25N en la Udelar: «Reconocer, actuar y transformar»
El Portal de la Udelar y el programa de UNI Radio Somos Bienestar entrevistaron a Natalia Guidobono, integrante de la Comisión Abierta de Equidad de Género (CAEG), y a Gabriela Pacci, Unidad Central sobre Violencia, Acoso y Discriminación (UCVAD) de la Udelar.
Guidobono señaló que el equipo técnico de la CAEG que viene trabajando en la implementación del Modelo de calidad con equidad de género, entiende que es importante visibilizar la temática en los días clave como el 25 de noviembre. En este sentido, en conjunto con Bienestar Universitario y la Unidad de Comunicación de la Universidad de la República (UCUR) con un acompañamiento de la UCVAD se decidió para este 25N poner el foco en una de las violencias más invisibles que viven las mujeres: la violencia digital.
Informó que la segunda Encuesta nacional de prevalencia de violencia basada en género y generaciones reflejó que más del 75% de las mujeres uruguayas vivieron situaciones de violencia de género en algún momento de su vida. Asimismo, sostuvo que la violencia hacia las mujeres no se traduce en hechos concretos sino que es una continuidad y en muchos casos, las mismas mujeres viven múltiples violencias. Entre las que son visibles mencionó a la violencia física dentro de una relación sexo-afectiva o con ex parejas, además, se dan otras que no son tan visibles como la psicológica, la emocional, la patrimonial o económica y también las violencias digitales, las cuales pueden afectar fácilmente a las mujeres dentro de la Universidad y por eso se eligió este foco que tiene características y manifestaciones muy particulares, indicó.
La consigna en este 25N se basa en tres conceptos vinculados: reconocer, actuar y transformar, «partimos de la idea de reconocer que la violencia digital existe, luego tenemos que conocerla e identificarla», explicó. En segundo lugar, es clave que siempre se pueda actuar para lograr cambios culturales pensados no sólo como personales, de las y los individuos, sino también que apunten a transformar el colectivo, expresó. Planteó algunos ejemplos de acciones transformadoras: «a veces puede tratarse de reconocer, otras de decir “basta, esto no lo quiero para mí”, que un docente diga “en estas condiciones no podemos trabajar en Zoom” o que un grupo señale una situación inaceptable». Observó que actuar no es siempre denunciar en la primera instancia, a veces es poner el tema sobre la mesa o consultar; también es abordar estas temáticas desde las políticas universitarias y destinar dinero para la formación en estos temas, señaló Guidobono.
Por su parte, Gabriela Pacci, coordinadora de la UCVAD, expresó que «reconocer» es un concepto que le resulta muy inspirador e incorporó la perspectiva de Nancy Fraser -filósofa política y feminista estadounidense- en relación a cómo las instituciones y las sociedades «reconocen y construyen agenda a partir de asuntos que antes eran considerados naturales o invisibles y pasan a ser un problema que es resorte de intervención institucional». Para eso considera que «hay que trabajar en desnaturalizar determinadas prácticas, formas de convivencia y mecanismos de reproducción del poder». La clave sin duda es la prevención, que se construye formando, capacitando y también poniendo límites, señaló, «esto se expresa a nivel de sanciones y de prohibiciones porque en una institución el ejemplo es importante. No es por el lado punitivista que se construye una nueva cultura organizacional, pero al mismo tiempo, tiene que haber consecuencias sobre situaciones que son indeseables e inadmisibles institucionalmente».
También señaló que la Udelar tiene que dar el ejemplo porque es una institución «con potencial transformador, de sí misma, para sí y para la sociedad de la que es parte». Para esto es necesario estar un paso antes instituyendo política en esta materia, sostuvo. Señaló que los tres conceptos en la consigna para este 25N dialogan entre sí, porque «se transforma mientras se actúa y además el reconocimiento implica un transformar en el marco de procesos en los que se actúa. Se actúa cuando se denuncia y se investiga una situación, cuando se adopta una resolución y cuando se protege», agregó. Considera que aún resta trabajar en la línea de la reparación a las personas que sufrieron y vivieron situaciones donde estuvieron vulnerados sus derechos.
Visibilizar lo invisible
Guidobono expresó que la violencia digital no es visible, pasa por nuestro celular y nuestras computadoras e incluye situaciones de acoso y de hostigamiento a través de medios digitales, lo que puede constituir o no acoso sexual. Sostuvo que esta violencia se acrecienta hacia las mujeres en un momento y contexto cultural en el que hay algunos ataques en contra de las agendas de derechos. Explicó que a nivel laboral o educativo existen distintas manifestaciones de violencia digital como el bullying o mobbing, y otras más específicas, como por ejemplo la difusión de fotografías que pueden ser reales o trucadas, y que pueden derivar al ciberacoso sexual. También se violenta a través del sextortion, que se produce cuando se difunden sin consentimiento imágenes sexuales consentidas, luego se multiplican a otros niveles y se pierde el control. Indicó que la multiplicación que se da en lo digital que es de carácter exponencial y esto vulnera más aún nuestros derechos.
Agregó que en la Universidad muchas situaciones de acoso o violencia digital pueden pasar por los grupos de WhatsApp o por salas de Zoom; esto sucedió en pandemia y en algunas facultades se hizo hincapié en que la interacción en el ambiente virtual debía ser respetuosa al igual que en las aulas. «Se dan una serie de situaciones de violencias que pasan por estos aparatos y que nos acompañan pero que no sabemos todavía cuándo efectivamente estamos ante una situación de violencia o de acoso y qué hacemos con eso. Por tanto nos parecía importante colocar el tema de las violencias digitales para ayudar a visibilizarlo», sostuvo.
Observó que actualmente se está incrementando la violencia digital hacia las mujeres políticas, es decir las que participan en movimientos sociales, gremiales o en el cogobierno, y entonces es necesario prever qué puede pasar y cuidar de que no suceda. Entiende que es necesario valorar equilibradamente hasta dónde se continúa una conversación en las redes sociales y hasta dónde es una situación para denunciar, planteó, ya que muchas veces la violencia digital provoca que las mujeres se aparten de la red social y esto puede generar su aislamiento de las personas, además, «los daños que suceden en lo digital no se separan de lo real», afirmó.
Con respecto a lo que pueden hacer varones y mujeres para no contribuir con la violencia digital, aseguró que «en la medida que nos llegue una imagen, video o palabras agresivas por una red social, no debemos compartir y sí borrar estos contenidos». En su caso, cuando esto le llega, se atreve a decir: «varones, piensen ustedes mismos las estrategias para cuidar a las mujeres y cuidarse a sí mismos», enfatizó. Incluso, manifestar que no les sigan mandando esta información es un acto importante de parte de muchos varones en algunos grupos, agregó. «Ahí hay un cambio que todos tenemos que hacer, cuestionando a los varones de nuestros propios grupos de pares», subrayó.
Con respecto a las herramientas de autocuidado que deben tener las mujeres, planteó que es importante no compartir las contraseñas de las redes sociales: En especial las más jóvenes pueden tener relaciones sexo-afectivas que se basan en compartir una cuenta de Instagram y de esta forma se habilita el control de la pareja sobre quiénes son sus amigas y amigos, a quién se pone «me gusta» en una publicación, con quién se interactúa, qué se escribe, «eso es violencia digital», remarcó.
Considera que en los espacios universitarios también es importante la formación en estos temas y su visibilización porque estos hechos de violencia en los ámbitos de trabajo y de estudio, están relacionados con la violencia en general hacia la mujer. En este sentido, citó una frase de la escritora, antropóloga y activista feminista argentina, Rita Segato: «La violencia de género es la primera escuela de todas las otras formas de violencia». Guidobono señaló que «la violencia contra las mujeres es una violencia masificada, que está en todas partes y tiene muy diferente graduaciones, va desde el piropo en la calle o en un corredor de una facultad al asesinato de una mujer, de una joven estudiante universitaria, por ejemplo».
La formación es clave
Guidobono remarcó que «es muy importante que las y los docentes de la Universidad, además de formar, nos formemos como personas en algunas cuestiones.Tal como años atrás la Universidad tuvo que dar cursos para que la gente aprendiera a encender y usar una computadora, creemos que también tenemos que aprender a manejarnos y transformarnos para incorporar estas perspectivas y así lograr tener vínculos más saludables, no violentos, para lograr que todas las personas que transitamos en la Universidad podamos hacerlo sin miedo, sin consecuencias dañinas que retrasen nuestras carreras laborales y de formación», añadió.
Entiende que es fundamental que la Universidad incorpore cada vez más la formación en desigualdades para poder comprender que la violencia ocurre porque hay una base de desigualdad anterior, que tiene un sesgo de género y otro de raza, los cuales han sido muy estudiados y son muy conocidos por la academia. Acotó que es necesario saber cómo actuar ante situaciones de violencia, pero también cómo comprenderlas desde otro lugar, «para eso la formación es clave, el ideal es que haya amplias formaciones, que en todas las carreras haya efectivamente un cruce por género o incluso cursos concretos especializados en género y violencia.
Es fundamental también que esta formación se dirija a las y los funcionarios universitarios, indicó, en ese sentido el equipo técnico de la CAEG ha implementado una serie de módulos en el marco del Instituto de Formación y Capacitación y la Escuela de Gobierno. En los últimos tres años más de mil personas que cumplen funciones a todos los niveles han participado en uno, varios o todos los cursos, informó, incluyendo autoridades de diferentes servicios. Entiende que es clave que las y los funcionarios puedan realizar estos cursos dentro de su horario de trabajo para posibilitar su participación que frecuentemente se ve obstaculizada por este aspecto.
Resaltó que a mitad del 2023 se finalizó y se puso en funcionamiento el primer protocolo u hoja de ruta que orienta acerca de cómo actuar ante situaciones de violencia doméstica y ante medidas cautelares dentro de Facultad de Veterinaria, Apunta a qué hacer ante situación concreta de una compañera docente, estudiante o funcionaria, que está viviendo una situación de violencia doméstica y se busca acompañar a la mujer, trabajadora o estudiante de la Udelar, que no esté sola frente a esta situación tan dramática. Destacó que esto está establecido también en la Ley de Violencia hacia las mujeres basada en género, Ley Nº 19580.
Construcción de confianza
Pacci explicó que la Udelar ha instituido herramientas en materia de prevención, monitoreo y actuación sobre violencias, acoso y discriminaciones para reconocer estos problemas, interpretarlos y activar mecanismos de intervención. Las interpretaciones y abordajes para generar estas políticas en la Universidad tienen su base en la defensa de los derechos humanos, planteó, por eso, para intervenir en estos problemas que atentan contra estos derechos, es necesario incorporar perspectivas de género interseccionales, indicó. La UCVAD se creó junto con la Ordenanza correspondiente, que rige desde abril de 2021. Esta reglamentación prevé los procedimientos de consulta, de denuncia y de resolución de conflictos, explicó.
Desde la perspectiva de la UCVAD se entiende que «la prevención es clave para avanzar en una cultura organizacional diferente» donde no tengan cabida distintas violencias, acosos y discriminaciones que son productos y reproductores a nivel social, que dentro de la Universidad también se expresan y adquieren eventualmente connotaciones propias.
Pacci explicó que hay que generar estrategias de prevención a través de sensibilización, información y capacitación, formando a las personas en este tema y además «prevenirlo en función del lugar que nos toque estar dentro de la institución. Cada uno de nosotros y nosotras puede contribuir a aportar una sensibilidad diferente». Observó que los estereotipos referentes al cuerpo, a la ascendencia énico racial y otros se manejan a través de la broma, entonces si no las celebramos e incluso expresamos nuestra ofensa, generamos un ambiente de estudio y de trabajo distinto y creamos condiciones para una nueva cultura organizacional. Agregó que la prevención no sólo tiene que desarrollarse en un momento anterior al problema sino también durante las situaciones violentas para reducir sus daños y prevenir su expansión.
Además, destacó el trabajo en la construcción de la confianza: «hoy tenemos mecanismos que son garantistas de derechos; a pesar de que a veces pueden no gustarnos los resultados porque no siempre las investigaciones concluyen según las expectativas que cada quien tiene, hay mecanismos que se pueden abordar con serenidad. Construir confianza en relación a estos es también trabajar en prevención». Agregó que es posible generar dispositivos focalizados o a medida en diferentes servicios y espacios de estudio o trabajo «y en eso es muy importante cómo comunicar» pensando en los públicos a los que esta promoción va dirigida. En esta línea hay ámbitos estratégicos que son «portavoces de mensajes institucionales», apuntó.
«En estas cuestiones no se resuelve de una vez y para siempre, no es que una sensibilizó y se terminó», planteó, «es un continuo, es que en cada uno de nosotros y nosotras en algún momento de nuestros espacios de estudio o de trabajo, en instancias de preparación para concursos, este tema esté presente, y que esté en agenda y en la agencia institucional».
Respecto a los canales por los que las personas se expresan frente a las violencias, acosos y discriminaciones, indicó que «no promovemos los mecanismos de reclamo o de queja mediante expresiones en redes sociales porque no son denuncias, formalmente no se pueden considerar cuando hay personas que de alguna manera protegidas en el anonimato se expresan sobre alguna situación que involucra a otras personas». Desde la UCVAD entienden que esto genera mucho daño, tanto a quienes pueden estar padeciendo situaciones y son víctimas, como a aquellos presuntos responsables, quienes están siendo inculpados sin la garantía de un debido proceso y una debida investigación. «Daña mucho a nivel simbólico, a nivel subjetivo y además la institución no puede intervenir sobre eso, no puede investigar», subrayó.
En cuanto a las denuncias explicó que hay distintas vías. Por una parte, estas se pueden tramitar ante la máxima autoridad del servicio al que la persona pertenece, dada cualquier circunstancia en la que pueda estar vulnerando algún derecho como estudiante, trabajador o trabajadora, o que presuntamente sea una falta. Otra puerta de entrada para realizar denuncias, en algunos servicios, es ante la persona referente en violencia, acoso y discriminación, agregó. Este referente no puede darle trámite, pero sí puede explicar qué implica tramitar una denuncia, orientar sobre los contenidos, si existe documentación que sea conveniente agregar, indicó. En tercer lugar, ante los equipos técnicos de los servicios especializados en violencia, acoso y discriminación; estos pueden no sólo recepcionar sino también dar trámite a denuncias, al igual que la UCVAD.
Pacci explicó que denunciar significa plantear por escrito o a través de un acta una situación en la que la persona denunciante se ve involucrada y afectada. Esta tiene que expresarse como tal, la denuncia no puede ser anónima y además, «tiene que estar dirigida contra alguien», aclaró. Destacó que la denuncia «es confidencial pero no es secreta», es decir, no se puede divulgar la información que va emergiendo del procedimiento pero quienes participan en él deben conocer toda esa información. «Para la persona denunciante implica un grado de exposición porque tiene que hablar sobre una situación que le incomoda, que le duele, que la vulnera y también tiene que saber que el informe con el que se culmina cuando se hace un procedimiento va a estar dirigido a la máxima autoridad de su servicio», señaló, ese informe va a tener un componente descriptivo, un componente interpretativo y recomendaciones que el servicio deberá a analizar y valorar, para definir cuáles incorpora en su resolución.
«Estamos acostumbrados a trabajar en la incomodidad, trabajamos con temas que incomodan a las personas, que incomodan a las instituciones, a los órganos, a las autoridades. Porque nadie quiere tener este tipo de problemas dentro de sus órbitas, ni de estudio, ni de trabajo ni de gobernanza, entonces también sabemos que tenemos que dar los tiempos para procesar». La Unidad Central también asesora a las autoridades y a los órganos cuando así lo solicitan, acompaña en las instancias de seguimiento sobre las denuncias y en el proceso de implementación, comentó. Cuando los servicios cuentan con un referente o un equipo técnico se articula con ellos también, indicó, «es fundamental esa articulación».
