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Daniel Rodríguez: 50 años al servicio de la Udelar

Inicios y trayectoria en la Udelar

Comenzó su vida laboral como becario en la Administración Nacional de Combustibles, Alcohol y Portland (ANCAP). El 7 de febrero de 1974, inició su carrera en la Sección Personal de la Secretaría de Oficinas Centrales de la Universidad que funcionaba en el edificio de Facultad de Derecho, donde actualmente están el estanque de peces y los baños. En ese tiempo la jefa de Personal, «que me enseñó muchísimo en cuanto a ética y a lo que se refiere a las ganas de hacer», se llamaba Silvia Makarovic, recordó. Durante los primeros siete años de trabajo en la sección Personal siguió siendo becario y su tarea era controlar mensualmente las tarjetas de asistencia de los funcionarios. «Cuando llegué a la Udelar era un absoluto desconocido para todo el mundo, no tenía amigos ni lo que se pueden llamar padrinos, al no tener ningún conocido en esos años entraron muchos gurises que me pasaron por arriba, al año de estar en la Universidad, como máximo, ya pasaban a ser administrativos», añadió.

Años después la Oficina de Personal se mudó al actual edificio de Oficinas Centrales en la calle 18 de Julio esquina Arenal Grande, donde el trabajo de Rodríguez continuaba siendo controlar mensualmente las tarjetas de asistencia. Un día Beatriz Rivarola, que en ese momento ocupaba el cargo de directora de Secretaría de Oficinas Centrales, vino a la sección Personal y le planteó a Masarovich que quería que Rodríguez pasará a trabajar en la Secretaría. Así empezó su trayectoria en esta área de Oficinas Centrales donde trabajaba con Carlos Riverós, quien era el secretario de las Oficinas Centrales, recientemente restituido en su cargo luego de la dictadura. «Se puede decir que mi trabajo allí más o menos despegó cuando se reinició la democracia en Uruguay, en realidad ya en el período de transición en el que se realizó el primer Consejo luego de la dictadura», recordó. 

Recuerda la primera sesión del Consejo Directivo Central en la que participó, que se realizó en el salón 26 de la Facultad de Derecho en marzo de 1985, un día en el que Riverós le dijo: «me vas a acompañar al Consejo». Resaltó el impacto que le causó esta primera sesión cuyos integrantes eran referentes universitarios. «Danilo Astori, Samuel Lichtensztejn, Carlos “el Tano” Reverdito, esa gente que todavía el roce en la Universidad no me había dado ninguna posibilidad de saber que son personas igual que uno», expresó. De esa primera sesión recuerda estar sentado en un pequeño escritorio ubicado detrás de la tarima donde estaba la mesa de los integrantes del Consejo. El Consejo siempre sesionaba los martes de noche a veces hasta las 0 horas o primeras horas de la madrugada, «recuerdo un 30 de abril en el que se estaba realizando la sesión del Consejo en la Facultad de Arquitectura y terminó a las 5 de la mañana del primero de mayo», apuntó. 

Los miércoles Riverós lo llamaba a su despacho y le decía lo que había que escribir en cada una de las resoluciones del Consejo del día anterior para que Rodríguez las redactara y luego las chequeaba. A los 6 meses aproximadamente de comenzar a escribir las resoluciones de esta manera, Rodriguez comenzó a ser quien las redactaba y luego las llevaba a que Riverós las revisara y cuando este se jubiló y fue sustituido por Eduardo Huerta, las resoluciones de los Consejos comenzaron a ser producto exclusivamente de la redacción de Rodríguez. Desde el 28 de julio de 1992, durante el rectorado de Jorge Brovetto, Rodríguez sustituyó a Huerta en el cargo de secretario de las Oficinas Centrales, cuando este se jubiló. 

Rodríguez resalta que cada una de las experiencias laborales buenas o malas que vivió y de las autoridades universitarias con las que trabajó le dejaron enseñanzas. En ese sentido recuerda que «en una ocasión en la que fui al despacho de Irma López, la directora general de Secretaría en el momento del Consejo Transitorio, a plantearle un problema, esperaba el resultado de mi consulta y recibí un rezongo. Me dijo: no te voy a dar ninguna respuesta, vos sos jefe y tenes que saber decidir y ser responsable por lo que decidís, me di media vuelta y me fui, eso también te deja enseñanza». «Todos nos vamos a equivocar cien mil veces pero si estás convencido que lo que estás haciendo está bien, dale para adelante, yo no es que sepa todo es que tengo el teléfono de todos los que pueden saber cada uno de los temas sobre los que necesito información», concluyó. 

Recuerdos de los rectores y rol en el CDC

Rodríguez habló también del recuerdo que le generan los rectores con los que trabajó, Jorge Brovetto, Rafael Guarga, Rodrigo Arocena, Roberto Markarian y actualmente, Rodrigo Arim. A Lichtensztejn no lo cuenta porque durante su rectorado recién había ingresado a la Secretaría y no trabajaba todavía tan vinculado al Consejo y al rector, «Lichtensztejn era dios, yo era chiquitito al lado de él», apuntó. Por otra parte añadió: «con todo el respeto que me merecen todos, Brovetto fue mi amigo». A Guarga lo recuerda por su capacidad de trabajo y su gran seriedad, «pensaba hasta las comas», señaló. Destacó que el rectorado de Guarga fue un buen momento para aprender en cuanto a las redacciones y a pensar las reacciones de la gente frente a estas. Señaló que una de sus manías es guardar los correos electrónicos que intercambió con todos los rectores, entre ellos tiene más de 4000 mails de Arocena. De Rodrigo Arim destacó que le ha dado «mucha facilidad de trabajo».

«Cada uno de los rectores me fue dejando un pequeño aprendizaje», resaltó. «Parte de la tarea de uno desde este lado cuando llega un nuevo rector, es saber medirlo porque tenés que tratar y hablar con él todos los días, porque al fin y al cabo es tu jefe, mi jefe es el rector y no hay vuelta, esto me permite saber cómo hablar con ellos», afirmó.  Acotó que sin falta de respeto absolutamente a nadie, pero con algunas personas, fuera de los contextos formales de trabajo, puede hablar de otros temas como por ejemplo fútbol o hacer alguna broma y con otras entiende que no es adecuado. 

«Intento no dejar ninguna resolución sin incluir la frase: antecedentes que lucen en tal o cual distribuido, para que los consejeros estén seguros que lo que están votando es lo que leen en el material que se les envió», señaló. Asimismo le gusta reflejar en la redacción todas las normas vinculadas a la resolución que están tomando y buscar información acerca de los organismos y espacios que se mencionan en la resolución para asegurarse que esta esté fundamentada, clara y correctamente expresada. Resaltó que todos estos detalles contribuyen a que la tarea, aunque con errores porque eso es inevitable, esté realizada de la mejor forma posible. Aclaró que su rol en el Consejo es exclusivamente administrativo, su trabajo es tomar apuntes en las sesiones y escribir la resolución. «¿Cuántas resoluciones he escrito en las que me encantaría ponerle un no aprobar tal cosa enorme y sin embargo me tocó hacerlas?», reflexionó. 

Presente, perspectivas y rol de los funcionarios en la Udelar del futuro

Rodríguez opinó que el perfil de los funcionarios universitarios ha cambiado muchísimo desde que él ingresó a la Udelar, entiende que la juventud ya no es tan apegada a su trabajo como décadas atrás. «No tienen los valores que yo creía tener en aquel momento, nadie trabaja por amor al arte ni hoy ni en el pasado, pero la cuestión es el amor que le pongas al trabajo que haces», subrayó. Señaló que un fundamento que se esgrime frecuentemente como una posible causa de esta desmotivación de los funcionarios por el trabajo, aunque no está seguro que sea válido, es la coyuntura actual de los trabajadores en la que pueden pasar años en un cargo antes de acceder a la posibilidad de concursar. Destacó no obstante que «nunca en mi vida laboral luego de oír el discurso de los consejeros en el CDC, me quedó la idea: este señor prefiere comprar un tubo de ensayo que darle 5% más de sueldo a los funcionarios, siempre vi a la Universidad pensando también en su personal». Acotó que entiende las reivindicaciones gremiales de los funcionarios, «de los dos lados de la balanza pueden tener razón pero yo me quedo con la certeza que la Universidad siempre tiene la intención de atender los salarios de sus funcionarios». 

«Además esta nueva forma tan laxa de ingresar a la Udelar que está presente hoy en la Udelar no es del agrado de los funcionarios jóvenes, ¿podrá ser esto el fundamento para no querer tanto su trabajo, o para pensar que estás en él exclusivamente por el salario, para poder llegar a fin de mes y no dar lo mejor posible? No lo sé», reflexiona. No tiene dudas de que la Universidad va hacia un funcionariado con un tipo de contrato mucho menos estable y al que se accede por designación directa, del que suponen los cargos presupuestados y por concurso característicos históricamente en la Udelar. No obstante entiende que no le corresponde ni tiene elementos para entender si existen fundamentos válidos para seguir esta línea en la Udelar. «Los funcionarios que trabajaban conmigo en la Secretaría tienen cómo mínimo 20 años de antigüedad en la Universidad, por tanto son personas que ingresaron de esa manera histórica, sufrida, luchada, a través de un concurso, por eso me encantaría conocer esos argumentos», señaló. Añadió que algo con lo que nunca estuvo de acuerdo es que una línea política universitaria se base en que en otros países se esté llevando adelante y de resultados positivos, aunque utilice estas experiencias como ejemplo la Universidad tiene que desarrollar las acciones que entienda que debe realizar. 

Un cambio que le costó mucho procesar en lo que se refiere al ingreso de funcionarios a la Udelar, «no sé si terminé de aceptarlo», es que para ser peón rural tengas que tener bachillerato completo. «Aunque entiendo que la Universidad tiene que pensar en sí misma, no me parecen correctos estos extremos, se podría dar la oportunidad de otra manera», expresó. Entiende que de acuerdo al Estatuto docente aprobado recientemente la Udelar está pensando «en una profesionalización bastante importante de los no docentes». Acotó que estaría de acuerdo con super profesionalizar a los escalafones B y A en vez de suplir estos roles exclusivamente con cargos R como sucede hoy, pero que no conoce los argumentos en los que se basa la Universidad para este cambio. «No me vengas a esgrimir como argumento de base que en la Universidad de Chacabuco lo hacen, a mí mostrarme cosas sólidas ahora, acá en la Universidad, que te hacen pensar que esa es la mejor manera», afirmó. «No me disgustaba para nada durante toda mi existencia en la Universidad el hecho de ingresar y ascender por concurso, como se debe, demostrá que sos mejor ante los demás», añadió.

Proyección a futuro

En cuanto a sus planes a futuro Rodríguez recordó que tenía la intención de cerrar la puerta de su casa y no salir durante las dos primeras semanas del mes de agosto y aunque aclaró que quiere mucho a la Udelar y siempre intentó hacer lo mejor posible para la Universidad, despojarse de todo lo vinculado a la institución y a las tareas que realizó hasta ahora en ella. «Todavía no caigo, el sábado estoy pensando que el lunes voy a ir a trabajar, a eso me refiero con sacarme la Universidad, aunque sé que me va a llevar mucho más de dos semanas», añadió. Luego se plantea volver a andar en bicicleta, algo que hizo durante 20 años, leer y disfrutar de su nieta.