía al servicio del desarrollo productivo

Luis Bértola, integrante del Consejo Académico de la Estrategia Nacional de Desarrollo, abrió esta ronda de respuestas. Afirmó que afrontamos el gran problema de «interpretar por qué estamos dónde estamos», sabemos que Uruguay está creciendo «mucho menos de lo que precisamos» y esto se debe a un nivel de inversión muy bajo. Observó que, si bien tenemos herramientas que han sido útiles para promoverla, estas «ya no nos sirven, no alcanzan»; hemos tenido una política de desarrollo productivo muy basada en las exoneraciones fiscales y por tanto, «delegamos a los inversores las opciones de inversión y no tenemos un buen seguimiento de lo que se hace con esa inversión».  

Sostuvo que es necesario encarar seriamente una política industrial, no exclusivamente manufacturera, aunque debe incluirse. Afirmó que «el país está en una encrucijada» y que es necesario buscar consensos para llevar adelante políticas, «o vamos a estar vegetando en una tasa de crecimiento de poco más del 1% anual». Para Bértola, el desafío es articular todos los planes que realizan los diferentes organismos estatales, «creo que estamos jugando muy individual o parcialmente» y además, «la política está muy en la chiquita, muy en el corto plazo». Aseguró que es necesario construir consensos políticos y sociales sobre la convicción «de llevar adelante serias políticas de desarrollo productivo y de tener una macroeconomía que piense al servicio del desarrollo productivo y no solamente al servicio de la estabilidad macroeconómica». Finalmente afirmó que «necesitamos mucho trabajo de prospectiva», de evaluación y seguimiento de las políticas porque de lo contrario, no son creíbles. 

Crecimiento con protección social

En tanto, el presidente de la Agencia Nacional de Desarrollo, Juan Ignacio Dorrego, señaló que un problema actual es que «seguimos pensando muchas de estas políticas públicas para un Uruguay que demográficamente ya no existe», nuestra sociedad envejece y muestra muy pocos nacimientos, la población ya empezó a disminuir y esto «cambia bastante las conversaciones sobre desarrollo productivo». Sostuvo que cuando se habla de productividad ya no hace referencia a que una empresa produzca más por trabajador, sino que esta situación «nos interpela como sociedad acerca de cómo, con menos personas, producimos lo suficiente para asegurar una matriz de protección social», con condiciones para el desarrollo de las personas, para cuidar de nuestras infancias y también de quienes envejecen y tienen una vida en la vejez más prolongada.

Expresó que la pregunta de fondo es cómo crear mejores ciudadanos y ciudadanas para que la cohesión social no caiga y para lograr una movilidad social que permita a cada persona desarrollar «una vida en dignidad donde sea que quiera vivir, ya sea en Montevideo o en Tranqueras».

Soluciones audaces

Por su parte Carlos Batthyány, rector de la Universidad Tecnológica (UTEC), entiende que Uruguay ha venido creciendo desde la salida de la dictadura; sin embargo, aún tenemos problemas y las soluciones de los últimos 40 años no alcanzan. Cuestionó por qué, en cambio, en épocas anteriores el país encontraba respuestas y proponía soluciones audaces y disruptivas, con hitos como la Reforma Vareliana, la fundación de la Udelar y la construcción del Hospital de Clínicas.

Para Batthyány, el Uruguay de hoy muestra «una sociedad totalmente fragmentada»: a pesar de contar con educación pública obligatoria desde los 3 años, un 20% de uruguayas y uruguayos viven muy bien o exageradamente bien, mientras que «quizás 80% están condenados a una inmovilidad social». Señaló que la UTEC tiene tan solo 4000 estudiantes, de los cuales el 70% pertenecen a los dos quintiles menos favorecidos de la población. De 1000 que ingresan cada año a sus carreras, la mitad deserta, observó. En su opinión, las razones principales de esta desvinculación radican en los indicadores de lectura, de habilidades en matemáticas, de comprensión de textos y de creación de ideas propias que «han bajado enormemente», al igual que en otras partes del mundo. Agregó que se trata de jóvenes que provienen de familias de bajos ingresos y, «si trabajan y estudian, van a fracasar». Finalmente, Batthyány propuso debatir la idea de «darles un salario mínimo nacional a los estudiantes para que estudien, para que egresen y devuelvan ese préstamo que les hacemos, al estilo del modelo australiano, en los próximos diez años». Acotó que todas y todos los egresados de la UTEC y de la Udelar consiguen trabajos con salarios por encima de la media.

Acceso al conocimiento y cohesión social

Héctor Cancela, rector de la Udelar, coincidió con Batthyány en el diagnóstico sobre el Uruguay: «sigue siendo un país con una persistencia importante de desigualdades socioeconómicas, territoriales, de género, de las minorías muchas veces excluidas, desigualdad en el acceso a la educación y al conocimiento; el acceso al conocimiento que tienen las pequeñas y medianas empresas (PYMES) no es el mismo que el de las grandes empresas», señaló, «no hay una sociedad realmente próspera en el mundo con estas desigualdades». Destacó que los países con mejores índices de desarrollo, en general, incluyen a la población y eso causa un gran impacto porque un acceso a los bienes más homogéneo genera una cohesión social más importante, un mercado más grande, un acceso a la cultura mayor, «hay más gente que puede a su vez generar productos, bienes y atender la salud de otros».

Por otra parte, el rector entiende que el país cuenta con fortalezas como la calidad educativa, el nivel de la investigación, la institucionalidad y el diálogo entre las institucionalidades. A nivel de la Udelar, destacó la fortaleza del cogobierno «y la autonomía universitaria que no es autarquía, sino que se basa en trabajo con otras instituciones». Para Cancela es necesario trabajar por la oportunidad de inclusión de cada uruguaya y uruguayo desde su nacimiento a través de la educación, para que puedan incluirse en sus profesiones y de ese modo derramen en varios sentidos, por ejemplo, en beneficio de las PYMES que necesitan el aporte de personas más calificadas. «La democratización del acceso a la educación superior y del conocimiento, la vinculación del conocimiento que se genera en la academia con las necesidades concretas, reales, tanto del sector privado como del sector público, tienen que ser ese salto que dé el país», concluyó Cancela.

Territorios y soberanía

La ministra de Industria, Energía y Minería, Fernanda Cardona, apuntó que en materia de desarrollo «seguimos reproduciendo las mismas trampas» durante las últimas décadas. Sostuvo que no es posible hablar de una política pública sobre la industria nacional o los procesos productivos que esté disociada de la educación y de la realidad territorial. Entiende que existen situaciones transversales y herramientas de estímulo que son adecuadas a nivel nacional, no obstante, en este momento es inteligente pensar en políticas que difieran según el territorio porque en ellos tenemos producciones diversas, recursos y capacidades diferentes; debemos «pensar el desarrollo desde el territorio».

Asimismo, señaló que es necesario llegar a consensos ciudadanos y políticos que se vuelquen en planes o programas nacionales, que en lo posible tengan permanencia. Para la ministra, una de las claves que va a permitir a Uruguay salir de estas trampas del desarrollo «es siempre ser soberanos, buscar decisiones que nos hagan independientes de las opciones nacidas de la vulnerabilidad de otros, poder generar herramientas para tomar decisiones propias», concluyó.

Movilidad social

Alejandra Picco, coordinadora técnica del Instituto Cuesta Duarte, destacó que tan importante como la falta de crecimiento económico es la persistencia de las desigualdades sociales, la que a la vez genera «un cuello de botella para el desarrollo». Para la economista, el mercado laboral «es el primer ámbito de distribución de la riqueza» y actualmente, es un reproductor y un amplificador de esas desigualdades porque «ha dejado de ser un factor de movilidad social que permita a las personas alcanzar mejoras en el bienestar». Si bien los indicadores muestran que hay más empleo y la tasa de desempleo es relativamente baja, persisten desigualdades entre varones y mujeres, así como brechas que desfavorecen a los más jóvenes. Hay informalidad, más de uno de cada cinco ocupados no realiza aportes ni accede a la protección de seguridad social, explicó. Además, tres de cada diez trabajadores percibe ingresos líquidos mensuales menores a los 28,700 pesos.

Picco planteó la necesidad de mejorar las condiciones del mercado laboral en lograr que aumenten los puestos de trabajo de calidad; esto se relaciona con el acceso a la educación y con las diferencias en el territorio, señaló. Disminuir de manera importante estas desigualdades «no puede quedar supeditado a la agenda del crecimiento, porque si no, vamos a entrar en una trampa donde no podremos invertir en disminuir las desigualdades». Entre las fortalezas para superar los obstáculos al desarrollo, valoró los espacios de diálogo social, que aún funcionan, además de la estabilidad macroeconómica.

Los intercambios continuaron en torno a las preguntas: «¿Qué país queremos ser?»; «Qué futuro nos estamos imaginando en caso de que sigamos como venimos históricamente, sin tomar ninguna medida?» y en tanto, «¿qué tenemos que hacer ahora para evitarlo?».

Video de la actividad: