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Tercer Relevamiento Nacional de ollas y merenderos populares en Uruguay 2025

El Portal de la Udelar dialogó con los docentes de la Universidad de la República (Udelar), Anabel Rieiro del Departamento de Sociología de la Facultad de Ciencias Sociales (FCS) y Diego Castro, del Servicio Central de Extensión y Actividades en el Medio (SCEAM), acerca del «Tercer relevamiento nacional de Ollas y merenderos populares en Uruguay (2025): horizontes comunitarios deseables y posibles». Este documento se generó a partir de la colaboración entre el Departamento de Sociología de la FCS, la Coordinadora Nacional de Ollas y Merenderos Populares-Ollas por Vida Digna y el SCEAM.

Rieiro explicó que aunque los tres relevamientos se realizaron con recursos y en contextos diferentes, se mantuvo gran parte del equipo inicial. El equipo de la Udelar que trabajó en el tercer relevamiento estuvo integrado por Anabel Rieiro, Camilo Zino, Carolina Conze, Daniel Pena, Diego Castro, Elisa Filgueira, Florencia Anzalone. Florencia Sciaraffia, Julián Reyes, Juliana Matonte y Verónica Melogno. 

 

Antecedentes 


En el primer relevamiento, que se realizó en el año 2020, en plena crisis de pandemia, se relevaron cerca de 700 experiencias que involucraban a 6100 personas correspondientes al núcleo más duro de la organización y otorgaban unas 506.400 porciones de comida semanalmente. «Este estudio nos ayudó a tomar dimensión del fenómeno, que en ese momento tenía una invisibilización bastante grande», señaló Rieiro. El primer relevamiento tuvo algunas particularidades: en el proceso empezaron a surgir las redes y la coordinadora de ollas, como una organización de tercer nivel y además estuvo marcado por el inicio del reconocimiento del gobierno de que las ollas populares no eran acciones puntuales en distintos territorios, sino que estaban siendo una respuesta de solidaridad organizada a nivel territorial. A partir de esto el Estado instrumentó algunos apoyos puntuales, muy controvertidos, se trató de políticas tercerizadas de donaciones de insumos a las ollas a cargo de «Uruguay adelante», una organización de responsabilidad social.

El segundo relevamiento se realizó en el año 2022, «un momento de mucha confrontación, en el que las organizaciones empezaron a tener una voz más organizada a través de las redes y de la coordinadora de ollas y que coincidió con una retirada de la política pública de los territorios y con un proceso de desmaterialización y criminalización de estas iniciativas», resaltó Rieiro. En este estudio se recabaron 542 experiencias en las que se encontraban 4523 personas involucradas y se brindaban 451.714 porciones de comida semanales.

Acotó que es muy interesante entender que aunque estas experiencias se hicieron visibles el año 2020, el 29% de ellas se originaron antes de ese año, «este es un fenómeno histórico, en el 80 había una coordinadora de Ollas, hay que entenderlo con una lógica temporal más grande, de resistencias y de lucha», apuntó.

 

Equipo de investigadores y desarrollo del estudio


«Desde el año 2023 este fenómeno desarrolla un proceso nuevo caracterizado por la retracción y reconfiguración, de ahí el valor de recabar información para entender este contexto y las nuevas discusiones que se plantean y saber lo que ha sucedido en los últimos años», explicó Rieiro. 

El tercer relevamiento se realizó de setiembre a noviembre de 2025 y a diferencia de los anteriores contaba con información previa de estas iniciativas, a partir de bases de datos de distintas organizaciones e instituciones que trabajan vinculadas a las ollas, como la intendencia, el INDA, etc. A través de encuestas telefónicas, en este tercer estudio se recabaron 415 experiencias que involucran alrededor de 273.038 personas. De los resultados de esta encuesta los investigadores destacan que las porciones que se otorgaban semanalmente descienden a 173 555 con respecto a 2020, un 65% menos, algo similar sucede con las personas organizadoras que se reducen un 55%. También observaron que la relación numérica entre ollas y merenderos de Montevideo y el interior del país con respecto al año 2020 se revirtió, mientras ese año los porcentajes eran 60% en el interior y 40% en la capital, en 2025 son de 64% en Montevideo y 36% en el interior.

El tercer relevamiento no incluyó solo las encuestas sino también un acompañamiento por parte de los docentes y la sistematización de los datos obtenidos. Asimismo a partir de este estudio se inició un trabajo que reunirá información acerca de los emprendimientos productivos que surgieron de las ollas. En ese sentido Castro destacó que las actividades que desarrollan las ollas y merenderos se han diversificado mucho, existe un dato de que 93% de las iniciativas lleva a cabo otro tipo de actividades además de la alimentación. 

En ese sentido, un 35% de las experiencias no solo cocinan y dan el alimento ya procesado, sino que también brindan insumos para complementar las economías y que las personas puedan cocinar en sus casas. Además el 26% organiza eventos culturales, festejos barriales, apoyo escolar, actividades deportivas, y aparece también un 18% que lleva adelante actividades religiosas, de huertas, actividades sanitarias y capacitación laboral y emprendimientos asociativos que buscan alternativas de salida para la población que organiza y asiste a las ollas. También existe un crecimiento importante en lo que tiene que ver con derivaciones o atenciones a hechos de violencia y problemas familiares, entre otras situaciones complejas que se dan en los barrios donde se insertan estas iniciativas, lo que denota una ausencia de apoyo técnico psicológico para afrontar estas situaciones.

Asimismo en el último relevamiento se identificó un proceso de concentración de la energía de estas experiencias en niñeces y adolescencias, lo que se visualizó en el pasaje de muchas de las iniciativas, de ollas a merenderos, aunque el número de experiencias que siguen brindando ambos servicios es significativo todavía. 

El equipo que llevó adelante este tercer relevamiento incluye docentes jóvenes, otros que ya vienen trabajando hace años en este tema y estudiantes en el marco de su formación, una de ellas en su tesis final de grado de la carrera Trabajo Social en la que abordó la relación entre las ollas y el Estado durante el gobierno del ex presidente Lacalle Pou, explicó Castro. 

Una de las tareas iniciales fue reunir todos los datos disponibles en instituciones acerca de ollas y merenderos para construir una gran base de datos común, en el caso de algunos territorios del interior del país, donde no existían datos previos, para recabar esta información inicial realizaron indagatorias y sondeos y también la obtuvieron a través de contactos con los que ya contaban. Esto les permitió tener claro cuáles eran las las ollas y merenderos que estaban activas actualmente y a partir de eso se propusieron encuestar el 100 % de estas iniciativas del interior del país, ya que son menos numerosas, y un porcentaje significativo, 60% aproximadamente, para que fuera estadísticamente representativo, de las que se encuentran en Montevideo y en Canelones, que es donde se ubican la mayoría de ellas. La complejidad de generar una base de datos de estas experiencias radica en que se trata de un fenómeno dinámico y precario y de organizaciones que no están jurídicamente establecidas, «a veces una olla que se organiza en una casa, luego de un tiempo pasa a funcionar en la de enfrente y por tanto cambia el contacto y el armado de las bases es bastante artesanal», señaló Castro. 

Un proceso interesante se dio en el departamento de Salto durante la gestión anterior de la intendencia, del intendente Lima, en la cual se traspasaban los recursos correspondientes al estacionamiento tarifado de la ciudad al colectivo de ollas y este gestionaba por sí mismo las compras de los insumos, iniciativa que se eliminó cuando ingresó el nuevo gobierno departamental. «Eso hizo que prácticamente durante todo el periodo 2020-2024 hubiera más de 24 o 25 ollas y merenderos funcionando en Salto», resaltó Castro. 

Añadió que, en el caso de Montevideo, al igual que en Salto, las ollas y merenderos mantuvieron una cierta permanencia que consideran que puede haber venido dada en parte por el apoyo que recibieron del Plan ABC de la Intendencia de Montevideo. A partir de los datos obtenidos de la capital del país pudieron identificar dos perfiles en las iniciativas, uno que se corresponde mayormente con la periferia montevideana y otro con lo que es el casco de la ciudad, Centro, Barrio Sur, Palermo y Ciudad Vieja. En este último funciona la red de Ollas al Sur, más vinculada a gente en situación de calle, y por tanto a una población más cambiante que la que asiste a las iniciativas de la periferia, que atienden mayormente a familias. 

Por otra parte, existen zonas de la periferia de la ciudad, como el oeste de Montevideo y barrios como Villa Española y Punta de Rieles, en los que se da una mayor actividad de las redes de ollas, que son las que han contribuido principalmente en sostener estas iniciativas en el tiempo. Además en la periferia de Montevideo en general la organización corresponde mayormente a familias o vecinos y no tanto a instituciones o clubes como en el centro del departamento. 

 

Análisis y perspectivas


Castro explicó que los relevamientos colocan el foco a estas experiencias, por un lado por su capacidad de respuesta a situaciones críticas, que las ciencias sociales conceptualizan como crisis múltiples o policrisis, como la alimentaria, como parte de un conjunto de crisis sistémicas.  Para ello se plantean algunas preguntas como «¿Qué podemos aprender de esto? y ¿Cómo se puede asociar esta capacidad creativa potente de las tramas comunitarias con sostenimientos estructurales que garanticen condiciones de vida para las personas?». En ese sentido entiende que «la emergencia de las ollas y su persistencia de sostenimiento durante tantos años brinda numerosos mensajes o posibles aprendizajes para alimentar horizontes de vida un poco más dignos, de un montón de gente que no la pasó bien en la pandemia, pero tampoco la está pasando bien ahora».

En ese sentido destacó que «en un momento los organizadores de estas iniciativas decían: las ollas no deberían existir y nosotros le planteábamos: no, bueno, lo que no debería existir es el hambre, la exclusión, la violencia; las ollas, el cocinar colectivamente o la trama comunitaria está bueno que existan y que se sigan renovando ante las necesidades múltiples que tenemos», afirmó Castro. «La intención fue mostrar la potencia para hacer visible y politizar desigualdades estructurales que tienen estas experiencias más allá de que su funcionamiento y su modo es territorial, acotado», concluyó. 

Tercer relevamiento nacional de ollas y merenderos populares en Uruguay 2025