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Facultad de Química celebró su aniversario y entregó reconocimientos

En el acto participaron el rector de la Udelar, Rodrigo Arim y el decano de la Facultad de Química (FQ) y vicerrector de la Udelar, Álvaro Mombrú. Asistió una gran cantidad de público, entre el que se encontraban los ex rectores Rafael Guarga, Roberto Markarian y Rodrigo Arocena, los ex decanos y decana de la FQ Alberto Nieto, Eduardo Manta y Mariela Torre y otras autoridades universitarias.

Arim expresó su alegría por esta celebración y señaló que es una oportunidad para repasar lo hecho y para valorar «qué Facultad de Química y articulada con qué actores deberíamos pensar para el Uruguay de este siglo XXI». También es un momento oportuno para reconocer a actores individuales «que desde la FQ construyeron una trayectoria muy relevante para aportar desde el conocimiento, desde la investigación y desde la construcción institucional al desarrollo de la Universidad y del Uruguay», agregó. Invitó a seguir soñando por «más universidad para todos en todo el país», desafío en el que la FQ es protagonista.

Consciente de sus desafíos

Mombrú por su parte, señaló que la Facultad cumple años «con desafíos redoblados», lo hace con mucha satisfacción y con el deseo de estar en primera línea: «no nos basta con ser la única institución que se dedica a la enseñanza de la química a nivel universitario, realmente nos interesa estar a la vanguardia para eso». Entre los avances recientes en su casa de estudios, mencionó al nuevo Centro de Formación Integrada, una plataforma horizontal para uso de estudiantes de grado, de posgrado y de docentes que reúne equipamientos muy importantes de última generación. 

La Facultad apuesta a construir redes académicas interdisciplinarias para lograr metas cada vez más ambiciosas, indicó el decano. Agregó que la Udelar ha tenido grandes retos, entre estos la presentación de un plan para la creación de un Instituto Nacional de Vacunas, para lo cual la FQ estuvo presente con sus aportes. Del mismo modo, hoy trabaja para aportar propuestas hacia la creación de los Institutos Centrales de Investigación de nuestra universidad. La Facultad es una institución «que sabe y es consciente de que en el medio juega un papel muy destacado y está dispuesta cada vez a asumir desafíos más importantes», afirmó. 

Durante el acto hicieron uso de la palabra representantes de los órdenes de estudiantes, docentes, egresados y egresadas, así como del personal técnico, administrativo y de servicio de la Facultad. 

También se anunció que el Herbario de la FQ llevará el nombre «Eduardo Alonso-Paz» en homenaje al ex profesor de Botánica de esta casa de estudios, fallecido en 2016. El Consejo de la Facultad considera que esta es la mejor manera de reconocer el trabajo «dedicado y apasionado» que el docente llevó adelante por más de 30 años en la institución. 

La segunda parte de la celebración se enfocó en la entrega de títulos de Doctor Honoris Causa por parte de la FQ a Cecilia Fernández y a Gustavo Seoane. Mombrú repasó los fundamentos que el Consejo de la Facultad consideró para otorgar estas distinciones. 

Tejedora silenciosa

En el caso de la profesora Fernández, para la entrega de este título el Consejo destaca que ha sido docente de la Cátedra de Inmunología de la Facultad desde su reconstrucción al retorno a la democracia en nuestro país. También resalta su actuación en instancias de cogobierno, evaluatorias, académicas y de construcción institucional en la FQ y en el Programa de Desarrollo de las Ciencias Básicas (PEDECIBA). Además, la profesora desarrolló un importante trabajo en la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) y como consecuencia fue designada como prorrectora de Investigación durante dos períodos consecutivos y bajo dos Rectorados diferentes. En el marco de esta función Fernández «no sólo tuvo una enorme visibilidad no solamente a nivel universitario», sino también en otras instituciones y entre integrantes de distintos gobiernos en periodos diferentes, indicó Mombrú. En reconocimiento a su labor, en 2021 fue distinguida como Ciudadana Ilustre de la ciudad de Montevideo.

Álvaro Díaz, docente en la FQ, relató que Fernández desarrolló su carrera de investigación en torno a la biología del parásito de la Hidatidosis aplicando herramientas de biología molecular y de bioquímica. Su trabajo llevó a la descripción de una familia de proteínas que este organismo utiliza para inhibir las enzimas digestivas y los canales iónicos de sus hospederos, lo que contribuyó al desciframiento del genoma completo del parásito, indicó Díaz.

Fernández cursó Química Farmacéutica «en la hostil Facultad de Química de la dictadura», señaló. Al retorno a la democracia se unió al entusiasta trabajo en la Cátedra de Inmunología, en la línea del estudio sobre la Hidatidosis. Realizó su doctorado entre 1989 y 1993 en la Universidad de Cambridge, enfocado más en la biología molecular que en la inmunología de esta parasitosis. «A los pocos años de regresar al Uruguay y a su laboratorio madre, Cecilia tomó la responsabilidad de dirigir el Área Química del PEDECIBA mostrando ya su vocación por la gestión de las herramientas colectivas».

Entre 2000 y 2002 realizó una pasantía en Edimburgo donde además de generar los mencionados avances científicos directos sobre la biología del parásito, abrió vínculos con investigadores británicos que continúan hoy y de los que se han beneficiado numerosos científicos jóvenes uruguayos, comentó Díaz. 

El notable trabajo de Fernández en la CSIC y en el Prorrectorado de Investigación son muestras de su capacidad como gestora universitaria, y «lo que distingue su trayectoria y explica su extraordinario prestigio es producto directo de su calidad humana», indicó.

«En la investigación, en la enseñanza y sobre todo en la gestión, Cecilia desplegó y despliega como nadie que conozcamos una política fundamentalista, si se puede usar esa palabra, de escuchar, comprender y considerar al prójimo generando lazos entre personas en busca de un bien superior» afirmó, «así, la forma en la que Cecilia asume las tareas de dirección se caracteriza por la ausencia de personalismo y de corte de cintas. En cambio se caracteriza por una silenciosa y paciente actividad de tejer redes entre personas pertenecientes a diferentes subinstituciones e instituciones a veces con muy distintos sesgos y muy distintos intereses», por el bien de la institución y del país.

Sobre la base firme de convicciones que Fernández sostiene, «trabajan en conjunto una inteligencia, una meticulosidad y una memoria que son fuera de lo común, enlazadas con esa actitud siempre empática y constructiva», concluyó.

Luego de recibir el Doctorado Honoris Causa, Fernández se declaró conmovida y agradeció la distinción; «por supuesto que es un honor recibirla y para mí es una gran alegría compartirla con Gustavo», señaló. 

La ex prorrectora recordó su etapa como estudiante de grado y dijo que «a pesar de las oscuridades esos años» encontró docentes que le enseñaron mucho y despertaron su «admiración por las moléculas». Mencionó a varios de sus profesores y a compañeros y compañeras de generación que ahora son docentes, «en esos años además de estudiar mucho también compartimos ideas del país en el que queríamos vivir y de la Universidad en que queríamos para ese país», agregó. 

También agradeció a los referentes que la acompañaron en la etapa de su Doctorado, donde aprendió «que lo más importante son las personas; por supuesto que los recursos son esenciales para hacer ciencia, pero aún con recursos y sin un ambiente de trabajo estimulante, es muy difícil hacer buena ciencia». Recordó el trabajo de sus estudiantes dando continuidad a investigaciones que ella desarrolló en Edimburgo y valoró el apoyo académico y afectivo que encontró en la Cátedra de Inmunología a lo largo de tantos años. 

Sobre su trabajo en el Prorrectorado de Investigación expresó que si bien tenía experiencia de trabajo en la CSIC, le resultó «un enorme desafío» y «pese a todo lo que no pude hacer» fue muy gratificante desempeñar ese cargo ya que pudo trabajar con personas de las que aprendió mucho. «En esos años me preocupó mucho el mandato de apoyar el desarrollo de la investigación y de los posgrados en la Universidad incluyendo también algunos aspectos sustantivos como su calidad y su evaluación», comentó. También se abocó a mejorar el vínculo de la Udelar con el resto del aparato académico y de construcción de innovación en Uruguay, entendiendo que «para tener un sistema realmente capaz de producir ciencia de calidad para el país precisamos el trabajo armónico de todas las instituciones y también de otros actores como las autoridades nacionales los integrantes del sector productivo público y privado, organizaciones sociales». «A la Universidad le cabe una responsabilidad enorme en esa construcción», afirmó.

Enseñando a enseñar

Mombrú dio lectura a la justificación aprobada por el Consejo de la FQ para otorgar el Doctor Honoris Causa a Gustavo Seoane. El documento expresa que el profesor retornó al país hacia comienzos de los años 90 y se incorporó «a una Facultad de Química en donde el área Química Orgánica Fundamental se encontraba sumida en una gran crisis y era llevada adelante solamente por asistentes y ayudantes». El futuro de esta área «dependía de la contratación de al menos un docente formado con nivel doctoral para empezar un largo proceso de recuperación». Ese docente «para suerte de Facultad» fue el profesor Seoane que logró llevar adelante ese proceso con calidad y en un tiempo menor al pronóstico más optimista. Su esfuerzo y dedicación destacada lo hacen merecedor de este título honorífico por parte de la institución. 

La docente Valeria Schapiro realizó una introducción al reconocimiento al doctor Seoane. Comenzó recordando cuando, 35 años atrás, ella era Ayudante honoraria de Química Orgánica y el profesor llegó para hacerse cargo del área.  

Dentro de la rica trayectoria de Seoane, Schapiro destacó su rol docente, «que cumplió con una gran vocación, una enorme dedicación, dando clases durante muchas horas y muchos años, con muchas ganas, en cursos de grado y posgrado. Nos ha enseñado a los que lo rodeamos a enseñar». También resaltó la producción científica destacadísima desarrollada por el investigador, que incluye más de 100 artículos publicados, más de 30 proyectos de investigación en los que fue responsable y más de seis libros de su autoría. Asimismo subrayó su tarea titánica de dirección y gestión en el Departamento de Química Orgánica, en la FQ y en la Udelar, su participación en numerosas comisiones de distintos ámbitos universitarios, su desempeño como consejero, decano interino y su participación en un sinnúmero de comités de evaluación. 

Enfatizó sobre la tarea que Seoane desempeñó como director del área de Química Orgánica: «al mismo tiempo que desarrollaba esta trayectoria increíblemente fructífera, arreglaba los enchufes que se rompían, colgaba la cortina que se caía, limpiaba el microondas, asistía a todas las reuniones que se realizaban en la Facultad, ya fueran las de trabajo como las sociales, no sé cuántas horas duran los días de Gustavo pero 24 seguro que no», expresó. 

«Se podrá decir que no hay nadie imprescindible, pero Gustavo con su trabajo de hormiga, día a día, en ese trabajo imperceptible pero persistente, dedicado y permanente, con esa convicción de que “se puede”, ha hecho del Departamento de Química Orgánica, de la Facultad de Química y de la Udelar lugares mejores», concluyó.

Luego de recibir el reconocimiento de las manos del rector de la Udelar, Seoane hizo uso de la palabra. «Estoy muy contento, algo abrumado y muy agradecido de formar parte de la Facultad de Química, que es mi casa, no solo académicamente sino también porque lo siento así», expresó. «La Universidad de la República me permitió desarrollar mi curiosidad por aprender y hacerlo de manera gratuita, que no es menor, y así fue como llegué a ser el primer graduado universitario de mi familia, lo que es motivo de mi agradecimiento por siempre», señaló también.

Rememoró su trayecto en la carrera de Ingeniería Química, «en los años de plomo de la dictadura, cuya pesadez se reflejaba desde el punto de vista académico, en la falta de respeto en el trato cotidiano con los estudiantes y en la falta de incentivos para progresar en el conocimiento». Recordó que cuando decidió irse a realizar un posgrado en Química Orgánica en el exterior, tuvo que renunciar a su cargo de Ayudante en esa área en la Facultad. «Cuando finalicé el posgrado tuve muchas ofertas para quedarme, pero yo estaba decidido a volver a Uruguay y tratar de devolver a la Universidad lo que me había dado», señaló. «Tuve la suerte de poder reinsertarme rápidamente en la Facultad de Química, me avisaron que había un llamado abierto y me anoté meses antes de volver en 1989», añadió. Al volver al área de Química Orgánica decidió enfocarse fundamentalmente en la enseñanza y en revitalizar la investigación, contó. Señaló que en ese momento era muy complejo investigar porque se contaba con pocos recursos materiales e infraestructura. 

Para finalizar destacó el papel fundamental de la tarea de cogobierno universitario, ámbito en el que también se desempeñó, y señaló que es necesario llevarla adelante haciendo uso de la experiencia pero también «de la frescura, que permite realizar cada tarea como si fuera la primera vez, no dejarse llevar por la rutina».

Video de la actividad: 

Fotos: Evelyn Chiribao, UCUR