Ida VItale en la VI FILUNI: lo que cabe en las palabras
La VI FILUNI, en la cual la Universidad de la República (Udelar) es invitada de honor, incluye numerosas actividades relacionadas con la cultura uruguaya y también sobre los ejes temáticos de esta Feria, a cargo de académicos y académicas de la Udelar. El evento comenzó el 27 de agosto y continuará hasta el 1° de setiembre.
El conversatorio se tituló «Érase un bosque de palabras»: Ida Vitale en la UNAM y se desarrolló a través de un diálogo entre la poeta y su colega Luis García Montero -poeta, crítico literario, ensayista español y también director del Instituto Cervantes, recientemente galardonado con el Premio Carlos Fuentes-. También participó la coordinadora de Difusión Cultural de la UNAM, Rosa Beltrán.
Beltrán presentó a Vitale comentando que en su libro Shakespeare Palace, con escritos sobre su vida en México de 1974 a 1984, la escritora expresa «que no muera el tiempo ya pasado, que la gratitud y los afectos no sean inexorables cenizas». El ejercicio de la escritura de Vitale -verso y prosa- «es prueba constante de gratitud y asombro ante la vida. Ida escribe sobre la muerte, los animales, el tiempo y el misterio de la palabra en un estilo que no tiene nadie» sostuvo, «es única, fuera de corrientes, de modas».
Sus años de exilio «la marcaron como poeta y nos marcaron; fue una época extraordinaria para la cultura en México», explicó Beltrán. Vitale trabajó con los escritores Octavio Paz, Huberto Batis, Fernando Benítez y conoció a Gabriel García Márquez y Álvaro Mutis, entre otros. El reconocimiento mundial para esta poeta también se relaciona con su profundo lazo con México, señaló la representante de la UNAM. «Es una proeza que haya venido aquí» y también un acto de amor de su parte hacia México y hacia la UNAM, comentó.
Beltrán señaló que para Luis García Montero «la poesía es una manera de defender la dignidad humana y la libertad de conciencia. La poesía es ir en contra de la prisa, la santificación del instante y evita olvidar la memoria del pasado que es el olvido de nuestro compromiso con el futuro. La poesía es la lentitud que hace falta para que las ideas no se conviertan en dogma». Al igual que Vitale, el escritor ha sido varias veces galardonado por su trabajo, agregó la coordinadora.
Buscando la verdad
Por su parte García Montero agradeció la invitación a la FILUNI y a esta mesa compartida con Vitale. En su intervención realizó un recorrido por la trayectoria y la bibliografía de la escritora. Sostuvo que su mundo poético es una toma de conciencia «de que hay cambios, hay movimiento en la realidad y que por eso la poesía es una forma de conocimiento que se pregunta constantemente qué cabe en las palabras». La poesía es un diálogo a través de las palabras con lo que permanece, con lo que se va, con lo que regresa, con lo que cambia, agregó. En el poema titulado «Agosto en Santa Rosa», de su libro Palabra dada, Vitale se pregunta qué cabe en la palabra «agosto»; estas preguntas son una manera de conocer la realidad y en las palabras está la experiencia de cada ser humano, planteó García Montero.
El escritor agregó que para Vitale la poesía «es un campo de operaciones» y las palabras son «promesas de sentidos posibles». Esos sentidos son los que nos interpelan en la poesía y los que nos recuerdan la importancia de dejar memoria escrita, indicó, «son un seguro contra la muerte». La poesía de la gran autora uruguaya es una ecuación que no quiere cerrarse ya que ella entiende que el lenguaje es una búsqueda de la verdad, planteó.
Para finalizar leyó un fragmento del poema «Fortuna», publicado en el libro Trema de Vitale:
No ser casada en un negocio,
medida en cabras,
sufrir gobierno de parientes
o legal lapidación.
No desfilar ya nunca
y no admitir palabras
que pongan en la sangre
limaduras de hierro.
Descubrir por ti misma
otro ser no previsto
en el puente de la mirada.
Ser humano y mujer, ni más ni menos.
Palabras raras
En su conferencia, Vitale alternó reflexiones sobre su vida y poemas. Expresó su alegría por retornar a México, por «volver a recuperar años muy muy muy felices, no solo porque me iba de un país que no estaba en muy buenas condiciones políticas sino porque llegué a descubrir una maravilla a la que me había hecho camino, me había acercado ese lujo de literatura que es la literatura mexicana». Ese acercamiento fue posible porque el Uruguay, «consciente de que era chico y poco, estuvo siempre muy abierto a lo mejor del mundo», comentó.
Recordó que al llegar a México hace 50 años se vio fascinada por su historia, que no solo se remonta a muchos siglos atrás sino que se acompaña de «una historia cultural sorprendente». «Fue para mí un choque definitivo, un choque maravilloso», señaló.
Vitale declaró que se lleva «más o menos bien con la poesía, pero con la prosa siento que me plantea dificultades, más que la poesía. La poesía es cosa de ritmo, de buen o mal gusto, pero la prosa es todo. Creo que todos vamos por el mundo destinados a ser un cubito de prosa que quede ahí para siempre completando los grandes panoramas culturales, que a veces nos superan».
Recordó que su casa era «más bien de literatura aburrida» y por eso leyó cosas que no se suponían adecuadas para su corta edad; «a las mamás presentes con niños en edad de ser estropeados les sugiero que dejen que lean, que elijan, que lean aunque sean cosas que no sean para ellos. Yo creo que no hay nada más necesario que leer cosas que uno no entiende».
Comentó que a través de alguna profesora de Idioma español descubrió la poesía y también que esta «podía tener su mérito propio, que no dependía de una música que se le imponía». Con este género literario no recorrió un camino muy directo: «seguramente me gustaron cosas horribles», a veces se sintió atraída por un lenguaje muy raro o con un ritmo distinto, «o por cosas un poco retocadas, un poco manejadas y hasta hasta con mensaje. El mensaje es siempre peligroso», expresó.
«Había una época en la que yo coleccionaba palabras raras» agregó, más tarde se acostumbró «a pasar directamente y discretamente al diccionario y después encontré que el diccionario me instruía en un montón de cosas de las que nadie hablaba».
La autora reflexionó que la poesía, «más que para oida, es para leida»; igualmente a lo largo de su conferencia recitó sus poemas «Este mundo», «La palabra», «Recreativa», «Para bajar a tierra» y «Obligaciones diarias»:
Acuérdate del pan,
no olvides aquella cera oscura
que hay que tender en las maderas,
ni la canela guarneciente,
ni otras especias necesarias.
Corre, corrige, vela,
verifica cada rito doméstico.
Atenida a la sal, a la miel,
a la harina, al vino inútil,
pisa sin más la inclinación ociosa,
la ardiente gruta de tu cuerpo.
Pasa, por esta misma aguja enhebradora,
tarde tras tarde,
entre una tela y otra,
el agridulce sueño,
las porciones de cielo destrozado.
Y que siempre entre manos un ovillo
interminablemente se devane
como en las vueltas de otro laberinto.
Pero no pienses,
no procures,
teje.
De poco vale hacer memoria,
buscar favor entre los mitos.
Ariadna eres sin rescate
y sin constelación que te corone.
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