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Marcel Achkar: «pensar el hidrógeno verde en el marco de una política de Estado y un cambio de matriz energética»

Hoy en Uruguay se presentan como alternativas energéticas y productivas algunos proyectos como la producción de hidrógeno verde. Para conocer acerca de estos emprendimientos y qué tan sostenibles pueden resultar para el ambiente, dialogamos con Marcel Achkar, docente Grado 4 del Laboratorio de Desarrollo Sustentable y Gestión Ambiental del Territorio del Instituto de Ecología y Ciencias Ambientales de la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, en la segunda parte de la entrevista que le realizara en el mes de julio el Portal de la Udelar.

Los desafíos a los que se enfrenta el mundo en cuanto a la disponibilidad de recursos naturales, como el agua y los combustibles, el cambio climático y la contaminación, de los que Uruguay no es ajeno, eran impensados décadas atrás, a excepción de lo que algunos científicos alertaban.

Escasa información y argumentos cuestionables

En cuanto a la producción de hidrógeno verde en Uruguay, Achkar recordó que el país tiene en proceso de inicio varios proyectos a cargo de empresas multinacionales. El más avanzado, que se propone en la localidad de Tambores, departamento de Tacuarembó, se encuentra en la etapa de los trámites de autorización ambiental pero de todas formas la empresa ya ha comprado predios y construido pozos en ellos. En este proyecto no está claro si el agua que están explorando en los pozos para su utilización es del acuífero Arapey o del acuífero Guaraní. Algo similar pasa con los otros proyectos, se desconoce si va a utilizarse agua superficial o subterránea, cuáles son las otras fuentes de recursos necesarias para la transformación del hidrógeno verde en en gas transportable y qué sucede con los desechos. 

Asimismo, no está claro en ninguno de los proyectos el volumen de agua a utilizar para la producción de hidrógeno verde, qué sucede con los residuos que se generan y cuál es el impacto en la población. A esto se suma que no existen antecedentes en el mundo de emprendimientos como estos, son experimentales todavía o sea que no existen experiencias anteriores que aporten evidencia sobre el impacto ambiental que puedan acarrear. 

Achkar señaló que, por tanto, «las dudas ambientales son importantes porque los proyectos están, pero todavía no se ha dado a conocer la información completa de todo el proceso que implica la producción de hidrógeno y cómo se transforma éste en gas metano o en otro compuesto que pueda ser transportado a Europa».

Uno de los argumentos a favor que esgrimen los defensores de estos proyectos es que generarán fuentes laborales, no obstante Achkar señaló que «todos son más o menos intensivos en la generación de puestos de trabajo en el momento de construcción de la obra pero luego se da el triste ejemplo de Fray Bentos que tuvo un número importantísimo de puestos de trabajo, que fue efímero, duró unos años y hoy es una de las localidades de las capitales departamentales con mayor nivel de desocupación». Añadió que este fenómeno, la lógica de los enclaves efímeros, ha sido muy estudiado por las ciencias sociales y se ha dado de la misma forma en todas partes del mundo. 

Pensar la temática de forma integral y pública

Achkar destacó que el tema de la energía en las sociedades de hoy es fundamental. «Nos guste o no, la orientación de la organización de las sociedades modernas, por ahora sigue una tendencia de aumento en el consumo de energía y eso hay que resolverlo de alguna forma y por lo tanto entendemos que la producción y distribución de energía tiene que ser una política de Estado, al igual que el agua y los alimentos, o sea, los temas esenciales para la sociedad», sostuvo.

El docente entiende que existen dos formas de abordar el tema del hidrógeno verde, una —la que considera correcta— sería considerarlo en el marco de una política de Estado que implique transformación de la matriz energética, un camino que Uruguay transitó alrededor del 2010 cuando se planteó este cambio a través de una política estatal que incorporó la energía eólica y disminuyó el uso de combustibles fósiles en la matriz energética del país.

Señaló que la otra perspectiva es «abrirse a las propuestas de empresas transnacionales que ven en América del Sur, concretamente, una disponibilidad de recursos para satisfacer sus problemas energéticos». Añadió que, precisamente, a los investigadores lo que más les preocupa de los proyectos que hoy están sobre la mesa en Uruguay, es que no se vinculan con la matriz energética sino a empresas transnacionales de origen europeo que proponen producir energía a partir de hidrógeno verde y cubrir las necesidades en Europa. «No es una obra que forme parte de una política del Estado como se hizo con otras fuentes, como en el caso de la construcción de una represa hidroeléctrica o campo eólico», señaló. «En esa lógica que se está planteando el hidrógeno verde, hay que ser muy cuidadoso con la evaluación de impacto ambiental», acotó.

¿Cómo contribuir a una mirada integral y participativa de los temas ambientales?

La sostenibilidad ambiental hoy es un aspecto que los gobiernos ya no pueden eludir, no obstante parece ser que la economía continúa ocupando el centro de las discusiones cuando analizan estas temáticas. ¿Qué aspectos se deberían trabajar para que se genere una discusión profunda e integral del tema ambiental y se considere como una política de Estado?

Ante este cuestionamiento Achkar entiende que es necesario fortalecer la temática en tres niveles: por un lado en el sector político, en el que es necesario generar mecanismos para que los políticos entiendan los temas ambientales. «Si uno escucha la prensa cuando entrevistan a representantes del ámbito político, estos dicen los disparates más grandes impunemente desde el punto de vista académico y del manejo de información. Sobre algunas de esas expresiones se puede interpretar que están mintiendo y sobre otras que la ignorancia sobre los temas ambientales es total», afirmó. Añadió que esta ignorancia alcanza también a muchos de los periodistas salvo algunas excepciones, «que no les repregunten cuando los políticos responden disparates absurdos da muestra de que tampoco tienen conocimiento ni formación sobre los temas ambientales».

Los escasos comunicadores uruguayos que se especializaron en temas científicos, lo hicieron por afinidad con la temática, formándose de manera autodidacta y realizando posgrados en el exterior. Desde 2022 la Udelar cuenta con una formación de posgrado, la Especialización en Comunicación de la Ciencia y la Tecnología, cogestionada entre la Facultad de Ciencias y la Facultad de Información y Comunicación. La formación, que inició recientemente la segunda cohorte, tendrá en breve sus primeros egresados.

El segundo nivel que para Achkar es necesario fortalecer es el sector de los técnicos que trabajan en el Ministerio de Ambiente y de Industria y Energía así como en todas las carteras involucradas en el tema. «Los técnicos han sido formados con una visión tecnicista y académica y por tanto con la concepción de que la población no tiene nada para aportar en estos temas. Entonces yo técnico, sentado en una oficina, trazo un modelo para una ruta buscando abaratar costos y arraso con todo, sin importar a qué le pase por arriba. Sé hacer un modelo, trazar eso y punto. No me complico la vida preguntándole a doña María si le gusta o no», afirmó Achkar.

El investigador entiende que este problema también involucra a la Udelar y la cuestiona acerca de cómo forma a sus técnicos y académicos porque eso se manifiesta en los cuadros técnicos de los ministerios. «Si bien hemos mejorado mucho como institución en cuanto a incluir la perspectiva de la sociedad, todavía nos queda un largo camino», indicó.

El tercer aspecto que para Achkar es necesario reforzar es que los ministerios trabajen más estrechamente con la academia. En ese sentido entiende que se debería definir un espacio público de consulta académica independiente. Podría estar representado por la Udelar o, la UTEC, como referencia para los grandes temas ambientales.

En este sentido resaltó que desde que comenzó este gobierno han tenido algunas reuniones con el Ministerio de Ambiente, «nos han convocado para realizarnos consultas sobre determinados procesos, todavía muy tímidas, no va en el sentido y con la fuerza que nosotros aspiraríamos que sucediera, pero sí ha habido un cambio, en el período anterior ni siquiera contestaban los mails», apuntó. «Estamos todavía muy lejos de tener espacios en conjunto de trabajo o de ser una referencia de consulta permanente, pero soy optimista, creo que el país va en ese camino, falta muchísimo, pero los hechos demuestran que es por esa línea que hay que transitar, al menos con los temas ambientales», señaló.

Sociedades con «comportamiento esquizofrénico»

Achkar sostuvo que las sociedades modernas «tenemos un comportamiento esquizofrénico, sabemos lo que estamos haciendo mal, los problemas que nos va a acarrear a futuro, la degradación ambiental, el cambio climático, falta de agua, degradación de suelos. Sabemos todo eso, tenemos muchísimo conocimiento acumulado a escala local, regional, global, pero lo seguimos haciendo». «En el siglo pasado, en la década del 50 podíamos decir, no pasa nada, es alarmismo, porque no había evidencia científica, hoy no nos falta, tenemos toda la evidencia científica. Lo vimos en el debate que se generó en torno al proyecto Neptuno, colocamos arriba a la mesa toda la evidencia científica que hacía falta y más, y la evidencia científica a favor de la obra, que las autoridades políticas decían que tenían, no estaba en ningún lado», añadió.

Ese comportamiento esquizofrénico se refleja para Achkar también a nivel mundial, «hacemos reuniones internacionales como la reunión de Kyoto o la de París para discutir sobre cambio climático, y acerca de las más de 50 guerras que se están desarrollando en este momento en el mundo, e independientemente de los problemas humanitarios que provocan, la gente que muere, los genocidios, no vinculamos las guerras con el impacto que provocan en el ambiente y en el cambio climático, a través de la emisión de gases causada por la bombas».

Soluciones alternativas

Para Achkar la primera solución alternativa a la necesidad de combustibles sería reducir el consumo de petróleo. «Deberíamos reflexionar, realizar un análisis detallado en las distintas sociedades, de qué energía se consume en forma razonable y cuál es un derroche». Explicó que en lo que se refiere a Uruguay, «hoy la matriz energética está bastante equilibrada entre fuentes renovables y la fuente no renovable, el petróleo, el principal consumidor es el sistema transporte, es necesario rediseñarlo, pero en serio».

Entiende que otro camino a recorrer es instrumentar un ordenamiento territorial que implique la descentralización, hoy se caracteriza por grandes concentraciones urbanas en las que el consumo de energía parece ser uno de los problemas mayores. «La conducta ha sido centralizar todo lo que se pudo y uno de los principales focos de esa centralización son las grandes ciudades», señaló, y añadió: «Deberíamos tender a ciudades intermedias, vivibles, donde el consumo de energía y el tiempo de desplazamiento es menor, la calidad de vida es mejor, se da una serie de posibilidades de mejorar la alimentación de la población debido a la producción de cercanía, y todas estas condiciones tienen mucho que ver con la energía». En este sentido señaló que se producen hechos «absurdos» en la actualidad, que no sucederían en este tipo de ciudades, como continuar teniendo un mercado de frutas y verduras centralizado en Montevideo. «Frecuentemente se traen los productos del interior del país, por ejemplo las naranjas de Salto, y luego el almacén de este departamento las compra en Montevideo y las lleva para allá».

«No es cierto que una propuesta de reducir el consumo de energía implique bajar la calidad de vida de la población, al contrario, podemos mejorar la calidad de vida de la población minimizando el consumo de energía», concluyó.