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Cambio climático y salud: investigadores presentaron evidencias sobre biodiversidad, agua y temperaturas extremas en Uruguay

En el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, el Instituto de Investigación Una Salud realizó un webinario con exposiciones sobre pérdida de biodiversidad, olas de calor, floraciones de cianobacterias y contaminantes emergentes en el agua. Las presentaciones mostraron que estos fenómenos, aunque diversos, son parte de procesos interconectados que exigen respuestas integrales.

El pasado 5 de junio, en el marco del Día Mundial del Medio Ambiente, el Instituto de Investigación Una Salud (IIUS) realizó un webinario cuyo eje estuvo centrado en el fenómeno del cambio climático a nivel mundial. La actividad fue organizada por el grupo de docentes Grado 2 del Instituto junto a la Comisión de Comunicación y Difusión. El encuentro, que se desarrolló de forma virtual y reunió a 78 participantes, tuvo como objetivo reflexionar sobre algunos de los principales desafíos ambientales contemporáneos a partir de diferentes (pero complementarias) investigaciones desarrolladas en Uruguay.

La edición 2026 del Día Mundial del Medio Ambiente estuvo centrada en la acción climática, una temática que invita a responder a las señales cada vez más evidentes que envía nuestro planeta: olas de calor más frecuentes, incendios forestales, sequías, pérdida de biodiversidad y alteraciones en los ciclos del agua. Desde el enfoque de Una Salud, estos fenómenos no pueden entenderse únicamente como problemas ambientales, sino como procesos que afectan simultáneamente a la salud humana, la animal y la de los ecosistemas.

A través de cuatro exposiciones, los investigadores Alexandra Cravino, Macarena Sarroca, Carla Kruk y Andrés Pérez abordaron distintas dimensiones de esta problemática, desde la biodiversidad y las enfermedades emergentes hasta los impactos del cambio climático sobre la salud, la calidad del agua y la presencia de contaminantes ambientales.

La biodiversidad como primera línea de defensa

La primera presentación estuvo a cargo de la Dra. Alexandra Cravino, especialista en ecología de la conservación, quien propuso observar la crisis climática desde una perspectiva menos visible: la de la biodiversidad. La investigadora señaló que muchas veces los debates sobre cambio climático se concentran en emisiones de carbono o generaciones de energía, dejando en segundo plano el papel que desempeñan las comunidades biológicas en el mantenimiento de ecosistemas saludables.

A partir de estudios realizados con cámaras trampa y monitoreos sanitarios de mamíferos silvestres, Cravino mostró cómo los ecosistemas con mayor diversidad presentan menores prevalencias de patógenos y una estructura ecológica más resiliente. Por el contrario, los ambientes degradados, dominados por unas pocas especies (particularmente especies exóticas invasoras como el jabalí o el ciervo axis), tienden a mostrar una mayor circulación de agentes infecciosos.

Uno de los aspectos más llamativos de la investigación fue la constatación de que la percepción pública de estos riesgos continúa siendo baja. Según explicó la investigadora, muchas personas reconocen el valor recreativo o productivo de la naturaleza, pero no identifican claramente la relación entre biodiversidad, salud ecosistémica y prevención de enfermedades. La biodiversidad, sostuvo, funciona como un “escudo invisible” cuya pérdida reduce la capacidad de los ecosistemas para resistir perturbaciones y adaptarse a escenarios de crisis climática.
 

Cuando el cambio climático impacta sobre la salud

La segunda exposición estuvo a cargo de la magíster en ecología Macarena Sarroca, quien se desempeña como asistente académica en el Instituto Pasteur y abordó la relación entre cambio climático y salud humana a partir del estudio de las temperaturas extremas. La investigadora repasó los principales indicadores globales asociados al cambio climático y señaló que, pese a décadas de advertencias, las tendencias continúan siendo preocupantes. En ese contexto, destacó la creciente evidencia científica que vincula fenómenos como las olas de calor con un aumento de enfermedades cardiovasculares, respiratorias y renales, así como con incrementos en la mortalidad.

Sarroca presentó además resultados preliminares de un proyecto que analiza justamente la relación entre episodios de calor extremo y la mortalidad en Uruguay: a partir de datos meteorológicos y registros sanitarios, el equipo encontró señales de picos de mortalidad durante las olas de calor en varios departamentos del país, particularmente asociadas a enfermedades circulatorias.

La investigadora destacó la importancia de generar sistemas de alerta temprana, observatorios nacionales de clima y salud, y mecanismos de coordinación entre organismos públicos que permitan anticipar riesgos y proteger a las poblaciones más vulnerables. En un país con una población envejecida y una alta prevalencia de enfermedades crónicas, comprender los efectos sanitarios del cambio climático se vuelve una herramienta fundamental para la planificación de políticas públicas.

Agua, cianobacterias y producción intensiva

Por su parte, la Dra. Carla Kruk, especialista en ecología funcional del fitoplancton y limnología, centró su presentación en una problemática que se ha vuelto cada vez más familiar para la población uruguaya: la pérdida de la calidad del agua disponible para beber. Tomando como ejemplo el aumento de las floraciones de cianobacterias en el río Uruguay y otros cuerpos de agua del país, la investigadora explicó cómo la intensificación productiva y los cambios en el uso del suelo han favorecido procesos de eutrofización que generan condiciones propicias para el crecimiento explosivo de estos organismos. Muchas de estas floraciones producen toxinas capaces de afectar tanto a las personas como a los animales y a los propios ecosistemas acuáticos.

Kruk presentó resultados que muestran un incremento sostenido de las cianobacterias desde comienzos de los años 2000 y destacó que los principales factores explicativos no fueron las variaciones climáticas por sí solas, sino los cambios en el uso del suelo asociados a la expansión agrícola y forestal. Según explicó, los eventos climáticos extremos actúan sobre ecosistemas que ya se encuentran alterados, potenciando los impactos ambientales ya existentes.

La investigadora también analizó la crisis hídrica que afectó al área metropolitana en 2023, señalando cómo la combinación de sequía extrema y vulnerabilidades estructurales derivó en problemas de abastecimiento y calidad del agua para más del millón y medio de personas que habitan la ciudad de Montevideo y sus alrededores.

Los contaminantes invisibles del agua

La última presentación estuvo a cargo del Dr. Andrés Pérez, especializado en la química analítica aplicada al estudio de contaminantes orgánicos en muy bajas concentraciones y quien abordó la problemática de los contaminantes emergentes en el agua potable y las lecciones que dejó la sequía de 2023. El investigador explicó que bajo la categoría de contaminantes emergentes se incluyen compuestos muy diversos, como residuos farmacéuticos, plaguicidas, microplásticos, genes de resistencia a antibióticos y subproductos derivados de los procesos de desinfección del agua. Aunque suelen encontrarse en concentraciones muy bajas, sus efectos a largo plazo sobre la salud humana y ambiental todavía son objeto de investigación.

A partir de la experiencia reciente de la crisis hídrica, Pérez destacó la necesidad de fortalecer los sistemas de monitoreo y de incorporar nuevas herramientas analíticas que permitan detectar tempranamente estos contaminantes. El desafío, señaló, no se limita a garantizar la disponibilidad de agua, sino también a asegurar su calidad e inocuidad a largo plazo en escenarios cada vez más complejos desde el punto de vista ambiental.

Una misma problemática, múltiples dimensiones

Aunque abordaron temas muy diferentes, las cuatro presentaciones convergieron en una idea común: los problemas ambientales, sanitarios y productivos no pueden analizarse de forma aislada. La pérdida de biodiversidad, las temperaturas extremas, el deterioro de la calidad del agua y la presencia de contaminantes emergentes son manifestaciones de procesos interconectados que requieren respuestas integrales.

En un año en que el Día Mundial del Medio Ambiente pone el foco en la acción climática, el webinario organizado por los Grados 2 del IIUS permitió mostrar cómo la generación de conocimiento científico integrado puede contribuir a comprender mejor estos desafíos y a diseñar estrategias de adaptación y mitigación. Desde la perspectiva de Una Salud, actuar frente al cambio climático implica también proteger la biodiversidad, fortalecer los sistemas sanitarios, preservar los recursos hídricos y promover formas de desarrollo más sostenibles.