Nueva Reserva de Biosfera: desafíos para la Udelar
Este es el segundo sitio reconocido para Uruguay, el otro lo conforman los Bañados del Este, que fueron declarados Reserva de Biosfera en 1976. La inclusión de las Quebradas del Norte junto a otros doce sitios fue resuelta en la reunión que realizó el Consejo Internacional de Coordinación del Programa sobre el Hombre y la Biosfera del 10 al 13 de junio, en Suecia. La Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO) desarrolla este programa desde la década de 1970; la reserva está conformada actualmente por 631 sitios.
La postulación fue redactada por la Intendencia de Rivera y la Dirección Nacional de Medio Ambiente (Dinama) del Ministerio de Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente. El área del Bioma Pampa-Quebradas del Norte comprende 110.882 hectáreas; se extiende sobre el noroeste del departamento de Rivera, desde el límite departamental con Tacuarembó hacia la frontera, bordeando y excluyendo las localidades de Tranqueras y Rivera.
El texto presentado ante la UNESCO afirma que la reserva «se caracteriza por constituir el relicto más al sur de flora tropical proveniente de la “mata atlántica” la cual se inserta en un bioma caracterizado como de Pradera Templada en la regionalización de la Red Mundial de Reservas de Biosfera» y detalla que la mata atlántica «actúa como corredor biológico para la distribución de especies de flora y fauna determinando de este modo el ingreso de elementos subtropicales en esta zona templada».
El sitio web de la UNESCO destacó que el sitio es zona de nidificación para numerosas especies de aves, que posee algunas especies raras de anfibios, como el sapo de Uruguay o el de Devincenzi y reptiles como la serpiente cascabel sudamericana. Advirtió que «actualmente pesan graves amenazas sobre la conservación de las praderas y solo un porcentaje muy reducido de ellas (0,7%) goza de protección». El organismo añadió que las Quebradas del Norte tienen una población reducida dedicada a actividades agrarias y que «uno de los objetivos de esta Reserva de Biosfera consiste en reforzar las tradiciones de los gauchos, pastores de ganado de la pampa».
El área núcleo de la reserva es la que «presenta los niveles más altos de biodiversidad, naturalidad y valor paisajístico»: está conformada por el Valle del Lunarejo, un territorio de casi 9.000 hectáreas que en 2009 fue integrado al Sistema Nacional de Áreas Protegidas. El documento presentado a la UNESCO detalla que el área núcleo está seguida de una «zona tampón» cuyo suelo es mayoritariamente ganadero y presenta niveles de intervención medio, y una «zona de transición» donde se desarrollan actividades productivas de mayor impacto como la forestación.
Aportes de la academia
La Facultad de Ciencias se vinculó a la zona de Rivera y Tacuarembó en 2001. En 2002 comenzó a dictar en el Centro Universitario de Rivera (CUR) la Tecnicatura en Recursos Naturales y Desarrollo Sustentable y en 2012 lanzó la Licenciatura en Recursos Naturales. Los estudios universitarios se han incrementado en los últimos años a partir de la consolidación del CUR, la radicación de Polos de Desarrollo Universitario (PDU) y los aportes del Laboratorio de Desarrollo Sustentable y Gestión Ambiental del Territorio de la Facultad de Ciencias a la elaboración del plan de manejo del área protegida del Valle del Lunarejo.
Mario Clara, director del CUR, destacó los aportes que están haciendo dos grupos de investigación. Uno de ellos es el PDU «Estudios interdisciplinarios de sistemas territoriales complejos en la región noreste». Andrés Canavero, docente del CUR e integrante del PDU desarrolla una línea de trabajo sobre la «ecología de anfibios y análisis de las variaciones fenológicas y su correlación con las variables climáticas»; en otras palabras, analiza cómo varía la actividad de sapos y ranas a lo largo del año. Canavero estudia desde hace 14 años la fenología de anfibios y hace dos que trabaja en la zona del Valle del Lunarejo. Allí está haciendo estudios de sonido, mediante la utilización de grabadores asociados a bases meteorológicas. En diálogo con el Portal de la Udelar afirmó que los anfibios son buenos «para evaluar el efecto del cambio climático sobre las comunidades biológicas». Se trata de animales ectotermos, es decir, «que regulan su temperatura interna en parte a partir del comportamiento pero están muy influidos por la temperatura del ambiente»; el docente expresó que si la temperatura ambiente aumenta por efecto del cambio climático «se adelantarían los ciclos de actividad de los anfibios y eso puede tener efectos sobre el desacople de las redes tróficas».
Canavero detalló que «los anfibios cantan, vocalizan, y a través del sonido se puede saber en qué momento están en actividad y medir la actividad de las comunidades». Esa información es entrecruzada con los datos obtenidos por las bases meteorológicas ubicadas en el Lunarejo, que miden las variables ambientales como temperatura, pluviosidad, humedad relativa y radiación, indicó.
Diego Queirolo es el otro docente referido por Clara. Trabaja en el CUR desde 2011 y está enfocado al estudio de los mamíferos en el Valle del Lunarejo; dijo que muchas veces acude a demanda, cuando los pobladores identifican pumas u osos hormigueros. También, es conocedor de situaciones que no siempre protegen la biodiversidad, como resulta ser la matanza de zorros o pumas que afectan la producción ovina. En su opinión «las áreas núcleo tienen que ser áreas más estrictas como parques nacionales o reservas biológicas; en realidad el Valle del Lunarejo es un paisaje protegido que lo que protege son características generales del paisaje, pero no está asociado a la protección de la diversidad biológica y mucho menos a la diversidad genética».
Canavero coincidió en que el área núcleo de la reserva «no tiene un estatus de conservación muy fuerte». No obstante, valoró las posibilidades que abre haber declarado al lugar como reserva de biosfera: «Es una herramienta fundamental de gestión para marcar lineamientos del tipo de desarrollo que se quiere». Destacó, además, que contribuirá a la investigación: «Presentar un proyecto que esté focalizado en el desarrollo sustentable del área a nivel nacional o internacional debería tener cierto grado de prioridad», comentó.
Rodrigo Vargas es asesor técnico de Medio Ambiente en la Intendencia de Rivera y como tal participó en la redacción de la propuesta. Valoró que la demanda surgió desde lo local, puesto que la propuesta nació de la intendencia y luego fue acompañada por la Dinama. Destacó que se espera que existan «líneas estratégicas en materia de ordenamiento territorial para el área» y que «se generen con los productores técnicas de manejo que produzcan un menor impacto en el ambiente». Comentó que el hecho de integrar la Reserva de Biosfera no le cambiará demasiado la situación a los productores pero sí a los investigadores, porque es un motivo para potenciar la investigación. Vargas reconoció que la Udelar no participó en la generación de la propuesta —algunos estudios de Facultad de Ciencias fueron usados como fuente de datos— pero afirmó que la idea es «empezar a generar vínculos» y apuntó a lo que pueda hacerse desde el CUR.
Convivencia
Marcel Achkar es coordinador del Laboratorio de Desarrollo Sustentable y Gestión Ambiental del Territorio de la Facultad de Ciencias. Expresó que las Quebradas del Norte conforman «un sistema ambiental único del país, que tiene un valor simbólico muy fuerte y un interés internacional de relevancia porque no es un paisaje muy frecuente».
El docente consideró que se pondrá a prueba si nuestro país tiene la capacidad para articular producción con las singularidades de los territorios y que si lo logra «vamos a estar avanzando hacia el mantenimiento de la productividad en el sentido amplio y no en el sentido como se priorizó y se prioriza en el país, en donde no importan las particularidades ambientales, sino que lo que interesa es el aumento de producción». Agregó que esta otra visión «permite la integración de multifuncionalidad», incorporando el valor del turismo rural, del mantenimiento de la biodiversidad, o la importancia del área desde el punto de vista de la cosecha de agua, puesto que es una zona de recarga del Acuífero Guaraní.
Enumeró algunas situaciones a resolver, como la erosión y degradación de montes de quebrada. Expresó también que la mayor parte de los valles de estas quebradas son de prioridad forestal (de acuerdo con su baja productividad agropecuaria) y que ese es otro tema a resolver: «Es una de las zonas donde la forestación ha tenido uno de los mayores impulsos del país, es una de las actividades que hay que ordenar e integrar otros criterios además del tipo del suelo, criterios de dinámica y de funcionamiento del sistema ambiental».
Achkar indicó que «Uruguay no se puede plantear tener grandes parque nacionales» porque la mayor parte del territorio es de propiedad privada. «Tenemos que resolver integración y producción en los mismos espacios. Uruguay tiene ese desafío a nivel internacional: hay que articular muy finamente el problema de la protección con mantenimiento de la producción».
En cuanto al aporte a hacer de la Udelar Achkar destacó que se tiene muy poco conocimiento sobre los ecosistemas específicos del área y que esa sería una primera contribución a realizar, en conjunto con la población local. El docente subrayó además el aporte que pueda hacer la academia a la mejora de la interacción entre producción y ambiente. «La Universidad tiene muchísimo para aportar en cuanto a la construcción en forma participativa con los productores y los gestores de líneas que permitan esa interacción».