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Una orca varada en Punta del Este: una oportunidad para observar el ecosistema marino desde el enfoque de Una Salud

El varamiento de una cría de orca en la Playa Mansa de Punta del Este movilizó a instituciones públicas, equipos veterinarios, organizaciones sociales y especialistas de la Facultad de Veterinaria de la Udelar. La atención del animal, su posterior eutanasia y la necropsia realizada en Montevideo permitieron avanzar en la comprensión de un caso excepcional, relevante no solo para la fauna marina, sino también para la salud ambiental, animal y humana.

El hallazgo de una orca juvenil varada en las costas de Maldonado generó una fuerte conmoción pública. La presencia de un animal de estas características en una playa concurrida no solo despertó curiosidad y preocupación, sino que también activó una compleja respuesta sanitaria, logística y científica. El ejemplar, un macho juvenil de Orcinus orca de 4,28 metros de largo y más de una tonelada de peso, apareció en abril en la Playa Mansa de Punta del Este en un estado crítico que hizo inviable su reinserción al mar.

Ante el aviso inicial, se activaron los protocolos correspondientes a través del Grupo de Trabajo en Varamientos, integrado por organismos públicos, equipos universitarios, organizaciones sociales y especialistas en fauna marina. Participaron, entre otros actores, el Ministerio de Ambiente, la Dirección Nacional de Recursos Acuáticos, la Prefectura Nacional Naval, Bomberos, la Intendencia de Maldonado, el Centro Coordinador de Emergencias Departamentales (Cecoed), el Municipio de Punta del Este, organizaciones sin fines de lucro como RENACE y equipos de la Facultad de Veterinaria de la Universidad de la República (Udelar). 

Para Natasha Eliopulos, de la Facultad de Veterinaria e integrante del equipo que participó en el manejo del varamiento, este tipo de eventos implica desafíos múltiples. “Son animales muy potentes, que pueden llegar incluso a lastimar seriamente a las personas involucradas”, explicó y agregó: “Siempre que un animal de estas características vara en la costa, los desafíos son múltiples: manejar a la población que se va a intentar acercar a ayudar, mitigar riesgos zoonóticos y de bioseguridad, y resolver toda la operativa necesaria para asistir al animal”.

A la complejidad habitual de un evento de varamiento se sumaron además condiciones climáticas adversas, con mal tiempo y vientos huracanados. Aun así, Eliopulos destacó la rapidez de respuesta alcanzada gracias al trabajo coordinado desarrollado durante los últimos años entre distintas instituciones. “Hace tres años que existe un grupo multidisciplinario que viene trabajando continuamente para generar protocolos de respuesta”, explicó. Más allá de la respuesta, pese a los intentos de estabilización y asistencia veterinaria, el estado del animal continuó deteriorándose y se volvió irreversible. Finalmente, bajo criterios médicos y éticos, se resolvió proceder a la eutanasia priorizando el bienestar del cetáceo.

Del rescate a la necropsia

Tras la eutanasia, el cuerpo de la orca fue trasladado a la Facultad de Veterinaria en Montevideo, donde comenzó el trabajo de la necropsia para comprender qué había ocurrido y qué información podía aportar este caso sobre la salud de los cetáceos y de los ecosistemas marinos uruguayos. 

José Manuel Verdes, docente e investigador de Facultad de Veterinaria, explicó que la sala de necropsia cuenta con infraestructura adecuada para trabajar con animales de gran porte, aunque el caso presentó desafíos particulares. “Estamos hablando de un mamífero marino con una anatomía y fisiología muy diferentes a las especies con las que trabajamos habitualmente”, indicó. 

La investigadora Emilia Rossini, también participante del estudio anatomopatológico, destacó que la necropsia fue un desafío ya que superaba los cuatro metros. “Hasta el día de hoy es el animal más grande que se ha trabajado en la zona de necropsia”, afirmó. El procedimiento llevó dos días y requirió previamente una planificación exhaustiva para realizar registros fotográficos, mediciones morfométricas y tomas sistemáticas de muestras, lo que requería la coordinación de un equipo multidisciplinario.

Un cuadro severo incompatible con la vida

El informe preliminar determinó que la orca presentaba una meningoencefalitis supurativa severa de origen bacteriano, con especial afectación del cerebelo y de la región occipital del cerebro. También se constató una neumonía grave que comprometía más del 80% del tejido pulmonar, además de lesiones en otros órganos, signos de nefritis, hepatopatía, edema cerebral, focos hemorrágicos y abundante material purulento en el encéfalo.

Los especialistas señalaron que el cuadro era incompatible con la vida y que el principal diagnóstico diferencial era una posible neurobrucelosis causada por Brucella ceti, una bacteria frecuentemente reportada en cetáceos y con potencial zoonótico. También se analizaron otras hipótesis, entre ellas la participación de virus inmunosupresores como los morbillivirus, grupo viral asociado a mortandades masivas de cetáceos en distintas regiones del mundo y cuya presencia en cetáceos de esta región todavía es poco conocida. 

Para confirmar el diagnóstico definitivo, se enviaron muestras a distintos laboratorios especializados, según Verdes, estos análisis requieren varias semanas o incluso meses de trabajo, y permitirán confirmar o descartar la participación de determinados agentes infecciosos.

Orcas como centinelas de la salud del océano

Desde el enfoque de Una Salud, el caso tiene una relevancia que trasciende al individuo varado. Las orcas son depredadores tope, es decir, se ubican en la cima de la cadena alimenticia. Por esa razón, pueden funcionar como especies centinela o bioindicadoras de la salud de los ecosistemas marinos. Al vivir muchos años y ubicarse en la cima de la cadena trófica, estos animales pueden bioacumular contaminantes, toxinas y agentes infecciosos presentes en el ambiente. Por eso, estudiar sus enfermedades permite comprender mejor el estado sanitario de los ecosistemas marinos. 

“La salud de los océanos tiene que ver con la salud ambiental, la salud ambiental con la salud humana y la salud animal. Todo está interconectado”, explicó Rossini. En ese sentido, estudiar un caso como este permite generar conocimiento sobre especies difíciles de observar y analizar en vida, debido a su comportamiento y a su hábitat.

Uno de los aspectos más relevantes de este caso es también la posibilidad de estudiar agentes infecciosos poco conocidos en cetáceos de la región, y el enfoque de Una Salud también invita a pensar los riesgos infecciosos de forma amplia. Monitorear patógenos como Brucella ceti no solo aporta información sobre la salud de los cetáceos, sino también sobre posibles riesgos sanitarios para otras especies. 

Eliopulos amplió esta mirada al señalar que la fauna silvestre funciona como bioindicadora de la salud de los ecosistemas que también habitan los seres humanos. La circulación de agentes infecciosos, la contaminación, la resistencia antimicrobiana y los impactos de las actividades humanas forman parte de un mismo entramado. “Todos convivimos en el mismo planeta, y lo que les pasa a otros animales tarde o temprano nos va a repercutir a los humanos”, afirmó. En este sentido fue que la investigadora citó al explorador francés Jacques-Yves Cousteau: "el mar es el gran unificador y todos estamos en el mismo barco".

Rossini agregó que el enfoque de Una Salud no debe ser exclusivamente antropocéntrico. “No podemos pensar solamente en las enfermedades que afectan a los animales en la medida en que nos afecten a nosotros”, señaló. Muchas enfermedades pueden no representar un riesgo directo para las personas y aun así comprometer gravemente la conservación y supervivencia de especies marinas. 

El impacto humano sobre los ecosistemas marinos

El caso también permitió observar indicios de interacción entre fauna marina y actividades humanas. Durante la necropsia se encontraron restos de artes de pesca en el estómago, incluyendo un anzuelo de palangre y fragmentos de línea metálica. Los especialistas aclararon que estos elementos no provocaron lesiones internas ni fueron la causa directa de la muerte. Sin embargo, su presencia constituye una señal del vínculo entre estos animales y las actividades pesqueras en altamar.

Verdes explicó que no es extraño que una orca pueda ingerir una presa que arrastra o se encuentra atrapada en restos de artes de pesca. En este caso, el material se encontraba suelto en la cavidad gástrica y no fue determinante en el desenlace, pero su hallazgo aporta información sobre los riesgos a los que están expuestas estas especies.

“Determinamos que el palangre no tuvo nada que ver con la causa de muerte, y eso es muy valioso”, señaló Rossini. En un contexto donde muchos animales mueren en altamar sin llegar nunca a la costa, cada necropsia permite obtener una ventana parcial, pero significativa, sobre lo que ocurre lejos de la observación humana.

Para Eliopulos, este tipo de hallazgos representa una evidencia visible del impacto antrópico sobre los océanos. Sin embargo, señaló que existen otras formas de contaminación menos evidentes, pero igualmente preocupantes, como la presencia de bacterias multirresistentes a antimicrobianos en fauna marina. “El uso irracional de antimicrobianos repercute no solo en nuestra salud, sino también en los océanos”, afirmó. “Hoy encontramos animales marinos portadores de bacterias multirresistentes, lo que demuestra cómo las actividades humanas terminan impactando en los ecosistemas marinos”.

Una oportunidad para aprender y conservar

Este caso deja varias enseñanzas. La primera es que los varamientos no son hechos aislados ni simples curiosidades naturales: son eventos sanitarios, ambientales y sociales. La segunda es que la salud de los océanos está estrechamente vinculada con la salud de los animales y de las personas. La tercera es que la ciencia, la conservación y la comunicación pública deben trabajar juntas para transformar un episodio doloroso en conocimiento útil para el futuro.

En este sentido, Eliopulos considera que los varamientos son oportunidades de investigación, pero también de educación ambiental. La llegada de un animal de gran porte a una playa genera atención social y mediática. Los investigadores coinciden entonces en que es necesario continuar fortaleciendo la vigilancia epidemiológica, la investigación sobre fauna silvestre y la educación ambiental de nuestras poblaciones. “La educación de la población civil es fundamental”, afirmó Eliopulos. “La gente necesita saber cómo actuar, cómo dar aviso y por qué estos eventos son importantes”.

Como resumió Emilia Rossini: “no se puede conservar lo que no se conoce”. Y en ese conocimiento, cada varamiento atendido con rigor científico, sensibilidad ética y coordinación interinstitucional puede convertirse en una oportunidad para cuidar mejor la salud común de animales, ambiente y personas.