Antropología forense: leer la verdad en los huesos
Breve historia del GIAF
Lusiardo, que integra el GIAF desde 2007 y lo coordina desde 2014, explicó que el trabajo de los antropólogos forenses vinculado a la búsqueda de detenidos desaparecidos en Uruguay comenzó a mediados de 2005 cuando se ingresa por primera vez a un predio militar con una estrategia de búsqueda concreta. «Previo a ese momento se habían realizado distintas aproximaciones o propuestas, incluso existían diferentes ideas acerca de qué profesionales deberían estar involucrados en esta tarea. No quedaba muy claro si la debía realizar el Instituto Técnico Forense, si esta institución tenía un equipo para llevar adelante este tipo de intervención, si los profesionales involucrados debían ser médicos, antropólogos o geólogos», explicó.
Añadió que finalmente el equipo que se hizo cargo de estas tareas quedó conformado por arqueólogos de FHCE, quienes han trabajado de manera casi ininterrumpida durante 17 años. Si bien hoy el grupo depende de la Institución Nacional de Derechos Humanos y Defensoría del Pueblo (INDDHH), los integrantes son todos egresados de la Universidad de la República.
Vínculo con estudiantes y familiares
Lusiardo destacó que vivió de forma muy especial todo el proceso de la reciente excavación con los estudiantes de las tres materias que dicta en la Facultad. En las clases acompañaron el desarrollo de la investigación y todos los pasos previos a realizar las tareas de campo. Aunque no podían compartir con los estudiantes detalles y fotografías de este trabajo para preservar el secreto de presumario, con excepción de la información que ya había sido publicada en la prensa, les mostraron todo el material vinculado a los hallazgos anteriores ya informados a nivel judicial, en los que también se realizaron intervenciones en predios. Destacó que de todas maneras las inquietudes de los estudiantes van más allá de saber cosas concretas de este hallazgo, les interesa más conocer la metodología que se utiliza y cómo es trabajar en un equipo como este. «Aunque no puedan entrar al Batallón, los estudiantes sienten que son de alguna manera parte de esto, que están viviendo este proceso al lado nuestro como docentes y me parece que eso está buenísimo», resaltó. «Parecía que veníamos preparando el terreno todos los días con los estudiantes y que se haya producido el hallazgo de estos restos y poder compartirlo con ellos, que lo puedan ver de primera mano, es muy especial», añadió.
Señaló que el vínculo con los familiares de detenidos desaparecidos es muy bueno y que tratan de ser consecuentes con la confianza que demuestran los familiares en el trabajo del equipo de antropólogos. Por ello, apuntan a que la tarea sea transparente, a decirles siempre lo que está sucediendo y si no se obtienen resultados, ser muy claros con ellos. «Ellos son personas esenciales para nosotros, por más que la importancia de este trabajo para distintos actores se puede abordar desde múltiples miradas, como la de la Universidad, la sociedad, la política, la verdad es que acá los principales protagonistas de todo son los familiares que han mantenido su grito de verdad y justicia desde el primer día», expresó. «Son las personas para las que en definitiva trabajamos, a las que acudimos ante algún problema que podamos tener, a las que primero se les notifica un resultado, hemos llegado a ese vínculo fraterno y ojalá que podamos darles más respuestas», añadió.
El hallazgo reciente
Lusiardo recordó que este es el tercer cuerpo de un detenido desaparecido durante la dictadura civil-militar de 1973 que se encuentra en el Batallón 14. Antes se hallaron los restos del maestro Julio Castro en 2011 y del militante Ricardo Blanco en 2012. En el Batallón 14, en base a la información que se ha estudiado, se ha delimitado un área cautelar y se han marcado dentro de ella cuadrículas que se excavan por trincheras que son la unidad de excavación. Resaltó que existe un protocolo establecido para los casos en los que aparecen restos. Si Lusiardo no está en el lugar de las excavaciones, el equipo que está trabajando allí le alerta sobre cualquier hallazgo y ella a su vez le informa inmediatamente a Wilder Tyler, el director de la Institución Nacional de Derechos Humanos, quien avisa a Fiscalía y a Familiares.
Luego de encontrar los restos, el primer paso antes de limpiarlos fue realizarles una serie de radiografías, un procedimiento rutinario que se lleva adelante en estos casos. Ahora el equipo de antropólogos se encuentra en la segunda etapa: la limpieza con pincel húmedo de cada uno de los huesos hallados. Este procedimiento se realiza para retirar el sedimento, la cal, que quedó adherida y reconstruir los huesos a los que se les haya separado algún fragmento.
Una vez que terminen con este trabajo pasarán a la siguiente etapa: desplegar los restos, colocarlos en posición anatómica e inventariarlos. Posteriormente procederán a seleccionar las piezas óseas que hay que cortar para enviar a un laboratorio argentino en Córdoba, especializado en la extracción de perfiles genéticos a partir de muestras complejas como son los restos óseos. La muestra se coteja sólo con el laboratorio de Argentina, porque este pasó por un proceso de acreditación y además es el laboratorio que tiene la base de referencia de familiares de detenidos desaparecidos más completa para Uruguay y para la región. El análisis en este laboratorio les permite que al extraer el perfil genético de un hueso, se compare con la base de datos de familias.
Además del análisis genético, a los restos óseos se les puede realizar un perfil biológico, una metodología que aporta información que permite estimar el sexo, edad, estatura y grupo ancestral de la persona. Parte de este análisis implica por ejemplo observar la cintura pélvica, el cráneo y medir determinados huesos. Valiéndose de tablas que establecen parámetros de estas medidas en poblaciones afines, se comparan con estos los valores obtenidos de la medición de los restos. Así es como se puede establecer el sexo del individuo, por ejemplo. Algunas dificultades para realizar este perfil serían que el esqueleto no estuviera completo o presentara algún daño.
El equipo considera que no existen pruebas hasta ahora de que se haya llevado adelante la Operación Zanahoria en Uruguay; por el contrario, desde el año 2005 los cuerpos que se señaló que habían sido desenterrados, quemados y tirados al mar, fueron encontrados. Acotó que aunque falta encontrar más cuerpos, los predios militares son muy grandes y la información es muy escasa e imprecisa. «Por eso para nosotros es importante continuar la búsqueda, nos parece esencial seguir trabajando en aquella información que da cuenta de dónde fueron enterrados los detenidos desaparecidos, el resto por ahora no ha sido comprobado y ha sido una mentira hasta el día de hoy», sostuvo.
«Este es un trabajo de muchas personas, todas ellas estudiantes o egresados de la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación de la Universidad de la República, es un esfuerzo de nueve personas que trabajamos todo el año más otras dos que refuerzan las tareas algunos meses del año. La forma de trabajo también implica reuniones de coordinación en las que se discute entre todos la metodología, el abordaje de los predios, la información que puede dar origen a una cautela. Esto no surge de una decisión que proviene de la jerarquía ni mucho menos», expresó. «Esto también es parte de lo que hemos aprendido como equipo en estos 18 años y quiero agradecerle a todos mis compañeros del equipo», concluyó.
Estrategias particulares de búsqueda
Lusiardo señaló que su equipo ha participado en intercambios acerca de las problemáticas de trabajo con colegas de toda Latinoamérica. Estos encuentros les han permitido conocer cómo se lleva adelante la búsqueda en la región y cuáles son sus principales dificultades. Los investigadores de estos países en la mayoría de los casos contaron con mucha información o esta era de buena calidad, por lo que en general realizan una campaña de excavación, buscan y se retiran del lugar. El problema más grande que se presenta en la mayoría de los países latinoamericanos es identificar los restos, explicó, normalmente tienen un número de cuerpos recuperados sin identificar.
En Uruguay en cambio, todos los restos de detenidos desaparecidos que se hallaron se identificaron, el principal problema es encontrarlos. Asimismo, otra diferencia con la mayoría de los equipos latinoamericanos es que en nuestro país las búsquedas se enmarcan en predios militares, por lo que la información, si no viene del personal de la institución, es muy difícil que provenga de un civil. Esto hizo que los investigadores e investigadoras uruguayas tuvieran que aprender a desarrollar estrategias para que, con la escasa información con la que cuentan, esa búsqueda diera sus frutos o por lo menos, pudiera dar cuenta de los espacios con la certeza que se requiere en el ámbito forense.
En ese sentido, los antropólogos uruguayos desarrollaron una modalidad de trabajo propia de Uruguay de excavación exhaustiva y sistemática de toda el área cautelar propuesta. «La estrategia que utilizamos no es común en los equipos de la región, responde a nuestra problemática, estamos todo el año excavando y realizamos un tipo de registro trinchera por trinchera y pasamos esa información a un software», apuntó.
Características de la práctica forense
Lusiardo destacó que existe una constante en el desarrollo actual de la profesión en Latinoamérica: la práctica forense muchas veces está alejada de la academia, quienes integran los equipos forenses normalmente no forman parte de los cuadros de educación terciaria. Entiende que esto se debe en primer lugar a que se requiere mucha dedicación para seguir la carrera académica de la Universidad y si esta se ejerce, es difícil que den los tiempos para realizar los trabajos diarios de campo que exige la búsqueda de restos.
Explicó que por otro lado, en los inicios del desarrollo de la Antropología Forense en Latinoamérica hubo un alejamiento entre los académicos y quienes trabajan en el ámbito forense. «Incluso yo me acuerdo cuando todavía era estudiante y empecé a interesarme en esta área del conocimiento, haber escuchado gente que me decía: esa no es una actividad científica», afirmó. «Yo creo que es muy importante que se pueda estar con un pie en cada lado digamos, que la Udelar y FHCE que es la institución que forma a los antropólogos, sigan manteniendo un vínculo con el trabajo cuya devolución a la sociedad repercute para bien también en estas instituciones, así que es un vínculo que no habría que perder sino por el contrario incentivar en la formación», añadió.
En este sentido, señaló que en el Poder Judicial hay un solo antropólogo forense para todo el país y consideró que eso también puede ser una respuesta del poco conocimiento que existe en Uruguay acerca del aporte que puede hacer un especialista en estos temas. Entiende que a partir de la difusión de este tipo de noticias, de la educación, de la extensión, se puede llegar a tener un impacto más grande como para contar con más antropólogos trabajando en las instituciones. Hoy el antropólogo forense que se forme como tal trabaja en el Poder Judicial, en el GIAF o desarrolla su trabajo en el exterior del país. Destacó que por otro lado, más allá de la búsqueda de detenidos desaparecidos existen otras temáticas actuales en las que se requiere la formación y en las que no hay profesionales insertos. Entiende que hay un gran debe en Uruguay en cuanto a las situaciones de violencia y a las personas desaparecidas por distintas causas y que la atención de este problema requeriría de un equipo interdisciplinario que pudiera colaborar en la ubicación de estas personas, «en este momento no se está trabajando de esa manera», apuntó.
Perspectivas del trabajo
Según entiende el equipo, el Batallón 14 junto con el 13 son los lugares donde hay mayores probabilidades de hallar más restos porque la mayoría de la información disponible apunta a estos predios militares. Asimismo, una parte del GIAF está realizando excavaciones también en la chacra de Pando donde fueron encontrados los restos de Ubagésner Chaves Sosa. Cuando finalice el trabajo vinculado a la fosa donde los restos hallados recientemente en el Batallón 14, se continuarán las excavaciones en esta unidad militar, en la siguiente trinchera y así sucesivamente hasta cubrir toda el área cautelar.
Lusiardo considera fundamental que los estudiantes puedan ver de primera mano lo importante que es esta formación, aspirar a realizar este trabajo y a través de él hacer una devolución a la sociedad o solucionar un problema. En este sentido celebró que en Uruguay exista esta formación que en Latinoamérica no necesariamente integra el currículum de la Licenciatura en Antropología y señaló que sería valioso que la Institución Nacional de Derechos Humanos instrumentara pasantías honorarias para que los estudiantes pudieran aplicar en la práctica los conocimientos teóricos que adquieren en clase.
