Mesa académica expuso sobre el crimen organizado, crisis de soberanía y democracias en la región
En esta mesa de intercambio participaron Nilia Viscardi (doctora en Sociología y profesora de las Facultades de Humanidades y Ciencias de la Educación y de Ciencias Sociales, Udelar); Diego Hernández Nilson (doctor en Sociología Política y profesor de la Facultad de Ciencias Sociales, Udelar); y Rodrigo Arocena (doctor en Matemática y en Estudios del Desarrollo, ex rector de la Udelar). El periodista Roberto López Belloso moderó el evento. Luego de las exposiciones se dio lugar a un intercambio con el público. El evento fue transmitido por el canal de Youtube de la Udelar.
El ciclo «El mundo en crisis» es impulsado por el Rectorado de la Udelar con el fin de aportar a la reflexión sobre la compleja coyuntura internacional. En un escenario global signado por crisis sociales, ambientales y económicas, junto con el avance de conflictos bélicos, desplazamientos forzados y amenazas a los sistemas democráticos, la institución busca profundizar en estas temáticas a partir de disciplinas diversas. La iniciativa busca reivindicar la fuerza de la paz, la autodeterminación de los pueblos y el respeto estricto a la legislación internacional desde una perspectiva humanista y latinoamericana.
La organización de estos encuentros se fundamenta en el Artículo 2 de la Ley Orgánica de la Udelar, que mandata a la institución a «contribuir al estudio de los problemas de interés general y propender a su comprensión pública», así como a la defensa de los valores de justicia, libertad y los derechos humanos.
Pequeñez geopolítica
En la apertura de la actividad, López Belloso expresó que ante la incertidumbre y la desorientación que puede generarnos la realidad noticiosa de todos los días, es cada vez más necesaria la reflexión que se realiza desde un ámbito como la Udelar sobre temáticas como geopolítica, amenaza nuclear o crimen organizado.
Por su parte, Hernández celebró la oportunidad de formar parte de este proceso de reflexión crítica que se da la Udelar, en momentos en que «este mundo en crisis trae grandes desafíos». En su ponencia se basó en la doctrina Monroe para analizar la identidad y la soberanía de nuestra región, en un contexto de disputas globales. «Me voy a centrar en la soberanía pensada como un ejercicio político resultante de ese cruce entre geopolítica e identidad y de esa forma, una reafirmación de subjetividades y de sujetos; en este caso también intento pensarlo para nosotros como sujetos universitarios».
El investigador sostuvo que Uruguay debería alejarse de la idea de «excepcionalidad» y reconocer que «nuestra identidad uruguaya pacifista y apuesta por el derecho internacional resulta de nuestra pequeñez geopolítica entre dos grandes vecinos». Afirmó que esta condición es la que impulsa la vocación regionalista del país, visible en su rol como sede del Mercosur y en la conformación de la Asociación de Universidades Grupo Montevideo (AUGM). Agregó que nuestra ubicación en las grandes cuencas de los ríos Uruguay y Paraná es determinante para el desarrollo de las economías del Cono Sur.
Además, nuestra identidad republicana se asienta en gran medida en la doctrina Monroe, expresó Hernández. Si bien esta nació en 1823 para evitar la restauración monárquica en América y evolucionó hacia la defensa del republicanismo, hoy enfrenta una renovación bajo el llamado «corolario Trump», que busca reafirmar la exclusión de potencias externas al hemisferio occidental, con el foco puesto en China, advirtió.
Hernández cuestionó cómo la Udelar y el sistema académico nacional se posicionan frente a las presiones para limitar el vínculo con el país asiático: «seguimos prefiriendo sistemáticamente en la Universidad y en la ANII los Scopus o Web of Science y desconocemos absolutamente los índices chinos que son bastante importantes». Invitó a reflexionar sobre la dependencia tecnológica y académica, mencionando que incluso en la investigación se suelen ignorar alternativas como el sistema de geolocalización chino BeiDou, más preciso que el GPS.
El docente observó que el narcotráfico ha pasado a ocupar el lugar del «enemigo interno» dentro de la doctrina de seguridad hemisférica. Alertó sobre los riesgos de las respuestas punitivas y la presencia militar extranjera en la región: «es una aberración militarizar la lucha contra el narcotráfico, que es a donde va en este momento la doctrina Monroe». Frente a la tendencia de militarizar fronteras, propuso una alternativa basada en la integración y el desarrollo: «debemos poblar nuestras fronteras». Sugirió que el problema del narcotráfico en Uruguay se agravó por la persistencia de pensarse «como una isla», ignorando que, ante la saturación de otras rutas, el mercado de las drogas naturalmente buscaría salida por el Río de la Plata, repitiendo lógicas geopolíticas del siglo XVIII.
Ilegalidad que ordena
En su ponencia, Viscardi abordó el tema del crimen organizado y sus dispositivos de coacción para las juventudes. Indicó que en esta temática existe «una dimensión que nos interpela a todos a diario en las aulas» y que también se relaciona con la práctica científica y con la extensión. Añadió que es necesario señalar que «estamos en un contexto regional marcado por exclusión, desigualdades, coacción, sufrimiento, por la transformación histórica de estas dinámicas que no son recientes».
Resaltó en primer lugar que el crimen organizado no es solo ilegalidad, aunque tiene su fase más dura en esta, sino que está inserto en todos los ámbitos institucionales del mundo, «regula territorios, administra violencia, organiza economías y produce orden». «De ahí que en este contexto las juventudes sean estratégicas para el crimen organizado y que una de sus características sea precisamente cooptar sobre todo a adolescentes vulnerables», afirmó. Esto se debe a que jóvenes y adolescentes son «particularmente vulnerables y estratégicos, son fuerza de trabajo flexible, fácilmente reemplazables y buscan reconocimiento social de distintas maneras, a través del dinero, pero también de prestigio, de masculinidades», apuntó. Datos de América Latina confirman este planteo: es la región con las tasas de homicidios más altas a nivel mundial y en estos hechos están involucrados precisamente adolescentes y jóvenes, «los sectores más vulnerables del mundo». Agregó que la coacción que se ejerce sobre esta población no es solo material sino también simbólica, generalmente la más difícil de identificar.
Para Viscardi otro factor vinculado con esta problemática es el de las relaciones de género, que se plasman muchísimo en desigualdades. Sostuvo que en los mercados ilegales se recrudecen pautas de género que se habían logrado emparejar en ámbitos atravesados por la regulación, por ejemplo, en el acceso a la educación y al trabajo formal. La ilegalidad da lugar a la inserción de las mujeres en el campo de la explotación sexual, sobre todo en el interior del país, indicó. No obstante, las violencias que más se visibilizan están asociadas a las muertes de varones, las dinámicas asociadas con los mercados ilegales los vuelven muy vulnerables, apuntó.
La docente planteó que es importante abordar esta temática desde la filosofía política, discutir y colocar en el centro términos como soberanía, legitimidad, monopolio de la violencia, ciudadanía, exclusión, necropolítica y crisis democrática, ya que básicamente «el debate que se suele dar hoy está atravesado por la criminología y por la seguridad, que efectivamente forman parte del problema, pero sería necesario pensarlo también vinculado a la ciencia, tecnología y sociedad, dependencia política, colonialismo, análisis de mercado, por eso celebro esta instancia que pone de manifiesto esta relación». Advirtió sobre varios fenómenos vinculados con el tema como la corrupción, la cooptación institucional y otros elementos como la privatización de la seguridad, lo que ha estructurado el entramado urbano, las rejas, los condominios, la contratación de empresas de seguridad y formas de trabajo en este rubro. Afirmó que todas estas «son formas de reproducción de la violencia que se anudan de modos complejos y que hacen que este sea un proceso muy difícil de aceptar».
También se refirió a la naturalización del estado de excepción, tema sobre el cual trabajan numerosos autores: los países adoptan «formas más o menos autoritarias, en gobiernos de derecha y de izquierda, en los cuales se observa la militarización permanente, la vigilancia intensiva y la presencia armada cotidiana», explicó. «Algunos de estos gobiernos han sido exaltados como el régimen de Bukele, que se ha defendido como un sistema posible e interesante, que podemos decir que aumenta la inseguridad si miramos o pensamos los derechos humanos de la población encarcelada y de las poblaciones vulnerables que están permanentemente sujetas a esta regulación del control», concluyó.
Democracia, autocracia y clases sociales
En su exposición, Arocena destacó tres claves fundamentales del mundo actual: en primer lugar, la crisis ambiental y climática que compromete el futuro de la humanidad y afecta seriamente su presente.
La segunda clave es la desigualdad que fragmenta las sociedades, abre espacios para el crimen organizado, dificulta el enfrentamiento de esta problemática y «hace que la población menos favorecida esté en peores condiciones para eso», afirmó. Añadió que en materia de desigualdad la expansión del conocimiento presente en el mundo actual profundiza la división entre beneficiados y postergados.
La tercera clave es el auge de autoritarismos varios, afirmó, que agrava los dos grandes problemas de la insostenibilidad ambiental y la desigualdad social. Con el crecimiento de las autocracias, los movimientos populares -actores sociales transformadores-, afrontan dificultades serias, agregó. Surgen así grandes amenazas: las extremas derechas avanzan en América y Europa, cancelan las políticas ambientales, reniegan de la justicia social, horadan la institucionalidad democrática y apuntan hacia el pasado en materia de derechos y libertades, «se trata de una verdadera contrarrevolución» y lo más preocupante «es el apoyo que recibe de no poca gente muy postergada», sostuvo. En términos éticos y políticos, esta debería ser «una de las cuestiones más dignas de atención», expresó Arocena, para lo cual conviene afinar nuestra noción de clase social que se define por la propiedad, pero también por la formación: «los de abajo son los que tienen poco y pocas ocasiones de aprender». En este sentido destacó que muchos trabajadores y trabajadoras sin formación terciaria apoyan la reacción en América y en Europa.
«Paralelamente, el imperio contraataca a escala global, agrava la insostenibilidad, la desigualdad y el autoritarismo, atiza la violencia y astilla el siempre precario orden internacional», indicó, «nuestra región puede ser víctima principal de la convergencia entre la contrarrevolución y el contraataque imperial». Explicó que Donald Trump representa esta convergencia que apunta a agravar el extractivismo periférico, la subordinación externa y a la desdemocratización interna. Para Arocena se llega a esta coyuntura a través de un proceso gradual de debilidad institucional, de concentración del poder ejecutivo y de desmantelamiento de ciertas garantías institucionales. «Estamos en clara desventaja como región», afirmó, y ante el compromiso de la Universidad con los valores que define el artículo 2 de su Ley Orgánica deberíamos «apostar a lo que queda en materia de poder, o sea, a la autonomía cultural e ideológica». Finalmente, expresó que para defender la democracia es necesario «priorizar a los sectores más postergados por motivos ante todo éticos, por supuesto, pero también pragmáticos».
El 3.er y último encuentro del Ciclo «El mundo en crisis» se desarrollará el jueves 21 de mayo en el Paraninfo de la Universidad, en el marco de una sesión extraordinaria del Consejo Directivo Central. Tendrá como título «El rol de la universidad pública en defensa del diálogo plural, la democracia y los derechos humanos».
Este ciclo de eventos cuenta con interpretación en Lengua de Señas Uruguaya y se transmite por el canal de Youtube de la Udelar.
Se invita a toda la comunidad universitaria y a la sociedad en general a participar, reafirmando el compromiso de la Udelar como espacio de reflexión crítica frente a los problemas que atraviesan a la humanidad hoy.
