Equipo de Facultad de Odontología desarrolla investigación básica, clínica y epidemiológica
Bologna, que dirige el Laboratorio de Patología Molecular Estomatológica del Departamento de Diagnóstico en Patología y Medicina Oral de la Facultad de Odontología (FO), es el primer odontólogo en alcanzar el mayor nivel en el SNI. En esta categoría, el sistema incluye solamente 109 investigadora/es activos, entre un total de 2300 de diferentes niveles. Para alcanzar este rango, se requiere contar con doctorado o producción equivalente y poseer una trayectoria especialmente destacada en su área, con producción de conocimiento original en los cinco años anteriores a cada convocatoria del SNI. Se valora también el reconocimiento internacional y la creación y dirección de grupos de investigación, entre otros aspectos.
Este ascenso en el SNI «es, sin duda, una enorme distinción personal», indicó el docente, pero «no es un logro individual aislado sino el resultado de más de una década de trabajo colectivo». Sostuvo que la odontología uruguaya «puede generar masa crítica científica y sostener líneas de investigación de alto nivel»; aún queda mucho por hacer, «debemos fortalecer más grupos, especialmente en áreas clínicas, y seguir cambiando la cultura académica para que la investigación sea una opción viable y atractiva para los jóvenes odontólogos».
Luego de haber desarrollado su formación en Italia y México, Bologna retornó a nuestro país en 2014 gracias al programa de Contratación de académicos/investigadores provenientes del exterior impulsado por la Comisión Sectorial de Investigación Científica (CSIC) de la Udelar. Su inserción no fue sencilla, en su opinión porque «las estructuras académicas eran muy cerradas y organizadas bajo un modelo tradicional de cátedras que favorecía cierto hermetismo endogámico».
Además, en ese momento la FO era beneficiaria de un incentivo para la mejora de la investigación, lo que ayudó a la política de retorno, comentó. Por medio de esta y otras modalidades de apoyo nacional e internacional que se fueron concursando y ganando, a lo largo de estos años se generó un nuevo espacio académico «desde el cual comenzamos a construir algo que no existía», expresó.
Integrantes del laboratorio señalaron que «además de la CSIC y la ANII, la Facultad, apoyó muchísimo la creación de este laboratorio, en conjunto con otros departamentos logramos tener el apoyo de toda la institución para poder financiar no solamente varios equipos sino también obras de infraestructura».
El espacio de trabajo incluye un área para cultivos celulares donde es posible observar la actividad de células vivas sin tintes ni marcadores, gracias a un microscopio de alta resolución de Nanolive que es el primero en Latinoamérica. Otras áreas cuentan con equipos de RT-PCR, potenciómetro y dispositivos que permiten realizar técnicas de análisis inmunohistoquímico. En particular, estas técnicas se aplican al estudio de una gran cantidad de muestras de tejido extraídas en la FO de diferentes lesiones orales, durante más de 50 años. Además se colabora con diversos países de la región para tener grandes casuísticas que permitan trabajos mas fuertes.
Ciencia y profesión
Bologna explicó que, al igual que en la medicina, la actividad científica en la odontología es acotada porque «la carrera es muy profesionalizante y el que estudia tiene una incorporación laboral rápida, entonces el desarrollo de la investigación se ve limitado justamente por la economía. Se gana mucho más trabajando en un consultorio privadamente que en una carrera como investigador». Esto sucede en casi todo el mundo, agregó, si bien en países como Brasil, donde la profesión es más competida y se gana menos en la actividad profesional, hay mayor desarrollo de la investigación en el área odontológica.
En su laboratorio trabajan diariamente junto a Bologna tres odontólogas/os y una bióloga humana, «todos recientemente formados con doctorado y todos miembros del SNI. Esto habría sido impensable hace diez años», observó. Destacó que el grupo publica en promedio más de 20 artículos científicos por año en revistas biomédicas de impacto internacional.
«Hemos luchado por demostrar que en el área odontológica existe un campo enorme para la investigación biomédica. A la ciencia no la define el tema, la define el método. Y eso es lo que hemos tratado de mostrar haciendo ciencia odontológica —o más precisamente, ciencia en patología y medicina bucal— porque la boca no está separada del resto del cuerpo», indicó. El aparato estomatognático (que se define como el conjunto de órganos y tejidos que se encuentran en la región cráneo-facial, específicamente en la cavidad oral y sus alrededores) «es parte integral de la salud del ser humano y eso hay que enfatizarlo», planteó, además, «es un área accesible porque la podemos ver fácilmente, y así tener un diagnóstico temprano de muchas enfermedades de diversa índole como cáncer, enfermedades autoinmunes, diversas enfermedades sistémicas, enfermedades infecciosas como sífilis, SIDA por citar algún ejemplo ».
«Nuestra investigación integra perfiles básicos, clínicos y epidemiológicos», puntualizó. Una de las líneas de trabajo del grupo es la búsqueda de nuevas alternativas terapéuticas para tumores odontogénicos, que son los que se generan cuando la pieza dental se está formando. Otros proyectos se enfocan al estudio de mecanismos del cáncer bucal y de enfermedades infecciosas con manifestación oral; a la vez, este laboratorio desarrolla estudios epidemiológicos que buscan comprender el impacto real de estas patologías en nuestra población.
Entre las investigaciones que lleva adelante el equipo se destaca un estudio a largo plazo centrado en la intoxicación crónica por la exposición a flúor, comentó Bologna. «Determinamos niveles de exposición crónica al flúor en la población de niños de diferentes departamentos de Uruguay», lo cual depende del consumo de ciertos alimentos, del acceso a distintas fuentes de agua y de otros factores de riesgo, informó. El estudio se lleva adelante analizando muestras de uñas provenientes de esas poblaciones para detectar y cuantificar la presencia del mineral, que se acumula en esta parte del cuerpo. El trabajo, que comenzó como un proyecto desarrollado en conjunto en México y Uruguay y continúa en la actualidad con financiamiento de la CSIC, abarca a la vez «un enfoque epidemiológico, un análisis clínico porque estamos viendo técnicamente las manifestaciones en boca, y básico, porque estamos extrayendo de las uñas y cuantificando los niveles con estudios más bioquímicos y moleculares», puntualizó.
Otro de los proyectos del laboratorio se basa en el uso de la inteligencia artificial (IA) para analizar imágenes microscópicas de distintos tejidos, buscando generar algoritmos para identificar en ellas signos patológicos. En esta línea, en la reciente visita de una delegación de la Udelar a China se estableció un proyecto de investigación conjunto entre el país asiático y Uruguay para el desarrollo del uso de la IA en el diagnóstico de patologías orales, informó Bologna.
El investigador resaltó la importancia de la formación de recursos humanos. Por su laboratorio han pasado numerosos estudiantes de posgrado de nuestra universidad y también del exterior. Actualmente trabajan allí dos investigadores provenientes de Brasil: Lauren Frrenzel y Felipe Martins. Actualmente el equipo del Laboratorio también está integrado por Vanesa Pereira y Estefanía Sicco. «Es fundamental construir un semillero de investigadores con formación odontológica sólida, capaces de abordar problemáticas propias de nuestra disciplina y generar conocimiento nuevo con impacto real en la salud de nuestra población, de nuestra sociedad», expresó.
