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Educación y criterio propio: las herramientas para no ceder el control a la IA

La expansión de los algoritmos y de la inteligencia artificial está transformando las formas de informarse, relacionarse, tomar decisiones y aprender. Frente a este escenario, la filósofa española María José Codina propone pensar en prácticas de «resistencia algorítmica» que permitan recuperar conciencia sobre la influencia que ejercen estos sistemas y preservar la autonomía y la libertad de las personas.

 Codina es doctora en Filosofía por la Universidad de Valencia, máster en Ética y Democracia, miembro del Grupo de Investigación en Bioética de esa universidad, adjunta de coordinación de la Red Iberoamericana de Grupos de Investigación en Bioética y profesora de Filosofía en educación secundaria. Ha realizado estancias de investigación en la Universidad de Georgetown, en Estados Unidos, y en la Universidad de Aarhus, en Dinamarca. Es autora de artículos en revistas especializadas, capítulos de libros y ponencias en congresos internacionales. Durante su visita a la Universidad de la República presentó sus reflexiones sobre resistencia algorítmica y educación en el Instituto de Justicia y Desigualdad Social.

«Que los algoritmos estén al servicio del ser humano»

La expansión de los algoritmos y de la inteligencia artificial está transformando las formas de informarse, relacionarse, tomar decisiones y aprender. Frente a este panorama, la filósofa española María José Codina visitó la Universidad de la República y presentó sus reflexiones sobre la necesidad de consolidar prácticas de «resistencia algorítmica». Según explicó, el objetivo central es tomar conciencia de la influencia no consciente que ejercen estos sistemas para preservar la autonomía, la libertad y los valores democráticos. «Los algoritmos tienen que estar al servicio del ser humano y no el ser humano al servicio de quien es dueño de los algoritmos», enfatizó Codina.

La «algorosfera» y el cultivo de virtudes cordiales

En relación con el contexto tecnológico actual, María José Codina dijo que la ciudadanía se desenvuelve dentro de una «algorosfera», un espacio ciberfísico caracterizado por la recolección masiva de datos y la vigilancia comportamental a través de dispositivos cotidianos. Para hacer frente a esta realidad, la docente afirmó que resulta imprescindible educar en tres virtudes cordiales inspiradas en la ética de Adela Cortina: la creatividad ética, para diseñar soluciones imaginativas orientadas al bien común; la esperanza, para sostener el compromiso de transformar la realidad; y la compasión, como motor que impulsa la acción ante el dolor ajeno.

La resistencia algorítmica como práctica de cuidado

Sobre la dimensión política y pedagógica del problema, la docente enfatizó que la resistencia algorítmica constituye en sí misma una práctica de cuidado hacia las personas y las instituciones democráticas. Desde la neuroeducación, advirtió sobre los efectos negativos que producen las plataformas digitales en las redes atencionales del cerebro, provocando atrofia atencional, pérdida de la noción del tiempo y manipulación de las emociones. Asimismo, Codina dijo que el impacto es severo en niñas, niños y adolescentes, en quienes la sobreexposición a sistemas diseñados para generar adicción compromete la construcción de la identidad y la salud mental.

El rol de la educación frente a la privatización de la IA

Respecto al papel del sistema educativo, la investigadora sostuvo que las instituciones deben proporcionar herramientas críticas para que las personas reconozcan los riesgos asociados a la mercantilización de los datos. En ese sentido, la docente afirmó que la educación tiene la responsabilidad de acompañar a cada estudiante en el desarrollo de su propio proyecto de «vida buena», evitando que los intereses económicos de las grandes corporaciones impongan patrones de conducta o visiones del mundo prediseñadas.

Marcos regulatorios estatales y responsabilidad compartida

Por último, sobre los desafíos urgentes que enfrenta la sociedad, la docente enfatizó que la responsabilidad de abordar esta problemática no puede recaer únicamente en el cuerpo docente. María José Codina dijo que se requiere una intervención directa y articulada de los Estados para fijar límites a las grandes empresas tecnológicas. Entre las medidas prioritarias, la investigadora destacó la necesidad de establecer edades mínimas para el acceso a redes sociales adictivas y de regular la difusión de contenidos falsos en plataformas digitales para evitar la manipulación de la opinión pública.

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Fuente: investigacion.udelar.edu.uy