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/Congreso Extensión 2026 Prorrectorado de Extensión

Movimientos sociales compartieron espacios en el Congreso de Extensión de AUGM

En el marco del 9° Congreso de Extensión de AUGM, se desarrolló en la sede de la Federación Uruguaya de Cooperativas de Vivienda por Ayuda Mutua (FUCVAM) la mesa de intercambio «Luchas sociales y Universidades: reflexiones y perspectivas». Activistas de Uruguay y Brasil dialogaron acerca de las luchas e intersecciones de los movimientos afro, cooperativista y feminista, entre otros.

El panel estuvo integrado por Enrique Cal, presidente de FUCVAM; Miriam Nobre, coordinadora del Secretariado Internacional de la Marcha Mundial de las Mujeres (Brasil); y Orlando Rivero, representante de la ONG Salvador, enfocada en promover el desarrollo de las comunidades afrodescendientes en Uruguay. La moderación del intercambio estuvo a cargo de Marcelo Pérez, docente y coordinador del Programa Integral Metropolitano (PIM) de la Universidad de la República (Udelar) e integrante del equipo de organización del Congreso.

Pérez señaló que para esta actividad se convocó a tres de los movimientos que hoy vigorizan parte de las reflexiones sobre la extensión universitaria y que el cooperativismo, el feminismo y las luchas de la comunidad afro son temas «que ocuparon bastantes espacios de discusión en este congreso y en los que también imaginamos otros mundos posibles y otras formas de pensar».

Las ponencias se basaron en dos preguntas planteadas por el moderador: ¿Cuál es la situación actual de su organización? y ¿Cómo podemos reflexionar desde los movimientos sociales hacia la Universidad, qué cosas podemos interpelar, demandar, pedir, articular, operar?

El representante de FUCVAM explicó las características del acceso a la vivienda que ofrece esta organización: las familias participan en la construcción de las viviendas que son propiedad del banco operador, nadie es propietario individual de su unidad de vivienda y por tanto, esta no puede comercializarse. 

Sostuvo que, si bien FUCVAM ha promovido el derecho a la vivienda por 56 años, nuestro país «viene arrastrando una crisis habitacional importante» ya que entre 70 y 80 mil familias no tienen una vivienda digna para vivir. Estos hogares, que abarcan más de 200.000 personas, presentan problemas serios para la crianza de sus hijos y para el desarrollo pleno de sus integrantes, lamentó.  Agregó que el contexto regional actual ofrece un panorama de retroceso de derechos adquiridos y esto hace «que las organizaciones sociales tengan que estar permanentemente reconstituyendo su plataforma y su dinámica interna para posibilitar la vigencia de sus reivindicaciones, que vienen del tiempo histórico, aún en contextos políticos como el uruguayo».

Autogestión y participación

Cal destacó que los reclamos de FUCVAM trascienden al movimiento cooperativo de vivienda, son propuestas buscan combatir los orígenes de la desigualdad social en sus diferentes niveles, lo que incluye el contexto internacional. En tal sentido explicó que su federación ha diagnosticado «una derrota el plano cultural, en el plano de las ideas»; la cultura predominante ha cambiado entre otras cosas el carácter de las cooperativas, que tradicionalmente se formaban en el seno de las grandes fábricas, en los talleres de las empresas. Hoy, se conforman a través de las redes sociales y el número mínimo de viviendas por cada una de ellas se redujo a diez, «entendemos esta fase como un avance del pensamiento predominante de reducir los números de personas que se nuclean para cobrar una cuota de un derecho fundamental como es el de vivienda», ya que «es más fácil aislar al pueblo» cuando no se organiza en grupos grandes, sostuvo.  

Destacó el valor de los procesos de lucha que llevan adelante los colectivos y en particular el modelo de FUCVAM, que tiene sus grandes pilares en la autogestión y en el involucramiento activo de las familias y habitantes cooperativistas, antes, durante y después de la construcción de sus viviendas. Expresó que la Udelar acompaña al movimiento popular con sus esfuerzos para democratizar el acceso a la educación terciaria, logrando que una gran parte de las y los estudiantes sean la primera generación de universitarios en sus familias, «de alguna manera la Universidad también ha sido parte de un proceso de renovación, de reformulación del movimiento popular, muchos de nuestros hijos e hijas hoy forman parte de esa casa». Esto hace posible entrelazar el pensamiento crítico, la generación de conocimiento y la posibilidad de alternativas de transformación dentro de la Udelar, señaló, «esa alianza es positiva en la medida en que se fortalezca y se ponga al servicio de los objetivos que tienen que ver con el desarrollo de mejores condiciones de vida para en nuestro pueblo».

Además, mediante convenios de cooperación, FUCVAM mantiene vínculos con distintas Facultades y programas universitarios como la Facultad de Arquitectura, Diseño y Urbanismo, generando un proceso que favorece el crecimiento mutuo. Este relacionamiento abarca las áreas de la arquitectura, la economía y el derecho, puntualizó.

Academia para respuestas no urgentes

Nobre, por su parte, expresó su alegría por participar de este congreso y conocer así a diversas organizaciones sociales. Explicó que además de representar al movimiento Marcha Mundial de las Mujeres, milita en Sempreviva Organização Feminista (SOF), un movimiento que construye intersección entre la lucha de las mujeres, la economía social solidaria y la agroecología. Sostuvo que el principal propósito de estos colectivos es «sobrevivir al fascismo», en tanto no sea posible derrotarlo. Esto implica resistir al conservadurismo que está en la sociedad para lograr vivir en libertad sin hacer concesiones, incluso en las relaciones interpersonales, afirmó. Indicó que la militancia de estos movimientos abarca también temáticas como la precariedad laboral, el endeudamiento y la transformación del tiempo libre de las personas ahora enfocado en las redes sociales, lo que genera insumos a las corporaciones de minería de datos.

Para Nobre, es necesario que los movimientos populares tiendan redes de coordinación a nivel internacional, entendiendo «que hay muchas cosas que están pasando y que aún no logramos mirar todo». Señaló que al mismo tiempo es muy necesaria la continuidad de los procesos, lo que no siempre se logra «porque tenemos que estar respondiendo al contexto y a la coyuntura todo el tiempo» y cuestionó: «¿será que entonces las universidades son el espacio donde se puede seguir con un tema, aún cuando este tema no tenga más la necesidad urgente de una respuesta?».

Comentó que las universidades brasileñas se han ocupado de luchas que nuclean a los movimientos sociales y para estos, son puntos de referencia. Sostuvo que hoy no solamente está en disputa la realidad sino también lo que hace el gobierno, lo que hace la universidad y lo que se produce con el conocimiento. En relación a temas como el feminismo y el racismo, Nobre afirmó que es muy necesario que la academia realice una gran crítica hacia dentro.

Acciones afirmativas

En su presentación, Rivero explicó que hablar de la problemática de la población afrodescendiente es hablar de una resistencia sistemática «que comenzó a organizarse en los barcos»; no obstante, en nuestro país las ONG con trabajo en esta temática solo se conformaron a partir de los años 90.

El militante afro señaló que, a diferencia de otras poblaciones que migran por diversas causas, «nosotros nos tuvimos que organizar por el hecho de que fuimos el primer elemento del capital» y agregó que al día de hoy, muchas de las familias pertenecientes al 1% más rico de la población han estado vinculadas a la explotación y tráfico de esclavos. Más tarde, países como Argentina, Brasil y Uruguay promovieron la llegada de migrantes blancos con el fin de que esa raza fuera la predominante en nuestros países. «Pero no vinieron los europeos que ellos pensaban, vinieron las familias pobres, las familias que no tenían educación, las que estaban muy desarraigadas del progreso europeo», señaló. Al llegar, estos migrantes necesitaron y obtuvieron el apoyo del Estado a través de viviendas y de la promoción del trabajo, entre otros estímulos. «Esas fueron las acciones afirmativas más importantes en nuestro continente. No son en el principio hacia los negros o hacia las mujeres. Las acciones afirmativas fueron para emblanquecer la sociedad. Esas acciones afirmativas determinaron el progreso de casi todos los países». 

Rivero expresó que en general no se comprenden los fuertes lazos que la población afro tiene con ese pasado, así como también con las religiones de matriz africana; esto se cuestiona y se menosprecia, pero «es parte de lo que nosotros tenemos que construirnos, nos reconstruimos en esa base», afirmó. Comentó que en América Latina «es poco común ver hombres negros hablando en el micrófono» porque el movimiento negro está muy feminizado y esta es una de sus características más positivas. Por el contrario, «es normal ver a los hombres negros en el ejército, en la calle o presos», indicó. En Uruguay, 27 de cada 100 presos son negros, cuando en la población general, las personas afro son entre el 10 y el 11%. Además, en nuestro país casi un 80% de esta población se ubica en los quintiles más pobres y vive en las zonas más empobrecidas en Montevideo y en ciudades del interior, la mayoría en viviendas precarias. En definitiva, «el 40% de los negros vive igual que el 8% de la población blanca», informó. 

Por eso, es necesario que la lucha de la población afro se lleve adelante a través del clivaje, en articulación y en el seno de otros movimientos que militan por problemas estructurales como la pobreza y la vivienda; «el color de piel es estructurante de las oportunidades y también de la participación en los movimientos», señaló Rivero.

Proteger las trayectorias

Respecto de los vínculos entre su movimiento y las universidades, Rivero explicó que es necesario que los ámbitos académicos incorporen la producción intelectual de autoras y autores negros, así como la historia de referentes de esta comunidad en la política, en las luchas sindicales y en otros ámbitos. Agregó que muy pocas personas afro desarrollan carreras académicas y que la Udelar debería trabajar para proteger sus trayectorias; actualmente «tenemos pocas personas que tienen el tiempo para escribir, investigar y ser intelectuales negras», enfatizó. 

Desde la extensión, para Rivero es vital que la universidad pueda incorporar la negropolítica para analizar la problemática de esta comunidad, de lo contrario, «no se entiende que la sociedad, por acción o por omisión, nos extingue». Finalmente, planteó que la declaración de Universidad Atirracista de la Udelar debe traducirse en acciones concretas que protejan las trayectorias de estudiantes afro hasta su egreso.