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Campus Luisi Janicki presenta los datos preliminares de su diagnóstico organizacional con perspectiva de género

En el marco del Mes de la Mujer, el Campus Luisi Janicki: pioneras universitarias celebra sus avances en materia de género y reducción de las desigualdades. Desde 2022, el Campus está adherido al Modelo de Calidad con Equidad de Género (MCEG), una política pública cuyo objetivo es transformar las estructuras laborales hasta alcanzar espacios de trabajo más justos y equitativos y la erradicación de situaciones de violencia, acoso y discriminación (VAD).

El MCEG se estructura en cuatro niveles: compromiso, implementación, mejora y sostenibilidad. El Campus se encuentra en vías de certificar el primer nivel, dentro del cual se encuentra la creación de un Comité de Calidad con Equidad de Género (2024) y la posterior elaboración del diagnóstico organizacional con perspectiva de género.

El Comité, que funcionó de forma periódica desde su creación, está integrado por diferentes ámbitos que integran el Campus y encomendó la realización del diagnóstico. Este último se realizó en 2025 a partir de la contratación de la socióloga Mariana Papadópulos, quien trabajó de forma coordinada con el Comité y la asesoría técnica de la Comisión Abierta de Equidad y Género (CAEG).

Sobre esto, Papadópulos, explicó que el MCEG es una política pública delineada por el Instituto de la Mujer (InMujeres) del Ministerio de Desarrollo Social, cuyo objetivo es instar a las organizaciones a reducir las brechas de género. El primer paso se dio con la conformación del Comité de Calidad con Equidad de Género en 2024, integrado por diferentes ámbitos que integran el Campus, y que derivó en la elaboración del estudio.

«Lo bueno del proceso de elaboración del diagnóstico, que InMujeres lo establece como deseable, es que sea participativo. Incluimos a diferentes actores dentro del Campus para que, primero, destaquen como preguntas o situaciones que les parecen relevantes de abarcar y de integrar en las preguntas del diagnóstico, y segundo, para ampliar la red de información», explicó Papadópulos. El trabajo utilizó un abordaje mixto, con metodología cualitativa y cuantitativa.

En el plano cuantitativo se trabajó con bases de datos institucionales provenientes de diversas áreas, como el Departamento de Personal del Campus y los relevamientos continuos de los FormA-TAS y Docentes de la Dirección General de Planeamiento, lo que permitió consolidar información sociodemográfica sobre las personas que trabajan en el Campus. Además, para acceder a información sobre personal tercerizado se realizó una solicitud a la División Suministros.

Por otra parte, la dimensión cualitativa incluyó entrevistas, instancias de discusión con especialistas en género que se desempeñan en el Campus y, posteriormente, la realización de un taller FODA (fortalezas, oportunidades, debilidades y amenazas) en el que participaron autoridades del Campus y personas formadas en género y que servirá como base para la elaboración de un futuro plan de acción.

Asimismo, la investigadora señaló que una de las «riquezas» del Campus radica en la particularidad de actores que cohabitan el espacio. «Permiten asociaciones y uniones entre gente que a priori no tendría por qué coincidir en un espacio, como Investigación, Extensión, Enseñanza y los diferentes ámbitos que conforman el Campus», afirmó.

«Siempre partimos de la idea de investigación-acción, que es esto de que a medida que una investiga, genera cambios en la propia comunidad que estudia y la comunidad se enriquece de ese proceso de investigación, más allá de los resultados del diagnóstico», explicó la socióloga, y agregó que puede generarse pensamiento crítico a partir del propio proceso de elaboración del estudio.

Resultados preliminares

La información surgida de los FormA-TAS y Docente resultaron aliados del proceso debido a su exhaustividad en el relevamiento, y sus preguntas abarcan cuestiones como cuidados, salud laboral, ascendencia étnico-racial entre otros aspectos. «La inclusión de la interseccionalidad como estrategia de análisis y de observación es una fortaleza del diagnóstico», afirmó Papadópulos.

Entre los principales resultados del diagnóstico se encuentra la constatación de que, al igual que ocurre en el conjunto de la Udelar, la población del Campus presenta una marcada feminización. A su vez, el relevamiento evidenció que una proporción importante de las personas que trabajan en el Campus tiene responsabilidades de cuidado, especialmente vinculadas a hijos e hijas.

El análisis de las modificaciones en la jornada laboral por motivos de cuidado reveló diferencias de género significativas. Según los datos recogidos, las mujeres son quienes con mayor frecuencia realizan ajustes en su trabajo para poder atender estas responsabilidades. Estas adaptaciones incluyen, por ejemplo, retirarse antes del trabajo, solicitar licencias o reorganizar horarios.

También se observaron diferencias en el uso de licencias laborales. Si bien las licencias reglamentarias son las más utilizadas por todo el personal, el diagnóstico muestra que las mujeres recurren con mayor frecuencia a licencias por enfermedad, mientras que entre los varones la segunda licencia más solicitada después de la reglamentaria es la licencia por estudio.

Enfoque interseccional

Uno de los aspectos destacados del diagnóstico es la incorporación de una perspectiva interseccional. Esto implica considerar cómo las desigualdades de género se entrelazan con otras estructuras de opresión, como la ascendencia étnico-racial o la discapacidad.

En el caso del Campus, el diagnóstico también incluyó una dimensión edilicia, que no estaba contemplada originalmente en el modelo de InMujeres, pero que fue incorporada por su relevancia para el contexto específico. Esto permitió relevar que el Campus cuenta con diversas condiciones de accesibilidad, como itinerarios accesibles, ascensores y entradas adaptadas, lo que refleja la incorporación de la perspectiva de discapacidad en el diseño del espacio.

Entre los elementos valorados positivamente durante el proceso cualitativo se encuentra el Centro de Cuidados y Recreación del Campus, un espacio destinado a facilitar la conciliación entre las responsabilidades de trabajo remunerado y de cuidados. Papadópulos destacó que este centro funciona con una comisión que trabaja de manera coordinada para desarrollar actividades vinculadas al cuidado y la recreación. Sin embargo, también se identificaron algunos desafíos.

Uno de ellos está relacionado con el uso de la sala de lactancia, ubicada junto al centro de cuidados. Según se señaló en las instancias, en algunos momentos este espacio ha sido utilizado para otros fines, lo que dificulta su disponibilidad para las personas que lo necesitan.

El diagnóstico también analizó las políticas de prevención y atención de situaciones de VAD dentro del Campus. En este sentido, uno de los aspectos positivos es la presencia de la Unidad Central sobre Violencia, Acoso y Discriminación (UCVAD) en el propio Campus. No obstante, el estudio identificó como desafío la ausencia de un equipo técnico o referente específico para abordar estas situaciones a nivel del Campus.

Asimismo, el diagnóstico detectó la necesidad de fortalecer las instancias de difusión y formación sobre la normativa institucional vigente. En particular, se señaló la importancia de ampliar el conocimiento de la Ordenanza de Actuación ante Situaciones de Violencia, Acoso y Discriminación que regula estas situaciones en la Udelar. Esto mismo ocurre con las propuestas de formación en VAD, como el ciclo modular sobre género que dicta la Comisión Abierta de Equidad de Género (CAEG) de la Udelar junto a la Escuela de Gobierno, que arrojó una baja participación entre la población del Campus.

Más allá de los resultados concretos, Papadópulos destacó el valor del proceso institucional que implica la implementación del MCEG, ya que favorece la generación de redes entre diferentes servicios universitarios y organismos estatales, como InMujeres. «Lo más valioso del modelo es pensarlo como un proceso transformador, que permite generar alianzas, intercambiar buenas prácticas y construir pensamiento crítico», afirmó.

>> Acceda a las infografías sobre los resultados del Diagnóstico organizacional con perspectiva de género aquí