Pasar al contenido principal
/Históricas

Montevideo-Tel Aviv-Montevideo: Memorias de ida y vuelta

El uruguayo Eduardo Zlotnitzki vivió 36 años en Tel Aviv y volvió a Montevideo hace 18 meses. Trajo consigo el ornamento de uno de los faroles externos del edificio de la Universidad, arrancado por una bala en los primeros años de la década de 1970, que devolvió a la Udelar y ha sido restituido.

Zlotnitzki tenía 17 años y estudiaba en el liceo Nº 8 cuando sus padres resolvieron viajar a Tel Aviv con él y su hermana en 1975. «No quería irme pero no quedaba otra que salir». El 27 de octubre de 1973 las Fuerzas Armadas ocuparon todas las facultades y escuelas y el edificio central de la Universidad de la República (Udelar).

La clausura de numerosos servicios, entre los cuales la Escuela Nacional de Bellas Artes (ENBA), dejó sin empleo a su padre, Mario Zlotnitzki, que daba clases de mosaico y pintura. En el resto de la Udelar casi el 40% de los docentes fue destituido, renunciaron o no se les renovó el contrato. El movimiento estudiantil fue desarticulado y un régimen policíaco se impuso en los locales paulatinamente rehabilitados.

En los meses previos una bala arrancó una de las ocho placas redondas que ornamentan la base cuadrada –dos por lado-, de uno de los faroles externos del edificio central de la Udelar. Zlotnitzki cree que quien la encontró fue Jorge Errandonea, entonces director de la ENBA, y que cuando su padre resolvió irse a Israel con la familia, se la obsequió. «Era un recuerdo del Uruguay, y muy significativo».

La elección de Israel tuvo que ver con el origen judío de la familia. «Mi padre había visto otras posibilidades, pero le ofrecieron trabajo en una academia de arte a la que luego no se adaptó. Es un país muy difícil, con gente muy heterogénea», definió.

En Tel Aviv, la segunda mayor ciudad de Israel con una población superior a los 400 mil habitantes, Zlotnitzki cursó bachillerato, realizó el servicio militar y estudió diseño gráfico en la ORT. «Esa chapa estuvo viviendo conmigo, primero en la casa de mis padres, y luego colgada en una pared de mi estudio».

Luego de tres años de servicio en el Ejército permaneció en el régimen de reserva -«estaba en la artillería antiaérea»-, que obliga a disponibilidad durante 30 o más días por año. «Yo era muy joven y llegaba de la dictadura uruguaya: Para mí los militares, lo menos posible».

En Israel conoció a Edy Kauffman, distinguido por la Udelar con el título de Doctor Honoris Causa en 2012 por su trabajo en pos de los Derechos Humanos y la transformación de conflictos hacia la paz y la justicia. «Entré a Amnistía Internacional (AI) porque me interesaba todo lo que pasaba en Sudamérica. Diseñé folletos y afiches. Pude colaborar y estaba al tanto de lo que pasaba. Incluso la sección de AI en Tel Aviv contribuyó a liberar a unos chilenos».

«Una forma de poner orden en aquel lío tan injusto»

Tras la reapertura democrática varios docentes de la ENBA regresaron del exilio: Entre otros, Jorge Errandonea, Marcelino Guerra, Lino Cabrera, Larry Hernández, y Mario Zlotnitzki, que se había separado de su esposa y retornó en 1986.

Zlotnitzki padre falleció en 2001 en Montevideo, tras inaugurar una exposición junto a sus hijos en la ENBA. Poco tiempo después murió su ex esposa en Tel Aviv. «Mi hermana regresó mucho antes que yo, fue la pionera que dijo: Israel ya no más», recuerda Eduardo Zlotnitzki.

Su hora de retornar se presentó en 2011. «Resolví que si no lo hacía no lo haría nunca más. Quería volver y ver qué es el Uruguay, el país donde nací. Tenía muchas cosas para cerrar. Un día decidí: basta ya con el estrés, quiero volver a un país en paz. Tiré casi todo, pero esa chapa me la traje. Dije: esto es para la Universidad, lo tengo que devolver porque no es mío. El agujero estaba esperando».

Desde que devolvió la placa, Zlotnitzki adquirió el hábito de mirar hacia el farol cada vez que pasaba en ómnibus frente al edificio con la expectativa de que aquel círculo negro casi cuarentón hubiera desaparecido. Eso sucedió en diciembre.

La restitución le hace sentir «parte de la historia, que tapo un agujero». En Uruguay «todavía se habla de la dictadura, se encuentran huesos, es un tema que aun no cerró. Van apareciendo cosas como esa placa que van volviendo a su lugar. Es una forma de poner orden en aquel lío tan injusto».

Zlotnitzki tiene 54 años y trabaja como diseñador gráfico. «Me estoy reinstalando. No es tan fácil». Además, desde hace ocho meses colabora como operador terapéutico en una clínica psiquiátrica con chiquilines del Instituto del Niño y el Adolescente del Uruguay (INAU). Un amigo lo invitó a participar. «Probé y resulta que tengo cierta afinidad y comunicación. Estoy entendiendo muchas cosas, y conociendo al Uruguay por las tripas».