La actividad, que fue organizada en conjunto por las facultades de Arquitectura, Diseño y Urbanismo (FADU), Ciencias Económicas y de Administración (FCEA) e Ingeniería (Fing) de la Udelar, contó con la participación del rector de la Universidad, Rodrigo Arim, la decana de Fing, María Simon, el decano de FCEA, Jorge Xavier y el decano de la FADU, Marcelo Danza.

Compartiendo vivencias 

El evento comenzó con una charla inicial titulada «Nuestras vivencias con Eladio Dieste», a cargo de Gonzalo Larrambebere, Esteban Dieste y Juan Grompone. Grompone recordó que conoció a Dieste «desde la cuna» ya que su familia y la de Eladio se conocían «de toda la vida» y cuando este vino de Artigas a Montevideo a estudiar se alojó en la casa del padre de Grompone. Añadió que existe una foto que conserva, en la que el ingeniero lo tenía en brazos cuando contaba con dos o tres meses de edad. Aún después de casarse y mudarse a otro lugar, Dieste conservó la costumbre hasta los años 80 de almorzar los sábados con la familia de Grompone, «una reunión familiar inevitable».

Destacó que fue la influencia indirecta de Eladio Dieste la que lo decidió a estudiar Ingeniería, y recordó que fue su profesor de mecánica durante algunos años en la Fing, «una experiencia absolutamente irrepetible por el alto nivel de estos cursos». Otra de las influencias de Dieste que Grompone agradece, es haberle hecho conocer a Pierre Teilhard de Chardin, religioso jesuita, paleontólogo y filósofo francés, del que el ingeniero era un gran lector. Grompone identificó a Dieste como uno de los integrantes de la generación del 45, al igual que Massera, «que aunque es conocida por sus éxitos literarios, no lo es tanto por sus logros tecnológicos», apuntó. Entiende que esta generación de posguerra estaba enfrentada a «un mundo nuevo», quería cambiar la estructura del país, romper con todo lo del pasado y hacer cosas nuevas. «Dieste no creció de la nada, es un extraordinario representante de una generación extraordinaria», expresó.

Esteban Dieste recordó los regalos que le hacía su padre de niño, la mayoría juegos de ingenio como el Mecano, una máquina a vapor y una cometa de gran tamaño que el ingeniero hizo de papel celofán,  junto a sus hijos. Recuerda que Eladio incentivó su vocación por el dibujo, que descubrió en él desde niño, lo que luego le llevaría a elegir la carrera de Arquitectura. «Le interesaba orientar a los hijos sin decirlo, en la inclinación vocacional que tuvieran», acotó. Resaltó que de niños visitaban las obras en las que trabajaba su padre, como la Iglesia de Atlántida, en la que pudo ver todo el proceso de construcción. También marcó sus vidas la obra de la casa del barrio Punta Gorda que se construyó cuando Esteban Dieste tenía 15 años. Eladio sugirió a sus hijos Juan y Esteban que trabajaran en esta obra como peones de albañil. Esteban recordó que el padre les pagaba la mitad que a un obrero «ya que entendía que el rendimiento no iba a ser tanto porque teníamos que aprender». La idea de Dieste era «que trabajáramos ahí para que viéramos lo que significaba la vida de un obrero, el uso respetuoso de los materiales y toda esa visión de lo que llamaba la economía cósmica», manifestó. «Recuerdo ese verano como uno de los más felices de mi vida, volver cansado a casa después de las 5 de la tarde y sobre todo los días de quincena, con unos buenos pesos en el bolsillo ir a tomarme un helado o a compartir algo con los amigos», expresó. Finalizó destacando que Dieste tenía frases muy radicales para expresar la importancia que le daba al arte, a la belleza y a las proporciones, que entendía que tienen que ver con la naturaleza y con el propio cuerpo. Una de estas frases era «la gente se enferma de cáncer porque vive en casas mal proporcionadas». Señaló que esto reflejaba claramente «la importancia extrema que le daba a una arquitectura que tuviera en cuenta al ser humano en todas sus dimensiones, las físicas y las espirituales», afirmó. 

Larrambebere recordó que su primer vínculo con Dieste fue el 16 de noviembre de 1976 cuando comenzó a trabajar con él. Se asombra aún hoy de cómo hablando tan poco como lo hacía, Dieste lograba que quienes trabajaban con él entendieran lo que quería hacer. «Se trataba de aprender sin palabras prácticamente», apuntó. «Ese gusto por el trabajo, por su actividad, nos lo contagiaba a todos los que estábamos en las obras con él; a mí me sucedió algo que era nuevo en mi vida, disfrutaba de los lunes de mañana, eso es algo que le tengo que agradecer», expresó. Señaló que otro de los aspectos destacables de Dieste fue el respeto por el consumo, «la llamada economía cósmica que implica consumir sólo lo que fuera necesario, hacer las cosas con los recursos necesarios y no derrochar». 

Finalizada esta parte inicial hicieron uso de la palabra el rector y los decanos de FCEA, Fing y FADU. 

Creatividad, amor al conocimiento y a la profesión

La decana de Fing  agradeció a la familia del ingeniero Dieste por haber permitido dar su nombre a esta sala del Edificio Polifuncional. «Hay honores que honran más a quien los da que a quien los recibe», expresó, «es un honor que esta sala tome el nombre de un profesor y un ciudadano dilecto de este país». Destacó que por su parte no dejará de impulsar que se reconozca el método constructivo de Dieste, que va más allá de las obras materiales, como patrimonio cultural tecnológico. Este es uno de los aspectos que lo distinguen, el cultivo de la tecnología de forma responsable, indicó. Señaló que así como algunas ciencias como la física apuntan a explicar el universo, la tecnología busca modificarlo, pero Dieste impulsó la idea de que debe ser cambiado de acuerdo a las necesidades humanas y sin que el pasaje de los seres humanos por el mundo resulte dañoso o al menos que sea lo menos perjudicial posible. Explicó que en su figura se alían la investigación tecnológica con una práctica experimental, un profundo conocimiento teórico y el respeto por las ciencias básicas. Para Simon esta unión «hace que la ciencia y la tecnología en el país avancen juntas y se alimenten la una a la otra, generando una cultura propia». La decana subrayó el valor de la figura de Dieste: «fue una persona brillante, cálida y me atrevería a decir que feliz».

En nombre de la FADU Danza agradeció a la Fing «por haber formado a uno de los más grandes creadores que tuvo la arquitectura no solo nacional y regional sino también mundial, en el siglo XX». Asimismo agradeció la iniciativa de la decana de Ingeniería, quien presentó la propuesta al Consejo de la Facultad de que la Sala tomara el nombre de Dieste. El decano destacó en el ingeniero homenajeado el inconformismo sumado a la creatividad que lo llevó a buscar soluciones nuevas que no brindaban los materiales y construcciones existentes y a concebir su técnica de cerámica armada. Asimismo resaltó en Dieste la búsqueda de belleza que está en la esencia de la creación, así como la intuición que desarrolló a través de un proceso de ensayo y trabajo. También subrayó que es imposible concebir su figura sin entender su compromiso social y su religiosidad así como su compromiso con el estudio y el conocimiento. 

Compromiso social y capacidad de innovación

Xavier basó su ponencia en el libro del arquitecto argentino Juan Pablo Bonta, titulado «Sencillamente Eladio Dieste», en el que se cita una carta del ingeniero donde expresa la necesidad de «hablar clara, precisa y sencillamente». Xavier destacó la importancia de que alguien acostumbrado a la complejidad de los cálculos y técnicas que le exigían sus obras, «dejara este mensaje contundente, imprescindible para cualquier desarrollo, hablar para que todos puedan entendernos». «Eladio Dieste era capaz de lograr las formas más increíbles con su superficie de cerámica armada, estaba convencido de que más allá de cumplir una función acorde a su destino, sus obras debían ser también una forma de expresión, una comunicación amena con el entorno entendible por todos», apuntó. Resaltó que Dieste tuvo una preocupación constante por racionalizar el uso de los esfuerzos y de los materiales, lo que lo acerca a la economía y a la administración. Asimismo su compromiso social y concepciones humanistas lo llevaban a tener una preocupación constante por las condiciones de trabajo así como a cuestionar la acumulación de capital, la explotación y la injusticia. Xavier destacó que Dieste, refiriéndose al rol de las grandes corporaciones, emitió el siguiente juicio contundente que refleja este compromiso social: «sé de su escandalosa ineficacia y torpeza, de su bajísimo nivel técnico, del trabajo triste, rutinario y aburrido que supone lo que hacen, no me engañan, su fuerza está en la acumulación de capital que la sostiene, no en su eficacia actual. Seguramente hubo eficacia como hubo robo, crimen, explotación desvergonzada y otras cosas igualmente inicuas y siniestras», apuntó. Dieste también expresó claramente su opinión acerca del concepto de desarrollo que se manejaba: «el desarrollo no es satisfacer el apetito de un confort sin sentido de ínfimas minorías aunque aumente el producto per cápita, porque de ninguna manera esto puede vincularse a la felicidad humana». 

Arim planteó por su parte que Dieste nos señala tres falsas contradicciones de las cuales los uruguayos y la Udelar, deberían ser particularmente conscientes, una de ellas es entre utilitarismo y belleza. En este sentido resaltó que muchas de las obras en las que Dieste trabajó tuvieron que ver con la producción nacional, en especial en el área agrícola y fueron construidas con el objetivo de darle utilidad a un proceso productivo pero sin dejar de lado la dimensión estética, la belleza de la obra. La segunda falsa contradicción es que la estética presupone costos exorbitantes ajenos a las posibilidades presupuestales con las que se enfrentan los países. Dieste realizó obras de alto valor por su belleza, innovó desde la estética y a un costo menor inclusive que el que implicaría construir utilizando las otras alternativas del momento. En tercer lugar, Arim señaló la capacidad que demostró Dieste para innovar a partir de la austeridad y de la restricción, que entiende que es necesario valorar. «Es posible innovar, generar ciencia, ser profesionales en lo que estamos haciendo, aún en contextos restrictivos», afirmó el rector de la Udelar.

 
 
 
 
 
 
 
 
 

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