Presencialidad y conectividad

Al comenzar el intercambio, Arim felicitó a la Fing por llevar adelante esta actividad nuevamente en un contexto de pandemia. Sobre la educación en este contexto, recordó que la Udelar construyó una estrategia a contrarreloj, que permitió sostener la enseñanza curricular, fundamentalmente de grado, en plataformas digitales. La pandemia, según el rector, dejó el aprendizaje de que la Udelar, «lejos de esa caricaturización de mastodonte incapaz, de moverse con celeridad ante contextos cambiantes, mostró una enorme versatilidad tanto en la enseñanza como en la investigación». En dos semanas, «más del 80% de los cursos, casi en forma completa, y sus contenidos, fueron migrados a plataformas virtuales, y para aquellos que no fueron migrados en forma completa, se mantuvo su funcionamiento en términos medulares, postergando algunos elementos, por ejemplo, las clínicas o laboratorios», señaló.

El segundo aprendizaje, que considera mucho más revelador y novedoso, fue que es plausible sostener contenidos y trayectorias formativas a distancia, con clases sincrónicas y estrategias asincrónicas; es viable que estudiantes en toda la Udelar y en todo el país avanzaran en su formación sistemáticamente a través de la conectividad. Otro aprendizaje está relacionado con las áreas de la enseñanza donde los resultados todavía no fueron buenos, para esto se está trabajando en mecanismos de evaluación de los cursos. Asimismo, Arim afirmó que «aprendimos que la enseñanza virtual no es más económica para la institución, no es un mecanismo para economizar recursos, sino que cambia el mix de los recursos: necesitamos menos locales o menos espacio en los locales, pero más capacidad de conectividad y más infraestructura tecnológica para sostener estos procesos, también más horas docentes asociadas a estrategias distintas».

Arim también indicó que no es posible universalizar una educación a distancia, porque hay trayectorias formativas en educación terciaria y superior que no tienen sustitutos razonables en la virtualidad, como la creación artística, la enseñanza clínica, la práctica en laboratorio, y el encuentro inmediato en la discusión de seminarios. Además, en todas las áreas de formación, los espacios de elaboración colectiva, guiados o entre pares, se encuentran en el ethos de la vida universitaria; tanto la formación como la aplicación del conocimiento adquirido son actividades sociales, en redes, donde el individuo aporta sus capacidades y características propias, pero el resultado es siempre producto de la interacción social.

El rector enumeró algunas conjeturas orientadoras a incorporar para evitar resultados no deseados en un contexto de innovación, donde las plataformas digitales van a seguir estando presentes. En primer lugar, «es viable y deseable que en distintas carreras y con distintas densidades se definan trayectos que puedan sostenerse bajo la hipótesis de la deslocalización del estudiante, del docente, de la gestión de las carreras y del propio local universitario». En segundo lugar, en las carreras masivas no hay un factor que pueda preponderar, entre lo virtual y lo presencial. La tercera conjetura refiere a establecer con claridad la frecuencia y periodicidad de las instancias presenciales imprescindibles en una formación, así como sus características. Además, los estudiantes deben saber exactamente cuánto pueden avanzar en su formación «bajo el paraguas de la virtualidad». Como quinta conjetura, Arim señaló el riesgo de una estratificación intra universidad preocupante. «Combinar estos factores requiere asumir un dato básico: la virtualidad requiere más apoyos, porque los sectores más vulnerables son también los sectores que tienen más dificultades, porque tienen menos autonomía, para aprovechar las herramientas de la virtualidad. Por lo tanto, la virtualidad debe ser acompañada con nuevas estrategias y nuevos recursos asociados a acompañar trayectorias distintas», concluyó.

Recursos y oportunidades preexistentes 

Por su parte, Robert Silva destacó dos grandes aprendizajes durante el proceso de enseñanza en contexto de pandemia. El primero, es la constatación efectiva de que nuestro país tenía «un conjunto de recursos e inversiones que la sociedad había realizado en materia educativa, que no eran aprovechados, no sólo recursos materiales, sino infinita riqueza en personas, profesionales de la educación, en apoyos a las familias o desde las mismas». Y en segundo lugar, el conjunto de oportunidades que se podían «indefectiblemente» generar a partir de esos recursos. Esto, para Silva, le permitió al sistema educativo «poner efectivo foco en la razón de ser la educación, es decir, el estudiante». Ejemplificó que, en ANEP, esto significó empezar a articular, coordinar, aprovechar facilidades o posibilidades que existían entre Primaria, Secundaria, la educación técnico profesional, y tener un diálogo con un actor protagónico como lo es el Plan Ceibal. 

En este sentido, Silva enfatizó que hubo una valoración de lo tecnológico y su vinculación con la educación, la apropiación de instrumentos o utilización de las herramientas y las posibilidades existentes, como las plataformas educativas, las bibliotecas digitales, las videoconferencias. También destacó «el apoyo pedagógico, el fomento a la innovación, la utilización de cuestiones del pensamiento computacional, los equipos de apoyo técnico dinamizadores de distintas áreas, el despertar, conocer y transmitir a través de esos propios medios tecnológicos la riqueza que el sistema educativo tiene a través de sus propios docentes y las estrategias que la enorme mayoría de ellos desarrollaron».

Silva recordó la importancia del apoyo efectivo al estudiante a través de las tutorías y la generación de espacios abiertos de intercambio con los estudiantes. Agregó que con la Udelar en particular, se desarrolló «una actuación muy fluida, conjunta, en cuestiones que desde la ANEP no habíamos hecho, por ejemplo, coordinar la inscripción en la universidad con los períodos de exámenes, la posibilidad de aprovechar los recursos humanos de la Udelar en tutorías y acompañamientos de este tránsito de nuestros estudiantes a la Universidad».

Por último, afirmó que el sistema educativo nacional tiene un gran desafío por delante: «que las oportunidades que brindó la virtualidad no se diluyan como lo hará la pandemia, que queden como elemento de desarrollo y aprovechemos lo que la pandemia nos puso delante para trabajar en ese sentido, para tener el desarrollo de nuevas posibilidades y estrategias fundamentales». El gran desafío para Silva es entonces «generar una educación que se conecte con los deseos, los intereses, las motivaciones y aspiraciones de los estudiantes; tenemos una educación que no atiende esas necesidades y que tiene que cambiar su estructura organizacional», expresó.

Cambio cultural

Rodolfo Silvera señaló que la UTEC «nació en la nube», porque cuando apareció esta Universidad ya estaban todas las herramientas tecnológicas posibles, entonces su modelo de educación ya apuntó desde el inicio al formato híbrido. Es así que una de las primeras ofertas educativas, la Licenciatura en Tecnologías de la Información, era un modelo semipresencial, ejemplificó. Resaltó que no se puede decretar un cambio de modelos presenciales a virtuales o viceversa, sino que hay que ser partícipes de una construcción colectiva: «El cambio para eso es cultural», afirmó.

Coincidió con Silva y Arim en que la virtualidad no sustituye la presencialidad y que hay un equilibrio entre ambas modalidades, porque cada una tendrá su espacio y su forma, pero eso implica «un cambio de cabeza de todos los actores, es decir, de autoridades, docentes, estudiantes, y del sistema, en definitiva», indicó. Subrayó que «la sociedad se digitalizó y por lo tanto el proceso educativo a la larga también se va a digitalizar de alguna manera». En este sentido, «se necesita una transformación fuerte como un eje fundamental y estratégico de nuestras instituciones y la transformación digital es mucho más que virtualizar cursos o tener contenidos en plataformas», expresó. 

Enfatizó que es importante una transformación a la interna, porque no se puede transformar el proceso enseñanza-aprendizaje sin transformar la institución a la interna. Agregó que quizás una ventaja circunstancial de la UTEC es que «nació sin mochila», y en el 2014 ya estaba discutiendo temas digitales. «No todo se puede virtualizar», destacó. Para Silvera, «la centralidad tiene que ser el estudiante», porque el modelo educativo tiene que ser un modelo basado en la solución de proyectos y problemas para así ser un factor aglutinante al estudiante y que se pueda sentir parte de su propia Universidad. «Es una realidad a trabajar y que no es barata como dijo Arim», agregó. Además, considera que es fundamental «buscar el consenso en todo el sistema educativo desde el lugar que a cada uno nos corresponde respetando las instituciones», concluyó.

Aprendizajes

Pablo Da Silveira se concentró en algunos aprendizajes relevantes de la experiencia de este año y medio y en la necesidad de dar respuesta a la suspensión de la presencialidad. Sostuvo que «un primer aprendizaje puede ser una paradoja, porque lo que hemos vivido en estos meses muestra que una enseñanza totalmente virtual es posible desde el punto de vista de la tecnología», por supuesto venciendo dificultades y llegando a lugares que aún no se llega, pero no son dificultades tecnológicas insuperables, indicó. Sin embargo, «al mostrar que es posible, también muestra que no es deseable, porque se repite en todos los niveles del sistema educativo», afirmó. En este sentido, apuntó que no es deseable a nivel de la educación de los más chicos donde la afectividad y el contacto cara a cara son esenciales para la educación y la socialización, así como para el desarrollo de las habilidades sociales y emocionales de los niños. Tampoco es deseable un 100% de virtualidad para los adolescentes donde la socialización, la pertenencia a los grupos de pares y la construcción de la identidad a partir de esos intercambios juegan un papel esencial. Y coincidió con Arim y Silvera en que el 100% de virtualidad tampoco es deseable en la vida universitaria, porque hay muchos aspectos que hacen en la educación universitaria que se pierden o se dificultan en un contexto de virtualidad total. Entiende que «es paradójico, porque hemos logrado un éxito tecnológico importante y hemos encontrado que la educación virtual es una muy buena herramienta y una excelente respuesta a situaciones como la que acabamos de vivir, pero verificamos que no es deseable». 

Un segundo aprendizaje, dijo, es que el mundo de la educación virtual no es un mundo separado ni distinto del mundo al de la educación presencial, porque ciertas tendencias que se dan en el mundo real se trasladan a la educación virtual. Señaló que hay datos que quienes menos se conectan a la educación virtual y quienes hacen menos tareas en la educación virtual, son los mismos que en la educación presencial abandonan o repiten. «Los vulnerables del mundo virtual son los mismos que los vulnerables que los vulnerables del mundo presencial», indicó. También sostuvo que esta experiencia ha ayudado a identificar algunos factores claves para tener un desarrollo exitoso de la virtualidad educativa. El primero es tecnológico, porque «los uruguayos nos descubrimos en mejores condiciones de responder a la suspensión de la presencialidad, porque estábamos parados en una etapa madura de un largo proceso que se había generado conectividad y asegurado acceso a la tecnología», aseguró. Considera que el segundo factor es la importancia de los liderazgos pedagógicos dentro del sistema educativo, dado que mirando los datos del Plan Ceibal los límites administrativos influyen, porque hay departamentos que no tienen realidades muy diferentes y están cerca, pero tienen usos distintos de la tecnología; por tanto, su hipótesis es la importancia de ciertos liderazgos como las inspecciones educativas que fomentan la virtualidad. El tercer factor son los docentes; destacó que la educación virtual exige un esfuerzo muy grande de parte del cuerpo docente en su formación y capacitación y por eso resaltó su «capacidad de desarrollar nuevas habilidades de contactarse con los estudiantes». Remarcó que «tenemos que homenajear a nuestros docentes, porque si pudimos tener un muy buen respaldo virtual durante los períodos de suspensión de la presencialidad y si tuvimos resultados satisfactorios, se debe a un compromiso inmenso y sacrificio enorme de los docentes». Especialmente valoró a aquellos docentes que no estaban familiarizados con la tecnología e hicieron un gran esfuerzo desde sus casas para restablecer el vínculo con sus alumnos. Por tanto, «si vamos a fortalecer la virtualidad e ir a un modelo híbrido es importante acompañar, apoyar y formar a nuestros docentes y reconocer su trabajo», concluyó.

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