Facultad de Medicina advierte sobre nuevas formas de ingreso al tabaquismo
En esa declaración se destaca «la necesidad de sostener, proteger y aún fortalecer los logros alcanzados por nuestro país en el combate de la epidemia de tabaquismo». Sobre este tema el Portal de la Udelar dialogó con el decano de la Facultad, Miguel Martínez, y con la profesora Laura Llambí, coordinadora de la Unidad de Tabaquismo del Hospital de Clínicas.
Llambí explicó la diferencia entre ambos dispositivos: el líquido de los cigarrillos electrónicos vaporizadores contiene glicerol vegetal y el propilenglicol como vehículos principales, a los que en general se les adicionan saborizantes, aromas, nicotina. «Del calentamiento y vaporización de todo eso emanan una cantidad de sustancias. Ya se han identificado muchas que son tóxicas y carcinógenas, similares a las que tiene el humo de tabaco».
Los dispositivos que calientan tabaco funcionan en base a un inserto cerrado industrializado que contiene tabaco prensado, explicó, este se calienta a unos 450 grados, «no llega a temperaturas de combustión aunque se dice que hay una mínima combustión y pirólisis». Como resultado «emana un aerosol -hay una discusión sobre si es un aerosol o se puede considerar un verdadero humo- donde se encuentran muchas sustancias que están en el humo del tabaco, algunas en concentraciones menores, otras en igual o en mayor concentración», señaló.
En Uruguay está prohibida la comercialización, registro de marca, venta o importación de los vaporizadores, así como su promoción o publicidad. Estos están comprendidos dentro de las restricciones que establece la Ley antitabaco de 2008, por acción de un decreto específico de 2009 y otro de 2017. Los que se utilizan en nuestro país son aquellos que las personas compran y traen del exterior como efectos personales, o adquieren por medio de ventas no legales a través de redes sociales o ferias vecinales, explicó Llambí. «Creemos que si el país eligió el camino de la prohibición de estos artículos, que nosotros defendemos, corresponde fiscalizar que no se vendan en forma ilegal, ni se promocionen», señaló.
En cambio, los dispositivos de tabaco calentado se ubican en otra categoría: fueron excluidos de esas prohibiciones por medio del decreto N° 87 de marzo de 2021, que habilitó su registro y venta en el territorio nacional. Además, el decreto plantea que estos aparatos «emplean una tecnología mediante la cual se calienta tabaco seco, respecto de los que existen datos científicos que indican que los mismos resultan en una menor exposición de los usuarios a las sustancias tóxicas asociadas al consumo tradicional de tabaco», lo que no implica que produzcan menos daño, indicó Llambí.
Ninguno de estos dispositivos mencionados puede utilizarse en ambientes cerrados, ni ambientes abiertos que pertenezcan a centros educativos o de salud, de acuerdo a las leyes vigentes.
Población joven
Respecto a los vaporizadores electrónicos, Martínez alertó que «sabemos que estos dispositivos utilizan líquidos con nicotina y sabemos que la nicotina se usa para generar una dependencia, así funciona en los cigarrillos combustibles. Entonces no podemos dejar de ver esto como una puerta de entrada. Si uno mira la población que más está utilizando los vaporizadores va a encontrar una población joven, justamente la población que puede iniciar un proceso hacia el tabaco a través de esto». Además, se ha demostrado que el vapeo genera en sí mismo problemas respiratorios y un síndrome de enfermedad pulmonar, planteó.
Uruguay suscribe acuerdos internacionales sobre tabaquismo que nos vinculan, añadió Martínez, y la OMS desaconseja el uso de los diferentes dispositivos, tanto de tabaco calentado como de líquido con nicotina. «No es que en Uruguay se haya aconsejado el uso de vaporizadores» indicó, «el problema es que el MEC habilitó la creación de la Asociación de Vapeadores del Uruguay, entonces de alguna manera se legitima el uso de estos dispositivos como una forma menos nociva, o inocua. Pero eso hay que demostrarlo».
El decano explicó que «con los cigarrillos combustibles hubo un proceso que fue desde agregarles filtro -lo que se presentaba como una forma de fumar con menos contenido de nicotina y alquitrán-, hasta la llegada de los cigarrillos light y después los ultralight, que no eran mejores, eran lo mismo, no demostraron disminuir ninguna patología. Con cada uno de esos nuevos productos siguió aumentando la población que fumaba y el ingreso de personas en el tabaquismo. Ahora con estos dispositivos, lo que veo es una progresión. Y no veo la contraparte, que tendría que ser por ejemplo “el que fumaba light tuvo menos problemas respiratorios”, sin embargo estos problemas siguieron en aumento. Lo que veo con esto es solo un cambio de estrategia».
Llambí aportó datos generados a partir de la Encuesta Mundial de Tabaco en Adultos (GATS por su sigla en inglés), un relevamiento estandarizado que promueven la OMS y los Centros de Control de Enfermedades de Estados Unidos. «La última GATS en Uruguay se realizó en 2018 y midió una cifra de uso de estos dispositivos electrónicos en adultos muy baja. Pero nos llevamos una sorpresa cuando se hizo la misma encuesta en jóvenes: ahí se vio que el uso rondaba en el 10%, con variadas frecuencias en los últimos meses. Esto preocupa porque el uso de tabaco en cigarrillo combustible en la población joven había tenido un descenso muy bueno, era uno de los aciertos más grandes de la política antitabaco en Uruguay. En esta población, que es prácticamente a la que están dirigidos estos productos novedosos, ya había esa cifra que nos preocupaba».
Caja de sorpresas
En el mundo hay diferentes experiencias en cuanto a este fenómeno, explicó Llambí, en los mercados donde no hay regulación suceden dos cosas que preocupan a nivel poblacional: «una es que con estos dispositivos muchos jóvenes empiezan con el consumo de nicotina, que es una sustancia adictiva y psicoactiva por más que sea legal, porque después esto actúa como puerta de entrada hacia el tabaquismo. Es una preocupación principal que se ofrezca esta nueva forma de consumo a jóvenes, donde culturalmente, educacional o socialmente habíamos desnormalizado el consumo de tabaco. El otro hecho preocupante es que adultos que dejaron de fumar, en el contexto de acceso amplio a dispositivos electrónicos tienden más a la recaída, a volver a fumar o al consumo de ambas formas».
Para completar el esquema de preocupación, hoy se conoce que estos dispositivos no son inocuos, «se les han demostrado efectos en la salud, efectos cardiovasculares -dan más chance de tener un infarto, de tapar arterias-, problemas respiratorios agudos y crónicos. Y otros efectos a largo plazo que desconocemos, porque la historia del cigarrillo también es así, por varias décadas desconocimos lo que sucedía a largo plazo», explicó Llambí. Por tanto, el principio precautorio indica que «si vimos pasar toda la mitad del siglo pasado diciendo que el cigarrillo no era tan malo, que el light era mejor y el ultralight era menos malo, y la ciencia tarda pero demuestra que sí lo son, por precaución no podemos promover algo que no es inocuo», agregó.
La docente explicó que un estudio publicado en las últimas semanas analiza un registro de más de 100.000 personas en Estados Unidos. Allí se encontró asociación de la práctica de vapear con tres tipos de cáncer: cáncer de tiroides, leucemia y cáncer de cuello uterino, informó, «los dos primeros no estaban muy relacionados con el uso del tabaco, el de cuello uterino sí; es decir, todavía es una caja de sorpresas lo que pueden llegar a producir». Agregó que «desde la comunidad de control del tabaco se visualiza que esto es un producto emergente, de nuevo promocionado como menos dañino, como más saludable y más limpio, pero que no lo es». Acotó que Uruguay suscribe el Convenio Marco de Control de Tabaco de la OMS, que advierte que los países firmantes «deben permanecer alertas, atentos a la aparición de estos productos emergentes y a las posibles interferencias de la industria tabacalera, que fabrica varios de estos dispositivos».
«Somos un ejemplo»
De acuerdo con la OMS, desde 2003 hasta hoy las medidas contra el tabaquismo han reducido la carga de enfermedad y muerte por causas asociadas a este consumo en todo el mundo. En Uruguay el descenso mayor se dio en la enfermedad cardiovascular y en consultas por agudizaciones de las enfermedades respiratorias crónicas. Desde 2006, cuando el país implementó la primera medida en esta dirección regulando sobre los ambientes libres de humo, los infartos en adultos disminuyeron un 17%. El porcentaje de fumadores también bajó notoriamente en nuestro país, al principio de los años 2000 era de 30% y hoy está por debajo del 20%, informó Llambí. El camino que eligió Uruguay al impulsar múltiples medidas contra el tabaquismo «es el que la OMS considera de los máximos estándares de protección de la salud de la población, nos venía dando resultados y por eso éramos ejemplo», planteó.
La tarea de la Facultad de Medicina va en la línea de asesorar basándose en la evidencia, acerca de qué está sucediendo con estos dispositivos, para mantenerse y defender la regulación fuerte que llevaba adelante el país, indicó Llambí. En representación de la Facultad, la docente integra la Comisión interinstitucional asesora para el Control de tabaco, un órgano técnico de apoyo a los decisores sanitarios que funciona en el ámbito de la Dirección General de la Salud (DIGESA). Tanto la Facultad como otras instituciones representadas allí han llamado la atención sobre estos cambios normativos. Al respecto la Comisión elaboró un documento con observaciones técnicas que elevó a las autoridades sanitarias.
El decano informó que por resolución de su Consejo la Facultad solicitó una reunión con el ministro de Salud Pública para dialogar sobre este tema; por el momento no ha recibido respuesta. «Como Facultad estamos “al servicio de”, es decir, no ganamos ni perdemos nada. Me parece que este es un tema fundamental en términos de país y nosotros tenemos el derecho pero también la obligación de alertar sobre la evidencia que se ha ido acumulando», expresó. Martínez sostuvo que las investigaciones permiten afirmar que «abrir las puertas a estos dispositivos es un camino que se paga muy caro. Por más impuestos que se les apliquen, nunca van a lograr pagar el costo del daño que causan a la salud de la población».
«Corremos el riesgo de perder lo que habíamos ganado, que es mucho en términos de salud y de economía de salud, por todo lo que se redujeron las enfermedades crónicas. No ganamos nada cuando a una persona después le ofrecemos una droga maravillosa que cuesta millones, por una enfermedad que es evitable. Esto es problemático, incluso hay países que en sus seguros de salud cobran montos diferentes y ofrecen distintas coberturas dependiendo de la enfermedad crónica que tengas. Espero que acá nunca tenga que pasar una cosa así, pero el problema es que no somos un país rico, estamos solventando nuestro sistema de salud porque por suerte somos lo suficientemente chicos. Somos un ejemplo, por eso de alguna manera la industria tabacalera busca socavar esto. El tema no es que fumemos, el tema es que las leyes que hicimos para evitar eso sean burladas», afirmó Martínez.
Acceda al comunicado de la Facultad de Medicina sobre «cigarrillos electrónicos»
