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Conferencia de Imanol Ordorika Sacristán: «repolitizar las universidades»

Dando inicio al segundo semestre académico de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República (FHCE-Udelar), el profesor Imanol Ordorika Sacristán (UNAM, México) brindó la conferencia magistral «Las universidades latinoamericanas en la nueva geopolítica del conocimiento». Sostuvo que nos encontramos en un cambio de ciclo a nivel global y que nuestras instituciones deben ser espacios de discusión programática.

La conferencia, que se realizó el 10 de agosto, fue organizada en conjunto con el Prorrectorado de Enseñanza de la Udelar. La apertura estuvo a cargo del decano de la FHCE, Nicolás Duffau.

 

Desafíos de la Universidad

Duffau destacó que la presencia de Ordorika se vincula con la reflexión sobre el desarrollo de la universidad pública, no solo en términos académicos, sino también en relación a sus funciones social, cultural y política y a «la necesidad de encarar un proyecto de universidad a futuro, con mirada a largo plazo». Esta reflexión se da en un marco que no es neutral, ya que responde en buena medida a visiones hegemónicas que insisten en la universidad centrada en competencias, «tenemos ese desafío de movernos entre la existencia de rankings, políticas de evaluación y discursos sobre la excelencia que se utilizan para a evaluar el valor de las instituciones como si existiera un único modelo de universidad de la sociedad contemporánea», afirmó.

Señaló que, por otra parte, la sociedad sigue demandando a las instituciones de educación superior la formación de profesionales, la producción de conocimiento socialmente útil y el sostén de principios como la libertad y la crítica social, en un momento de un contexto geopolítico muy convulso. «La universidad pública en algún sentido traduce, filtra, discute agendas globales, en función de problemáticas concretas», planteó, y Uruguay no es ajeno a la desigualdad estructural, a las memorias conflictivas, ni a la pobreza infantil, la violencia y la exclusión. Igualmente, el decano entiende que nuestro país está en una posición privilegiada porque la sociedad no niega el valor de la ciencia, de la tecnología o de la innovación. La Udelar «sigue siendo uno de los pocos espacios capaces de convertir saber experto en deliberación pública y no en una mercancía reservada a las minorías», anticiparse es otro desafío de la institución, señaló. Finalmente afirmó que los docentes universitarios no pueden ser meros burócratas y gestores, sino que tienen la obligación de pensar políticamente el desarrollo de las universidades y de la sociedad.

 

Un cambio de ciclo 

Ordorika agradeció la invitación a esta actividad y reflexionó sobre el título de su conferencia, a la que hubiera sido mejor llamar «Cuidado, porque hay cosas que están pasando». Entiende que nos acostumbramos a pensar durante décadas que el desarrollo de las sociedades humanas es casi unidireccional, que aunque existen problemas que no pudimos atender, logramos avanzar en temas importantes como derechos humanos, en igualdad de género, en cierta conciencia de la protección del ambiente, en la importancia de las universidades y en el valor de la democracia. No obstante, hoy estamos viendo un momento en el orden mundial en el cual la idea de que había avances que era imposible echar atrás se está poniendo en cuestión: «tenemos a personajes verdaderamente importantes en el mundo y en casi todos nuestros países tomando la voz para defender el terraplanismo, para desconocer los daños ambientales, para atacar a las vacunas, para decir que la pandemia fue una conspiración», apuntó. Tomando como ejemplo el surgimiento del fascismo en Italia, señaló que nuestro primer pensamiento es que «esto no podría volver a pasar», pero, sin ser reduccionistas ni superficiales, nos damos cuenta de que quizás «algo parecido pasa en otros lugares». «Todo parece que se puede desmoronar en un instante. Todo lo que aparecía como impensable ha dejado de ser impensable», lamentó.

En lo que tiene que ver con las universidades, Ordorika entiende que estas vienen del ciclo que comenzó con la Reforma de Córdoba en 1918 y, casi hasta mediados de los 80, se tradujo en «una época gloriosa»: en las aulas universitarias se forjaba las clases medias urbanas que generaban industrialización, desarrollo, avance de la cultura y consolidación democrática, la universidad era motor de movilidad social. Sostuvo que en ese proceso tuvo mucho que ver la revolución cultural de los años 60, tan importante como la revolución industrial, donde la universidad se abrió a nuevos temas, al compromiso y la transformación social; en esta década se impulsó el pensamiento feminista, la lucha contra las violencias de género y el ambientalismo. Estos cambios quedaron truncados en los años 70 debido a las dictaduras en la región. Posteriormente, el consenso internacional que se mueve de la idea extendida del estado de bienestar hacia tendencias de economización de la vida social, de la preminencia del mercado, del hecho de que lo privado siempre es mejor que lo público, explicó.

En el presente «estamos en un momento de cambio de ciclo muy fuerte», destacó, «las universidades públicas «son maltratadas porque no se les da suficiente presupuesto, nos quieren obligar a evaluarnos, nos imponen reglas y condiciones que no tendríamos por qué aceptar y hemos dedicado muy poco de nuestro esfuerzo intelectual, de nuestra capacidad organizativa, de nuestros acervos, de todo lo que es la riqueza maravillosa de las universidades públicas, a pensar el futuro, no solo de nuestras universidades, sino también de nuestros países». En varios países, como Estados Unidos, son consideradas como enclaves comunistas y además, se pone en tela de juicio todo el conocimiento que se produce allí. Ante esto, «nos hemos dedicado durante demasiado tiempo a defendernos», afirmó.

Para Ordorika, la única posibilidad que tienen delante las universidades públicas es plantearse como estrategia «la repolitización», lo que no refiere a un alineamiento partidario o a la militancia individual, las universidades públicas no tienen por qué alinearse, pero sí «tienen la obligación de pensar hacia adelante en el futuro de las sociedades y eso implica un compromiso de repolitización, de debatir absolutamente todo desde nuestros campos diversos del conocimiento: las leyes que se aprueban, las políticas ambientales, de género, los diseños de programas de salud». ¿Cómo queremos que se debatan las cosas? ¿Cómo queremos que se resuelvan los problemas?, cuestionó, cuando tenemos «sistemas de partidos que pueden ser muy eficaces en términos electorales pero que dejaron de ser espacios de discusión programática».

«Tenemos que pensar el conocimiento como un recurso político para reorganizar el pensamiento y los proyectos a futuro de la sociedad y para ser capaces, con esta dinámica programática, superando el pragmatismo absoluto que caracteriza casi todos los ámbitos de la sociedad, de articular una enorme fuerza social alrededor de las universidades, no solo para preservarlas, sino para preservar una forma de pensar el mundo, su organización, sus formas de dirimir las diferencias», concluyó.

 

Imanol Ordorika Sacristán 

Estudió la licenciatura en Física en la Facultad de Ciencias de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) y cuenta con un Doctorado en Ciencias sociales y Educación y una Maestría en Sociología por la Universidad de Stanford.

Durante su carrera participó en el movimiento estudiantil, en el comité estudiantil de Solidaridad Obrero Campesina y fue representante estudiantil ante el Consejo Universitario. Coordinó e integra el Seminario de Educación Superior de la UNAM; así como el Programa Universitario de Estudios sobre la Educación Superior. Integró comités editoriales de revistas nacionales e internacionales y fue director de la Revista de la Educación Superior.

Debido a sus estudios especializados en Educación, el doctor Imanol Ordorika Sacristán participó en la discusión y elaboración del nuevo artículo tercero de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, donde se garantiza que el Estado imparta desde educación básica hasta superior y en la discusión y elaboración de la Ley General de Educación Superior. Gracias a ello, y por la colaboración con el Congreso Mexicano, logró que el Estado garantizara este nivel educativo.

Fotos: Comunicación FHCE