Conferencia del Ciclo Diálogos Productivos 2026: «solidaridad efectiva» para producir en formas más sostenibles e inclusivas
La actividad se desarrolló el 23 de abril en modalidad presencial y con acceso simultáneo por videoconferencia. Al finalizar la ponencia del ex rector Arocena, se habilitó un espacio de intercambio entre las y los participantes.
El Ciclo de Diálogos Productivos 2026 está orientado a promover el intercambio entre actores productivos, sociales, estatales y académicos en torno a los principales desafíos del país, a generar análisis y propuestas intersectoriales, así como a definir líneas de trabajo para futuras instancias.
Al abrir la actividad, el coordinador Académico del Departamento de Extensión y Programas Integrales, Gerardo Sarachu, señaló que con este conversatorio se busca jerarquizar la idea del diálogo productivo, «pensando que la universidad se hace pública en su vínculo, en diálogo, justamente, con las organizaciones sociales», con actores productivos, trabajadores, trabajadoras y las tramas comunitarias que participan en un determinado proceso social y productivo.
La temática de la producción y los cambios del mundo del trabajo en relación con la cuestión ambiental puede pensarse «en clave de colapso», o bien como desafío a incorporar otro tipo de relación con la naturaleza en las propuestas productivas, expresó Sarachu. También hay desafíos vinculados con las desigualdades que produce el desarrollo capitalista, en particular en las infancias y en relación al género, sostuvo. El capitalismo «tiene una incapacidad de producir igualdad social» y esta idea debe estar presente en cualquier diálogo productivo, señaló.
Finalmente, destacó la necesidad de reflexionar sobre concepciones «que superen la restricción de igualar desarrollo al crecimiento y contrarresten así la ideología del progreso que subyace a las propuestas productivas».
Producir de otra manera
Desde la sede Paysandú del Centro Universitario Regional Litoral Norte y a través de zoom, compartieron este conversatorio docentes de las áreas de Agronomía, Veterinaria, Medicina Social y del Departamento de Turismo, Historia y Comunicación radicados en esa región. Mónica Cabrera y Victoria Lagaxio, comunicadoras de esta sede de la Udelar, expresaron que «siempre es motivante participar en estas instancias de debate con alcance territorial». Señalaron que la descentralización universitaria se construye en el territorio y con otros actores e instituciones, incluyendo los del sector productivo y organizaciones sociales.
En su intervención, Arocena expresó que «existe una tensión objetiva, real, muy grande entre producir y proteger el ambiente». Por un lado, es imprescindible producir bienes y servicios para cubrir las necesidades de todas las personas, pero esto casi siempre tiene impactos ambientales y climáticos «en algunos casos muy grandes», como el incremento de la temperatura promedio del planeta. Una forma de enfrentar este problema es aumentar la carga impositiva a los combustibles, con la esperanza de que se usen menos automóviles y a la vez, obtener más recursos para utilizar en políticas públicas, explicó. No obstante, en Francia, donde esta medida se aplicó hace diez años, provocó una enorme reacción social que obligó al gobierno, luego de una gran represión, a cambiar su posición.
Otro ejemplo se dio en Chile, donde años atrás el gobierno resolvió cerrar varias fundiciones de cobre para proteger la salud de la gente, frente a las enormes complicaciones tóxicas que causaban en su entorno. También aquí hubo una fuerte reacción: quienes trabajaban en las fundiciones planteaban «tenemos muy claro que esto es malo para nuestra salud, pero no tener empleo es mucho peor», comentó. Ningún país se libra de esta tensión entre producir más para que haya más empleo y recursos para políticas sociales, y al mismo tiempo regular, proteger la sostenibilidad y evitar producciones contaminantes, sostuvo. En general, ante esta dicotomía la mayoría de los gobiernos optarán por producir, señaló, porque no quieren perder la aprobación popular y arriesgar su permanencia en el poder.
Además, la problemática ambiental en Europa y en otras regiones se vincula con el crecimiento de las ultraderechas, indicó Arocena, como ocurre en Estados Unidos en lugares donde la protección del ambiente se opone a las prácticas tradicionales como la minería del carbón.
Una consecuencia no menos grave en esta dicotomía son los enfrentamientos «entre movimientos ambientalistas por un lado y movimientos de obreros por otro, que no es que ignoren las cuestiones ambientales, pero la primera prioridad de un sindicato, en especial en la actividad privada, es el trabajo de sus integrantes», explicó Arocena.
En Uruguay en los últimos años han resurgido los sindicatos industriales, planteó, «si seguimos produciendo con las pautas dominantes, estaremos sometidos a la tensión entre atender a las necesidades materiales de la gente y proteger el ambiente y no la vamos a resolver bien, se nos va a romper el campo popular y las condiciones van a complicarse. Entonces, tenemos que producir de otra manera».
Innovación y consumo
Es relevante atender a esta tensión, remarcó, no tiene soluciones fáciles y es por esto que aparece «la necesidad de innovar, de introducir lo nuevo en la práctica de lo técnico-productivo pero también de lo cultural, para producir de manera más sostenible ambientalmente y más inclusiva socialmente». A veces se olvida que la innovación tiene dos caras, agregó, mientras que en el campo de la medicina nos ayuda a vivir más, también se innovó al crear la bomba atómica; «no se trata solo de empujar la innovación, hay que regularla, canalizarla, usarla para mejorar las condiciones de vida de la gente más postergada y proteger el ambiente».
En la Udelar, primera generadora de conocimientos del país, «se hace mucha innovación y sobre todo mucha investigación», indicó Arocena. La investigación ayuda a expandir el conocimiento, mientras que la innovación apunta a resolver problemas de la práctica; igualmente, ambas están vinculadas y se alimentan al plantearse problemas entre ellas, señaló.
«La Universidad, cuando cumple con sus tres misiones, puede ser un actor fundamental en la construcción de procesos interactivos de innovación», afirmó; cuando las y los universitarios trabajan encarando problemas concretos, «en equipos vinculados a cuestiones de salud, de seguridad laboral, de mejor aprovechamiento de la tierra, de descontaminación de ciertos lugares, ahí se innova».
Al referirse a la innovación cultural, Arocena cuestionó si es posible controlar la degradación ambiental si seguimos consumiendo como hasta ahora. «Eso tiene que ver con la cultura, con qué valoramos; el consumir como manera de sentirse bien, de decir al espejo “yo soy esta persona”, es un rasgo cultural que surge de la sociedad en su conjunto», expresó, «¿no hace falta orientarnos hacia la frugalidad y a reducir el consumo? Yo creo que esta es una cuestión clave».
Innovar en la escasez
La innovación técnico-productiva se vincula con innovación cultural bajo la idea de «innovar en condiciones de escasez», sostuvo. Esto sucede en el sur global, donde «uno se acostumbra a sacar mejor partido de los recursos disponibles». Esta puede ser una gran lección en sentido contrario de la historia, del sur al norte, agregó, «a todo el planeta le hace falta innovar de manera frugal, de manera no consumista, que no deteriore el ambiente, en condiciones de escasez».
Como ejemplo, recordó lo acontecido en nuestro país a la llegada de la pandemia del Covid-19 en 2020: la comunidad científica uruguaya, «altamente capacitada, socialmente comprometida y capaz de tomar iniciativas», se preocupó por afrontar lo que se venía. «Vimos cómo equipos científicos salieron a colaborar con el gobierno, con actores sociales, con distintas instancias para hacer procedimientos nuevos, baratos y eficaces», así, «innovaron en condiciones de escasez y trabajaron de manera interactiva».
Para el ex rector, Uruguay puede construir un sistema orientado a resolver la tensión entre producir y proteger, a una innovación más inclusiva y sostenible. Para esto es importante la integralidad efectiva entre las tres funciones universitarias, «necesitamos más conocimientos y prácticas de extensión universitaria integrales». Explicó que en el norte global son las empresas las que invierten muchos recursos en conocimiento, investigación e innovación. En tanto, en el sur existe una demanda social inmensa de conocimiento, porque este puede ayudar a resolver problemas de salud, de vivienda, entre otros. Detectar esa demanda social de conocimientos, fomentarla y atenderla es una tarea que la Universidad puede cumplir particularmente en el interior, donde hay más cercanía entre actores, apuntó Arocena.
También observó que el descreimiento en la actividad colectiva y el individualismo avanzan en nuestras sociedades, «creo que la alternativa al individualismo pasa por las formas de la solidaridad eficiente, por conjugar recursos entre actores diferentes, pero hacerlo bien», no alcanza con decir «somos solidarios»; para eso hay que aprender, crear conocimientos y colaborar con actores diversos.
Por último, expresó que una estrategia nacional de desarrollo avanzará «si aprendemos desde el espesor de la sociedad a resolver solidariamente los problemas colectivos combinando esfuerzos y saberes variados» y estos componentes «definen a la extensión universitaria latinoamericana».
A la conferencia de Arocena le siguió un espacio de intercambio con las y los asistentes en Montevideo y en Paysandú, a partir del que se seleccionaron temas y sectores de producción de bienes y servicios para planificar las Jornadas de Mesas Temáticas preparatorias del IX Congreso de Extensión de la Asociación de Universidades del Grupo Montevideo, que se realizará en Uruguay en octubre.
