Agroecología: Mejor acceso y mayor diversidad alimentaria y retorno a los alimentos con identidad
En Uruguay, a impulso de organizaciones sociales que trabajan en la temática, desde 2024 se eligió el 3 de setiembre para celebrar el Día Nacional de la Agroecología.
En el marco del Día Nacional de la Agroecología, el Portal de la Universidad de la República (Udelar) dialogó acerca del significado de esta fecha con Adriana Cauci, docente de la Unidad Académica Departamento de Nutrición Poblacional e integrante del Observatorio del Derecho a la Alimentación, de la Escuela de Nutrición de la Udelar.
Cauci destacó que el Día Nacional de la Agroecología fue impulsado por organizaciones sociales que cuentan con una larga trayectoria en relación al tema: la Red de Agroecología del Uruguay, la Red de Semillas Criollas y Nativas, la Red de Mujeres Rurales del Uruguay y la Red de Huertas Comunitarias. Estas organizaciones, que lideran el gran esfuerzo que implica organizar las actividades que se desarrollarán en el territorio nacional en torno a la celebración, buscan «colocar este tema sobre la mesa con el fin de seguir impulsando acciones por parte del Estado y de otros actores políticos y sociales para que se siga transicionando hacia la agroecología». «Es un hito sumamente relevante porque permite reflexionar y hacer visible las distintas experiencias agroecológicas que existen en Uruguay», resaltó
La docente informó que la Escuela de Nutrición está trabajando junto a los colectivos sociales en la propuesta de las actividades de la celebración central del Día Nacional de Agroecología, que se llevará a cabo el 14 de setiembre en el Parque Roosvelt, evento en el que, además, la Escuela de Nutrición desarrollará un taller temático. Destacó también que desde el 3 de setiembre y durante todo el mes, se realizan otras actividades en torno a la fecha, en distintos puntos de Montevideo y del interior del país.
«Una doble mirada»
Cauci señaló que la agroecología incorpora «una doble mirada», por un lado la que le aporta su carácter de ciencia y por otro el componente de los aspectos sociales y culturales que se vinculan con la alimentación y por ello tiene una implicancia mucho más profunda que las formas productivas de alimentos.
«Es en este punto que la agroecología tiene una gran oportunidad para establecer una conexión entre la producción de alimentos y el consumo», afirmó. Entiende que construir este vínculo permitiría que la población pueda acercarse a la variedad nutricional a partir de una diversidad alimentaria en cuanto a frutas y hortalizas producidas de forma agroecológica. Señaló que para lograr esto uno de los aspectos centrales tiene que ver con las formas de comercialización de estos alimentos, otro aspecto que diferencia a los productores y productoras agroecológicas de los tradicionales, ya que, sea de manera familiar o en forma organizada, buscan comercializar sus productos acercándose al consumidor a través de distintas formas como ferias o canastas.
Esta modalidad de comercialización contribuye a construir un vínculo más directo con los consumidores en el que la agroecología es un mediador y un rol más activo de las personas en cuestiones relativas a su alimentación, que incorporan intercambios culturales y sociales. Considera que este vínculo es muy importante ya que al consumidor se le presentan algunas necesidades en relación a la agroecología: «acceder al conocimiento de cómo preparar los alimentos, cómo usarlos, y entender que no podemos conseguir determinados productos en épocas del año que no corresponden por los ciclos de la vida vegetal, y las condiciones climáticas».
En este sentido sostuvo que la agroecología presenta una gran fuerza en que cambia la lógica mercantil del alimento. «A diferencia de lo que sucede con el consumo agroecológico, al comprar un producto en las grandes superficies adquirimos un alimento sin identidad, el único vínculo que generamos con este alimento es individual, no sabemos de dónde viene, quién y cómo lo produce, qué dificultades se dieron en torno a ese alimento, cómo lo puedo preparar, cómo lo consumo, en qué momento», apuntó.
Añadió que estas lógica mercantil es la causa de las condiciones de exclusión al acceso a los alimentos que afectan a poblaciones socioeconómicamente vulnerables. Recordó que en Uruguay existe hoy una inseguridad alimentaria moderada y grave en una proporción muy importante de la población, alrededor del 15%, y esta gran problemática se vincula principalmente con la incapacidad o a la dificultad del acceso económico a alimentos.
Entiende que esta lógica mercantil se manifiesta en cómo la sociedad se gestiona, cómo se dan las relaciones sociales para acceder a los alimentos, la capacidad adquisitiva, los recursos o medios para poder producirlos. Por otra parte aclaró que es necesario atender también otros problemas como el consumo de una alimentación que no es acorde a las necesidades nutricionales de la población. En ese sentido explicó que Uruguay registra un alto consumo de productos ultraprocesados. «Aproximadamente un 30% de la energía que se consume proviene de ese tipo de productos, al mismo tiempo que se observa un bajo consumo de frutas y hortalizas.
Considera que en un contexto de producción agroecológica todas estas condiciones podrían cambiar, ya que las relaciones sociales pueden potenciar las capacidades para la producción propia, aunque sea en escalas muy mínimas, lo que permitiría a las personas un mejor acceso y variedad de los alimentos. Añadió que además la agroecología tiene la virtud de incorporar la perspectiva de la soberanía alimentaria para atender las problemáticas de la alimentación y la nutrición con una mirada más integral en la que se incorpore la reflexión acerca de cómo y quiénes producen esos alimentos. «Se busca que la producción familiar y la agroecológica sean sostenibles en el tiempo, y que de alguna manera se pueda visualizar y ejercer como una forma de vida», señaló.
Modelos antagónicos e importancia del rol del Estado
Este cambio de percepción implica para Cauci enfrentarse a la lógica del mercado que se da hoy en el medio rural de Uruguay que provoca una situación de no convivencia entre la agroecología y modelos productivos totalmente antagónicos. Estos modelos terminan perjudicando a los productores agroecológicos debido a distintos factores causados por el agronegocio, como ataque de plagas, contaminación de los cursos de agua y aumento del costo de la tierra.
Señaló que por esto «es un elemento central la presencia estatal a través de acciones y políticas públicas que vayan en contra de esa tendencia hegemónica, el modelo productivo actual global, para poder sostener la vida a través de la producción familiar y agropecuaria».
Añadió que «la academia también tiene un rol central al identificar cuáles son las debilidades, los cuellos de botella, las principales problemáticas y también al realizar un análisis para contribuir a políticas públicas basadas en evidencia, a la generación de de acciones y estrategias que puedan mejorar el acceso a los alimentos e ir también en esta en este sentido de la agroecología». Entiende que aunque el factor educativo puede contribuir, «existen otros numerosos aspectos que involucran el punto de vista del desarrollo social, de la salud, la accesibilidad y la disponibilidad de determinados alimentos y todo eso implica una gran articulación estatal de políticas públicas que no tenemos a nivel país hoy», explicó.
No obstante destacó la Ley N° 19717 de Agroecología, promulgada en 2018, que plantea la reglamentación del Plan Nacional de Agroecología «una política pública para la que las organizaciones sociales han trabajado en pos de lograr una acción que promueva la agroecología». Explicó que este plan define algunos ejes como la comercialización, la distribución y el acceso a productos agroecológicos y diseña acciones que los favorecen, «pero es necesario seguir impulsando y fortaleciendo este plan a través de recursos», afirmó.
Espacios de articulación
Señaló que aunque en Uruguay existen numerosas instituciones que trabajan en temas de alimentación y nutrición, cada una lo hace desde su propia óptica. Por ejemplo, el Ministerio de Salud Pública aborda estas temáticas desde la perspectiva de las enfermedades y la malnutrición, mientras que el Ministerio de Desarrollo Social lo hace para atender situaciones de vulnerabilidad social. Resaltó que, sin embargo, sería necesario un espacio estatal para crear políticas públicas que piensen la alimentación como un derecho humano, integrando la problemática con una mirada transversal.
Entiende que las organizaciones sociales pueden aportar una visión fundamental, ya que tienen años de trayectoria en el tema, con logros como la Ley de Agroecología. En el marco de esta ley, la Comisión Honoraria del Plan Nacional de Agroecología va a implementar núcleos territoriales a nivel nacional. Estos núcleos serán espacios de trabajo conjunto donde participarán distintas organizaciones, técnicos estatales y la academia, buscando soluciones específicas para cada territorio. Cauci consideró que estos núcleos pueden ser experiencias muy interesantes para potenciar la agroecología y la distribución de alimentos.
Destacó que la Udelar también apoya este plan con un grupo de docentes e investigadores, y que la articulación entre la academia y las organizaciones sociales es fundamental. Han participado en actividades propuestas por las propias organizaciones para problematizar temas de alimentación.
Otro aporte importante ha sido el Observatorio de Alimentación de la Udelar, que ha puesto el tema en la agenda pública, y el Núcleo Interdisciplinario Colectivo TA, que ha trabajado por 10 años en modelos productivos contrapuestos: el transgénico y el agroecológico.
El logro fundamental de todos estos espacios es «hacer visible que el sistema agroalimentario actual, que ofrece una alimentación muy homogénea y poco diversa, genera muchas desigualdades», concluyó Cauci.
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