Primer encuentro del ciclo «El mundo en crisis»: reflexiones sobre geopolítica, amenaza nuclear y democracias
Organizado por la Udelar, el ciclo «El mundo en crisis» se plantea como una serie de espacios de diálogo plural desde una perspectiva humanista y latinoamericanista. Se compone de tres encuentros, las próximas dos instancias se realizarán el 14 y el 21 de mayo.
El encuentro del 14 de mayo contará con las ponencias del ex-rector de la Udelar, matemático y también experto en políticas de desarrollo, Rodrigo Arocena; el doctor en sociología política, Diego Hernández Nilson y la doctora en sociología Nilia Viscardi, que abordarán el tema «La soberanía latinoamericana en crisis, crimen organizado y perspectivas para las democracias amenazadas». La instancia que cerrará el ciclo se realizará el 21 de mayo en el marco de una sesión extraordinaria del CDC, cuyo orden del día tendrá un punto único: «El rol de la Universidad Pública en defensa del diálogo plural, la democracia y los derechos humanos».
Tejer pensamiento
En el primer encuentro hicieron uso de la palabra Héctor Cancela, rector de la Udelar; Andrea Carriquiry, docente del Centro de Estudios Interdisciplinarios Latinoamericanos de la la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación, Udelar; Mariella Terán, docente del Área Radioquímica de la Facultad de Química, Udelar; y el politólogo Gabriel Delacoste. La moderadora del espacio fue la comunicadora y asistente académica del Rectorado, Azul Cordo.
Cancela dio la bienvenida al evento y resaltó que la organización de este ciclo, impulsada por el Rectorado y aprobada por el Consejo Directivo Central, se fundamenta en el artículo 2 de la Ley Orgánica de la Universidad. Este mandata a la institución a «contribuir al estudio de los problemas de interés general y propender a su comprensión pública», además de defender los valores morales y los principios de justicia, libertad, bienestar social, los derechos de la persona humana y la forma democrática republicana de gobierno.
«En un escenario que está signado por crisis sociales, ambientales y económicas, por guerras, desplazamientos y amenazas a la democracia, consideramos necesario abordar las múltiples dimensiones que están en juego de manera simultánea, reivindicando la fuerza de la paz y de la democracia, la autodeterminación de los pueblos, el derecho a la integridad territorial y a la seguridad de las personas y el respeto a la legislación internacional», apuntó Cancela. Marcó algunos acontecimientos de 2026 que configuran esta coyuntura, entre estos la agresión armada del gobierno de los Estados Unidos a Venezuela y el secuestro de Nicolás Maduro y Cilia Flores, «acciones que contravienen las más elementales reglas del derecho internacional». Añadió otros hechos como la continuidad del genocidio en Gaza, las guerras en Sudán y en Ucrania y «el bloqueo a Cuba que se profundiza con sanciones económicas y energéticas que restringen las condiciones para desarrollar una vida digna y llevan a la población al hambre».
El rector destacó asimismo una contradicción, «mientras los movimientos ecologistas y las cumbres de cambio climático denuncian el colapso ambiental por el uso y abuso de los combustibles fósiles, al mismo tiempo el petróleo está en el centro de las disputas geopolíticas». Estas se manifiestan a través de sanciones económicas, tasas de importación o impuestos a las compras por internet pero también por una renovada ofensiva del Comando Sur de los Estados Unidos en nuestra región, con la instalación de sus bases militares en varios países.
«Sabemos que hoy hay una guerra por petróleo, pero que también están en la mira otros recursos como el agua, los yacimientos minerales y distintos bienes naturales. Hay realmente una perspectiva en la cual los países poderosos se sienten autorizados a ejercer de manera desencarnada ese poder y ese dominio», expresó Cancela. Agregó que esta coyuntura es también «de amenazas a los sistemas democráticos y muchas veces de construcción de enemigos internos. Es un tiempo realmente desafiante con una crisis de ciertas representaciones políticas y de los organismos multilaterales».
Señaló que este ciclo busca generar las condiciones para que académicos y académicas de la Udelar «tejan pensamiento por fuera de esa fragmentación de los campos disciplinarios y hagan el doble movimiento de proyectar los posibles futuros así como mirar desde ellos nuestro presente». Finalmente resaltó la necesidad de buscar nuevas perspectivas para problemas actuales de nuestra región como la crisis de soberanía, las amenazas a la democracia, el avance del crimen organizado, de la corrupción, la persecución y el encarcelamiento.
Erosión de las democracias
En el marco de la teoría de la democracia, Carriquiry analizó la relación entre la actual coyuntura internacional y la crisis de las democracias occidentales. Señaló que su abordaje de la temática está muy de acuerdo con la filósofa contemporánea Seyla Benhabib, cuando plantea que «la teoría crítica debe ser también una teoría de las crisis».
Contribuir a una más amplia comprensión y debate público sobre temas de interés general es especialmente relevante y difícil «en tiempos de fragmentación de la esfera pública», en que los diferentes actores y grupos tienden a un progresivo aislamiento entre sí, sostuvo. Temáticas como la guerra, las dictaduras, el cambio climático y la pandemia concitan el interés general y esto puede estar asociado a eventos de aprendizaje colectivo, observó Carriquiry. En ese marco, se favorece la apertura de un amplio abanico de posturas, entre las que se incluyen posiciones conspirativas, por eso «es muy oportuna esta iniciativa de la Universidad porque justamente trabaja sobre un punto neurálgico, en lugar de señalar una verdad única desde una autoridad académica, busca contribuir al debate público desde perspectivas muy diversas», expresó.
En la crisis actual, que abarca entre otros hechos la guerra en Ucrania, el genocidio en Gaza y la guerra en Irán, vale reflexionar si hay algo nuevo en estos conflictos armados respecto de muchos otros anteriores. «Un rasgo nuevo que puede señalarse es que el sistema internacional, sus instituciones y normas está siendo negado de un modo especialmente agudo. La escena, por ejemplo, de Melania Trump presidiendo una sesión sobre guerra e infancias en la ONU, mientras acababa de ser bombardeada una escuela de niñas en Irán, o la Junta de Paz que Donald Trump impulsó, son ejemplos rampantes», expresó.
En este marco sumó la noción de racionalización del poder, una idea central en la teoría de la democracia deliberativa y la esfera pública, entendida como la posibilidad de exigirle razones al poder, lo que hoy tenemos como asumido en muchas democracias. Para Carriquiry en la crisis actual se visualiza una erosión aguda de esta noción, fogoneada por estas guerras, «no es un detalle menor que Estados Unidos haya llamado a la operación militar en Irán Furia Épica, la furia podría verse como lo contrario de la racionalización del poder porque apela más bien a una situación de facto, como si se tratara de un volcán». «A un volcán no se le puede exigir razones, a un país democrático, sí. La guerra no es un desastre natural y quienes la lideran pueden y deben tener costos políticos, cuyo precio exacto decide en última instancia la ciudadanía, no solo en las elecciones sino también en el proceso de formación de opinión pública», añadió.
Otro concepto que puede contribuir a comprender mejor el impacto de estas guerras en la democracia es el de «publicidad representativa medieval», planteó Carriquiry. En esta forma de ejercicio del poder, el gobernante «se presenta frente al pueblo en un sentido asociado a la representación teatral», explicó, «es el caso típico del príncipe medieval que se mostraba como la encarnación de un poder superior siempre presente con toda una parafernalia». En la coyuntura actual esas trazas reaparecen llamativamente, ejemplos son los afiches gigantes con la foto de Donald Trump en fachadas de edificios públicos, la demolición parcial de una parte de la Casa Blanca para construir un nuevo salón de fiestas, o el renombramiento de instituciones públicas, añadió.
Reacciones en cadena
Terán, por su parte, se refirió a los efectos biológicos de las radiaciones, sus aplicaciones pacíficas y su instrumentación en Uruguay. Al abordar el tema invitó al público a explorar tanto aspectos negativos como beneficiosos de las radiaciones ionizantes. A nivel global, la actual percepción pública de incertidumbre incluye el miedo ante la amenaza nuclear, asociada a la guerra y a la idea de catástrofe, indicó. Conocemos eventos nucleares negativos como los de Hiroshima, Chernobil, Fukushima, que han tenido una amplia cobertura mediática y «una baja comprensión científica», indicó, pero las radiaciones ionizantes también están presentes en la atención en salud, la conservación de alimentos o la producción de energía y pueden así mejorar la calidad de vida de las personas.
Explicó que el proceso radiactivo es un fenómeno espontáneo y natural por el cual el núcleo de un átomo, que tiene mucha energía, «necesita deshacerse de ella para alcanzar un estado de mayor estabilidad, esto es posible a través de radiaciones que pueden ser electromagnéticas o de partículas. Ese cambio de energía es lo que llamamos decaimiento radiactivo y esas partículas que se emiten son la famosa radioactividad». Cuando la radioactividad toca la materia que lo circunda, puede producir la excitación de otros átomos haciendo que reaccionen entre sí, o bien que intercambien electrones en sus periferias, lo que se conoce como ionización. Cuando ocurren en células vivas, estos dos fenómenos fundamentales pueden generar daños de distinta magnitud, reversibles o irreversibles, señaló la docente.
Respecto a la energía nucleoeléctrica, informó que en el mundo se corresponde con el 10% de la generación eléctrica. Entre sus ventajas señaló que no genera dióxido de carbono, por lo que no favorece el cambio climático. Las centrales nucleoeléctricas utilizan como combustible Uranio 235 enriquecido, «del cual tanto hemos escuchado hablar», expresó. Los átomos de este elemento son estimulados para iniciar una reacción en cadena controlada y así producir energía aprovechable; la misma reacción en condiciones descontroladas, da lugar a una bomba atómica, explicó Terán.
Los países vecinos producen energía nucleoeléctrica, en algunos casos muy cerca de nuestras fronteras; ante eventuales riesgos, Uruguay realiza monitoreos de la calidad del aire a través de la Dirección Nacional de Aplicaciones de la Tecnología Nuclear del Ministerio de Industria, Energía y Minería, señaló. Además, nuestro país cumple con la regulación internacional y tiene su propio marco normativo en esta materia, incluyendo la existencia de guías y protocolos para proteger tanto al medio ambiente como a las personas en el manejo del material radiactivo.
Lógicas de mercado
En su exposición, Delacoste sostuvo que la crisis actual se puede analizar como un conjunto de ellas: una geopolítica, otra relacionada con las disrupciones tecnológicas y lo que estas producen a todo nivel, otra ambiental «y también una crisis más política, más institucional, que tiene varias escalas, pero que podríamos llamar algo así como la crisis del orden liberal mundial, que sin embargo ha mostrado una resiliencia extraordinaria» a pesar de la crisis financiera de 2008, la pandemia y las guerras comerciales y militares que inició Donald Trump. Planteó que «habría que sumar una crisis cognitiva» que refiere a la rapidez con la que nos llega información sobre estos hechos y las dificultades que tenemos para entender lo que pasa.
Explicó que la intensificación de la actividad del mercado mundial produce una gran acumulación de capital y esto habilita «inmensas inversiones en tecnología, que también es la que produce la depredación y las emisiones que provocan la crisis ambiental, que también produce esta dinámica del mercado mundial y la intensificación de la competencia geopolítica», ya que ese mercado mundial está ganando zonas del mundo que no eran hegemónicas antes, sobre todo Asia. «Todo esto se retroalimenta y se interrelaciona», afirmó. Señaló que el bloqueo del Estrecho de Ormuz produce «dinámicas caóticas en los mercados mundiales de energía, de fertilizantes y otros y sin embargo, esta caotización de los mercados no produce un correlato inmediato en los mercados financieros, que están en un boom histórico por las inmensas inversiones en las empresas tecnológicas, sobre todo por inteligencia artificial pero no solo».
A nivel regional, Delacoste expresó que vemos «un desgarramiento político» que incluye intervenciones directas por parte de Estados Unidos y esto tensa las políticas internas de los países, polarizándolas. Agregó que «la forma en la cual los países están forzados a competir por inversiones en el mercado mundial, los hace completamente incapaces de resolver ningún problema político ni social, lo cual hace que personas con total inteligencia vean que la política no resuelve nunca ningún problema y por lo tanto la política se deslegitima». Esta situación deriva en un aumento de violencia y la desintegración social.
Al finalizar las exposiciones, se realizó un intercambio entre el público y los panelistas.
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